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China
Segunda potencia mundial
22/01/2015 | Pierre Rousset

Pekin ha sido, a mediados de noviembre de 2014, anfitrión del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC). Los acontecimientos “of” que han acompañado a su celebración han confirmado que el estatus de China como segunda potencia mundial se veía cada vez más reconocido.

Los Estados Unidos se siguen mostrando -¡y de lejos!- como la primera potencia mundial, pero su liderazgo está mermado por la crisis de la presidencia Obama, así como por su incapacidad para responder al conjunto de sus compromisos internacionales. La constitución de la UE no ha permitido la emergencia de un imperialismo europeo unificado; Francia, Gran Bretaña y Alemania solo tienen una influencia marginal en el plano geopolítico global. Japón no se ha emancipado aún de la tutela estratégica estadounidense; políticamente incapaz de proyectarse militarmente más allá de su entorno inmediato, su peso se juega aún esencialmente en el terreno económico, mientras su economía sigue estancada.

Quedan por postular al rango de segunda potencia mundial Rusia y China. Digamos sucintamente que Rusia es una potencia “confinada” a sus mercados euroasiáticos, debilitada por la inestabilidad crónica del régimen y demasiado dependiente de la explotación de los recursos naturales (en 2014 el petróleo y el gas representan más del 70% de sus exportaciones). Ilya Boudraitskisa juzga así que “la crisis en curso es de hecho sistémica”, predeterminada por el modelo del capitalismo postsoviético, basado esencialmente en la explotación de los recursos naturales/1. La influencia de China, por el contrario, está en expansión.

Rusia y China son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y están dotados, como tales, de derecho de veto, lo que les da un poder particular sobre los asuntos mundiales. Esto no hace de ellas potencias “universales”, estatus reservado solo a los Estados Unidos. Moscú puede estar directamente implicado en zonas claves de conflicto en las que Pekín sigue prudentemente distanciado, por no tener en ellas una historia, unas raíces. Es en particular el caso de Oriente Medio donde Rusia es uno de los principales apoyos del criminal régimen Assad. Sin embargo, la recíproca es ahora más que cierta, disputando ahora China a Washington la hegemonía sobre el Asia oriental gracias a su peso económico y su creciente capacidad naval.

Cuando Washington reconoce la potencia china

Las relaciones entre los Estados Unidos y China son complejas: interdependencia objetiva en ciertos terrenos (financiación, mercados…), pero también y sobre todo rivalidad creciente, competencia, conflictos… Washington debe cada vez más tener en cuenta el “factor China”. Claramente, es demasiado tarde para esperar aislar y contener esta nueva potencia, ahogar su despegue; tiene que reconocer el hecho consumado y adaptar en consecuencia su estrategia. La presidencia estadounidense lo ha hecho por dos veces este año (2014) de forma espectacular.

RIMPAC. En primer lugar, invitando a Pekín a participar en las mayores maniobras navales del mundo que se Secelebran cada dos años en el océano Pacífico -“Rim of the Pacific”-RIMPAC-. Para el periodista de Le Monde Harlod Thibault, “La presencia china es la conclusión de los esfuerzos desplegados por Washington y Pekín para lograr una relación de “madurez”, en la que la evidente competencia estratégica no bloquee los intercambios económicos, y en la que previsibilidad y transparencia limiten el riesgo de incidentes militares/2, sin que, no obstante, esto haga de China una potencia amiga todavía: se ha rechazado su participación en un ejercicio de asalto sobre un navío estadounidense -la ley estadounidense prohíbe exponerse así, en operaciones de simulación, ante un “enemigo potencial”- como se le sigue considerando a China.

