aA+
aA-
Grabar en formato PDF

Catalunya tras la proclamación de la República
¿Proyecto de República o República imaginaria?
05/11/2017 | Josep Maria Antentas

1. Sin plan. Este es el resumen de la estrategia del gobierno catalán tras la proclamación de la República catalana el día 27 de octubre. Recapitulemos: el gobierno catalán fue elegido tras las elecciones del 27S de 2015 con una irreal hoja de ruta de “desconexión” del Estado español, mediante la aprobación de leyes sucesivas y de creación de “estructuras de Estado”, en un plazo de 18 meses. Confrontado a la vacuidad de dicho itinerario, en gran medida gracias a la insistencia de la CUP, el gobierno catalán asumió en septiembre de 2016 la realización de un referéndum sobre la independencia para finales de 2017. Se autoenmendaba así, sin jamás reconocerlo, la hoja de ruta fijada en otoño de 2014 cuando declinó intentar materializar el referéndum previsto para el 9 de noviembre, ilegalizado por el Tribunal Constitucional, y optó por una consulta ciudadana no vinculante, como paso previó a la conversión de las elecciones autonómicas de septiembre de 2015 en plebiscitarias. Tras un largo periplo se volvía a la casilla de salida, el referéndum 1/. A medida que se acercaba su fecha, el ejecutivo de Puigdemont fue avanzando en los preparativos aunque siempre estuvo convencido, de puertas adentro, que no podría llevarlo a cabo y que, en algún momento del trayecto, su marcha sería abruptamente detenida por la intervención del Estado. Se trataba entonces de aguantar hasta donde se pudiera. Y, al final, acabó llegando mucho más lejos de lo que nunca imaginó y preparó.

2. Sin marcha atrás posible. El éxito logístico del 1 de octubre (esquivar la persecución policial de urnas y papeletas en particular) fue real. Pero el referéndum se materializó no por la planificación minuciosa del gobierno y de la dirección de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), sino por la dinámica de auto-organización desde abajo que arrancó tras el golpe represivo del 20S y que se aceleró los días previos a la cita, con la ocupación y defensa de los colegios electorales. Tanto el gobierno como la ANC se contentaban en conseguir abrir los centros de votación y distribuir urnas y papeletas. Asumieron que la policía española impediría votar y su objetivo era conseguir la foto de largas colas de ciudadanos ante colegios electorales cerrados por la fuerza. Las cosas, es sabido, fueron de otro modo. El referéndum tuvo lugar y la indignación por la represión propulsó la jornada de movilización del día 3. Empezó entonces una política de titubeos por parte de un gobierno catalán que no había previsto dicho escenario y que no sabía como afrontar la escalada de confrontación que se preveía si proclamaba, de una manera u otra, la República catalana y que tampoco nunca tuvo una estrategia de alianza con los sectores no independentistas pero rupturistas que se movilizaron los días 1 y 3. Tras la mal escenificada “suspensión” de la declaración el día 10 y un intento fallido de convocar elecciones si el gobierno español retiraba la aplicación del artículo 155 el día 26, el ejecutivo de Puigdemont se vio forzado a proclamar la República catalana sin plan alguno de qué hacer después para intentar convertir su declaración en algo que fuera más allá de lo simbólico.

3. La responsabilidad irresponsable. Manejar tiempo y espacio es fundamental para todo movimiento político y social. Desde el día 3, el gobierno catalán y la ANC, gestionaron ambas variables de forma pésima. Dejaron pasar el momentum inicial para adentrarse en una política secretista y mal comunicada que fue desconcertando y desorientando a no pocos de sus partidarios, proclamando finalmente la República bastante en frío. Y tras ello, renunciaron a todo gesto institucional que transmitiera voluntad real de ir hacia ella y, sobretodo, a la movilización callejera y a la ocupación de espacios simbólicos y estratégicos. Desde el día 27 ha existido un vacío de liderazgo absoluto y una ausencia de dirección. El ejecutivo de Puigdemont ha irradiado una imagen de renuncia y de falta de ganas. Sin duda, un manual estratégico en negativo. La historia de los movimientos populares está repleta de situaciones similares en las que direcciones políticas y sociales moderadas son incapaces de administrar coherentemente el movimiento que lideran, achantándose en los momentos decisivos, desconcertando a su propia base y, a la postre, dando alas a la reacción en nombre de la prudencia. Podemos llamar esta política la política de la responsabilidad irresponsable.

