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Entrevista a Cinzia Arruzza
La huelga de mujeres en la era Trump
20/04/2017 | Doug Henwood

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, antes llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, hubo una huelga global en nombre del feminismo. La combinación de la huelga con un programa feminista explícitamente de izquierda provocó algunas críticas de Demócratas del estilo de Hillary Clinton e incluso de personas situadas más a la izquierda. Dijeron que sería demasiado limitada, demasiado radical, demasiado aventurera para marcar alguna diferencia política. Sin embargo, el 8 de marzo demostró que, a pesar de estas críticas, muchas mujeres estadounidenses se sintieron atraídas por el proyecto político representado por la huelga de mujeres. El “día sin mujer” vio cómo cerraban tres distritos escolares y se organizaron manifestaciones por todo el país.

Así y todo, las organizadoras de la acción no se detienen aquí, sino que ya están movilizándose para el 1º de mayo. Para hablar de la movilización del 8 de marzo, de los objetivos de la huelga de mujeres y de las perspectivas del movimiento, el periodista ha conversado con una de las organizadoras, Cinzia Arruzza, para el podcast de Jacobin Behind the News. He aquí una transcripción ligeramente editada de su conversación.

¿Cómo surgió esta idea de una huelga de mujeres?

La idea surgió tras las huelgas de mujeres en Polonia y Argentina. La lanzaron las activistas feministas polacas, que fueron las primeras en ponerse a trabajar en este proyecto en otoño. Por supuesto, un hecho muy motivador fue el éxito extraordinario de la huelga de mujeres en Polonia, que logró frenar la prohibición del aborto y dar a luz realmente a un nuevo movimiento feminista. También el éxito de las huelgas de mujeres y las manifestaciones en Argentina.

En enero, cuando estuvimos pensando en organizar la huelga de mujeres, la organización internacional de la huelga ya estaba en marcha. De hecho, llegamos tarde a la partida. La razón por la que pensamos que era posible organizar esto en EE UU tuvo que ver con el éxito de las manifestaciones de mujeres en enero. Vimos que, dada la enorme movilización de mujeres en enero contra el gobierno de Trump, podía haber alguna posibilidad de lanzar también la huelga de mujeres sobre la base de una plataforma más radical.

La huelga en Polonia, aunque tuvo el impulso de la prohibición del aborto, asumió un programa más amplio que este, ¿no es así?

Sí. Claro que el objetivo inmediato era detener el intento de prohibir el aborto, pero la huelga también iba más en general contra la violencia de género. Especialmente después de las movilizaciones en Argentina, el llamamiento a la huelga internacional de mujeres tenía que ver con la justicia reproductiva, así como con la violencia contra las mujeres en sentido muy amplio. Por ejemplo, se planteó la cuestión de la “violencia lenta” económica, o sea, la violencia de políticas que destruyen el Estado de bienestar, los servicios públicos, y también la precarización del trabajo, que afectan especialmente a las mujeres. El concepto se amplió también para incluir la violencia del Estado, en términos, por ejemplo, de la política migratoria o las guerras, que afectan claramente a las mujeres de modo significativo.

La idea también era dar autonomía a los diversos grupos feministas de los distintos países para elaborar sus propias plataformas, ajustando cada plataforma a las demandas y necesidades y la situación concreta de cada país. Yo diría que en general el carácter de la huelga fue realmente más amplio que la habitual movilización feminista de izquierda, por ejemplo, sobre la justicia reproductiva y la violencia de género, porque abordó cuestiones relativas al racismo, a las guerras coloniales y a las políticas económicas.

¿Cuál fue la plataforma reivindicativa de la huelga de mujeres en EE UU?

Para EE UU formulamos un programa que incluía demandas relativas al Estado de bienestar –asistencia sanitaria y servicios públicos universales, servicios reproductivos– y asimismo un salario mínimo de 15 dólares e igualdad salarial. Es muy importante combinar estas dos cosas, pues la igualdad salarial sin distinción de género se puede obtener también rebajando los salarios de los hombres. No basta con reivindicar la igualdad salarial.

También se insistió mucho en la cuestión de la lucha contra el racismo, contra la supremacía blanca, de la oposición de las guerras imperialistas, además de la oposición a la política de Israel en Palestina. Reclamamos la descolonización de Palestina, que probablemente fue una de las demandas más controvertidas de nuestro programa, pues nos criticaron duramente por esta demanda, que de hecho era clave en nuestra plataforma. Asimismo, formulamos reivindicaciones relativas al apoyo a las mujeres indígenas, particularmente en Standing Rock.

