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| . Economía. |
| La crisis a debate |
| VS 0 | | sección: web | 10/03/2010 |
| Jean Sanuk |
Del 2 al 4 de octubre de 2009 se celebró un seminario de economistas y de miembros de la IV Internacional en el IIRF de Ámsterdam /1. Reunió a 32 participantes de 15 nacionalidades diferentes, de ellos 8 miembros del NPA francés. El primer objetivo del seminario era analizar la crisis económica que se abrió en 2008 situándola en una perspectiva histórica y analizando su diversidad en los diferentes continentes. El segundo objetivo era reactualizar la teoría marxista de las crisis teniendo en cuenta las novedades introducidas por la mundialización y la financiarización de las economías. En fin, el último objetivo era analizar los lazos entre la crisis económica, la crisis alimentaria y energética y la crisis climática /2. ● Todos los participantes están de acuerdo en que se trata de una crisis estructural del capitalismo y no de una recesión un poco más grave que las que han golpeado a la economía mundial desde la afirmación de la mundialización a comienzo de los años 1990 (crisis de México en 1994, de Asia del este en 1997-98, de Rusia y Turquía en 1999, de Argentina en 2001, estallido de la burbuja Internet en Estados Unidos en 2001…). Esta vez no es solo el corazón del capitalismo mundial el afectado (América del Norte y Europa) sino también los mecanismos fundamentales puestos en pie por la ofensiva neoliberal. La integración mundial de los mercados, la sobreexplotación, el empleo precario, el endeudamiento de los trabajadores en lugar de los aumentos de salarios, la desregulación y la privatización, la exigencia de una rentabilidad exorbitante por los accionistas, la especulación financiera sin límites, el agotamiento de los recursos naturales y el desarreglo climático han provocado conjuntamente una crisis del sistema capitalista. En este sentido, se trata de bastante más que de una crisis bancaria ligada a la locura de las subprimas /3. Lo que está en cuestión, es la capacidad del capitalismo mundial para realizar una ganancia elevada inundando el planeta de una masa creciente de mercancías (que responde cada vez peor a las necesidades sociales), a la vez que se acentúan las desigualdades sociales y la pobreza en el centro y en la periferia. Es esta constatación la que permite afirmar que la crisis no está más que en sus comienzos. Para relanzar duraderamente el crecimiento en los Estados Unidos, sería necesario no solo intervenir el sobreendeudamiento de las familias, sino también reducir las formidables desigualdades sociales y asegurar una progresión del poder de compra. Cosas que el gobierno Obama no tiene ninguna intención de hacer. El inicio de recuperación actual, saludado por un despegue de los mercados bursátiles y alimentado por los bancos que utilizan el dinero público para especular, no debe crear ilusiones. La agravación del paro, el fin de los subsidios de paro y demás ayudas sociales en los países en que existen va a llevar a una nueva ola de pobreza que no puede sino acentuar la crisis en los próximos meses. La recuperación que le sucedería llevaría a un crecimiento lento acompañado del mantenimiento del paro y de la pobreza a un nivel elevado. La dificultad del capitalismo para resolver de forma significativa las causas profundas de la crisis haría este crecimiento inestable creando, por retomar la expresión de Michel Husson, una “regulación caótica” más que un nuevo orden estabilizado. ● A pesar de este sombrío pronóstico, el análisis de la crisis continente por continente revela situaciones diferenciadas. Si ningún país se ha visto libre de la crisis, su cronología y su intensidad varían según los continentes. ► Europa ha sufrido de lleno el látigo de la crisis nacida en los Estados Unidos pues los bancos europeos han participado plenamente en la aventura de las subprimas y porque la Unión Europea se ha empeñado en aplicar con aún más celo las políticas neoliberales. El bloqueo de los salarios, el aumento de las desigualdades y un crecimiento tendencialmente más débil que en los Estados Unidos, han hecho a la economía europea muy vulnerable al choque de la crisis. El corsé institucional de la Unión Europea, tan eficaz cuando se trata de atacar a los trabajadores, se