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vilaweb.cat | País Valencià, entrevista a Josep E. Escribano ("El Tempir")
“En política lingüística la prudencia es un mal aliado”
17/02/2017 | Roger Cassay

[Versión original de la entrevista: Josep E. Escribano (el Tempir): ‘En política lingüística la prudència és un mal aliat’/1]

“El decreto del plurilingüismo no cohesiona suficientemente a los valencianos ni es garantía de igualdad de oportunidades”. Con esta contundencia se expresa Josep Enric Escribano, presidente de la asociación cultural El Tempir, de Elche, sobre el decreto aprobado hace pocos días por el gobierno valenciano. Los niveles de lengua opcionales para los centros, la carencia de regulación de la exención del estudio de la lengua en determinados territorios, los periodos de aplicación y, en definitiva, la “falta de garantía de competencia en las dos lenguas una vez terminada la etapa escolar” son el origen de la crítica al nuevo decreto promovido por la Conselleria d’Educació. Pero con Escribano hablamos también sobre qué quiere decir ser del sur, ser frontera y de qué manera este sur se expresa, se reivindica y se siente parte del país. “Hay que recuperar el orgullo y la autoestima de ser valenciano”, dice. Y avisa: “En el sur tenemos las cosas claras porque jugamos contra el tiempo.”

Entidades cívicas de todo el país, incluida El Tempir, hicieron demandas y enmiendas concretas al decreto de plurilingüismo que se acaba de aprobar. ¿En la redacción final han sido incluidas estas demandas?

En el decreto que se ha aprobado no hay modificaciones significativas respecto del original. Las enmiendas que se han hecho desde varios ámbitos, incluidos nosotros, desde el sur, desgraciadamente no han entrado en el decreto. Cuando se presentó el borrador del decreto ya dijimos que el decreto de plurilingüismo no ayudaba a cohesionar socialmente a los valencianos. Y todavía lo pensamos. El decreto aprobado no es nuestro decreto, no es el modelo de decreto que pensamos que sea necesario ahora.

¿Por qué?

Porque no garantiza que todo el alumnado acabe siendo competente en las dos lenguas, valenciano y castellano. Hay demasiados niveles opcionales y los centros pueden escoger los niveles de valenciano que imparten. Puede haber centros que aplican un programa plurilingüístico en castellano y, de valenciano, eligen por ejemplo un nivel básico dos. Los alumnos que hagan un básico dos saben perfectamente que cuando acaban la etapa de escolarización obligatoria no serán competentes en las dos lenguas. Nosotros queremos un sistema que garantice que todo el alumnado sea competente en las dos lenguas cuando termine la escuela. Además, pensamos que el periodo de aplicación es excesivamente largo. No tenemos tanto tiempo. El decreto está diseñado suponiendo que en las próximas elecciones volverán a ganar los partidos que gobiernan; pero ¿qué pasará si en las próximas elecciones ganan los otros, es decir, el PP?

Uno de los argumentos que defiende la conselleria en cuanto a los plazos de aplicación es que hay que formar a los profesores. ¿Qué piensa de eso?

Efectivamente, asegurar la competencia en lengua valenciana a los profesores no es fácil. Pero imaginaos en inglés. Es un problema, cierto. Ir lentos para no angustiar al profesorado puede ser un argumento. Pero es que la sociedad civil siempre va por delante y pide ir más rápido. En política lingüística la prudencia es un mal aliado. Pongo Elche como ejemplo: aquí se vive, hablando en general y fríamente, una situación de indiferencia lingüística, pero si tuviéramos un ayuntamiento que hiciera una apuesta clara por el valenciano, la población seguramente bascularía hacia el valenciano, entre otras cosas, por ejemplo, porque somos la única ciudad del País Valencià que tiene toda la rotulación urbana sólo en valenciano, desde hace más de dos décadas. La gente lo ha asumido e incluso cuando el PP intentó quitarlo la gente hizo presión y se paró. La sociedad está mucho más preparada de lo que parece, sin olvidar, es cierto, que en el País Valencià en cada comarca la problemática es diferente. Pero una cosa no quita la otra. Pienso que no es momento de ser tan cauteloso.

No sois la única entidad que considera el decreto demasiado prudente. ¿Por qué piensa que ha sido tan prudente la conselleria?