La idea era tener una plataforma que abordara los diversos problemas que afectan a las mujeres de un modo distinto en función de la clase social, el género, la etnia, la raza o la capacidad. Para contar con una plataforma realmente universalista, esta tenía que responder a las demandas y necesidades de la gran mayoría de mujeres; teníamos que insistir en las reivindicaciones y necesidades de las mujeres más oprimidas, a saber, las mujeres inmigrantes, las mujeres de color, las mujeres trabajadoras. De lo contrario, el riesgo era formular demandas muy genéricas, relativas a los derechos de las mujeres, que no tuvieran en cuenta las diferencias fundamentales de condiciones de vida y situación social de las mujeres que viven en el país.

La manifestación de mujeres que tuvo lugar el día después de la toma de posesión de Trump fue criticada por no plantear ninguna reivindicación. He oído a gente criticar vuestra huelga de mujeres por plantear demandas que espantarían a un amplio sector de la población. Será que las mujeres no pueden hacer nada como es debido. ¿Cómo respondes a esta crítica?

En primer lugar, no es del todo cierto que la manifestación de mujeres no formulara reivindicaciones. Es verdad que solo elaboraron una plataforma en un segundo momento, y que la plataforma era relativamente progresista, pues incluía exigencias relativas al salario mínimo y la previsión social. Sin duda, la movilización masiva con motivo de las manifestaciones de mujeres también se explica por el hecho de que a pesar de que hubiera una plataforma, esta no fue el principal factor movilizador. El principal factor movilizador fue la oposición a Trump, lo que significa que las personas que participaron en las manifestaciones no profesaban necesariamente la misma política, o no necesariamente propugnaban una política de izquierda. Lo que sin duda compartían todas era la oposición a Trump.

Nuestra plataforma pretendía ser más radical y también más articulada, pero el motivo por el que optamos por esto fue precisamente porque queríamos intervenir en el debate feminista en EE UU, así como reconstruir en el proceso un movimiento feminista para el 99 % en EE UU. Lo que queríamos reconstruir era precisamente una perspectiva de clase y de izquierda en el seno del movimiento feminista. Para ello teníamos que articular una plataforma más compleja y más radical que nos permitiera construir un puente entre grupos sociales y mujeres que trabajan sobre distintas cuestiones e impulsan diferentes luchas.

En cierto sentido, la plataforma debía servir de catalizador, para llevar adelante la labor de reagrupamiento de las diversas luchas que se producen en el país. Éramos perfectamente conscientes de que la magnitud de la huelga de mujeres no sería la misma que la de las manifestaciones de mujeres. Esto era imposible porque, una vez más, el perfil de la huelga estaba mucho más definido y se situaba mucho más a la izquierda, pero esta fue una opción concreta porque pensábamos que nuestra contribución sería significativa precisamente si delineábamos una corriente de izquierda dentro del movimiento feminista.

También os han criticado por emplear la palabra “huelga”, ya que esta movilización no tiene nada que ver con la actividad sindical tradicional. Era demasiado ambicioso: llamabais huelga a algo que no tendría una participación masiva. ¿Cómo explicas esto?

La respuesta más lógica y defensiva podría ser que nosotras no inventamos el nombre de la jornada de lucha. Ya lo llamaron huelga de mujeres en la convocatoria internacional. Pero esta sería una respuesta defensiva. Tenemos una respuesta más política, en el sentido de que la apropiación de la palabra “huelga” para una jornada de lucha del movimiento feminista tenía varios significados y desempeñaba diversas funciones. En primer lugar, queríamos visibilizar el trabajo que realizan las mujeres no solo en el lugar de trabajo, sino también fuera del mismo, en la esfera de la reproducción social. Este trabajo no está remunerado en la mayoría de los casos, pero no por eso deja de ser un trabajo y debería ser reconocido como tal. De ahí que la huelga de mujeres fuera muy distinta, como concepto, de una huelga general, porque era una huelga no solo en el lugar de trabajo, sino también en el trabajo no remunerado fuera de los centros de trabajo.

En segundo lugar, creo que el buen sentido de utilizar el término “huelga” tenía que ver asimismo con la insistencia en el hecho de que las mujeres también son trabajadoras; así se facilitaba que las mujeres se identificaran no solo como mujeres, sino también como trabajadoras. En tercer lugar, creo que es muy importante volver a legitimar la palabra “huelga” en EE UU. Es una noción que no goza de gran popularidad en el ámbito de la política. De hecho, la manifestación de mujeres ya recibió bastantes críticas de mucha gente que ponía en duda la propuesta de una huelga. Pero no desde la perspectiva, digamos, de un sindicalista molesto porque abusáramos del término “huelga”, sino porque mucha gente no simpatiza en absoluto con la huelga como forma de lucha. Desde este punto de vista, creo que era muy importante reintroducir la noción de la huelga en el lenguaje político en EE UU y volver a legitimarla.