4. ¿Momento no “procesista”?. La proclamación de la República sin plan estratégico alguno para hacerla efectiva es, en cierto modo, la culminación política del “procesismo” oficialista, es decir, de la política de ganar tiempo en permanencia y de contornear el enfrentamiento tras el inicio del procés en 2012. La senda hacia el 1 de Octubre, después de la adopción del compromiso con la celebración de un referéndum en setiembre de 2016, fue un giro forzado por el agotamiento de la hoja de ruta “procesista”. La cita del 1 de Octubre acabó propiciando un enfrentamiento con el Estado que de facto negaba la esencia misma del procesismo pero que emergió del procesismo y fue gestionado por el procesismo, aunque bajo la presión parcialmente desbordadora de los no procesistas. Fue un momento no procesista dentro del procesismo, que abrió la puerta a una fase no procesista pero administrada por el procesismo. Y culminó con un hecho no procesista, la proclamación de la República, a la manera procesista, es decir, simbólica y vacía.

5. Razones. Los límites mostrados por el gobierno catalán en el momento de la verdad deben buscarse en su naturaleza, composición de clase y cultura política. El PDeCAT es un partido neoliberal que se vio empujado por la senda independentista porque no tenía otra alternativa. Muchos de sus cuadros se han convertido en independentistas y otros, como Puigdemont, siempre lo han sido. Pero es un partido de orden y con una base social conservadora, poco amante de las rupturas y de los cambios bruscos, pragmático y gradualista por naturaleza, ligado al mundo económico (aunque sus vínculos con el gran capital hayan quedado resentidos por su deriva independentista) y vulnerable a sus presiones, y que desconfía de la movilización popular. ERC, por su parte, encarna a la perfección la síntesis entre una genuina convicción independentista y una cultura política poco avezada a la lucha, gradualista y con una base social de clase media progresista que, salvo en algunos sectores ligados a la enseñanza, ha sido en gran medida ajena a las grandes movilizaciones sociales por asuntos distintos a la independencia del pasado reciente y carece de punch. Es en estas semanas decisivas cuando se han condensado todos los límites estratégicos, de proyecto y de base social de las fuerzas que ostentan el gobierno catalán y que sostienen al proceso independentista en general (con la excepción de la CUP que encarna a una sensibilidad minoritaria en su seno). Límites por otra parte bien visibles desde el comienzo pero que no habían pasado todavía un test de estrés estratégico determinante.

6. Ambigüedades.Los hechos de septiembre y octubre han dejado patente la ambigüedad del gobierno catalán respecto a la movilización popular. La pésima administración por su parte de las expectativas de la base social del movimiento entre los días 3 y 27 de Octubre no son más que el reflejo de una concepción de la política avezada a las maniobras institucionales y que carece de toda cultura de gestión de un movimiento de masas. Más allá del gobierno, del 20S en adelante se han mostrado con fuerza los impasses estratégicos de la propia ANC (y de Òmnium, aunque éste juega un rol más secundario y en muchos aspectos ha tenido una política más audaz). Desde su arranque en 2012 el procés ha supuesto un movimiento de masas inaudito bajo el liderazgo social de la ANC. Pero la suya ha sido una concepción vertical y controlada del movimiento, más favorable a una cultura de la representación y la delegación que a la auto-organización. La dinámica de desborde parcial (conviene subrayar lo de parcial para no exagerar) de los días 20S y 1-3 de octubre fue imprescindible para gobierno y ANC (y Omnium), pero a la vez les generó temor y aprensión a la pérdida de control de la situación. Ante el vacío de liderazgo mostrado por el gobierno catalán tras el 27S aparece un segundo límite de la ANC: su subalternización a los partidos independentistas mayoritarios y su incapacidad para asumir un rol de dirección con independencia de éstos. Su política a partir de 2012 fue la de presionar al gobierno catalán para que fuera avanzando, pero sin nunca desafiarle e incomodarle. Se plegó dócilmente a la negativa del entonces presidente Artur Mas de intentar realizar el referéndum del 9N de 2014 prohibido por el Tribunal Constitucional y aceptó la propuesta de convertir las elecciones del 27S de 2015 en un plebiscito y la irreal hoja de ruta posterior de la “desconexión”. Una hoja de ruta en la que, además, la iniciativa quedó cada vez más en manos del gobierno y en la que la ANC jugó progresivamente un rol de acompañante.