Para Ni Lexiong (universitario de Shanghai, experto en cuestiones navales), en materia de seguridad, los Estados Unidos prefieren la colaboración al aislamiento, una lección de la guerra fría; en cuanto a China, a la vez que plantea sus reivindicaciones territoriales, intenta mostrarse más flexible en el arte de la diplomacia militar. “Los dos esperan establecer una especie de confianza, pero ésta es inalcanzable, pues el escepticismo está ligado a contradicciones estructurales, que no pueden ser resueltas solo mediante comunicación militar/3. Para Andrei Chang, redactor jefe de Kanwa (revista de Hong Kong especializada en la defensa en Asia), la política americana, dual, oscila entre compromiso mutuo y esfuerzos para frenar el ascenso chino. “El ejercicio permite también mostrar los músculos americanos en el Pacífico, decir a China que está aún muy lejos y que es mejor que permanezca discreta”. /4. Y Harold Thibault concluye: “China no se engaña y probablemente no es una casualidad si ha aprovechado este mes de julio para probar un sistema de misiles antisatélite -un sector importante de su estrategia llamada “antiacceso- consistente en trabajar en su capacidad de neutralizar los medios americanos, consciente de que no dispondrá de herramientas ofensivas equivalentes durante mucho tiempo/5.

Clima. En segundo lugar, en lo que se refiere a los acuerdos sobre el calentamiento climático. El 12 de noviembre de 2014, al margen de la cumbre de la APEC, China y los Estados Unidos han firmado teatralmente un acuerdo sobre el clima negociado desde hace nueve meses. La gran prensa se ha apresurado a saludar unos “acuerdos históricos” o “decisivos”… En consecuencia, en el combate contra el calentamiento climático, no hay motivos para descorchar el champán. Estos acuerdos anuncian, de hecho, una subida continua de la producción de los gases de efecto invernadero para todo el próximo período /6. La Agencia Internacional de la Energía no se engaña. Prevé un aumento mundial del consumo de energía del 37% en 2014 (parte de ello a base de petróleo y gas de esquisto), que conducirá a una subida media de la temperatura sobre la tierra del 3,6%: ¡un verdadero escenario de catástrofe! Las petroleras no se engañan tampoco, planificando un crecimiento de su producción y de sus beneficios.

Lo que en cambio hace “histórico” el acuerdo chino-americano sobre el clima, es que ha sido bilateralmente preparado por China y los Estados Unidos, fuera de todo marco de negociación internacional. Así, los gobiernos de esos dos países (que “significan” juntos entre el 40% y el 45% de las emisiones mundiales de gas con efecto invernadero), han fijado un marco y han definido los límites de sus compromisos, antes de las citas de Lima (conferencia de la ONU de diciembre de 2014) y de París (diciembre de 2015). Es una política de hechos consumados: Washington y Pekín hacen saber, señala Maxime Combes, “que no se dejarán imponer objetivos de lucha contra los desórdenes climáticos ni por la ONU, ni por los demás países, ni por las exigencias científicas. Expresan claramente que sus compromisos en materia de clima están en función de sus propias situaciones nacionales y del equilibrio geopolítico entre sus dos potencias, y no del reparto de los esfuerzos planetarios que hay que llevar a cabo/7.

La política de hechos consumados no es nueva. Lo que es nuevo -y de señalar- es que en esta empresa Washington haya elegido a Pekín como socio.

RIMPAC, clima… La potencia china no podía ser ignorada ni en el plano económico y financiero ni en el militar (al menos en el teatro de operaciones este asiático); ahora es reconocida, también, como un actor mayor de la geopolítica mundial.

Segunda potencia militar

El ejército ruso es generalmente clasificado en segunda posición, detrás del de los Estados Unidos -debido a su muy importante arsenal nuclear- y el ejército chino en tercer lugar. Sin embargo, en el artículo citado más arriba, Harold Thibault califica a China como “segunda potencia militar”. Tiene buenas razones para ello.

La jerarquía de los ejércitos no es fácil de establecer, pues depende en particular de la importancia concedida a cada tipo de armas -y a la calidad tecnológica de estas últimas-, así como de otros factores (presupuesto, capacidad operativa y calidad en el combate…). En los casos ruso y chino hay en curso grandes esfuerzos presupuestarios y de modernización, incluso (por lo menos en el caso chino) gracias a un intenso espionaje militar-industrial hacia los Estados Unidos.

