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Tribuna VIENTO SUR
Apuntes sobre turbulencias globales, crisis de régimen y Podemos
21/02/2017 | Jaime Pastor

1. Desde 2007-2008 un diagnóstico cada vez más compartido tanto por quienes somos críticos de este sistema como por un creciente número de investigadores científicos, e incluso de think tanks vinculados al establishment, es el de encontrarnos ante la mayor crisis del capitalismo en toda su historia. También lo es la constatación de que la persistente búsqueda de la salida del túnel mediante una nueva vuelta de tuerca neoliberal está aumentando todo tipo de desigualdades y agravando una crisis climática que amenaza el futuro de la vida en el planeta.

Que esa misma crisis global está conduciendo al fin del viejo orden de la “globalización feliz”, a la crisis de hegemonía del neoliberalismo occidental, a la desdemocratización acelerada y a una transición geoeconómica, geopolítica y geocultural llena de incertidumbres –en la que los “monstruos” son más probables que las revoluciones- también es una evidencia compartida. Es probablemente en la sociedad estadounidense donde se concentran más esos procesos y con ellos también la atención del mundo, ya que tras la victoria de Donald Trump empieza a desarrollarse un potente “movimiento de movimientos” reactivo que esperemos consiga desbordar a los “neoliberales progresistas” 1/ y frustre el actual giro autoritario y racista.

Quizás el título del Informe presentado en la reciente Conferencia de Seguridad celebrada en Munich, “¿Postverdad, postoccidental, postorden?”, sea una buena muestra de la perplejidad de las élites ante el momento histórico que estamos viviendo. En ella hemos visto, además, la escenificación de un primer encuentro entre el portavoz de Donald Trump y los líderes de una Unión Europa a la deriva, temerosos de que el nuevo presidente estadounidense les exija mayor dedicación de recursos al refuerzo militar del pilar europeo de la OTAN, junto con una mayor implicación en Siria junto con Rusia y el régimen de Bachar El Assad en nombre de la lucha común contra el Estado Islámico.

Olvidando, eso sí, cualquier apelación a la hospitalidad ante los millones de personas refugiadas que huyen de guerras y conflictos a los que no son ajenas las potencias occidentales. Afortunadamente, la reciente manifestación en Barcelona, con el lema “Casa Nostra, Casa Vostra!”, ha sido una buena réplica a la degeneración moral del proyecto europeo y debería ser solo el inicio de un ciclo de movilizaciones a escala continental.

También podemos referirnos al Informe “Tendencias globales: La paradoja del progreso”, de la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional de EE UU, ya comentado por Michael Roberts 2/, alertando ante la repetición de “choques como la primavera árabe, la crisis financiera mundial de 2008 y el aumento global de las políticas populistas anti-sistema”. Frente a ese panorama, que sanciona el fracaso del “caos creativo” emprendido desde el 11S de 2001, puede percibirse un intento de reorientación por parte de la primera gran potencia global: “Sería tentador poner orden en este caos aparente, pero en última instancia sería demasiado costoso a corto plazo y fracasaría a largo”.

Así, a la crisis de sobreextensión geoestratégica sufrida tras los desastres de Iraq y Afganistán parece sustituirle ahora una actitud más selectiva en torno al intervencionismo militar directo de EE UU, compatible con su voluntad de seguir manteniendo la OTAN y sus bases militares en distintas zonas del planeta, como es el caso de Rota y Morón.

Otros informes y comentarios “autocríticos”, como el de Lawrence Summers, antiguo Secretario del Tesoro de EE UU o el del American Enterprise Institute 3/, apuntan a unas perspectivas sombrías de “estancamiento secular”. Se reconoce en ellos estar lejos de entrar en una nueva fase de crecimiento económico y, lo que es peor, anuncian una nueva probable crisis sistémica global cuya única incógnita estaría en cuándo se va a producir.

No sorprende por eso que se siga apelando al papel que deberían jugar las instituciones financieras internacionales en la reactivación de una “gobernanza global” que, sin embargo, se empeña en seguir imponiendo unas políticas austeritarias que no hacen más que aumentar la lista de Estados “fallidos” y “frágiles” por todo el planeta 4/.

Todo este panorama general tiene especial gravedad en la Unión Europea y en la eurozona, ya que la dictadura de la deuda, con Grecia obligada a un nuevo ataque a las pensiones, la mal llamada “crisis de los refugiados” y la amenaza ahora del Frexit tras el Brexit, están conduciendo a la crisis e incluso descomposición de partidos sistémicos, como es ahora el caso deLos Republicanos y el PS francés o del PD italiano.

