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In memoriam
Vicenta Giraldo Ocampos: trabajadora y luchadora
10/08/2017 | Pepe Mejía

El pasado 19 de julio, el día que cumplía 88 años, fallecía en un hospital de Lima, Vicenta Giraldo Ocampos (Callao, 19 de julio de 1929-19 de julio de 2017), conocida también como Susana. Una galopante fibrosis pulmonar terminó con las fuerzas de una mujer que supo luchar contras diversas vicisitudes y, sobre todo, transmitir esa experiencia a sus hijos e intentaba transmitirla a sus nietos.

Hija de un panadero y una comerciante, Luciano y Susana, desde muy joven estuvo comprometida con los más desfavorecidos. Hay una imagen muy nítida que recuerdo con mi madre. Yo tendría cinco o seis años. Estábamos comprando en una paradita (mercadillo) y ella me sujetaba la mano. En un momento determinado hubo revuelo, gritos y gente corriendo. La policía llegaba a desalojar a los vendedores ambulantes. Mi madre, sin soltarme, se encaró con uno de los policías recriminándole su actitud. “Porque no te vas perseguir a los pericotes (ladrones) y deja en paz a la gente que quiere ganarse unos soles”. Yo me aferré a mi madre y esa imagen la tengo guardada y grabada para siempre.

Siendo muy joven, entre los 17 y 18 años, militó junto con sus otros siete hermanos, en el Partido Aprista Peruano (APRA) miembro de la Internacional Socialista y fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre. La feroz represión que ejercía la dictadura de Odría contra los militantes apristas obligó a mi madre a realizar labores clandestinas. Una de sus tareas era asegurar el reparto de la propaganda del partido en los cuarteles militares –en la marinería del Callao- para llamar a la insurrección armada, que fracasó sangrientamente el 3 de octubre de 1948.

Diez años después, cuando el APRA apoya a Manuel Prado, la derecha más reaccionaria, hace que mi madre se identifique con los postulados del Apra Rebelde de Luis de la Puente Uceda que pregonaba la lucha armada y volver a las esencias del aprismo. Vicenta siempre me dijo que no estaba de acuerdo con ejercer la lucha armada pero sí criticaba la deriva populista, demagógica y entreguista que hacía el APRA a la derecha. Pero siguió fiel al partido de Haya de la Torre.

Vicenta trabajó en un puesto del Mercado Central de el Callao vendiendo lana. Allí conoció a mi padre, José, y juntos se fueron a vender en el baratillo de Bellavista, otro mercadillo de vendedores ambulantes. Mi padre ya tenía experiencia sindical porque había trabajado en las minas, participando en el sindicato y en la organización de huelgas reivindicando su pliego de reclamos. En el baratillo de Bellavista, tanto mi madre como mi padre, organizaron a los vendedores ambulantes para exigir a las autoridades la construcción de un mercado y que los vendedores en la calle sean los dueños de los puestos. La lucha fue muy larga y enconada. Cortaron carreteras, se movilizaron y consiguieron el apoyo de un joven abogado, Mario Alegría, que después se convirtió en Alcalde de La Perla. Después de muchas movilizaciones y gestiones en la Municipalidad del Callao consiguieron el mercado que hasta ahora existe y está en pie. En ese mercado mi madre vendía lana. Y a ese puesto se acercaba una de las hermanas de Hugo Blanco para comprar lana y confeccionar “chompas” (jerseys) para combatir el frío en el penal de la isla del Frontón en donde estaba recluido el dirigente campesino.

Durante el régimen del militar nacionalista Juan Velasco Alvarado (1968) Vicenta entra a trabajar como vendedora de entradas en el cine Porteño. Allí organiza el primer sindicato de trabajadores de cine. Recuerdo que las asambleas del sindicato se hacían en la sala de mi casa y lxs trabajadorxs designaban a un compañerx para mi cuidado.

Un día nos contó que el dueño de la empresa le había ofrecido dinero a cambio de renunciar a la secretaría del sindicato y dejar las reivindicaciones. Mi madre, por supuesto, se lo rechazó. Convocó a una asamblea de trabajadores y contó el intento de soborno. El dueño amenazó a mi madre y le dijo que vendrían tiempos mejores para él pero que ella estaba acabada. Y así fue.