China dispone de un armamento nuclear suficientemente significativo para “tener importancia” en este terreno. Es superior, al menos cuantitativamente, respecto Rusia en casi todos los demás factores/8: 2 285 000 hombres enrolados, es decir los efectivos más importantes del mundo (frente alrededor de 1 150 000 en Rusia, en 5º lugar de efectivos /9); 8 000 tanques (frente a unos 2 800), 5 000 aeronaves ( frente a 4 500), 972 naves de guerra ( frente a 224), entre ellos un portaaviones de fabricación soviética puesto en servicio activo en 2012, un segundo de fabricación nacional en construcción y se contempla un tercero (frente a uno de Rusia, un segundo planificado, otros contemplados). 70 submarinos de diferentes categorías (frente a 60 rusos).

Tanto Rusia como China gozan de amplias fronteras que les ponen en contacto directo con zonas muy importantes: en Europa, en Medio Oriente, en Asia Central, en Siberia y en Asia del noreste la primera; en Asia central, Asia del Sur, Asia del Sudeste y Oriental, Siberia y Asia del Noreste la segunda. Pero esta última se encuentra en el corazón de una región clave tanto por su peso económico como por sus estrechos estratégicos; tiene un amplio acceso a un mar cálido y puede desplegar más libremente su flota militar.

Era geográficamente difícil para Rusia convertirse en una gran potencia naval, pero el país está mejor dotado que China en recursos primarios como los hidrocarburos, lo que asegura la independencia del aprovisionamiento de su ejército terrestre. Hay que subrayar sin embargo que la presencia oceánica es esencial para el desarrollo de un imperialismo. Desde este punto de vista, China es la más favorecida de las dos.

Ni Rusia /10 ni China gozan ciertamente de la red de bases militares que poseen en el extranjero los Estados Unidos (o incluso, a menor escala, Francia), de “posesiones” en ultramar (como los imperialismos europeos tradicionales) o acuerdos bilaterales que permiten a las fuerzas y servicios especiales estadounidenses estacionar en numerosos países. Pero Pekín ha desplegado su fuerza naval en el mar de China donde toma posesión de las islas e islotes no habitados, implanta en ellos instalaciones militares más o menos simbólicas, asegurando una presencia permanente sobre un amplio territorio marítimo. Envía unidades al Océano Índico y a los accesos del Golfo Pérsico con ocasión de operaciones conjuntas contra la piratería (así como a Malí contra el “terrorismo”). Comienza a asegurar sus vías de comunicación internacionales comprando puertos, aeropuertos, compañías de navegación… Participa militarmente en misiones de la ONU, como en África, en la República Democrática del Congo o en Sudán Sur.

China desarrolla también su cooperación militar con un número creciente de regímenes, ofreciendo becas para formación, venta de material… y la posibilidad para sus navíos de guerra de fondear en puertos extranjeros. Se instala progresivamente en el paisaje estratégico y militar mundial.

Talón de Aquiles, el ejército chino no se ha visto probado en combate desde hace mucho tiempo y sus unidades carecen de experiencia; mientras que centenares de miles de soldados estadounidenses han recibido recientemente un bautismo de fuego en Afganistán, Irak… China está también lejos de la sofisticación tecnológica de los sistemas de armas estadounidense (o incluso francés con el caza polivalente Rafale o el portahelicópteros de asalto Mistral, un enorme buque de proyección y combate). Pero resulta aplastante su poder para sus vecinos del Asia del Sudeste. En Asia del Noreste, donde está frente a Japón y las principales bases estadounidenses, puede hacer oír muy fuerte su voz, igual que Rusia en su frontera europea.

