Viento Sur nº 67:
"la REALIDAD" de Cantabria. La lucha por la vida de un periódico digno y rebelde
Patxi Ibarrondo, Pedro Venero y Yolanda Seco

En Revista Viento Sur67

El semanario cántabro la Realidad salió por primera vez a los kioskos el 7 de
febrero del año 2000. Desde su salida a la calle tuvo que soportar todo un
complot por parte de los políticos gobernantes de Cantabria, materializado en un
sin fin de demandas y querellas. Altos personajes de la política cántabra fueron
los principales espadas que utilizaron los juzgados contra el semanario. Detrás
de ellos, los omnipresentes grupos de presión fácticos que dirigen desde la
sombra, aunque de manera ostentosa, los hilos sociopolíticos de esta región.
Al final, los políticos obsesionados con hacer desaparecer la Realidad
consiguieron no estar solos en su obsesión. Una jueza dictó una esperpéntica
sentencia de casi 30 millones de pesetas. De manera inaudita dicha sentencia fue
ejecutada “provisionalmente” /1 en diciembre de 2001, sin que fuera firme y
gracias a la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil del PP que se promulgó en enero
del mismo año. Esa ley permite, por lo que se ve, utilizar esta fórmula jurídica
para atacar desde el poder a medios de comunicación incómodos, provocando su
ahogamiento financiero y, por ello, su cierre.


El inicio de una idea alternativa a la globalización desde el ámbito local.
Fueron
diversas las causas, las razones y las confluencias que nos llevaron a los promotores
a poner en marcha la Realidad. En primer lugar, la propia situación de los medios de
comunicación en Cantabria, donde no existe un contrapeso a escala regional de lo que
entendemos por “pensamiento único”, como brazo del neoliberalismo imperante en
el mundo. En este sentido, considerábamos (y seguimos considerando) que hay un
espacio social y de pensamiento progresista, alternativo o social –como queramos
llamarlo– que no está siendo representado en el periodismo actual; así, existen
muchos casos, situaciones, problemas que no son considerados interesantes para
informar de ellos. Esos medios representan habitualmente a lo institucional y ofrecen
la versión oficial de las cosas. Primando la información institucional y desechando
por sistema lo que proviene de “abajo”, dejan de lado muchísimas situaciones,
actividades y aspiraciones de la sociedad civil.
En nuestro caso, la propuesta era que dicho espacio estuviera ocupado por la
participación popular, por los movimientos sociales. Algo alejado de lo
institucional per se, pero sin renunciar a cubrir todos los aspectos de la vida
social y política de nuestra sociedad.
Por otro lado, también pesaba en nuestra idea de concebir la información el
“hecho global”. Es decir, la acelerada concentración de grandes grupos multimedia
que está trayendo consigo la llamada “globalización”. El fenómeno creciente de
que los medios de comunicación influyentes estén en cada vez menos manos y se
hayan convertido en grandes mecanismos del poder. Pensamos que frente a esta
peligrosa hiperconcentración se impone conseguir una diversidad periférica. Una
guerrilla de medios de comunicación que actúen a ras de tierra. En ese sentido, el
proyecto de la Realidad suponía una especie de revulsivo o intento alternativo a
esta situación de dominio informativo “globalizado” desde una perspectiva local.