ha revelado incapaz de organizar una respuesta coordinada. La ausencia de estado europeo y de presupuesto europeo ha llevado a cada gobierno a defender los intereses inmediatos de su capitalismo nacional. Los países de Europa del Este han sido abandonados a la suerte a la que les condenaba su integración a marchas forzadas en el seno de la Europa capitalista. Es el Fondo Monetario Internacional, recuperado por el G20, el encargado de establecer el orden en sus finanzas y en su sistema bancario en quiebra, pues la Unión Europea y sobre todo los gobiernos alemán, inglés y francés se niegan a ayudarles. ► América Latina y Asia no han sufrido la crisis de la misma forma. Sus bancos estaban poco implicados en las subprimas y los estados no han tenido que salvarles de la crisis. La crisis se ha transmitido en lo esencial por la caída de las exportaciones con destino a América del Norte y Europa y mucho menos por las finanzas, incluso si salidas masivas de capitales han podido afectar a algunos países. En su fase actual, el impacto de la crisis en América Latina no ha sido tan brutal como las crisis violentas y repetidas que ese continente conoció desde los años 1980. Como en otras partes, se asiste a un comienzo de recuperación en algunos países. Hasta el punto en que un debate anima a las élites dirigentes que comparan la crisis actual con la situación que había vivido América Latina durante la gran crisis de los años 1930. El hundimiento del comercio mundial había empujado a América Latina a volverse hacia su mercado interior y a industrializarse para producir lo que no podía importar ya, lo que iba a poner los fundamentos del crecimiento de postguerra. En el mundo de hoy, en que se afirman nuevas potencias regionales (la nueva categoría de los BRIC: Brasil, Rusia, India, China), la crisis podría ofrecer nuevas oportunidades a ciertos países, como Brasil, de subir algunos escalones en la jerarquía mundial. Estas esperanzas son probablemente vanas, pues la “extraña crisis” en América Latina se parece a la “extraña guerra” en Francia en 1939-40: lo peor está ciertamente por venir, pues América Latina no puede librarse de la coyuntura mundial. Su economía está más integrada al comercio mundial de mercancías, su aparato productivo ha sido desarticulado por treinta años de políticas neoliberales y la amplitud de la pobreza y de las desigualdades sociales pesan sobre el desarrollo del mercado interno. ► En cierta forma, la misma constatación se aplica a Asia. La crisis se ha propagado por medio de una caída de las exportaciones de entre el 30% y el 35% como media a finales del año 2008, llevando a cierres de empresas y despidos masivos en todos los países de la región. Pero la economía asiática conoce una recuperación desde la primavera de 2009 que está muy relacionada con el plan de relanzamiento de China. El gobierno chino ha puesto en marcha un plan de una amplitud comparable al plan de salvamento americano, salvo que no se trata de derrochar el dinero público en reflotar bancos sino de invertir masivamente en las infraestructuras de las que China tiene gran necesidad, con una cáscara de medidas sociales a favor de la salud y de la educación (menos del 1% del total). Este plan conoce un real éxito en lo inmediato y explica porqué la economía china no se ha hundido y resiste la crisis hasta el punto de permitir a muchos países asiáticos mantener la cabeza fuera del agua. Pero esta recuperación en Asia es frágil y no puede ser duradera. Las inversiones deben servir para producir mercancías que deben ser vendidas. Sin embargo, la parte de los salarios en la riqueza nacional en China ha retrocedido tanto estos últimos años que se ve con dificultad cómo la economía china podría reequilibrarse recentrándose rápidamente en su mercado interno. En una cierta medida, esta constatación es cierta para los demás países asiáticos y la recuperación debería enfrentarse a medio plazo con una insuficiencia de mercados. Aunque la presencia en la región de “pesos pesados” como China, India y Japón hace más creíble la idea de que las economías asiáticas podrían recentrarse sobre ellas mismas para atravesar el grueso de la tempestad, la idea de una “separación” respecto a la economía mundial se enfrenta también a la amplitud de las desigualdades y de la