Pienso que el decreto sale de los equilibrios políticos del momento que vivimos. Creo que hay equilibrios entre los partidos que gobiernan y equilibrios internos de cada partido. También creo que el decreto es muy cauteloso porque quiere evitar una respuesta contraria por parte de la sociedad. Pero nosotros pensamos que, ante el bloque del no, que siempre será “no”, hay que ser más osados y presentar un decreto que realmente nos permita superar los efectos del pseudo-plurilingüismo del PP y garantizar que todos los jóvenes tengan competencia real en las dos lenguas. Y todavía otra cuestión no resuelta en el decreto es la exención. He hablado con algunos profesores e incluso directores de la Vega Baja que piden que se elimine la exención del estudio del valenciano. En definitiva, si lo que quieres es cohesionar el país de Vinaròs a Orihuela, ser prudente y cauteloso no tiene sentido porque tampoco tenemos los noventa minutos del partido y los cambios sociales y demográficos son muy rápidos. Entiendo la cautela, pero quien no se arriesga no gana. Nosotros no hemos variado nuestra posición, gobernara quien gobernara, y continuaremos defendiendo esta misma posición gobierne quien gobierne. Al final queremos que nuestros derechos lingüísticos sean garantizados y que la escuela garantice que todos los jóvenes sean competentes en las dos lenguas. Si no, nos pasaremos la vida pidiendo una competencia lingüística a la gente en función del cargo que ocupa. Si de base lo resolvemos quizá ya no habrá que pedir competencias lingüísticas a quién haya pasado por la escuela del país. El sistema tiene que ser un engranaje que funcione desde el principio y desde abajo. Lo que no podemos hacer es ir colocando parches.

Habla de la exención del estudio del valenciano en algunos territorios. ¿Cómo se podría mejorar el decreto en este aspecto?

La Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià [Ley de Uso y Enseñanza del Valenciano] prevé que algunos territorios, aquellos considerados de predominio lingüístico castellano, puedan quedar exentos del estudio de la materia de valenciano. Pero lo que nació con un carácter puramente puntual y excepcional, ha devenido de carácter general en algunas comarcas. En la Vega Baja, por ejemplo, territorio valencianoparlante histórico, hay alumnado que no recibe en ningún momento ninguna forma de estudio ni en valenciano ni del valenciano. En cuanto al decreto pedíamos que si no había la voluntad política o bastante votos para cambiar la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià, que es lo que haría falta, en el decreto había que haber especificado y regulado que la exención sería realmente puntual y excepcional. Aquí tenemos un círculo vicioso y peligroso que hay que romper. Un alumno de la Vega Baja dice: yo no doy valenciano en la ESO porque en la Vega Baja no hace falta, no lo estudio en el bachillerato porque me puede perjudicar en la nota de acceso a la universidad, no doy clases en valenciano en la universidad porque me es más cómodo en castellano, pero cuando quiero trabajar en la administración o en alguno otro lugar donde me piden competencias en valenciano, como no lo he estudiado antes, es una imposición. La sensación es que termina siendo una imposición. Y este problema es muy importante, sobre todo si hablamos de cohesión social en el país. El miedo a quitar la exención puede ser comprensible, pero a menudo lo que hay es desconocimiento de la comarca. Por ejemplo, la problemática de la exención en Requena y Utiel no es la misma que en la Vega Baja. Socialmente son diferentes y tienen matices. Hay que conocer el territorio.

¿Hay elementos positivos en el decreto?

Sí, claro. Lo que hemos dicho no quiere decir que el decreto no tenga puntos positivos. Por ejemplo, quién haya hecho un avanzado dos podrá obtener un B2 en inglés y el C1 en valenciano. Esto es bueno, sin haber pasado por escuelas de idiomas ni por la Junta Qualificadora de Coneixement del Valencià [Junta Calificadora de Conocimiento del Valenciano]. También es positivo el hecho de asociar la enseñanza del valenciano con el inglés. Esto es una jugada buena porque incentiva. También es bueno, al menos a priori –ya veremos de dónde sale la financiación–, el plan de formación para el profesorado. Pero a pesar de estas mejoras en muchos aspectos, continuamos pensando que no cohesiona suficientemente a los valencianos porque no es garantía de competencia en las dos lenguas al final de la escuela ni es garantía de igualdad de oportunidades.

