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Catalunya
El referéndum y sus vidas anteriores
19/06/2017 | Josep Maria Antentas

1. El referéndum sobre la independencia de Catalunya anunciado para el 1 de octubre llega cinco años después del inicio del proceso independentista tras la gigantesca manifestación del 11S de 2012. Comparece de nuevo en escena marcado por sus tres vidas anteriores: primero, en tanto que horizonte oficial del movimiento en 2012-14; segundo, en forma de mutación plebiscitaria de las elecciones al Parlament del 27S de 2015 tras la consulta alternativa del 9N; tercero, por su reaparición como propuesta de referéndum acordado con el Estado en el marco de una nueva mayoría política constituyente planteada por En Comú Podem y Unidos Podemos en las campañas de las elecciones generales del 20 de Diciembre de 2015 y del 26 de Junio de 2016. El referéndum acabó obteniendo una nueva e inesperada vida a partir de Septiembre de 2016 tras el compromiso del gobierno de la Generalitat de realizarlo sí o sí a finales de 2017. Renacía como consecuencia de la incompletitud fantasmagórica de sus tres vidas anteriores: el horizonte no alcanzado de 2012-14, la impostura de su versión plebiscitaria, y la imposibilidad de una mayoría favorable a corto plazo en el Estado (una inviabilidad sin embargo paralela al gran poder evocativo de la propuesta lanzada por los “comunes” que desestabilizó la política catalana).

2. El 9N de 2014 marcó el fin de la primera fase del movimiento abierto en 2012. A medio camino entre una consulta legitimada y un acto frontal de desobediencia institucional y civil, el 9N fue finalmente un desvío desobediente que eludió tanto una claudicación ante las imposiciones del Estado, como una confrontación institucional directa. El gobierno español no pudo impedir la celebración de un evento democrático y masivo. Pero tampoco el independentismo fue capaz de impulsar un acto de ruptura institucional explícita que precipitara decisivamente los acontecimientos. Optó una finta de última hora que se coló por la escuadra y que logró con creces el reto de realizar una actividad que no fuera meramente testimonial, pero sin que ésta abriera un escenario de futuro inequívoco.

3. Al no proyectar un mensaje político inapelable, por una combinación entre el nivel de apoyos del sí-sí y por la naturaleza híbrida de la consulta (ni referéndum reconocido ni confrontación institucional abierta) el 9N fue paradójicamente a la vez la fórmula perfecta de hacer un referéndum sin hacerlo, y de no hacerlo haciéndolo. Así, siendo un éxito político y social incontestable, representó a la vez un serio error estratégico, pues abrió un extraña situación de impase y precipitó al independentismo por una nueva hoja de ruta que siempre reposaría sobre una contradicción interna: el mismo movimiento que ante la primera prohibición legal de una de sus iniciativas no se atrevió a desobedecerla, se fijaba ahora una segunda etapa que requería más fuerza social, capacidad de movilización y de choque: iniciar un proceso hacia la independencia en dieciocho meses tras las la conversión de las elecciones al Parlament en plebiscito sobre la misma.

4. Con el desvío hacia el 9N alternativo y las elecciones plebiscitarias, el gobierno catalán, avalado por las organizaciones sociales independentistas, ganaba tiempo pero al precio de dar un rodeo por sendas que, tarde o temprano, tendrían que devolverle a una situación no muy distinta de la de otoño de 2014. Sin haber pasado la prueba del primer envite, se adentraba en una segunda fase que siempre reposó sobre una frágil incertidumbre. Al final, la inconsistencia estratégica del itinerario trazado para justificar las elecciones plebiscitarias del 27S se tornó evidente y, a modo de un imposible rebobinado estratégico, se abrazó de nuevo el objetivo inicial de 2012-14, el referéndum. Ello reflejaba el agotamiento en sí misma de la política de dilatación temporal permanente seguida tras 2012.

5. Implícitamente, pero sin jamás reconocerlo, el gobierno catalán y el movimiento independentista auto-enmendaron su propia hoja de ruta fijada en otoño de 2014. Quienes alegaron entonces que no había condiciones para hacer un referéndum, auspiciaron una consulta alternativa y la conversión de las elecciones al Parlament en un plebiscito, no han dado explicación alguna, ni han realizado un balance político serio y público, sobre sus errores estratégicos en estos tres años. Al final hemos vuelto, pero en condiciones distintas, al punto de partida. A la necesidad de un referéndum en tanto que momento precipitante y catalizador de una confrontación democrática.