7. Golpe de efecto. La convocatoria fulminante de elecciones en Catalunya por parte de Rajoy tras haber disuelto el gobierno catalán pone negro sobre blanco la correlación real de fuerzas. Más que una dualidad de poderes, lo que ha existido en Catalunya en los dos últimos meses es una dualidad de legitimidades y no siquiera una dualidad asimétrica de poderes, aunque incluía un germen de la misma 2/. Con la convocatoria de elecciones Rajoy recuperó la iniciativa, mostró que la legalidad del Estado español sigue vigente y empujó al independentismo por una senda defensiva. Ésta demostración de fuerza por parte del gobierno español contiene también, sin embargo, una muestra de debilidad relativa: la imposibilidad de aplicar la vía dura consistente en suspender la autonomía catalana durante un periodo largo para desmontar sus pilares fundamentales (medios de comunicación públicos, sistema educativo...). Imposibilidad por ser de difícil gestión y seguramente por presión de las autoridades europeas que, probablemente, hayan presionado en pos de un desenlace indoloro más acorde con su hipocresía oficial. Con las elecciones Rajoy ha ganado tiempo, marcado el ritmo y evitado toda situación de ambigüedad sobre quien controla Catalunya, pero ello no implica necesariamente que haya conseguido vencer al independentismo en un sentido más profundo, pues la cita electoral puede volver a dar una mayoría parlamentaria independentista.

8. Resistencialismo ofensivo. La polarización reactiva impulsada ante la aceleración del proceso independentista en septiembre-octubre ha favorecido, a corto plazo, a las fuerzas conservadoras en el Estado español, provocando un cierre de filas del bloque pro-Régimen y de todo el aparato del Estado, bajo hegemonía de los sectores más conservadores. Su proyecto de restauración es una especie de resistencialismo ofensivo. “Resistencialismo” porque es incapaz de afrontar una reforma desde arriba que integre parcialmente las demandas de quienes hoy han quedado fuera del marco político del 78 (la base social de Podemos y el independentismo catalán) y genere otro reparto del poder político e institucional y una integración económica y social del grueso de las clases medias y los trabajadores cualificados y la juventud cualificada precarizada. “Ofensivo” porque es muy agresivo y autoritario y acaricia la idea de aprovechar la crisis catalana para recentralizar toda la estructura del Estado español y aislar y minorizar a Podemos. Pero la propia lógica de este resistencialismo ofensivo a medio plazo sigue ahondando las razones de fondo de la crisis del marco político creado en 1978.

9. Futuros bifurcados. La principal complejidad de la política catalana es que el 15M y sus vidas posteriores, por un lado, y el proceso independentista, por el otro, han trazado unas expectativas de futuro bifurcadas, aunque sin duda con zonas de contacto. Dicha bifurcación de horizontes expresa, en un sentido más amplio, la complejidad del acople entre la cuestión social y la nacional en la política y la sociedad catalanas. Y, en un nivel más concreto, se materializa en una falta de alianza entre independentistas y federalistas defensores del derecho a la autodeterminación, en un escenario donde la no normalización del ejercicio de dicho derecho podría abonar un terreno de acción común. El límite político fundamental del movimiento independentista fue disociar su objetivo de un Estado propio del de una política concreta anti-austeridad y de regeneración democrática. Obsesionado con no perder a la derecha catalana por el camino, a los promotores del movimiento independentista les faltó, desde su arranque, un análisis sólido de la estructura social catalana, de los sectores que todo proyecto de cambio social necesita involucrar y de cómo dirigirse a la base social de la izquierda no independentista, más allá de pensar que tarde o temprano se convencerían o se adaptarían. República catalana compatible con destino final independentista o confederal, proceso constituyente catalán y plan de rescate ciudadano inmediato hubieran sido los tres elementos en base los cuales intentar solventar la serie de contradicciones encadenadas que emanan de la bifurcación de futuros entre lo que fue el 15M y lo que ha sido el proceso independentista. Tan grave como la imposibilidad de hacerlo ha sido la sorpresiva poca atención estratégica que los principales actores de la política catalana le han dedicado durante estos cinco años. Intentar abordarlas implicaba circular a la vez por dentro y fuera del procés, tarea sin duda compleja y que la izquierda tendría que haber abrazado como propia.