El Tempir siempre ha promovido la valencianidad en el sur y desde el sur, con la lengua como elemento principal. La campaña ‘M’agrada el valencià’, por ejemplo, fue un éxito sobre todo porque promovía el orgullo de ser valenciano en ciudades como Orihuela o Torrevieja.

Nosotros pensamos que para construir país hay que hacer un proyecto de valencianidad con un discurso ilusionador. Un proyecto que haga que ser valenciano sea positivo y, en el caso del sur, que haga que no se tenga que mirar constantemente al otro lado, hacia Murcia. Aquella campaña venía a decir “som sud, som valencians” [‘somos sur, somos valencianos’] de manera rotunda y clara como quizá no se había hecho nunca con el mismo impacto. Apelamos a la autoestima de ser del sur y a la autoestima de ser valencianos. Y esto es muy importante. En definitiva, somos del sur porque hay un norte. Aquella campaña sirvió para eso. Pero para conseguirlo es necesario que ser valenciano sea algo positivo, más positivo que mirar hacia otro lado. Porque tiene que querer decir una buena atención a las personas, con hospitales y enseñanza de calidad, etc. Y dentro del paquete que se ofrece, la lengua debe ser un elemento cohesionador. Si lo que se hace es construir escuelas y hospitales sin alma, sin proyecto de valencianidad, con todos los respetos para todos los territorios, es lo mismo que te puedes encontrar en cualquier otra comunidad autónoma. Y entonces la tentación de una parte del sur de mirar hacia Murcia, por ejemplo, puede tener sentido. Hace falta que el proyecto de modernización del país tenga alma y, en esta alma, la lengua es muy importante. El proyecto de modernización del País Valenciá no es incompatible con el proyecto de valencianidad, todo lo contrario. Si la Generalitat construye sin alma, aquel aspecto de identidad referencial que no cubre la Generalitat lo cubrirá otra entidad.

Por ejemplo, ¿cuál?

Pues la Diputación de Alicante, por ejemplo, con un proyecto de identidad que diverge del proyecto de valencianidad. Que ¿con qué proyecto de identidad por parte de la Diputación de Alicante? Pues con un proyecto identitario de alacantinidad, que es construido como subalterno de la españolidad.

¿El nuevo gobierno valenciano hace bien esta función que pide para el proyecto de valencianitat?

Por un lado, hay que entender que cuando el nuevo gobierno entró a las consejerías y encontró lo que encontró, después de veinte años de inercias, no era nada fácil. Había un gran trabajo para desmontar todo el que se encontraban. Ahora bien, también tenemos que entender que mientras tanto hay que andar. El nuevo gobierno valenciano camina, sí. ¿Pensamos que camina demasiado despacio? Sí. ¿Que tendría que hacer pasos más contundentes? Pues también. Se les ha votado para hacer un gran cambio. Se les ha votado para que sean el revulsivo de veinte años de “desvalencianidad”, de proyecto fallido, de corrupción… Hay que reconocer que el nuevo gobierno anda, pero también hay que decir que anda a una velocidad lenta, precisamente porque la sociedad civil les pide que vayan más deprisa. Y si lo pide la sociedad es seguramente porque todos nos damos cuenta que no tenemos todo el tiempo del mundo.

¿Por qué es importante no ceder en la lengua?

Porque en el proyecto de valencianidad, la valencianidad es muy plural. Tú puedes tener como primera lengua el castellano, el chino o el inglés, y esto se tiene que respetar, faltaría más, no hay una única manera de ser valenciano. Pero el eje que cohesiona y que hace de piedra angular de este proyecto tiene que ser el valenciano, de este modo nos autoreferenciamos como valencianos y le damos una viabilidad a la lengua. Desde el punto de vista del sur este eje es todavía más fundamental y no es incompatible con las características individuales de cada cual ni con un proyecto de modernización del país, va todo ligado. No digo que en la Vega Baja, de repente, todos empiecen a hablar en valenciano y abandonen el castellano, no es nada de todo eso: decimos que la Vega Baja tiene que recuperar el orgullo y la autoestima de ser valenciana. Y para hacerlo puede ser muy útil que abrace el valenciano como segunda lengua, porque tiene que ser la lengua la que nos permita cohesionarnos y comunicarnos. Pero cuidado, hablamos de la Vega Baja como ejemplo, pero “Vegas Bajas” hay muchas en todo el País Valenciá, y también en Catalunya, incluso dentro de cada ciudad puede haber más de una, en un barrio o en otro.