Cómo se puso en marcha la Realidad. Se pueden tener buenas ideas, pero el
dinero no sale de la nada. Aunque se suele decir que el convencimiento y la
voluntad mueven montañas. Éste podría ser uno de esos casos. Al no tener en
buena medida recursos propios, se imponía buscar apoyos entre aquellos a los
que iba dirigido el proyecto, las clases populares sobre todo; personas desinteresadas
que creían en la necesidad de este nuevo medio de comunicación y
confiadas en que se podría materializar. Esto se hizo en reuniones por toda la
región. Pueblo a pueblo, barrio a barrio, taberna a taberna, casa a casa...
Se constituyó un “Consejo de Apoyo”, creando una especia de “banca
popular”. La gente prestaba un dinero a la cooperativa de trabajadores que iba a
poner en marcha la editora, a un plazo de dos años y sin intereses y, poco a poco,
se fue formando un pequeño capital social que ayudaba a la puesta en marcha
del periódico. Por otro lado, antes de salir a la calle casi teníamos 300
suscripciones, y esto se sumaba al activo.
Evidentemente con eso no era bastante. No existe masa social suficiente en nuestra
tierra (por una cuestión demográfica y política), imperando un sustrato ultraconservador
muy arriscado, frente a minorías alternativas muy limitadas, atomizadas y, por
tanto, con escasa o mínima capacidad de influencia. Ayudar a levantar y ampliar el
espectro social alternativo era, justamente, una de las intenciones del proyecto. Así
que las cinco personas cooperativistas asumimos la necesidad de endeudarnos
personalmente para aportar lo que, más o menos, suponía el 70% de las necesidades
financieras que considerábamos mínimamente necesarias.
Fue la administración autonómica de Cantabria quien inicio la puesta en marcha de
lo que, podríamos denominar, “barreras disuasorias”. Además, con multitud de irregularidades.
La Dirección Regional de Trabajo nos negó, en primera instancia, algo a
lo que tiene derecho cualquier empresa que pone en marcha una iniciativa y que
genera nuevos puestos de trabajo, como es la subvención por creación de empleo que
se acuerda todos los años con los sindicatos con fondos de la Unión Europea. A
nosotros se nos denegó y, cuando se dieron cuenta del desaguisado, ante nuestra
protesta, rectificaron en parte y chapuceramente, produciéndonos un quebranto de
más de dos millones de pesetas, que eran vitales para la puesta en marcha del
proyecto.
Incluso en aquellos momentos de gestación del periódico se empezaron a
escuchar rumores sobre aspectos de boicot a la Realidad (¡que todavía no
existía!) por parte de diversos estamentos de la región. Luego estos temores se
confirmarían con creces, con la más ruda y persistente campaña de demolición
que ha conocido la historia de la prensa en Cantabria. Ese acoso sistemático no
se produjo desde cualquier parte, sino por personajes muy relevantes de la
política institucional y bancaria.
A partir de la salida del semanario y durante su período de existencia, una de las
cosas que más nos llamó la atención era que el sistema de suscripción iba creciendo
sostenidamente. Este crecimiento constante, además, no menoscababa la venta de
ejemplares en el quiosco. Esta venta directa no crecía espectacularmente, pero
tampoco descendía, sino que se mantenía estable. Eso quería decir que el semanario
era cada vez más conocido y generaba opinión. La mejor prueba es el despliegue de
artillería que ha tenido que utilizar el poder regional para suprimirnos. La contrapartida
era que el ritmo lento alejaba la posibilidad de alcanzar la sostenibilidad
económica en poco tiempo. Nos situaba en un plazo más prolongado, como por otra
parte pasa igualmente en la mayoría de los medios de comunicación convencionales.
Luego, hubo algo que nos produjo no poca decepción, desilusión y sorpresa. La
impronta de un periodismo de sensibilidad social abierto a todos los movimientos
sociales y de base, información y opinión sin exclusiones, encarnando la libertad de
expresión en toda su amplitud, por tanto no panfletario ni obediente a ninguna sigla
en concreto, y no teniendo detrás más que una cooperativa de trabajadores y el
apoyo social (diverso y plural) no fue del todo bien entendido por algunas de las
organizaciones abanderadas de la izquierda clásica. Así que optaron por la
indolencia en el desarrollo de campañas propias de participación en el proyecto, y
por la indiferencia ante las posteriores respuestas político-sociales ante las
agresiones del poder, que fueron sucediéndose sin apenas pausas.