10. Bifurcaciones en la izquierda. Dentro del independentismo la CUP, por supuesto, ha representado un proyecto que iba mucho más allá del independentismo “puro y simple” y ha defendido un programa que no sólo ligaba la cuestión nacional y la social y enfrentaba las aporías del independentismo oficial, sino que planteaba una opción abiertamente anticapitalista y rupturista, que marcaba además una contratendencia a la creciente institucionalización de la mayoría de las “fuerzas del cambio” emergidas en 2014 y 2015. Pero quedó demasiado atrapada en su honesto y sincero papel de garante que el proceso independentista fuera hasta el final y no tuvo una política ofensiva de discusión y emplazamiento hacia la izquierda, y su base social, que circulaba por fuera del proceso independentista. Por su parte, la izquierda exterior al independentismo como Catalunya en Comú practicó una política expectante y pasiva. Señaló muchos problemas reales de la propuesta independentista oficial, entre ellos, la vacuidad de la idea de la “independencia” como panacea, la dificultad de materialización del proyecto independentista, la polarización identitaria que podía generar, y el silenciamiento de otras cuestiones y conflictos bajo la omnipresencia del debate nacional. Pero su falta de implicación real en el proceso le ha impedido intervenir sobre los problemas señalados. Su política representa una especie de paradoja de la pasividad, según la cual las contradicciones y aspectos negativos de una situación que justifican una política pasiva no hacen sino aumentar como consecuencia de ésta última. Ésta espiral infernal de la pasividad tiene un aspecto de profecía autocumplida y en cierta manera refleja una suerte de nostalgia estratégica por una realidad inexistente en la que ni el proceso independentista ni la cuestión nacional estuvieran ahí.

11. Escenarios.La senda hacia el día 21 es todavía difícil de vislumbrar. El encarcelamiento de los miembros del gobierno catalán que no están en Bruselas muestra que las elecciones no van a celebrarse, para bien y para mal, en un contexto normalizado. Precisamente, esta es la clave de la situación. Impedir que la dinámica impuesta por Rajoy se convierta en normalidad resignadamente aceptada. El golpe contra el gobierno catalán llega tras un enorme vacío de liderazgo y de crisis de dirección. El mensaje grabado desde Bruselas el jueves día 2 por parte del presidente Puigdemont criticando las detenciones condensa la incapacidad mostrada estos días por el gobierno: a la lógica condena a la ofensiva represiva le siguió una genérica llamada a la movilización, pero sin ninguna propuesta concreta ni definición de ningún tipo de horizonte. A las primeras reacciones tras la detención (concentraciones ante el Parlament y plazas centrales de varios municipios) parece que van a seguirle una convocatoria de huelga para el día 8 y una gran manifestación el día 11. Aún es pronto para calibrar la magnitud que todo ello va a tener, pero con medio gobierno arrestado y el otro sin iniciativa política, tanto ANC y Omnium, como las fuerzas políticas independentistas y las contrarias a la represión del Estado, deben tomar un rol de liderazgo y fijar una agenda clara de movilización enmarcada en una perspectiva estratégica que le de sentido. Los preparativos electorales no ayudan a concentrarse en ello. Si por arriba hay una agenda definida, la dinámica por abajo, impulsada por los Comités de Defensa de la República (CDR) podría volver a ser importante. Los CDR pueden jugar, como lo hicieron entre el 20S y el 3 de octubre, un rol de desborde parcial de las estructuras oficiales. Pero no parece que tengan fuerza para desencadenar una agenda propia de lucha desde abajo si desde arriba no se emiten señales que empujen en esta dirección y, al contrario, se emiten síntomas de parálisis y desconcierto.

12. Perspectivas electorales.Es complejo dibujar los contornos del posible resultado electoral, aunque podría no suponer una alteración muy significativa de lo que aconteció en las anteriores en 2015. El independentismo ganó, sin duda, apoyos a raíz de la represión del referéndum del 1 de octubre. Pero los zig-zags del gobierno catalán entre el 1 y el 27 de octubre y su parálisis tras esta fecha han desconcertado a parte de su base social. En sentido contrario, el bloque españolista consiguió por primera vez en cinco años emerger como una fuerza social con peso en la calle y con la convocatoria del día 21 encontró un objetivo para el qué pelear. Más que en las simpatías hacía una opción u otra, la clave del resultado estará en la capacidad de movilización de sus partidarios. Este es el punto débil de las fuerzas independentistas. Es por ello que la campaña para el 21D debe ponerse en relación con la existencia o no de una dinámica de movilización extra-electoral relevante.