Peso regional, mercado mundial

El juego de potencias emprendido en Asia Oriental no se resume evidentemente en un ascenso de las tensiones militares. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, sabe que el “revisionismo histórico” que defiende rehabilitando al Japón imperial provoca indignación en Asia y que la economía japonesa paga un duro tributo por la degradación de las relaciones chino-japonesas. Ha decidido calmar un poco el juego invitando el pasado 10 de noviembre al presidente Xi Jinping a una breve entrevista y, aunque no haya prometido nada, ha sido claramente Tokyo quien ha debido tomar la iniciativa de un gesto diplomático de apaciguamiento hacia su poderoso vecino. La influencia política de Pekín se refuerza en Tailandia, pero también en Afganistán donde el nuevo presidente Ashraf Ghani quiere compensar el distanciamiento de la OTAN con la ayuda de Pekín y de su interlocución en Pakistán.

Pekín opone al Partenariado transpacífico defendido por Washington (y del que está excluida) otro acuerdo de librecambio -el RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership)- y un banco regional diferente: el Asian Infrastructure Investment Bank, alternativa al Banco de Desarrollo Asiático. Prometiendo una nueva esfera de coprosperidad, apoyada por la “diplomacia de la ruta de la seda” que despliega “en su próximo y lejano vecinazgo”, “según acuerdos comerciales, de inversiones en redes de transporte y de estructuras de financiación, como el Fondo de la Ruta de la Seda, destinado a interconectar a los países asiáticos/11. Corea del Norte debe tomar en cuenta el aumento de su dependencia respecto a China que es hoy su primer cliente (absorbiendo el 26% de las exportaciones) y el primer suministrador del país. Seúl hace de la necesidad virtud contemplando un tratado de librecambio con Pekín y ofreciendo a los inversores extranjeros una “puerta de entrada” hacia China. Australia ha aceptado firmar un acuerdo que concede garantías extraordinarias a las empresas chinas en cuanto a la protección de sus inversiones y la realización de sus ganancias.

Pekín continúa adelantando sus piezas en el tablero mundial. Las bolsas de Shanghai y Hong Kong constituyen una plataforma de cambio común ofreciendo a los inversores extranjeros un acceso nuevo al mercado interno, abriendo progresiva y prudentemente la vía a los flujos de capitales y dando un estímulo a la internacionalización del yuan, la moneda china. China hace su entrada de lleno en el mercado mundial de las centrales nucleares, donde opera un club bastante cerrado: Estados Unidos, Japón, Francia, Rusia y Corea del Sur. Se desarrolla también en el mercado de la aeronáutica civil o militar. Refuerza rápidamente sus posiciones internacionales en la construcción, el BTP (batiment travaux publiques- edificios trabajos públicos).

Henri Wilno señala que “China es ya (después de los Estados Unidos y Japón), el tercer país inversor internacional (con 101 mil millones de dólares de IDE en 2013 (Inversiones Directas en el Extranjero), contra 136 miles de millones para Japón y 338 mil millones para los Estados Unidos). Los IDE provenientes de China alcanzan casi el nivel de los IDE que entran en China (124 mil millones en 2013). Para tener una idea de la importancia real de China en la materia, convendría sin duda tener en cuenta los flujos concernientes a Hong Kong (no incluidos en las cifras precedentes): los IDE salientes de Hong Kong se han elevado en 2013 a 92 mil millones de dólares (4º mundial) para unas entradas de 77 mil millones de dólares. A propósito de los IDE provenientes de China, el informe precisa que en 2013, las “salidas de IDE han dado un salto del 15%, hasata los 101 mil millones de dólares, debido a un cierto número de megatransacciones en países desarrollados. De aquí a dentro de dos o tres años, las salidas de IDE de China deberían ser superiores a sus entradas”/12 /13.

Potencia imperialista

En un reciente artículo yo había calificado prudentemente a China como imperialismo “en constitución/14. Pero, ¿se puede calificar así a una potencia que ha alcanzado ya el segundo lugar tanto en el plano del peso económico como en el militar? Pienso ahora que mi calificación era demasiado tímido.