pobreza. Pero los márgenes de maniobra son ciertamente más importantes que en América Latina. ● En el plano teórico, el seminario ha emprendido una discusión sobre el alcance y la actualidad de la “teoría de las ondas largas” cuya tradición remonta a León Trotsky y Ernest Mandel pero que se encuentra también en otros economistas marxistas y no marxistas. Esta teoría ha jugado un papel importante en el análisis económico y político de la IV Internacional. No se trata en este breve informe hacer una exposición exhaustiva de ella, sino simplemente de recordar su esencia. La historia del capitalismo revela fases expansivas de varios decenios seguidas de fases recesivas que se extienden sobre varios decenios. La existencia pasada de una relativa regularidad en la duración de estas “ondas largas” ha creado la tentación de poder predecir el futuro con una relativa certeza. Esta tentación debe ser firmemente descartada pues la historia, como la economía, no obedece a ninguna mecánica de reloj. En estas condiciones la utilidad de la “teoría de las ondas largas” es invitar a hacer un diagnóstico político y económico sobre la naturaleza de los períodos históricos del capitalismo. Se añade a ello una dificultad suplementaria referida a las relaciones entre lo económico y lo político. Dicho de otra forma, una crisis económica no lleva automáticamente a una crisis política y aún menos a una crisis revolucionaria. No deja de ser cierto que analizar las crisis, o las fases de expansión del capitalismo, permite hacer un juicio político más claro sobre las dificultades que los gobiernos deben resolver o sobre los márgenes de maniobra de que disponen. Sobre esta base, queda por analizar la actual onda depresiva que comenzó en 1967 en los Estados Unidos en el momento en que la tasa de ganancia comenzó a bajar. Entre 1967 y 2007, (la última antes de la crisis actual) han pasado cuarenta años cuando las ondas recesivas pasadas eran como media de 25 años. ¿Cómo explicar una tal duración? Una primera exposición ha insistido en el papel particular de la finanza en el capitalismo tardío. La finanza habría retrasado el estallido de la crisis actual, sosteniendo “artificialmente” la demanda de las familias cuyo poder de compra no aumentaba suficientemente. La llegada de la crisis habría sido atrasada por el ascenso del endeudamiento de las familias. Como las deudas no pueden acumularse eternamente sino que algún día deben ser pagadas, la crisis actual sería finalmente la “gran crisis” provocada por el fin de la onda larga de la posguerra. La finanza no es evidentemente el único factor que ha atrasado la crisis. La caída de la URSS y de los regímenes estalinistas de Europa del Este, la conversión de China y Vietnam al capitalismo, la expansión de los países asiáticos, la deuda pagada por los países de América Latina y de África, han abierto nuevos mercados a las firmas multinacionales y sostenido de una forma general al capitalismo de los países imperialistas, retrasando en esa medida la llegada de la crisis. Una segunda exposición explica la duración de la onda larga recesiva por el hecho de que los capitalistas han logrado restablecer la tasa de ganancia a partir de los años 1980, pero sin que esas ganancias se transformaran íntegramente en inversiones, por esencialmente tres razones: la primera es que los accionistas se apropian de una parte creciente de esta ganancia que les es entregada bajo forma de dividendos; o que las ganancias sirven para comprar las acciones de la empresa para que los accionistas puedan revenderlas a un precio más elevado embolsando una plusvalía especulativa. La segunda razón se refiere a la incapacidad del capitalismo actual para satisfacer las necesidades sociales mediante una oferta privada de bienes y servicios que den un beneficio elevado; habría ahí una inadecuación creciente entre lo que desea consumir una fracción creciente de la población (los cuidados a la persona por ejemplo) y la capacidad del capitalismo para satisfacer esta demanda de forma rentable. En fin, la exigencia de una tasa de ganancia más elevada que antes para pagar las rentas exigidas por los accionistas llevaría a una progresión insuficiente de la demanda de mercancías. La debilidad de la demanda contribuiría a una inversión más débil y por tanto a un