A menudo tenemos la sensación que es desde el sur desde donde se tensa más la cuerda en favor de la lengua…

Bien, hay que tener en cuenta que aquí en el sur el debate de la valencianidad se vive de manera mucho más descarnada. No está envuelto por un discurso de valencianismo regionalista de cariz blavero. Aquí no se discute prácticamente la unidad de la lengua. No es cuestión de sí es catalán o valenciano. Aquí es o castellano o valenciano. Se trata de defender los derechos lingüísticos para no diluirnos. Por lo tanto, la defensa es más enconada, y todavía más teniendo en cuenta que somos frontera. Uno de los problemas que tenemos los valencianos es que tenemos que aprender a conocernos los unos a los otros. Y esto vale también para todo el país lingüístico, incluyendo Catalunya y les Illes. Conocernos mejor rompe prejuicios, nos une y nos cohesiona. A veces me dicen que tengo las cosas muy claras, pero es que en el sur tenemos las cosas claras porque jugamos contra el tiempo.

Precisamente El Tempir ha realizado y promovido recientemente el documental Ser a la frontera sud [[Estar en la frontera sur]], que ha sido considerado sobrecogedor por algunos, necesario por otros y pesimista por algunos otros… ¿Cuál era el objetivo del documental?

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Después de tres décadas de la Llei d’Ús i d’Ensenyament del Valencià [Ley de Uso y de Enseñanza del Valenciano] y de un entramado cívico que aquí en el sur ha trabajado todos estos años por la normalización de la lengua, el documental quiere ser un manera de explicarnos a nosotros mismos y de explicar a los otros cuál es la situación actual para continuar trabajando. Es una manera de pararnos, de hacer un retrato y un balance para poder decidir qué acciones podemos emprender ahora. Y como metáfora de la valencianidad el documental utiliza una alcachofa, en la que la esencia de la valencianidad es el corazón, pero es un corazón que tiene muchas hojas, mucha diversidad. Y además se utiliza una alcachofa porque curiosamente tiene un papel muy importante en la Vega Baja y también en Benicarló, que está al otro extremo del País Valenciá. No quiere dar respuestas, es un ejercicio de introspección. Hay gente que lo ve demasiado pesimista, sí, pero yo creo que sencillamente es un retrato que quiere ser fiel a la realidad y que se tiene que leer desde otro ámbito.

¿Desde qué otro ámbito?

El hecho cierto es que tanto en el País Valencià como me imagino que pasa igual en Catalunya y en les Isles, la gente necesita mensajes que den esperanza, que nos hagan ser positivos, para poder continuar trabajando y alentando en medio del panorama político que tenemos. La sociedad necesita, en el terreno lingüístico, ya no digo nacional, mensajes positivos en el sentido de que vamos avanzando y que hay partida. Y yo creo que sí, que hay partida, pero que en el País Valenciano no nos podemos fiar. El documental es sobrecogedor y para algunos pesimistas porque es un retrato que quiere ser fiel a la realidad, pero en cambio pienso que es esperanzador porque muestra que las nuevas generaciones, las personas que hoy tienen menos de cuarenta años, no son como las anteriores. Estos jóvenes pueden mostrar indiferencia hacia la lengua, pero en ningún caso rechazo. Esto quiere decir que en este tiempo de autonomía, desde que entró en vigor el estatuto de autonomía valenciano, ha ido cambiando las cosas, muy lentamente, seguramente no con el ritmo que nosotros querríamos, pero indica que a pesar de que no tenemos todo el tiempo del mundo tenemos una juventud que está dispuesto a hacer suya la lengua. Yo soy profesor y pienso que el deber del profesor de valenciano es incentivar el uso social del valenciano. Pienso que a veces nos fijamos demasiado en la gramática. En el aula no tenemos que enseñar una lengua, tenemos que transmitir el aprecio por la lengua. Y cuando los jóvenes ven que hay otra oferta cultural en valenciano y en todo el dominio lingüístico catalán descubren un mundo y otra manera de desarrollar su vida e inquietudes, sin que sea excluyente con la que ya conocen. El choque que tienen los jóvenes del sur cuando descubren y se abren a todo lo que les puede ofrecer la lengua es normal, pero cuando lo descubren no la rechazan, al contrario. Y este es el cambio y la esperanza.

