página principal de VIENTO SUR
  Imprimir artículo Cerrar esta ventana
    Cerrar y abrir página principal
 
 
ir página principal
 
.Un giro histórico.
Un empresario multimillonario a la cabeza de Chile
VS 0 | | sección: web | 21/01/2010
Aumentar texto Disminuir texto Dividir en columnas Recomendar este artículo Imprimir artículo
Franck Gaudichaud
 
Tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este 17 de enero, Chile acaba de vivir un giro histórico. La derecha conquista el gobierno “por las urnas” por primera vez desde hace más de cincuenta años: el último presidente de derechas elegido era Jorge Alessandri, en… 1958. Refiriéndose a la transición democrática que puso fin a la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1989), algunos analistas no dudan en hablar de una “segunda transición”. En su opinión, esta primera alternancia desde el fin de la dictadura sería incluso prueba de una buena salud democrática. Tras diez y siete años de un terrorismo de estado que puso fin a la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende, y a dos decenios de una democracia bajo tutela salida de una “transición pactada”, dirigida por la Concertación de los partidos por la democracia –coalición de circunstancias entre el Partido Socialista (PS) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC)- , el pueblo chileno conocería ya los goces de la alternancia…
En su primer discurso, el vencedor, el empresario multimillonario Sebastián Piñera, ha llamado a la “unidad nacional” y reiterado sus argumentos favoritos de campaña, entre ellos la lucha contra la “delincuencia y el narcotráfico”, la gestión de un “estado eficaz” con “mucho músculo y poca grasa”, a la vez que se dice preocupado por la suerte de “los más débiles y de la clase media”. Ha prometido durante la campaña que crearía un millón de empleos…
De cerca de siete millones de votos expresados, el candidato elegido ha triunfado en la segunda vuelta con el 51,6% de los votos a nombre de la Coalición por el cambio que reagrupa a la derecha liberal, Renovación Nacional (RN), de la que ha salido, y los sectores católicos y conservadores de la Unión Democrática Independiente (UDI), herederos directos de la dictadura. El antiguo presidente demócrata cristiano Eduardo Frei (1994-2000), que defendía los colores de la Concertación, obtiene el 48,4%.
Esta elección pone pues fin a un ciclo de cuatro ejecutivos de Concertación consecutivos: un personal político instaurado de forma duradera en la dirección del estado y que se había adaptado enormemente al modelo económico heredado de la dictadura, igual que a la Constitución autoritaria de 1980, enmendada varias veces pero jamás puesta en cuestión. Además de la falta de carisma de E. Frei y la ausencia de renovación generacional, la Concertación aparece agotada. Esto a pesar de la gran popularidad de la presidente saliente, la socialista Michelle Bachelet, y un balance defendido por la mayor parte de las élites del país, en el que la apertura económica a las multinacionales y la mercantilización de los servicios públicos se ha combinado, desde el año 2000, con una política social destinada a los más pobres.
Piñera se ha apresurado a anunciar que no haría “tabla rasa” del período anterior y que permanecería abierto a la “democracia de los acuerdos”, tal como ha sido practicada hasta ahora.
La elección del 17 de enero certifica ciertamente el fin de la Concertación tal como ha podido existir y va a acelerar las tensiones en su seno entre el polo demócrata cristiano y el PS. La dicotomía democracia-autoritarismo que estructuraba el sistema político de la “transición pactada” y permitía a la Concertación evocar el “mal menor” en caso de atasco, o justificar reformas hechas “en la medida de lo posible”, no funciona ya. Nacida en 1988, la coalición tuvo por función esencial negociar una salida de dictadura con los militares y las clases dominantes. Este pacto significó la aceptación del modelo neoliberal de los “Chicago boys”, numerosos acuerdos parlamentarios con la derecha, el mantenimiento de toda una parte de la herencia institucional autoritaria (Constitución, sistema electoral binominal, código del trabajo, ley de amnistía) y la garantía de una amplia impunidad para los responsables de violación de los derechos humanos /1.
Este escrutinio, el primero desde la muerte del general Pinochet en 2006, se inscribe en un campo político cuya fluidez creciente, acentuada por la renovación de las luchas sociales, se ha acelerado durante los últimos meses. La crisis de los partidos gubernamentales se ha concretizado desde la primera vuelta, particularmente con la candidatura disidente de Marco Enríquez Ominami (MEO) /2, él mismo salido de la Concertación. Su discurso crítico, alternando algunas medidas progresistas y un programa económico liberal en el fondo, ha desestabilizado las fuerzas políticas tradicionales. Ominami ha sabido atraer los votos de una parte de la juventud escolarizada, de las clases medias urbanas y ha captado no menos del 20% de los votos en la primera vuelta, para finalmente –poco antes de la segunda vuelta- apoyar públicamente a Frei.
Marginado en la marea de un inmenso show político televisado, el Partido Comunista y sus aliados –en el seno de “Juntos podemos”- han intentado defender la candidatura de Jorge Arrate (él también salido del PS y exministro), con un programa que proponía reformas sociales, una vuelta de los servicios públicos, un cambio de la Constitución y una alianza “instrumental” en las elecciones legislativas con la Concertación, destinada a romper “la exclusión institucional” de la izquierda extraparlamentaria /3.
En el seno de la izquierda de la izquierda, la fragmentación continúa dominando, pero hay numerosos militantes, como el Movimiento de los pueblos y de los trabajadores (MPT)- que reagrupa a varias pequeñas organizaciones anticapitalistas-, que han hecho campaña por anular el voto”, denunciando la ausencia de candidatos “independientes del sistema” y, por tanto, de alternativa. A pesar de todo, una parte importante del movimiento sindical, como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se ha unido a la candidatura centrista frente a una derecha considerada como “peligrosa” para los derechos de los asalariados.
Sin embargo, la campaña de Frei no ha propuesto perspectivas reales frente a la inmensidad de las desigualdades sociales en las que Chile es uno de los campeones de América Latina… A diferencia de una derecha que ha modernizado su imagen con un esfuerzo de comunicación, Frei recordaba demasiado la continuidad de un gobierno marcado, durante su mandato, por nuevas privatizaciones, el cierre de la mayor parte de los medios independientes o también el rechazo a ver a Pinochet extraditado a España por el juez Garzón.
En cuanto a la juventud, hay más de dos millones que no se han inscrito en los registros electorales, no reconociéndose en una representación nacional que estiman alejada de sus preocupaciones cotidianas /4. Este hartazgo es también el de ciertos intelectuales de renombre, como el historiador Sergio Grez, que afirmaba: “Cualquiera que sea el resultado de la elección presidencial, los habitantes de este país continuarán sufriendo el modelo neoliberal que los dos aspirantes a la presidencia de la república –con matices- pretenden consolidar”.
En este país, que ha conocido en el curso de los treinta últimos años una verdadera “revolución capitalista”, por retomar la expresión del sociólogo Tomás Moulian, la ciudadanía cae en efecto a menudo en una fuerte despolitización. La constatación del periodista Mauricio Becerra es amarga: “El fin del guión era evidente: dando tanto poder al gran capital, es la patronal la que ha acabado por tomar el control del estado (…). Muy pocas empresas públicas quedan por privatizar. La subjetividad individualista neoliberal moldea los prototipos identitarios. La concentración de todos los temores en delitos contra la propiedad, más que en la inseguridad social o la falta de participación, está instalada en el imaginario colectivo” /5.
A veces llamado el “Berlusconi chileno”, S. Piñera es uno de los hombres más ricos del país con una fortuna evaluada en 840 millones de euros (701ª fortuna del mundo en la clasificación Forbes 2009). Se enriqueció durante la dictadura –en parte de forma fraudulenta, según las revelaciones de los periódicos La Nación y El Siglo- y controla una de las principales cadenas de televisión (Chilevisión), la compañía de aviación Lan Chile y un importante club de fútbol (Colo Colo).
Los inversores no se han equivocado: día siguiente de las elecciones, las acciones en Bolsa de sus empresas han conocido una subida del 13,8%... Goza además del apoyo directo de los grandes medios de comunicación, lo que le ha permitido llevar a cabo una campaña mediática ofensiva y distanciarse de la sombra de la dictadura que continúa planeando sobre el conjunto de la derecha chilena. Piñera, que recuerda repetidamente que votó “no” en el referéndum de 1989 contra el general Pinochet, no ha dudado sin embargo en afirmar que contaría con la colaboración de antiguos miembros del régimen militar si sus cualidades pudieran servir al país. Los parlamentarios ultraconservadores de la UDI esperan también concesiones del nuevo ejecutivo: cuando la derecha controla la mitad de las dos cámaras, la UDI posee ella sola cuarenta diputados (un tercio de los escaños) y ocho senadores (en igualdad con RN).
Sobre esta base, son seguramente cuatro años difíciles los que esperan a las familias de los detenidos desaparecidos de la dictadura, el pueblo Mapuche movilizado en el sur del país, los ciudadanos que reclaman una asamblea constituyente y, más en general, el movimiento sindical y social, verdaderas bestias negras de Piñera. Pero este giro político va también a tener su influencia en el plano regional. Chile se situará tras los Estados Unidos, al lado de Perú, de Colombia (el presidente Álvaro Uribe es uno de los ejemplos a seguir según Piñera) y frente al eje “bolivariano” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba), en el plano geopolítico a partir del próximo mes de marzo. Esta llegada de una derecha desacomplejada a La Moneda, el palacio presidencial que vio la muerte del presidente Allende el 11 de septiembre de 1973, tendrá por tanto un impacto bien real más allá de la cordillera de los Andes en el momento en que los pueblos de América Latina intentan afirmar su independencia frente a los gigantes del Norte.