crecimiento más lento. Como se habrá comprendido, estas explicaciones de la duración de la onda larga recesiva se apoyan en la idea de que la tasa de ganancia se ha restablecido sin que por ello se ponga en marcha una nueva onda expansiva. Algunos ponen en cuestión esta posición afirmando que la tasa de ganancia no ha dejado de degradarse desde 1967 en los Estados Unidos y el comienzo de los años 1970 en Europa. Se trata de un debate muy importante en la medida en que la evolución de la tasa de ganancia, sin explicar ella sola el conjunto de los aspectos de la crisis, es un elemento clave para hacer un diagnóstico del estado de salud del capitalismo. El debate es a la vez empírico y conceptual. Empírico, pues los bancos de datos disponibles no dan todos resultados idénticos. Conceptual, pues esos datos no están de ninguna manera adaptados al concepto marxista de tasa de ganancia que tendría necesidad de una contabilidad nacional que midiera el valor de las mercancías, del capital y de la fuerza de trabajo en cantidades de trabajo, lo que no es el caso. En fin, en la hora del capitalismo mundializado, las firmas multinacionales se dirigen de entrada al mercado mundial y definen su estrategia de ganancias a esa escala. Sería preciso, por tanto, poder calcular la tasa de ganancia de esas firmas directamente a escala mundial, lo que no permiten hacer las contabilidades macroeconómicas que siguen siendo nacionales. ¿Tiene aún algún sentido calcular la tasa de ganancia relacionando la tasa de ganancia observada en un país con el stock de capital medido en ese país?. El seminario, evidentemente, no ha agotado este debate que deberá proseguirse. ● Las crisis alimentaria, energética, medioambiental y climática han sido abordadas a continuación. Se trata de temas complejos en sí mismos cuyos lazos con la crisis económica deberán ser objeto de profundización. En resumen, la transformación de la alimentación en mercancías producidas y vendidas por las grandes firmas multinacionales de la química y del agrobusiness ha provocado la ruina de numerosos pequeños campesinos que no pueden ya alimentarse y alimentar a las poblaciones que les rodean. La agricultura productivista acelera el agotamiento de los recursos naturales como el agua y la dependencia del petróleo del que es una gran consumidora. La agricultura capitalista es intensiva en máquinas energívoras y en abonos polucionantes, genera flujos de transporte inútiles en largas distancias. De esta forma, las firmas multinacionales del agrobusiness participan activamente en el calentamiento del planeta. Contra el derecho a la soberanía alimentaria, defienden en todas partes el libre cambio del que son las primeras beneficiarias pretendiendo que éste conduce a una bajada del precio de los alimentos y participa así en la lucha contra la pobreza. La subida de los precios alimentarios en 2007-2008 y el hambre que ha provocado muestran hasta qué punto se trata de mentiras que conviene denunciar. El hambre es el producto del rapto de la agricultura por las firmas multinacionales y no de una incapacidad de la agricultura campesina para alimentar al planeta. La subida de los precios del petróleo acentúa lo absurdo de la situación incitando a los grandes productores a vender su producción para fabricar etanol (por otra parte subvencionado) más que alimentos. La subida tendencial del precio del petróleo debido a su progresiva escasez va pues a crear una presión permanente a la subida de los precios alimentarios de los que los pequeños productores no se benefician pues no tienen acceso a los mercados de exportación. En lo inmediato, la crisis económica tiene tendencia a refrenar la subida del precio del petróleo, pero una recuperación económica más fuerte conllevará la vuelta de un petróleo caro y en su estela la subida de los precios alimentarios. El final de la crisis no será el del hambre, muy al contrario. ● Para acabar, la exposición sobre la crisis climática ha mostrado que las previsiones más pesimistas del GIEC son desgraciadamente las más probables pues son las que comienzan a realizarse. Se observa en particular que el fundido de los hielos en los polos no sigue una evolución lenta y regular sino que progresa más rápidamente, por saltos. Sin embargo, las medidas anunciadas por la Unión Europea y los