¿Es posible esta esperanza sin RTVV y sin Tv3?

La televisión es básica porque es la manera de hacer llegar la lengua a todo el territorio. Es la manera de sentirse referenciado e identificado, con una persona del Maestrat, por ejemplo, si la miramos desde el sur. Necesitamos un medio en el que nos podamos reconocer todos. Este medio de comunicación, que tendría que ser RTVV, tiene que remar a favor de la construcción social del país y a favor de la normalización lingüística. Es imprescindible. Y en este sentido no podemos renunciar tampoco a recibir otras televisiones de nuestro dominio lingüístico, como Tv3 o IB3. Tenemos que crear un espacio catalán de comunicación, donde estén todas las televisiones en nuestra lengua y con todos los acentos. A veces se niega la unidad de la lengua por ignorancia. Recibir otros acentos de tu lengua es el mejor remedio contra esta ignorancia. O ¿alguien duda que la lengua y el acento de Sevilla no sea igualmente español? Pero del mismo modo me pregunto: ¿cómo es posible que este año haya sido el año de Caterina Albert y en el País Valenciano no se haya dicho nada? Caterina Albert forma parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio y de nuestra literatura, aunque sea de l’Escala. Es tan nuestra cómo Alcover o como Ponç Pons de Menorca. Del mismo modo que Baixauli forma parte de la cultura de un barcelonés. En Argentina celebran don Quijote, ¿no? Necesitamos normalizar el país, hacer un país normal, y para eso, sí, necesitamos medios de comunicación en nuestra lengua y con todos los acentos. Por ejemplo, el hecho de no tener una televisión estos últimos tres años, hace que haya mucha gente que crezca sin una opción lingüística a la televisión en valenciano.

Recientemente también ha habido un acuerdo para la Ley de Competencia Lingüística en la Función Pública. ¿Qué piensa sobre eso?

Hombre, lo primero que me pregunto es por qué en el Pacto del Botánico no se han establecido las directrices del nuevo gobierno en materia de política lingüística. Habría que preguntarlo a ellos, pero quizás es porque es un tema que incomoda. Creo que habría sido fundamental porque la población tendría una idea de cómo irán las cosas y porque aquello que se pacta antes de gobernar deviene compromiso y hay que cumplirlo. Era una oportunidad de oro para decir que la competencia lingüística era necesaria, sin ninguna exención y sin plazos excesivamente largos. Y volvemos a las prudencias y a los complejos. Si fuéramos un país normal no haría falta hacer ninguna ley de competencia lingüística, pero no somos un país normal. Lo que haría falta es que desde la escuela la lengua propia del país fuera una cosa normal y no discutir constantemente si es una imposición o no. Allá donde algunos ven imposición, yo veo igualdad lingüística. Allá donde algunos ven aislamiento, yo veo cohesión social. Por ejemplo, la exención de esta ley que se ha hecho para el ámbito de la sanidad es peligrosa y hay que estar atentos para que efectivamente sea una exención puntual y excepcional.

Para terminar: desde el País Valenciá y desde el sur en particular, ¿cómo se percibe el proceso político que vive Catalunya?

Nosotros nos hemos adherido a la campaña de la Plataforma por el Derecho a Decidir del País Valenciano porque es una pura cuestión de democracia. Cada cual tiene que poder elegir aquello que quiere ser en el futuro. Y yo creo que desde el valencianismo, aunque no lo digan, tienen un ojo muy puesto en todo lo que pasa en Catalunya. Quien más quien menos tiene claro que lo que pase en Catalunya nos repercutirá de manera directa o no tan directa, pero tendrá efectos en el País Valenciá, seguro. Mentiría si te dijera que no estamos atentos a todo el que pasa en Catalunya.

17/02/2017

1/Versión original de la entrevista: http://www.vilaweb.cat/noticies/el-nou-govern-valencia-camina-pero-camina-lent/



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