Al poco tiempo el general Morales Bermúdez dio un autogolpe (29 de agosto de 1975) contra Velasco. El 19 de julio de 1977 se convocó a un Paro (huelga general) Nacional. Un paro histórico que hizo que los militares volvieran a sus cuarteles y se iniciara la formulación de la Constitución política del 79. Vicenta participó en las movilizaciones y en el Paro Nacional. La dictadura de Morales Bermúdez aprobó unos decretos supremos que permitía el despido de más de cinco mil trabajadores, la mayoría de ellos dirigentes sindicales, entre ellas Vicenta. Los empresarios idearon los Decretos Supremos 010 y 011 mediante los cuales se autorizaba el despido inmediato de los dirigentes sindicales y trabajadores que se sumaron al paro. Vicenta se encontró en la calle, con dos hijos que alimentar y sin trabajo. Con el poco dinero que le dieron levantó un puesto de madera de venta de chuches y refrescos cerca de su casa.

El 16 de septiembre de 1992 el presidente Fujimori acusó a uno de sus hijos, Pepe, de ser “embajador de Sendero Luminoso en Europa”. Tuvo que sufrir la criminalización y la falsa acusación de ser la madre de un terrorista. En 1993 Vicenta optó por el exilio y recaló en Puerto Real, Cádiz, gracias a la solidaridad de colectivos sociales y de su alcalde José Barroso, al que conoció en Lima en la Campaña contra la Celebración del Quinto Centenario.

En su nuevo entorno Vicenta se implicó en el movimiento asociativo. Participó activamente en la Asociación de Amas de Casa. Quiso participar en la junta directiva del Centro de Día pero ella constató que había ciertas reticencias por ser mujer. Me lo contó y les amenazó con hacerlo público. Los reticentes se echaron para atrás y Vicenta pudo estar en una de sus juntas directivas.

En diciembre de 1996 se presenta en Madrid, en el Paseo de la Castellana, y monta su tienda de campaña con jóvenes de las Comisiones 0’7 de Cádiz para exigir una ley de cooperación solidaria y justa.

Con 77 años se matriculó en la Universidad de Cádiz, en el Aula Universitaria de Mayores, y realizó el trabajo “Inmigración y mayores” del que estaba muy orgullosa.

En Puerto Real dedicó mucho tiempo y esfuerzo en impulsar la ONG Madre Coraje. Todos los meses llenaba un camión con víveres para Perú. Recorría emisoras de radio, televisión, redacciones de periódicos, despachos de concejales y a todos les transmitía con esa energía y entereza la necesidad de apoyar y solidarizarse con el pueblo peruano.

El 5 de julio de 2001 el Pleno del Ayuntamiento de Puerto Real todos los portavoces de los Grupos Políticos acuerdan una mención especial y reconocimiento a la labor de solidaridad desarrollada por Vicenta al frente de la ONG Madre Coraje.

También colaboró muy activamente con la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía con Rafa Lara y Lola Sanisidro. Participó en todas las movilizaciones por los inmigrantes muertos en las costas de Andalucía.

En 2014 sigue con mucho entusiasmo el nacimiento de Podemos. Participa activamente en la creación del Círculo en Puerto Real. Después de mucha insistencia, Vicenta acepta ir en las lista municipales de Sí se Puede de Puerto Real. Hace campaña por los Centros de Día y las asociaciones que le vieron participar. La lista de Podemos gana las elecciones y Vicenta se siente muy feliz. Pero poco a poco su enfermedad va mermando sus fuerzas y energías. Las pocas que le quedan las dedica a sus hijos y nietos. Nunca olvida a su familia numerosa que está en Perú. Inculcó el espíritu de lucha y el no doblegarse ante el patrón. Ser fiel y leal a la organización política o social. Estar siempre con los y las de abajo. Esas fueron sus enseñanzas. Estos fueron los valores que transmitió a los que estuvieron a su alrededor. Que la tierra te sea leve, Vicenta.

*Pepe Mejía es hijo de Vicenta, militante de Anticapitalistas





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La Granja-Segovia. 26 de agosto de 2017. 19 h.


¿Hay alternativas al capitalismo? Repensar la Revolución


Lugar: Universidad Anticapitalista

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