Por eso no sorprende que a lo que más temen a corto plazo las elites es al desenlace de las sucesivas elecciones que se van a celebrar en países clave (Holanda, Francia, Alemania…), ya que pueden llevar al gobierno a fuerzas calificadas de “antisistema”, aunque por desgracia la mayoría de ellas combinen su rechazo al establishment con un discurso xenófobo e islamófobo.

2. Dentro de ese contexto global y europeo, el panorama que nos encontramos en el Estado español no es, desde luego, el cínicamente optimista que ofrece Rajoy.

Si bien es cierto que, gracias a la abstención del PSOE, el líder del PP ha podido formar de nuevo gobierno, éste sigue acompañando su presunta “recuperación económica” con los nuevos recortes sociales que le exige la troika y medidas como la reactivación de centrales nucleares como la de Garoña.

Es más, la sombra de la estafa de la burbuja financiera-inmobiliaria vuelve ahora al primer plano con el juicio a máximos responsables del Banco de España -también los de la etapa “socialista”- por su connivencia con la salida a bolsa de Bankia, mientras continúan los juicios y sentencias sobre los escándalos de corrupción que afectan a su partido (ahora al Presidente de la Región de Murcia)…y a la familia del Rey. Ejemplos, una vez más, de que no se trata de algunas manzanas podridas sino de una corrupción estructural que afecta al conjunto del régimen.

Es cierto que el suelo electoral del PP se ha mostrado difícil de erosionar, pero también lo es que sigue sin ser suficiente no solo para la gobernabilidad, sino también para ofrecer garantías suficientes de estabilidad del régimen. La colaboración del PSOE en esa doble tarea es imprescindible, una vez constatados los límites alcanzados por la operación Ciudadanos.

El debate sobre los Presupuestos será el principal test para comprobar hasta qué punto la elite dirigente de ese partido se implica, o no, en el mantenimiento de la “Triple Alianza” cuando tiene por delante un calendario electoral interno con un desenlace también incierto. Una formación en la que a los factores comunes de crisis que afectan a la socialdemocracia europea -agotamiento del ciclo social-liberal, deterioro creciente y envejecimiento de su base electoral tradicional- se suman los específicos de la competencia electoral de Podemos y el conflicto catalán-español.

La reciente resurrección de Pedro Sánchez con su apuesta por “una nueva socialdemocracia” supone un desafío en toda regla a una Gestora bajo las órdenes de Susana Díaz. Habrá que ver hasta qué punto, pese a su difícil credibilidad y a la escasa autocrítica respecto al pasado que se desprende de su documento, las propuestas novedosas que incluye en su programa –reparto del trabajo asalariado, Renta Básica Universal, plurinacionalidad del Estado- son capaces de generar ilusión entre una militancia desconcertada ante el rumbo suicida emprendido hasta ahora. En todo caso, la polarización interna puede ir in crescendo en los próximos meses y, con ella, la beligerancia frente a ese “izquierdismo” por parte de unas elites -de dentro y de fuera del partido- que ya demostraron su poder con la destitución fulminante de Sánchez. Podríamos encontrarnos incluso con un conflicto de legitimidades entre el resultado de la elección en primarias y lo que saliera aprobado en el Congreso, más fácilmente controlable por el aparato de la Gestora.

El declive del bipartidismo sigue siendo, por tanto, la tendencia dominante, con mayor razón cuando el más afectado es un PSOE sin perspectivas de remontada electoral y que, a diferencia del pasado, necesitaría aliarse con Podemos para poder ser alternativa de gobierno frente al PP, como bien ha entendido Sánchez.

Tampoco es posible limitar el caso Bankia a un asunto de corrupción: tiene que ver con mucho más que eso, ya que es una de las manifestaciones más claras del capitalismo desbocado que se desarrolló durante años en el marco de la puesta en marcha del sistema euro y del “efecto riqueza” que generó.

No hay razones, por tanto, para considerar cerrada la crisis de régimen, ni siquiera la crisis de gobernabilidad, en medio además de las turbulencias que persisten en la eurozona y de su incierto futuro. Es, pues, una crisis del constitucionalmente proclamado Estado social y democrático de derecho, pero también y especialmente del Estado autonómico.

Si bien va a ser muy difícil que en Catalunya se pueda celebrar un referéndum en el que participe una mayoría de la sociedad catalana mientras no haya un reconocimiento legal o internacional del mismo, también lo es que su rechazo va a continuar generando una creciente desafección frente al Estado español, incluida su institución monárquica, como demuestra la adhesión creciente en esa Comunidad a la aspiración republicana.

Los recientes intentos de “diálogo” no solo llegan tarde sino que ya no consiguen siquiera provocar fracturas en el seno del partido que históricamente ha sido soporte del bipartidismo estatal desde Catalunya.