Estados Unidos, con el objetivo de reducir el calentamiento climático poniendo en pie un mercado de los derechos a contaminar, son arena en los ojos. No solo porque están basadas en las previsiones más optimistas del GIEC, y por tanto no intentan reducir las emisiones de gas con efecto invernadero en una proporción suficiente, sino que son falsas medidas en el sentido en que la mayor parte de los derechos de contaminar son distribuidos gratuitamente a las empresas. El precio de los derechos es tan pequeño que no incita en absoluto a las empresas a reducir las emisiones contaminantes y su consumo de energía. La idea de un capitalismo verde es pues una ilusión y hay que oponerle el proyecto de un ecosocialismo que es el único que puede introducir la ruptura necesaria: la eliminación de la producción para la ganancia debería conducir a un decrecimiento indispensable, a la reducción del consumo de energía y a la preservación de la naturaleza a la vez que se mantienen solo las producciones necesarias para un proyecto de emancipación social. ● El seminario ha concluido con una exposición de las alternativas posibles en el sur y en el norte para una salida progresista de la crisis. El objetivo es definir un conjunto de medidas que respondan a las preocupaciones inmediatas de los trabajadores a la vez que tienden un puente hacia una sociedad “ecosocialista”. Es el método adoptado por León Trotsky en el Programa de Transición de 1938. Algunas medidas entonces propuestas son de una actualidad patente: la indexación de los salarios con la evolución del coste de la vida; la reducción radical de las horas de trabajo con mantenimiento de los salarios y contratación compensatoria, lo que implica prohibición de los despidos; el control de la empresa por los asalariados; la expropiación de ciertos grupos de capitalistas, de los bancos privados y la estatización del sistema de crédito que se debe oponer al salvamento de los bancos con dinero público al que asistimos hoy. El programa de nacionalización de la tierra y de colectivización de la agricultura debe ser elaborado de forma que se excluya radicalmente la idea de expropiación de los pequeños campesinos o de su colectivización forzosa sino al contrario como un medio de devolver la vida a la agricultura campesina en lugar de la agricultura productivista de los grandes grupos capitalistas. Benetton, que ha comprado tierras inmensas en Argentina expulsando a las poblaciones indígenas, es un ejemplo de empresa que debería ser expropiada. La expropiación de los expropiadores no significa tampoco la confiscación de la propiedad de los pequeños artesanos y comerciantes. Pero se trata de ir más allá de la negativa a pagar la crisis y por una redistribución radical de las riquezas. Hay que integrar, discutiéndolas, las numerosas proposiciones que se encuentran en la “Declaración de Belén” adoptada por el último Foro Social Mundial en 2009, la “declaración de los pueblos indígenas”, la “declaración por una justicia climática” adoptadas en el mismo foro. Es la concepción misma de la riqueza y de la forma en que las riquezas son producidas la que hay que poner en cuestión. Jean Sanuk, economista, corresponsal de Inprecor para Asia, ha sido el organizador del seminario de economistas y miembros de la IV Internacional, celebrado del 2 al 4 de octubre de 2009 en el Instituto Internacional de Investigación y de Formación (IIIF) en Ámsterdam. Notas 1/ El Instituto Internacional de Investigación y de Formación (IIIF) de Ámsterdam, es un centro para el desarrollo del pensamiento crítico, para el intercambio de experiencias y la interacción entre militantes que participan en las luchas cotidianas. Se encontrará en su página web el programa del seminario. http://www.iire.org/component/option,com_frontpage/Itemid,1/lang,fr/ 2/ Los artículos resultado de dicho seminario se han publicado en la edición francesa de Inprecor www.inprecor.fr 3/ Las “subprimas” son créditos concedidos a familias “de riesgo”, bien porque están ya muy endeudadas, bien porque sus rentas son pequeñas. En todos los casos se trata de la tentativa vana en definitiva de vender mercancías a personas que no tienen los medios para comprarlas. Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR |
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