NOTAS:
1/ Felipe Portales, Chile, una democracia tutelada. Editorial Sudamericana, Santiago.
2/ Enríquez Ominami es el hijo del revolucionario Miguel Enríquez, asesinado por los militares en 1974.
3/ El PC y su coalición Juntos Podemos -6,2% de los votos en la primera vuelta y tres diputados- han llamado a votar por Frei a cambio de “doce puntos de compromiso” del candidato concertacionista. El PC deja ya entrever una alianza a más largo plazo con el PS y ciertos sectores progresistas de la Concertación en el Parlamento.
4/ En total, cada vez menos ciudadanos participan en las elecciones desde 1988 ; 31% de los chilenos en edad de votar, es decir 3,8 millones de personas, ni siquiera se han inscrito en los registros electorales (en Chile, el voto es obligatorio).
5/ “Se van los capataces y vuelve el patrón”. El Ciudadano.

Franck Gaudichaud es profesor de civilización hispano americana en la universidad Grenoble 3. Ha dirigido la obra Le Volcan latino-américain. Gauches, mouvements sociaux et néolibéralisme en Amérique latine, Textuel, 2008.

Publicado en La valise diplomatique du Monde diplomatique del martes 19 de enero de 2010. http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-01-19-Chili

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

 
  Imprimir artículo Subir
Cerrar esta ventana