Financiación con boicot publicitario.
Cantabria es una región pequeña, algo
más de 500.000 habitantes. Eso, lo mismo que es bueno para muchas cosas (se
puede trabajar en espacios cortos, con un conocimiento muy claro de lo que pasa
en todo momento), pero también provoca situaciones a la contra. En el terreno
de la publicidad es donde nosotros esperábamos el mayor boicot.
Lo esperamos así porque, como todos sabemos, la relación entre poder político y
económico es, en general, muy fuerte en todos los lados. En Cantabria, a diferencia
de otras comunidades, esta relación común es inexistente. Aquí es una amalgama
donde no se sabe donde empieza lo uno y acaba lo otro. Además esos intereses no
tienen contrapesos políticos de oposición –en absoluto en lo institucional y muy
débil en lo social–. No se sabe donde está la línea divisoria entre los poderes
representativos y los fácticos, y no es porque sea difusa, sino inexistente a nuestro
modo de ver. La relación entre empresa pública o semipública –política– y empresa
privada no existe. Está todo metido en el mismo saco.
Ante esto es evidente que el “control” que se ejerce desde el sistema de
dominación, político y económico, es prácticamente absoluto. Este “control”
local se ejerce desde un solo vértice, en una simbiosis de intereses públicos y
privados de tipo caciquil y mafioso.
En definitiva, y eso es lo que hemos venido denunciando desdela Realidad
mediante artículos de fondo y periodismo de investigación, la denominada “normalidad”
es un contexto mafioso a la siciliana aunque sin necesidad de luparas (escopetas
recortadas). Basta con el tráfico de favores. Se trata de una pirámide donde todo
el mundo “debe” algo al señor (el puesto de trabajo del hijo, el contrato para tal obra,
el propio empleo, la recalificación del “prao” para construir una urbanización, o
incluso –alguno piensa– la propia jubilación o el permiso de obra para arreglar el baño
de tu casa). Estos “favores” (que la mayor parte de las veces son derechos constitucionales)
se “deben” al alcalde, al concejal, al consejero, y también al empresario (que
puede ser alcalde, concejal o consejero, o familiar de ellos...). Lo mismo funciona, en
muchísimos casos, hasta con alcaldes pedáneos o, incluso, con presidentes de
asociaciones, con sus cuotas de poder. De esa manera, la corrupción y el “control”
atraviesan todos los estamentos en una escala de dependencia social total y absoluta.
Dentro de ese marco de comportamiento mafioso es evidente que la “orden”
general de los padrinos es la de “al enemigo, ni agua”. Y, en lo que respecta a la
Realidad
, las “familias” del poder político-empresarial le declararon la guerra a un
periódico independiente y crítico. Hay que decir que la consigna conspiratoria
funciona sin cartas, sin llamadas telefónicas y sin “órdenes” orales concretas.
Simplemente un comentario es suficiente. Y ese comentario lo pueden hacer en la
sala de reuniones, en la taberna, en el cine, en la romería del pueblo, etc... en
cualquier evento local. Incluso, demasiadas veces también funciona la propia
inhibición porque “se sabe” que determinados actos pueden tener “consecuencias”.
Así las cosas, la política comercial de publicidad que nos quedaba en la
Realidad
era intentar ir, también “por abajo”. Es decir, tratar con el pequeño
empresario, con entidades económicas “sin contaminar”, o simplemente sin
dependencias excesivas del sistema mencionado. Por lo tanto, muy difícil. Algo
así como lograr la cuadratura del círculo.
A modo de ejemplo: la principal entidad financiera regional (semipública) inserta
publicidad en todos los rincones que puede (es su política). Lo mismo pone un
anuncio en un fanzine marginal de unos jóvenes que en el boletín de una asociación
determinada. En el caso de la Realidad, siendo un ámbito de publicidad muchísimo
más importante, las puertas siempre estuvieron cerradas por consigna. Esa misma
entidad ha sido capaz de “contratar” y pagar publicidad falsa en un medio de comunicación
local, que estaba igualado en número de lectores con la Realidad, por un
valor de 30 millones de pesetas en un año. Hay un proceso judicial en marcha por este
motivo. Otro ejemplo: en la Realidad teníamos contratos de publicidad que algún
empresario pagaba religiosamente porque el periódico le gustaba, pero con la condición
expresa de que el anuncio no se insertara en el periódico. Lo hacía así para no
tener “determinados” problemas. Creemos que es bastante ilustrativo del panorama.


En la trainera hay quien no rema.
Las posibilidades de expansión social de la
Realidad
estaban dadas y se manifestaban con datos concretos. Muy lentas y
difíciles por la propia situación, pero avanzaron en dos años y estaban desarrollándose
sin pausa y a pesar de la tremenda presión ejercida desde sectores tan
poderosos. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que un periódico de estas características
es plenamente viable en el ámbito regional en el que nos desenvolvíamos.
Claro está, que si no hubiera habido enemigos institucionales de tal calibre
y con tanta inquina e intransigencia.
Tampoco ayudó a la consolidación de
la Realidad, como fenómeno informativo,
la incomprensión de algunas organizaciones (más bien algunas personas
decisivas en algunas organizaciones). Se dice que no hay peor ciego que el que
no quiere ver. Esa falta de visión o la abulia, o ambas cosas, no ayudó en nada a
generar un ritmo más rápido de implantación social. No es lo mismo dirigirte
directamente a la gente, ir sumándola al proyecto uno a uno y dos a dos,
acostumbrándola a leer el periódico y a sentirlo propio, que una organización se
tome la apuesta en serio y desarrolle campañas en esa dirección. Sobre todo
cuando era lo natural. Eramos el medio más lógico de la mayoría de los
movimientos sociales; y estos los componen personas que significan votos y más
movimiento en multiplicación. Algo tan simple resulta, al parecer, difícil de
entender para algunos líderes o cuadros de ciertas organizaciones.
Sin embargo, por nuestra parte tenemos que decir que a lo largo de dos años
las relaciones con los movimientos sociales, en general, fueron excelentes.
De forma ilustrativa y matizando lo anterior, hemos detectado algunos
problemas que van a ser difíciles de superar en un futuro próximo:


La voz de su amo y los personalismos ajenos.
Primero, hay todavía gente de
izquierda que piensa en medios de comunicación “propios”, o sea, “suyos” y de
nadie más. Algo así como el órgano de la organización para reafirmarse en los
militantes o convencidos de antemano. Sin embargo esto no funciona. No ayuda
a extender hacia fuera las ideas propias, a entablar debates con otros
movimientos u organizaciones, etc... Además está demostrado que no funciona
de ninguna de las maneras, si se piensa en influencia social.
Nosotros proponíamos (y proponemos) una alternativa de prensa en la que los
periodistas hagan su trabajo “sin ser la voz de su amo”. Ese “amo” de la redacción
no puede existir en ningún lado (ni por arriba, ni por abajo). Partimos de la base
de que ejerciendo un periodismo con sensibilidad social, y mirando hacia abajo y
desde abajo, la izquierda tiene todas las de ganar y nada que perder. En esto ha
habido bastante desconcierto por parte de algunas personas activas en organizaciones.
Nuestra experiencia determina que nos queda mucho camino por andar,
para llegar a entender la diversidad (interna y externa), el pluralismo, etc...
Otra cosa muy destructiva es el personalismo. En una sociedad tan pequeña como
la cántabra, la cuestión de las “personas” es importante. Si te encuentras a alguien
al que no le caes bien, o con quien has tenido alguna discusión en algún momento,
eso se tiene en cuenta luego en el terreno organizativo. Es una pena, pero es así. En
ese sentido, ha habido algunas actitudes sectarias, ideas confusas sobre el proyecto
planteado, etc... que no obedecían a un análisis objetivo del trabajo que se estaba
haciendo y sí a simples “sensaciones” demasiado particulares.
Para ilustrar esto decir que una organización social muy importante, durante casi
un año se mantuvo a distancia del proyecto porque personas dirigentes de la misma
pensaban que éste “obedecía” las directrices de otra organización similar y que está
en competencia con ella. Todo porque uno de los cooperativistas es afiliado a la
última. También hubo casos de boicot a la publicación hasta por cuestiones de
rivalidad o celos de gente del entorno “progre”, causados por amistades mal
entendidas y pruritos de protagonismo o de vestirse con plumas ajenas. En fin, unos
absurdos que socavaban el proyecto planteado y que ya estaba en marcha.
Luego está el asunto recurrente de la “línea” editorial. Consiste en “apoyar” un
proyecto de esta índole solamente cuando publica lo que a ti te gusta, o a tu
organización. Se reivindican cuestiones de “línea” y a la postre nadie sabe en
qué consiste esa “línea”, cual debe ser para uno o para el otro. Una “línea” difusa
o, cuanto menos, abstracta pero que se emplea como arma arrojadiza de manera
constante por tirios y troyanos. Este clima de penuria política genera una
desconfianza que ata de manos a la redacción y mina su resistencia. Son
presiones que nadie plantea a los medios burgueses, pero que sí se ejercen sobre
un medio alternativo. Cuando debería ser todo lo contrario.


Mientras tú remas en una trainera, el poder va en yate.
El acoso contra la
Realidad
, tal y como hemos comentado, empezó incluso antes de salir el periódico a
la calle, pero la ofensiva más contundente se concretó por la vía judicial a partir de
las tres semanas de existencia. Cinco demandas civiles pidiendo cada una 30 millones
de pesetas de indemnización y tres querellas criminales. Todas fueron interpuestas por
personajes como Carlos Sáiz (entonces secretario general del PP, presidente de Caja
Cantabria y diputado regional), Miguel Angel Revilla (líder del PRC, vicepresidente
del Gobierno cántabro y consejero de Obras Públicas), Francisco Rodríguez
(portavoz del PP en el Parlamento cántabro), Federico Santamaría (consejero de
Economía y Hacienda) y los alcaldes de Argoños, El Astillero, Comillas... Todo ello
en dos años. Que ningún lector piense que los firmantes de este artículo han asesinado
al Cid Campeador. No han hecho más que ser “políticamente incorrectos” y proponer
un medio de comunicación alternativo en nuestra sociedad.
En las demandas había una obsesión permanente por su parte: saber quienes
eran las personas que “contaban las cosas” y que estaban dentro de sus filas. O
sea, quien “se iba de la lengua”. En ese aspecto, el acoso judicial sobre el
director del periódico para que revelara las fuentes de información era constante.
Evidentemente, ningún periodista puede revelar las fuentes y ellos lo saben.
Pero esa misma paradoja es la que da pie al juez para justificar sus sentencias.
En última instancia, tanto sus “alianzas” judiciales como sus objetivos estaban
claros: cerrar un medio incómodo y sobre todo incontrolable, a pesar de varios
intentos de soborno por parte de algunos “enviados especiales” de arriba para
que el semanario cambiará de rumbo informativo.
Es, por otra parte, un hecho cierto el escándalo producido en medios
periodísticos, por la forma en que se ha perpetrado el cierre de la Realidad. La
preocupación que se ha provocado se refiere a la utilización de la nueva Ley de
Enjuiciamiento Civil que permite los embargos provisionales, aún y cuando las
sentencias estén en vía de recurso judicial. Evidentemente estos procedimientos
abren en camino a la censura económica de los medios de comunicación
modestos que no pueden afrontar indemnizaciones millonarias. Por tanto, es un
camino abierto para cierre de cualquier medio de comunicación crítico hacia el
poder bancario y político. A nuestro pesar, enla Realidad hemos sido los
pioneros en padecer estos nuevos procedimientos de censura.


Las respuestas posibles y la defensa del proyecto.
Nuestra respuesta no se
podía dar en otro terreno que el seguir con la línea trazada en cuanto a la
propuesta que se hacía desde el semanario. Es decir, continuar cumpliendo cada
lunes con nuestros lectores, amigos y suscriptores por mucho esfuerzo y
sacrificio que costara, pese al terrible acoso que estaba sufriendo la cooperativa
editora y la dirección del periódico desde todos los ángulos. Persistir era la
respuesta de dignidad que mejor podíamos dar.
Al mismo tiempo tampoco nos olvidamos de la movilización, en contacto con
la gente y con las personas que seguían el proyecto. Así organizamos, en estos
dos años de vida del semanario, del orden de cinco asambleas convocadas
públicamente para informar, debatir y sacar conclusiones sobre la situación.
Contábamos con la participación, aunque esta fuera muy limitada.
Incluso, cuando se ejecutó la sentencia definitiva de los 30 millones se
organizó una concentración en la Plaza del Ayuntamiento de Santander. Más
tarde, cuando se ejecutó y provocó el cierre del periódico hubo una concentración
y manifestación que resultó un éxito participativo. Pero el mal ya estaba
hecho.


Algunas reflexiones.
El proyecto de la Realidad era tratar de buscar y demostrar
que existen espacios mediáticos e informativos en nuestra sociedad, que son
necesarios y que no están ocupados en estos momentos. Sobre todo en el ámbito
local y periférico y frente a la concentración centralizadora de los grandes
emporios multimedia. Era dar una respuesta plural, diversa, ante una situación
de uniformidad en la información hegemónica, empleada como arma desde
grupos muy cerrados de poder.
Después de vivir esta experiencia, en una comunidad autónoma uniprovincial
donde la punta de la pirámide es el santanderino Emilio Botín, el principal
banquero del Estado español, hemos visto muchas cosas. Por ejemplo, la
situación de amordazamiento, de inmovilidad que se ha producido entre la
ciudadanía. Hemos visto el miedo en los ojos de la gente y nos han pedido
disculpas por no “poder” ayudarnos aunque estuvieran de totalmente de acuerdo
con nuestro periódico y lo que en él se decía. Puede que incluso ese temor sea
razonable vista la catadura de los que mandan. Se ha demostrado palpablemente
que, al menos en nuestro ámbito de actuación que es Cantabria, sólo se puede
decir aquello que quien mantiene las riendas está dispuesto a consentir. Y
creíamos ingenuamente que el franquismo se había ido para siempre... pero
bueno es regresar a la cruda realidad.


Nuevas alternativas: “otra Realidad”.
Después del cierre de la Realidad se
mantiene una cierta base social que sigue reivindicando este espacio
periodístico. En ese sentido y con esos apoyos, se está organizando la posibilidad
de volver a ocupar nuestro sitio en el terreno de la información. Ahora cualquier
propuesta, una vez demostrado que el espacio existe, pasa por la participación
directa de la sociedad civil, de sus organizaciones, en cualquier proyecto nuevo
y alternativo. Se está trabajando por constituir una sociedad anónima muy
participada. Pero evidentemente la condición imprescindible es que haya
compromisos concretos de personas, entidades, organizaciones que puedan tener
interés en el proyecto. Desde el punto de vista periodístico no creemos que haya
más cambios que los de poner en la calle un semanario todavía más sólido, más
completo y con más proyección, pero siempre dentro del espacio logrado. Para
ello tenemos habilitada una página web (www.otrarealidad.net) donde se
informa de todo ello. Aparte de ejercer en ella el derecho a la libre opinión. Mal
que pese a algunos.

1/ La Audiencia Provincial ha rebajado recientemente la sanción a dos millones de pesetas, pero el proceso
sigue en curso; más información en www.otrarealidad.net

vs_0067.pdf
1.1 MB
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