6. En el choque de legitimidades entre el Estadoy el gobierno catalán que representa el 1 de octubre no se puede ser neutral. Por un lado hay un planteamiento reaccionario y antidemocrático. Por el otro una petición democrática. Si es el Estado y el gobierno del PP quien sale victorioso del mismo, su posición quedará reforzada. No es seguro que el referéndum pueda llevarse a cabo y hacerlo con toda normalidad, pero ahí no debe haber duda alguna: ello es responsabilidad del Estado, al cerrar todas las puertas a negociar su celebración. No se puede alegar tampoco, como hacen algunas voces, de que el referéndum es precipitado y fruto de la impaciencia independentista. Más bien la marca de la casa del proceso ha sido lo contrario. Ir chutando el balón hacia adelante durante cinco años... y siempre con Convergencia agarrada, aun cada vez más precariamente, al timón.

7. Para quienes, dentro y fuera del independentismo, tienen un horizonte de cambio social y económico, hay dos nubarrones que sobrevuelan la convocatoria del 1 de octubre. El primero, el intento de la derecha catalana de reflotarse y conseguir seguir liderando la política catalana de manera artificial utilizando otro hito de un proceso independentista que se construyó desde 2012 con la idea de que el liderazgo de Convergencia (ahora PDeCAT) era imprescindible. El segundo, la pretensión de ERC de convertirse en el partido central de la política catalana, robando parte de su base social a la derecha catalanista, pero también bloqueando el despliegue del potencial de Catalunya en Comú. Cortocircuitar las aspiraciones de PdeCAT y ERC es decisivo para conformar en el futuro una mayoría constituyente y posneoliberal en Catalunya.

8.En los re-aliniamientos ante el 1 de octubre, la incógnita no despejada es la posición de Catalunya en Comú. Podem tampoco ha tomado aún su posición definitiva, pero avanzó mucho más en el debate interno, y de la consulta provisional a sus afiliados se desprende positivamente que tendrá algún tipo de participación en la cita de otoño. Tras marcar la pauta de la política catalana con sus dos victorias electorales en las elecciones generales del 20D y el 26J e interpelar a la hoja de ruta independentista con su propuesta de construir una mayoría política de ámbito estatal favorable al referéndum, los comunes quedaron paralizados y situados a la defensiva una vez el gobierno catalán puso rumbo al referéndum unilateral. Todo lo opuesto a la anticipación estratégica, su política ha sido de pasividad formalista.

9. Sin discurso convincente, y muy marcado por el tacticismo electoralista, la ligereza de principios y una mentalidad crecientemente institucionalista, las propias inconsistencias de Catalunya en Comú le impiden explotar las del independentismo y en particular las del independentismo de izquierdas tras el fallido periplo que va del 9N alternativo hasta el regreso del referéndum. Temiendo verse arrastrada por el gobierno catalán, en realidad su pasividad da alas al PDeCAT y a ERC, que podrán capitalizar mejor el 1 de octubre si este presenta un balance positivo, o que intentarán (con razón o no) atribuir a los comunes su fracaso si las cosas no van bien. ¿Espectadora pasiva? ¿Participante subalterna y de segunda fila? Ambas son opciones muy problemáticas para una fuerza de la naturaleza de los “comunes”.

10. La pasividad e incomodidad “comunera” ante el referéndum convocado es un reflejo concreto de la superficialidad de su posición sobre la cuestión nacional y en el debate sobre la independencia, en el que se ha priorizado pasar de puntillas sobre las cuestiones complejas en vez de abordar el gran debate estratégico de como armar un horizonte y una política concreta que pusieran fin a la bifurcación de futuros emanada del legado del 15M y del proceso independentista, y buscaran puntos de acuerdo en común en la perspectiva de romper con el marco de 1978. Las sendas no exploradas de la síntesis federalista-independentista entorno a las consignas de República Catalana y proceso constituyente catalán permanecen ahí como oportunidades futuras extraviadas en el presente. Como batallas perdidas sin siquiera haberse dado.

19/06/2017

Josep Maria Antentas, profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y miembro del Consejo Asesor de viento sur



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