3. Una vez pasada la Asamblea Ciudadana de Vistalegre 2, la responsabilidad de Podemos en esta nueva fase, al margen de lo que digan agoreros de uno u otro signo, continúa siendo clave. Con todo, es obligado reconocer que en el proceso preparatorio y en el mismo Encuentro apenas hubo participación previa de la mayoría de la militancia en la elaboración de los documentos y tampoco se clarificó el debate sobre los puntos de coincidencia y divergencia entre las principales posiciones en presencia. Un déficit que no parece que vaya a resolverse con el modelo organizativo aprobado ya que, pese a la pretensión de superar el modelo de la “máquina de guerra electoral”, mantiene rasgos de una concentración de poderes y de una democracia plebiscitaria cuyos efectos negativos han sido suficientemente comprobados en los tres años de vida de esta formación.

A esto se suma algo más preocupante y es que, pese a la voluntad de la nueva dirección de transformarse en un movimiento popular que impulse a su vez contrapoderes sociales, esa aspiración aparece subordinada a la construcción de un “Podemos para gobernar”…, con un programa que se limitaría a reclamar el retorno al “contrato social” neokeynesiano anterior a la crisis sistémica, ignorando tanto las limitaciones que tuvo en el pasado como su imposible viabilidad en la nueva etapa histórica.

Esta ausencia de un relato alternativo y superador del viejo imaginario social –lo cual implicaría entrar en conflicto con la deudocracia actual, pero también con el fetiche del crecimiento económico y del modelo de consumo dominante para ir poniendo en el centro la sostenibilidad de la vida- es más patente si cabe por el temor a extraer las lecciones de la experiencia griega, como ya se alertaba desde Podemos En Movimiento. Asumir ese debate ahora y extenderlo a fuerzas afines a escala europea, como se propone desde un Manifiesto recientemente hecho público 5/, es fundamental para abordar la nueva fase.

De no ser así, corremos el peligro de un cierre en falso del “no-debate” de Vistalegre mediante una recomposición de la coalición entre las dos fracciones mayoritarias en torno a un proyecto “gobernista” que, de nuevo, relegaría a los Círculos a ser meros comités de campaña… preelectoral. Una hipótesis nada descartable a la vista de los primeros mensajes del Secretario General, en los que la perseverancia en un discurso “ganador” no se corresponde ni con la relación de fuerzas existente en la sociedad ni con las tareas necesarias en la fase actual para hacer fracasar el proyecto restauracionista de la “Gran Coalición”.

El retorno del conflicto social –prestando ahora atención a la necesaria solidaridad con la lucha de los estibadores frente a la liberalización y precarización del sector impuesta desde la UE y el gobierno-, la convocatoria del movimiento feminista ante la jornada internacional del próximo 8 de marzo, o las iniciativas que vayan surgiendo desde un sindicalismo social que siga el ejemplo de las PAH y las Mareas, pueden ayudarnos a ir encontrando el camino para ir cambiando esa relación de fuerzas y poner la presencia institucional de Unidas Podemos a su servicio, también con sus propuestas. Entre ellas también, la exigencia del reconocimiento por el Estado español del derecho a convocar un referéndum con todas las garantías en Catalunya sobre su futuro y el rechazo a toda forma de represión que pueda adoptarse contra esa justa reclamación de la mayoría de la sociedad catalana.

21/02/2017

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR

1/ Fraser, Nancy, “El final del neoliberalismo ‘progresista”, sinpermiso.info, 12/01/2017

2/ “La paradoja global del capitalismo”, 14/02/2017, sinpermiso.info

3/ “Con la combinación de altos niveles de endeudamiento, de precios que no reflejan los riesgos de crédito y de los crecientes desaciertos enla economía mundial (como el brexit, la desaceleración de China y la progresiva crisis bancaria de la zona euro) es muy probable que se produzca una crisis financiera generalizada en los próximos dos años” (cit. por Cédric Durand, “Remedios tóxicos para una crisis financiera”, Le Monde diplomatique, 256, febrero 2017, p. 21.

4/ El Informe sobre el desarrollo mundial de 2017 del Banco Mundial se titula “La gobernanza y las leyes”. Al margen de la jerga habitual, llama la atención la preocupación del Grupo del Banco Mundial autor del Informe por las “asimetrías de poder” (en donde no falta la mención a Michel Foucault), en particular porlos fenómenos de exclusión, captura y clientelismo que se dan en los Estados…no desarrollados. No falta tampoco la mención a la Transición española como ejemplo de cómo las elites pueden adoptar “reglas que restringen su propio poder”…para seguir manteniéndose en el poder.

5/ “Manifiesto para desobedecer tratados europeos injustos”, www.vientosur.info/spip.php?article12226





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