13. Unilateralidad y fraternidad. La contraposición entre una vía unilateral (acumular fuerzas para la ruptura desde Catalunya) y laopción de construir una mayoría política de cambio en el conjunto del Estado ha sido una de las grandes vías muertas estratégicas de la política catalana (y a partir de ahí de la política de española). En realidad, unilateralidad y fraternidad deberían ser vistas como complementarias. Sin un movimiento independentista (y/o simplemente partidario de un referéndum) unilateral, no habría ninguna fuerza política española que defendiera el derecho a la autodeterminación de Catalunya y un referéndum pactado. Unidos Podemos lo apoya como respuesta a una realidad planteada desde Catalunya. Y, al revés, un esquema de ruptura unilateral como el que plantea el independentismo despreocupado de lo que suceda fuera de Catalunya es muy poco audaz, pues olvida que sólo en un escenario de crisis política global en el Estado el independentismo catalán puede tener éxito. Más que una contraposición estratégica entre dos enfoques antagónicos el desafío es encontrar un punto de fuga estratégico, basado en una compleja dialéctica centro-periferia. Lo que implica de alguna manera ligar, sin mezclar, el proyecto independentista y el de la ruptura del Régimen en todo el Estado. En un escenario donde el clímax independentista en Catalunya está siendo utilizado por parte del PP y todo el aparato del Estado para cerrar filas en clave reaccionaria, ésta es una cuestión decisiva. Buscar alianzas y ganar simpatías fuera de Catalunya es, si no el principal, uno de los grandes desafíos del independentismo catalán (y de quienes sin ser independentistas acompañan al movimiento en su desafío democrático al Estado). Y ello sólo se puede hacer de tres maneras: ligar explícitamente la defensa del proyecto de República catalana a un deseo de que en el futuro haya también una República española hermana; no desvincular la apuesta por la independencia de un posible futuro confederal; y, en lo inmediato, ligar la reivindicación independentista con la defensa de medidas políticas anti-austeridad que despierten las simpatías de las clases populares españolas. Propuestas que, hoy por hoy, están totalmente fuera de la agenda estratégica de la dirección política del independentismo 3/.

14. ¿Plebiscitarias again? El independentismo no ha definido todavía como va a enfocar las elecciones convocadas por Rajoy. Cabe la posibilidad que las encare como un nuevo plebiscito sobre la independencia (como ya hizo con las últimas del 27S de 2015) con el argumento de que una eventual mayoría independentista en unas elecciones consideradas legítimas por los partidarios del “No”, por el Estado español y por la Unión Europea, pondrían al gobierno de Rajoy en una situación muy compleja. Hay un elemento de verdad en este argumento. Pero, a la vez, presenta varios problemas. El primero, es que un debate entorno a “independencia sí, independencia no” corta el bloque que se gestó entorno al 1 y el 3 de octubre que iba más allá del independentismo y que incluía sectores de izquierdas democrático-rupturistas. Algunos de estos pueden ahora votar a partidos independentistas, como la CUP o ERC. Pero otros lo harán por fuerzas que defienden el derecho a la autodeterminación pero no la independencia, como Catalunya en Comú. El segundo, es que no es evidente que en una contienda donde se vota a partidos y no sólo la independencia, el independentismo consiga seguro el 50% de los votos (obtuvo el 47’7% en 2015) y en cualquier caso, el marco plebiscitario le empuja a pelear por una victoria mínima. El tercero es que no queda claro cuál es el siguiente paso tras una posible victoria del independentismo. Decir que el 21D servirá para “validar” la declaración de independencia del día 27 de octubre es una forma elegante de salir al paso, pero no propone ningún plan de acción real para el día después.

15. Hipótesis constituyente. Sin duda el 21D tendrá, se promueva o no, un aspecto plebiscitario. Y es normal. A la vez poseerá también un elemento básico defensivo: el rechazo al artículo 155 y la exigencia de libertad y amnistía para todos los arrestados y encausados. La cuestión estriba en como fijar también un proyecto en positivo, que incluya la dimensión democrática y anti-represiva y un plan de resistencia institucional tras el 21D pero que vaya más allá de ello y, a la vez, permita trazar alianzas entre el bloque independentista y los sectores no independentistas partidarios del derecho a decidir, como Catalunya en Comú. Es ahí donde entra la hipótesis constituyente. En este sentido lo más deseable es que todas las fuerzas democráticas opuestas al bloque de Ciudadanos, PP y PSC pudieran establecer algún tipo de acuerdo que, más allá del aspecto anti-represivo básico, implicara una hoja de ruta constituyente para una República catalana cuyo horizonte final fuera compatible tanto con la independencia como con una propuesta federal/confederal. En suma, juntar fuerzas para la ruptura actual dejando el destino final abierto. El marco constituyente, es necesario reconocerlo, no está exento de problemas. El más importante es que requiere un difícil acuerdo entre el bloque independentista y Catalunya en Comú por ahora inexistente. El segundo problema es que, en ausencia de una ruptura institucional real, puede convertirse en retórico y dar alas a iniciativas institucionales y sociales simbólicas. Frágil e incierta, la hipótesis constituyente como punto de encuentro entre federalistas/confederalistas e independentistas sigue siendo la gran vía inexplorada de la política catalana. Para que tenga sentido, claro, es una vía que debe trascurrir paralela a la defensa de medidas sociales de urgencia y tangibles que amplíen la base social de las fuerzas democráticas opuestas al bloque reaccionario, dentro y fuera de Catalunya. Lucha defensiva anti-represiva y perspectiva común en positivo son las piezas a encajar en esta difícil coyuntura y que difícilmente pueden disociarse si se quiere establecer alianzas sólidas.

