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| . Italia. |
| Construir una izquierda contra Prodi |
| VS 0 | | sección: web | 12/11/2007 |
| Flavia D’Angeli |
El gobierno de centro izquierda de Romano Prodi, que se apoya en una coalición de doce partidos, está en crisis. Su ala izquierda realiza públicamente un balance de fracaso y la insatisfacción popular se manifiesta. La vida política italiana revela una paradoja. Millones de personas se han movilizado para sostener la política del gobierno, pero la popularidad de Prodi está en su punto más bajo y su gobierno corre el riesgo de caer en cualquier momento. Más de 3,5 millones de electores (cifras de los organizadores) han votado para elegir al secretario del nuevo Partido Demócrata (PD) /1. Para el alcalde de Roma, Walter Veltroni, elegido con cerca del 80% de los votos, constituyó un verdadero plebiscito. Con este mismo proceso de primarias fue como, hace ya dos años, Romano Prodi había sido designado como líder de la alianza de centro izquierda. Esta enorme participación es signo de una movilización en apoyo al gobierno frente al riesgo de una vuelta de las derechas. Pero traduce también una insatisfacción ante la situación y un deseo de renovación, ciertamente no de izquierda, del que se beneficia la imagen “moderna” que se ha procurado Walter Veltroni. El 12 de octubre, las tres centrales sindicales, la CGIL, la CSIL y la UIL llamaron a sus miembros a pronunciarse sobre un acuerdo, que firmaron en julio con el gobierno, sobre las jubilaciones y los contratos de trabajo. 5 millones de personas (cifras de los organizadores) votaron “si” en un 80%. Así, las direcciones sindicales decidieron apoyar un acuerdo que agrava la legislación en materia de jubilaciones –la edad de jubilación ha sido elevada y el modo de cálculo de su montante se ha degradado- y que integra la famosa ley 30 del gobierno Berlusconi /2 en una ley llamada de previsión social. Tal es el fruto de las actuales correlaciones de fuerzas y de la claudicación definitiva de los sindicatos. En lugar de luchar contra esta ley, en discusión en el Parlamento, han decidido hacerla apoyar por sus adherentes a cambio de un reconocimiento de su derecho de veto. La manifestación organizada por la izquierda del gobierno, el Partido de la Refundación Comunista (PRC) y el Partido de los Comunistas Italianos (PDCI), el 20 de octubre, vio salir a la calle a un millón de personas (según los organizadores, aunque las estimaciones más serias hablan de entre 100.000 y 150.000 personas). Esta manifestación fue convocada, no contra el gobierno, ni siquiera contra su política, sino sencillamente por el “respeto al programa del gobierno”, dicho de otra forma “para desplazar hacia la izquierda” la política de Prodi. Dos elementos han dominado el acontecimiento: la preocupación de no hacer caer al gobierno y el apoyo a la unidad que se está formando a la izquierda del gobierno (que reagrupa al PRC, el PDCI, los Verdes y la escisión de los ex Demócratas de Izquierda dirigida por Fabio Mussi). La prensa define este nuevo reagrupamiento como “la cosa roja”. Se trataba pues de una manifestación bastante timorata: de protesta, pero sin tocar al gobierno; de participación, pero dando un cheque en blanco a los organizadores. Respondía a la insatisfacción provocada por la precariedad y la ley sobre la previsión social, pero se negaba a avanzar la menor reivindicación precisa, con una pancarta abriendo la manifestación que decía “Todos nosotros somos un programa” La manifestación parece ya olvidada y el gobierno corre el riesgo de caer. Se vota actualmente la ley de finanzas y la ley sobre la prevención social y no está claro que se encuentre, en el Senado, una mayoría que las vote. La Izquierda Crítica, representada en esa asamblea por Franco Turigliatto, ha dicho ya que no las votará. El presidente de la Cámara de Diputados, Fausto Bertinotti (igualmente secretario del PRC) ha anunciado, encontrando un gran eco en la prensa, que si Prodi caía, se podría poner en pie un “gobierno institucional” –un ejecutivo colocado bajo la égida del presidente de la República, por tanto no “político”- con el mandato de hacer adoptar una nueva ley electoral. Hay que señalar que un gobierno así podría ser ampliado a componentes de la derecha. Fracaso del gobierno. Esta gran confusión puede oscurecer la cuestión esencial, es decir, que el gobierno Prodi ha seguido una política patronal y liberal, respetando rigurosamente las prescripciones de Bruselas y regalando alrededor de 15 millardos de euros a las empresas italianas (en dos años, esto representa más de lo que había hecho, en cinco años, Berlusconi). Si lo ha logrado, es en la medida en que los sindicatos y la izquierda lo han consentido, como ha ocurrido siempre. A pesar de los ataques, no habrá habido, este otoño, ninguna huelga general, con excepción de la de los metalúrgicos de la FIOM (federación que ha votado “no” en el referéndum sobre la ley de previsión social, como consecuencia de lo cual se encuentra con un expediente sancionador en el interior de la CGIL), y del movimiento general del 9 de noviembre convocado por el sindicalismo alternativo y sostenido por las fuerzas que organizaron la manifestación del 9 de junio pasado contra Bush. Es la política del gobierno la que está en el origen de su crisis. Los sondeos conceden un 30% de apoyo a Prodi, un 42-44% a la alianza en la que se apoya y encontrándose Berlusconi en su apogeo. Para la izquierda del gobierno, se trata de un fracaso, pero nadie quiere reconocerlo, esperando recuperarse en una enésima cabriola. En la estela del éxito de la manifestación del 20 de octubre, se celebrarán, los días 8 y 9 de diciembre, los “estados generales de la izquierda”, primera etapa de un proceso de unificación de la izquierda del gobierno. La reconstrucción y el relanzamiento de una nueva izquierda, de clase y anticapitalista, está aún por realizarse. Notas: 1/. Este partido reune a los católicos de izquierda de la Margarita, salidos de la ex Democracia Cristiana y los Demócratas de Izquierda (DS), salidos del ex Partido Comunista Italiano. 2/. La ley 30, adoptada por el gobienro Berlusconi, flexibiliza los contratos de trabajo. Traducción: Alberto Nadal |
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