Finalmente, esperamos asimismo que haya alguna huelga en los centros de trabajo. Éramos especialmente conscientes de que, vista la legislación laboral estadounidense, estas huelgas no serían huelgas formales porque el régimen laboral prohíbe a los trabajadores organizar huelgas políticas. Desde este punto de vista, la jornada de lucha fue todo un éxito, porque el 8 de marzo cerraron tres distritos escolares enteros. Por ejemplo, en el distrito escolar del condado de Prince George, 1 700 maestras pidieron un día libre, al igual que el 30 % del personal de transporte. Son números importantes. El paso siguiente sería entonces comprender quién organizó esto. No me creo que 1 700 maestras decidieran tomarse un día libre sin contar con una red siquiera informal, pero pienso que el hecho de que cerraran tres distritos demuestra que hay voluntad y disposición a emprender ciertas acciones más radicales en los centros de trabajo. Es una señal muy importante para quienes se esfuerzan por organizarse en los centros de trabajo.

Lo siento, pero voy a citar otra crítica que se ha formulado contra vuestra acción, que dice que no habéis tenido en cuenta a las mujeres que tienen un empleo precario. Para ellas sería demasiado arriesgado hacer huelga. ¿Cómo podrían tener el valor, digamos, de dejar de trabajar si pueden perder el empleo por culpa de ello?

En primer lugar, nosotras no pedimos a las mujeres que dejaran de trabajar a riesgo de perder su empleo. Les pedimos que organizaran una huelga en su centro de trabajo si pensaban que había condiciones para hacerlo. La idea de que no hay que convocar una huelga de mujeres porque sería una acción de mujeres privilegiadas, pues solo las mujeres privilegiadas pueden ir a la huelga es insultante para mujeres de clase obrera, migrantes y de color. Esto es extremadamente paternalista. También es antihistórico. En primer lugar, precisamente, las mujeres más vulnerables desde el punto de vista de su condición social, su raza o su nacionalidad, son las que han desempeñado un papel crucial en todas olas movilizaciones de los últimos años. Con ello han corrido sin duda una serie de riesgos. La idea de que deberíamos observar de alguna forma una actitud paternalista, diciéndoles qué pueden hacer y qué no, es extremadamente ofensiva. No tiene en cuenta para nada la acción de estas mujeres, que pueden decidir por sí mismas qué riesgos pueden correr y cuáles no.

Además de esto, las críticas de este tipo provienen de feministas que apoyaron a Hillary Clinton en las elecciones, y que luego han solido proponer que una forma de protesta más eficaz consistiría en llamar a representantes Demócratas. Creo que la intención política real que subyace a este tipo de acusaciones era la de desvirtuar una acción potencialmente radical emprendida por mujeres, un intento de situar en el Partido Demócrata la fuerza política que resolverá nuestros problemas. Precisamente, nuestra jornada de lucha se proponía declarar lo contrario. No podemos esperar que el Partido Demócrata nos salve de Trump. Tenemos que actuar nosotras mismas, y dicho sea de paso, tenemos que actuar no solo contra Trump, sino en general contra la política neoliberal y racista, incluso si la aplica el Partido Demócrata.

Hace un momento has utilizado la expresión “huelga política”. La gente está más familiarizada con las huelgas económicas. ¿Qué es exactamente una huelga política y qué relación guarda con la huelga económica?

Es un concepto poco común en EE UU porque aquí apenas ha habido huelgas políticas y no son huelgas políticas formales. En algunos países, las huelgas políticas están permitidas, y se trata de huelgas que básicamente no plantean reivindicaciones económicas concretas, relativas a la renovación de un convenio o una negociación en el centro de trabajo. Pueden ser huelgas, por ejemplo, contra una política general aplicada por un gobierno. Por ejemplo, una de las huelgas generales más amplias que ha habido en Italia fue la huelga de 1994 contra la reforma del sistema de pensiones lanzada por el gobierno de Berlusconi. En esa huelga participaron millones de trabajadores. Fue un factor decisivo en la caída del primer gobierno de Berlusconi. Las huelgas políticas suelen enfrentarse a un gobierno y no tanto a una empresa concreta o una medida económica dentro de un centro de trabajo o una empresa determinada. En este sentido, la huelga de mujeres era una huelga política. No fue una huelga económica porque estaba basada en una plataforma política que se dirigía claramente contra un gobierno.

Parece que los gobiernos reaccionarios –has mencionado Polonia, que tiene uno, y el gobierno de Trump– sienten una inclinación particular por la misoginia. ¿Es correcta esta percepción?

Sí, desde luego. En los últimos años hemos visto –y también por esto es tan importante volver a articular un feminismo claramente de izquierda, no solo en EE UU, sino en todo el mundo– la integración de elementos del discurso feminista por parte de gobiernos racistas conservadores y reaccionarios. Por ejemplo, las políticas islamófobas se justifican a menudo con discursos seudofeministas. El recurso a este discurso seudofeminista escamotea también el hecho de que las políticas concretas desarrolladas por gobiernos conservadores suelen ser contrarias a las mujeres: por ejemplo, las políticas relativas a los derechos reproductivos y la justicia reproductiva –especialmente el aborto–, pero también en un plano socioeconómico, cuando destruyen el Estado de bienestar o los servicios públicos. Sin duda la misoginia, tanto implícita en las políticas aplicadas como explícita en figuras políticas como Trump o Berlusconi, forma parte de la política conservadora.

Hubo críticas en el sentido de que fue un error insistir en que era cosa de mujeres, en que era una huelga de mujeres, y no una acción que incluyera a hombres. ¿Qué respondes a esto?

Sinceramente, en la organización de la huelga de mujeres contamos con la ayuda y el apoyo de muchos hombres. No sé qué fuerza tiene esa postura, que se ventila mucho en las redes sociales. No sé hasta qué punto representa un sentimiento muy extendido o una oposición por parte de hombres de izquierda. Yo sería más optimista. Dicho esto, me parece que la acusación es absurda, en el sentido de que hay una tendencia a pensar que al poner el acento en luchas en torno a cuestiones que son clave para determinados sectores específicos de la clase obrera, por ejemplo, cuestiones de raza, se abandonan proyectos políticos universalistas. Yo diría que es al revés.

Por supuesto, existe el riesgo de caer en una especie de política identitaria que imposibilita la solidaridad y la política universalista. Lo hemos visto en las dos últimas décadas. No obstante, no creo que la respuesta política correcta a esto sea proponer entonces que deberíamos hacer abstracción de las diferencias y jerarquías que en cualquier caso genera el capitalismo y que dividen a la clase obrera. Al contrario, creo que la única manera de alcanzar proyectos políticos realmente universalistas de transformación de las relaciones sociales pasa por identificar estas jerarquías y estas diferencias y por articular demandas y críticas propias de estas distintas condiciones.

Desde este punto de vista, yo diría que alcanzaremos una política verdaderamente universalista cuando logremos combinar todas las respectivas reivindicaciones y perspectivas y críticas desde estas posiciones diversas en el seno de la estructura social. Esto es lo que intentamos hacer con la huelga de mujeres. Esta huelga no estuvo basada en una fuerte noción de identidad, sino que más bien apuntaba a la necesidad de tender un puente entre distintos sectores de mujeres –por ejemplo, mujeres musulmanas, mujeres negras, mujeres inmigrantes de América Central y del Sur, mujeres trabajadoras, etc. La manera de conseguirlo no consiste en ocultar las diferencias, sino en combinar las diversas reivindicaciones en una plataforma común.

Me parece que el mensaje subyacente es: “Callad. Vuestro tiempo llegará.”

Creo que es un fenómeno de las redes sociales, porque a la hora de organizar recibimos muchas muestras de solidaridad de hombres de izquierda. Al mismo tiempo, he de decir que, si el 8 de marzo hubiera sido una jornada de lucha y movilización internacional no basada en una plataforma feminista, habría sido recibida con un entusiasmo más extendido. El hecho de que haya sido una movilización internacional feminista explica gran parte de las críticas que nos han hecho. Esto es muy lamentable. Al mismo tiempo, una vez más, creo que se trata de una minoría de internautas de izquierda. También podemos hacer caso omiso de este fenómeno.

Espero que tengas razón en esto. Finalmente, has dicho que no concibes esto como una acción puntual. Seguís en la brecha. Habrá más actos, más organización en el futuro, ¿verdad?

Sí, acabamos de decidir que queremos seguir trabajando juntas a escala nacional porque esta experiencia ha sido absolutamente positiva desde todos los puntos de vista, también desde el punto de vista de la capacidad de trabajar juntas y generar solidaridad y confianza y cooperación entre las organizadoras, que hasta ahora nunca habíamos trabajado juntas. Hemos fijado el 1º de mayo para la próxima gran movilización nacional que queremos contribuir a organizar. La idea es tratar de construir una potente participación feminista de izquierda en las movilizaciones del 1º de mayo.

Tenéis un poquito más de tiempo para organizarlos para el 1º de mayo que el que tuvisteis para el 8 de marzo. ¿Cómo puede apuntarse la gente que quiera implicarse?

Pueden escribirnos. Tenemos una página web y pueden enviarnos un correo. También estamos creando una base de datos de contactos locales y esperamos que consigamos crear una red de activistas en todo el país que puedan ser luego puntos de referencia para quienes quieran implicarse, organizarse y participar.

06/04/2017

https://www.jacobinmag.com/2017/04/womens-strike-international-solidarity-feminism-workers-trump/

Cinzia Arruzza es profesora adjunta de filosofía en la New School. Doug Henwood es editor de Left Business Observer.

Traducción: viento sur





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