16. Dilemas. ¿Batalla meramente defensiva contra la represión y el articulo 155, lucha por un proyecto de República, o autosatisfacción procesista en la defensa de una República imaginaria? ¿Contraposición de proyectos entre independentistas y defensores del derecho a decidir u horizontes de ruptura convergentes? ¿Batalla exclusivamente catalana, supeditación centralista a la política de ámbito Estatal o articulación dialéctica centro-periferia? Sin duda, un triple dilema estratégico tan complejo como ineludible. Y... ¿tan irresoluble como decisivo?

5/11/2017

Josep Maria Antentas,profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), forma parte del Consejo Asesor de viento sur.


1/ Para un balance de las idas y venidas del “referéndum” como objetivo del independentismo catalán ver: Antentas, Josep Maria (2017). “El referéndum y sus vidas anteriores”. 19 de Junio. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12720

2/ Desarrollo un poco más esta cuestión en: Antentas, Josep Maria (2017). “Días decisivos”, 25 de Septiembre. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article13036

3/ Desarrollo un poco más esta cuestión de la fraternidad y la unilateralidad en el punto 4 del artículo: Antentas, Josep Maria (2016). “Catalunya ¿puntos de fuga o contraposición de estrategias?”, 21 de Septiembre Público.es. Disponible en: http://blogs.publico.es/tiempo-roto/2016/09/21/catalunya-puntos-de-fuga-o-contraposicion-de-estrategias/; y también en los puntos 4,6, y 9 de: Antentas, Josep Maria (2017). “1 de octubre: terciando en el debate Llonch-Garzón”. Público.es. Disponble en: http://blogs.publico.es/tiempo-roto/2017/07/18/1-de-octubre-terciando-en-el-debate-llonch-garzon/. En este último artículo hay también una discusión más general de las virtudes y límites de las posiciones mayoritarias de la izquierda española respecto a la cuestión catalana.





Boletín semanal
Recibe en tu correo electrónico los últimos artículos de nuestra revista digital, así como las novedades y eventos
Agenda
Actos
Donostia. 25 de noviembre de 2017, 11:30h
Donostia. Sábado 25 de noviembre de 2017. 19 h. (Camins a récorrer) Erabakitzeko eskubidea (Caminos a rerorrer) Ernest Luch Kultur Aretoa Participan: Laura Mintegi, David Fernández, Jaime Pastor -Organiza: Demagun taldea
Ernest Lluch kultur aretoa Anoeta pasealekua 7
Actos
Langreo. 23 de noviembre de 2017, 19:00h
Langreo. Martes 22, 23, 24 de noviembre de 2017. 19 h. 1917-2017 Recuperar la esperanza Participan (Ver cartel de anuncio) -Organiza: Fundación Adreu Nin
Casa de Cultura "Alberto Vega" de la Felguera Plaza Eduardo Merédiz
Actos
Langreo. 24 de noviembre de 2017, 19:00h
Langreo. Martes 22, 23, 24 de noviembre de 2017. 19 h. 1917-2017 Recuperar la esperanza Participan (Ver cartel de anuncio) -Organiza: Fundación Adreu Nin
Casa de Cultura "Alberto Vega" de la Felguera Plaza Eduardo Merédiz
foro viento sur
Barcelona. 29 de noviembre de 2017, 19:00h
Barcelona. Dimecres, 29 de noiembre de 2017. 19h Les raons d'octubre Andreu Coll, Laia Facet, Marc Casanovas
C/FONT HONRADA 32 BARCELONA . METRO L3 Poble Sec - L1 Espanya







Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons