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¿Homonacionalismo?
Nuevo nacionalismo y movimiento gay
15/07/2012 | Jean Birnbaum

La sospecha surgió en el seno del movimiento y prolifera ahora mismo en su interior. Una sospecha un tanto más dolorosa en tanto que fue formulada de forma espectacular por Judith Butler, icono mundial del movimiento LGBT. El 19 de junio de 2010, durante la celebración del Gay Pride (día de Orgullo Gay) en Berlin, la filósofa americana sembró la confusión rechazando de plano el premio al coraje cívico que le iban a conceder los organizadores. Ella, la musa de la teoría queer, proclamó que la lucha contra la homofobia había degenerado en una acción xenófoba e incluso racista. "Estamos inmersos en un combate nacionalista y militarista", lanzó ante deuna multitud pasmada. Desde entonces, las preguntas se acumulan entre los militantes y los investigadores: ¿el movimiento ha sido corroído por el homonacionalismo?, ¿se ha convertido en la lavadora de un nuevo nacionalismo que lo vendría a blanquear, en todos los sentidos del término? Dicho de otro modo, ¿están sus reivindicaciones instrumentalizadas por los heraldos de un Occidente que desarrolla sus operaciones militares en Oriente y hace irrumpir la policía en los suburbios en nombre de la democracia sexual?

Estas cuestiones electrizaron la concurrida conferencia internacional que tuvo lugar en Amsterdam en enero de 2011. La gente que participó en ella, evocó ampliamente la singularidad de Holanda, donde el poderoso partido populista de Geert Wilders agita los derechos homosexuales como un elemento de progreso occidental actualmente amenazado por el Islam. Pero las reflexiones en la conferencia fueron más allá de las fronteras, como precisa uno de sus organizadores, el sociólogo Sébastien Chauvin: "El objetivo de la conferencia era alertar sobre el nacionalismo sexual en general, es decir sobre la manera en que los derechos de las mujeres o de los homosexuales pueden utilizarse desde una perspectiva xenófoba, no solo por los partidos políticos sino también en el propio movimiento LGBT, que cada vez se encuentra más integrado en los proyectos nacionalistas de Occidente".

De hecho lo que se cuestiona es a Occidente como espacio cultural y político. Sobre todo, en los Estados Unidos, donde tras el 11 de setiembre las acciones LGBT están acusadas de alimentar una cruzada islamófoba. Se trata, sobre todo, de la tesis de la teórica Jasbis K. Puar, cuyo libro acaba de ser traducido al francés bajo el título de Homonacionalismo. Pero, también, en Europa, continente laboratorio de esta pulsión política desde el año 2000. En Suiza, fue la muy xenófoba Unión Democrática del Centro (UDC) creó su propia sección gay. Igualmente, los hinchas de la Liga inglesa de fútbol, quisieron organizar una Gay Pride en el centro de un barrio musulmán de Londres. En lo que se refiere a Dinamarca, los organizadores de la Gay Pride llegaron hasta el punto de conceder el Premio de la Homofobia a los países musulmanes. En Francia, la situación es más compleja, porque si por el momento, las manifestaciones de "homonacionalismo" no se dan de forma tan explícitos como en Inglaterra, Alemania u Holanda, por el momento, cuando se aborda este problema los debates de acaloran.

En un lado se encuentran quienes consideran que los gays franceses ya forman parte de la fiebre chovinista. Se puede cita como síntoma el libro Por qué los gays se han hecho de derechas (Seuil, 114 p, 14,70€), un panfleto inmundo en el que Didier Lesrrade, cofundador de Action-Up-Paris, escribe: Todos mis amigos o casi todos, confiesan una creciente desprecio hacia los suburbios, los árabes y los negros. Otros. sin llegar a ese límite, hacen hincapié en las tentaciones nacionalistas que atraviesan la galaxia LGTB”. Aquí también, ha sido la Gay Pride la que ha prendido fuego a la mecha. En 2011, ante el enojo de varias asociaciones, los organizadores tuvieron que retirar en el último momento el cartel que anunciaba la marcha parisina: "Por la igualdad, yo marcho en 2011, yo voto en 2012", con el emblema de un gallo enseñando la cresta. "un símbolo y un eslogan homonacionalista, ironiza Maxime Cervulle, coautor del Homo exoticus. Raza, clase y crítica queer. Si hubiera quedado así, la manifestación gay más importante de Francia habría excluido claramente a los sin-papeles y a los y las extranjeras."

En otro lado, los militantes e investigadores que consideran que todo esto no son más que sutilezas. Así, Nicolas Gougain, presidente de la federación internacional LGBT, califica la polémica de "ridícula" y estima que el debate sobre el "homonacionalismo" no tiene espacio en Francia. "Estos debates, como el que tuvo que ver con el velo islámico, que traumatizó al movimiento feminista, están muy lejos de nuestras preocupaciones. Es una paja mental que no concierne más que a una decena de universitarios. Entretanto nosotros trabajamos sobre el terreno y nos batimos para no ser considerados como ciudadanos de segunda categoría, y lo hacemos, por ejemplo, en solidaridad con las lesbianas sudafricanas que se rebelan contra las violaciones colectivas. Es cierto que hay que prestar atención para no ser instrumentalizados pero, por el momento en Francia, tenemos otras cosas a hacer".

Otros observadores más atentos del movimiento LGBT juzgan que la tentación "homonacionalista" existe también en Francia si bien, debido a diversos factores no ocupa un gran espacio. En primer lugar, por las posiciones de la derecha y de la extrema derecha, tradicionalmente conservadoras y relativamente estables en esta materia. Así, Mari Le Pen, tras haber manifestado ciertas veleidades "gay friendly", se batió en retirada. Al mismo tiempo, la derecha rechaza convertir a la cuestión homosexual en criterio discriminatorio. "Francia no es Holanda, constata el sociólogo Eric Fassin, coorganizador de la conferencia de Ámsterdam. Allí, la supuesta homofobia de los inmigrantes es un motivo para discriminarles. Aquí, incluso Sarkozy no ha utilizado nunca los derechos de los homosexuales para marcar fronteras entre "nosotros" los franceses y "ellos" los extranjeros. Por lo tanto, no hay que exagerar el fenómeno del homonacionalismo en Francia. Pero tampoco hay que negarlo. Entre nosotros también existe la tentación de decir: el homófobo es el otro".

Para sus detractores, en efecto, el discurso del homonacionalismo se definiría por una doble "exotización" de la homofobia, fuera y dentro de las fronteras nacionales. En otros términos, la homofobia es el odio hacia las zonas "barbaras "del planeta: los países arabo-musulmanes y los suburbios de nuestras ciudades. La prueba de que el debate ha comenzado ya, es que cada uno de estos dos aspectos ya está presente en la gente. Ludovic Zahel, dirigente de una pequeña asociación de Homosexuales Musulmanes en Francia (HM2F) está bien situado para conocer la situación: "Por un lado, combatimos las derivas islamófobas en el movimiento LGBT, donde todo el mundo se dice antirracista pero muchos forman parte del homonacionalismo bien pensante. Por otro, debemos combatir también la homofobia entre los musulmanes y a aquellos que niegan la existencia de esta homofobia. Estuve en Irán y me reuní con homosexuales que se definen como tales, algunos de los cuales sueñan con venir a Occidente. Sin embargo rechazan el estigma y la esencialización del Islam."

En el horizonte de estos debate, se percibe el espectro de una guerra cultural en la que las reivindicaciones LGBT se situarían de nueva en la línea de frente. "Me acuerdo de un debate en Pink TV, testimonia Maxime Cerculle. La emisión planteaba una cuestión: ¿es preciso boicotear a los países homófobos?, como si la cuestión estuviera resuelta en Francia. Me acuerdo también del bombo mediático que recibieron los libros en torno a la homofobia en los suburbios. Como si la homofobia no estuviera presenta en el centro de las ciudades! Tras estas manifestaciones de homonacionalismo existe un problema del universalismo occidental que trata de imponer sus valores".

Frente a estos ataques, los responsables del movimiento LGBT se encuentran pillados. ¿Hay que pasar de puntillas sobre las muestras de homofobia para no alimentar los fantasmas racistas? "Trabajamos sobre el terreno, escuchamos lo que se dice, vemos lo que ocurre, afirma con vehemencia Christine Le Doaré, presidenta del Centro LGBT en Paris. Es preciso dejar de decir tonterías. Yo no pienso que hoy en día una pareja de homosexuales arda en deseos de ir a pasar las vacaciones en Irán. Igualmente, basta escuchar los llamamientos de ayuda recogidos por SOS homofobia para comprender que las personas LGBT que habitan en los suburbios son insultadas, golpeadas y a veces obligadas a partir. Yo misma, evito pasear por determinados barrios de la mano de mi compañera. ¡No tengo instintos suicidas! Es cierto que hay que rechazar la instrumentalización y la estigmatización, pero esto no se hace negando los problemas que hay que resolver."

No ocultarse, pero tampoco dejarse llevar por dinámicas dudosas; reconocer las violencias homófobas sin ceder a las estimaciones culturales o raciones; en resumen, luchar en diferentes frentes, luchar contra todas las discriminaciones. Ese es el desafío al que en adelante tiene que hacer frente el movimiento LGBT "acusado de todos los males que pueden derivar en "ismos": homonacionalismo, homo-neo-liberalismo, homo-colonialismo, homo-imperialismo" según los preocupantes términos utilizados por el sociólogo Didier Eribon en su intervención de clausura en la conferencia de Amsterdam. "iLa cuestión del sexo, de género y de origen se entrecruzan permanentemente, precisa Louis-Georges Tin, fundador de la Jornada Mundial de lucha contra la Homofobía y colaborador de Le Monde. En el fondo, una posición equilibrada exige que seamos a la vez muy firmes en la lucha contra la homofobia en los países más implicados, lo que incluye a los países africanos y musulmanes, y muy vigilantes en la lucha contra el racismo, sobre todo en los países del Norte."

En la práctica esto significa, por ejemplo, manifestar la solidaridad del movimiento LGBT con quienes demandan asilo, como lo hace un día sí y otro también, la Asociación por el Reconocimiento de los Derechos de las Personas Homosexuales y Transexuales a la Inmigración y a la Residencia (Arfdhis). Pero esto nos lleva también a una reflexión colectiva a fin de despejar la sospecha que pesa sobre cierta galaxia intelectual y militante. "Si no se pone atención, se termina por justificar las inquietudes de quienes temen al imperialismo gay, previene Eric Fassin. Por ejemplo, en los países occidentales la homosexualidad está despenalizada y los matrimonios gay progresan. A partir de ahí, ¿cómo hacer para que las campañas a favor de la despenalización universal de la homosexualidad o del matrimonio gay no aparezcan como campañas occidentales? ¿Cómo hacer para no abandonar estas reivindicaciones cuando pueden ser instrumentalizadas con fines xenófobos? No se puede negar este problema, hay que explicitarlo.Si no se hace ese esfuerzo, si no se plantea que estamos atrapados en un tema complicado, contradictorio, se corre el riesgo de que mañana nos encontremos en una situación parecida a Holanda."

En este hipótesis, Francia terminaría siendo uno de los campos de batalla del frente "homonacionalista". Y todo el mundo estaría entonces obligado a elegir entre dos campos: el de la homofobia o el de la xenofobia, porque esa es la alternativa infernal a la que nos conduciría lo que algunos llaman ya el choque sexual de las civilizaciones.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article25786

Le Monde. 30/06/2012

Jean Birnbaum es periodista

Traducción: VIENTO SUR

Bibliografía citada

Homonationalisme politiques queer après le 11-septembre, de Jasbir K. Puar. Ed. Amsterdam,

Homo exoticus. Race, classe et critique queer, de Maxime Cervulle et Nick Rees-Roberts. Armand

Colin et INA éditions, 2010.

Dictionnaire de l’homophobie, bajo la dirección de Louis-Georges Tin. PUF, 2003.

“Retours sur les nationalismes sexuels” de Alexandre Jaunait, en Genre, sexualité et société, primavera 2011. gss.revues.org

Les frontières et le temps de la politiq





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