Es cierto que el despegue de la China capitalista es reciente y que sus cimientos tienen sus fragilidades, lo que empuja a la prudencia a la hora de emitir juicios. La deuda, la burbuja inmobiliaria, la corrupción y muchos otros factores internos o externos pueden hundir al país en la crisis. Pero si hay crisis, será la de una gran potencia con repercusiones internacionales mayores.

A día de hoy, imperialista no quiere decir exento del peligro de crisis. Además, ningún Estado imperialista posee actualmente todos los atributos clásicos usualmente asignados a este puesto dominante en el orden mundial, excepto los Estados Unidos. Alemania es económicamente la potencia europea dominante, pero el estado de la Bundeswehr (en principio el 7º ejército del mundo), es “deplorable” según confesión propia de Berlín, con la mayoría de sus aviones, helicópteros de combate y submarinos fuera de servicio /15. De forma general, la austeridad impuesta en Europa por el FMI, la Comisión Europea o los gobiernos nacionales, golpea de lleno a los presupuestos de Defensa. Cada una de esas potencias tradicionales sigue teniendo algunas bazas (como la plaza financiera británica), pero declina en las demás.

Los Estados Unidos no constituyen sin embargo un “superimperialismo” solitario: al contrario, la rivalidad entre grandes potencias se exaspera, en particular con China. Washington tendría necesidad de aliados imperialistas “secundarios”, pero fiables. No los tiene, cuando la mundialización capitalista desemboca en la multiplicación de crisis incontroladas /16.

¿Qué estados, en el mundo de hoy, podemos calificar como “imperialistas”? La pregunta merece debatirse. Por mi parte tiendo a utilizar este término para definir a todas las potencias capitalistas cuyas burguesías no están orgánicamente subordinadas a imperialismos tradicionales y que no juegan en lo esencial un papel confinado de “subimperialismo”. Comenzando por China.

8/12/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33759

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Ver en ESSF (article 33630), Russie : la crise du modèle capitaliste post-soviétique. http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33630

2/ Harold Thibault, Pour la première fois, la Chine conviée aux manœuvres navales américaines « Rim of the Pacific », disponible en ESSF (article 33721) http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33721

3/ Citado por Harold Thibault.

4/ Idem.

5/ op.cit.

6/ Ver Maxime Combes, “Un « accord historique » entre la Chine et les Etats-Unis sur le climat ? Vraiment pas ! », ESSF (article 33514) et Daniel Tanuro, L’accord « climat » conclut entre Chine et USA : trop peu, trop tard, dangereux, ESSF (article 33538). http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33514 y http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33538

7/ Maxime Combes, op.cit.

8/ Los Estados Unidos tienen más de 15 000 aeronaves, 290 navíos de guerra, 8 300 tanques y 1 400 000 hombres bajo sus banderas.

9/ Además China, adenatn a Rusia en este terreno India, Corea del Norte y los Estados Unidos.

10/ Salvo excepción, Rusia posee una base naval militar en Siria, en Tartus, desde 1971.

11/ Gilles Paris y Brice Pedroletti, Le Monde, 11/11/2014.

12/ Ver Eléments rapides sur la dynamique du capitalisme mondialisé, en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33723

13/ Una evaluación precisa de las IDE chinas no es sencilla. Algunos analistas suman China y Hong Kong, otros no. Además ciertos capitales exportados por Hong Kong deben formar parte del capital de China continental pasado discretamente a Hong Kong. Algunas inversiones extranjeras o de Hong Kong en China continental son quizá capital de China continental que vuelve a China bajo paraguas extranjero lo que ofrece más garantías en relación al poder.

14/ Ver en ESSF, Ambitions chinoises – Un impérialisme en constitution, http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article32424

15/ Le Monde, 7/10/2014

16/ Ver sobre este tema ESSF, “Le chaos géopolitique et ses implications : notes d’introduction pour une réflexion collective” en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33279







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