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14N, el día después
Notas periféricas
15/11/2012 | Miguel Romero

[Participar en un piquete de una huelga general es una de las experiencias más gratas que puede vivir un militante. Y, a la inversa, una de las más ingratas es que las circunstancias de la vida te impidan hacerlo. Se siente uno como el chaval al que, en el sorteo de equipos para el partido de fútbol a la salida del colegio, le toca guardar los abrigos. Escribir quiere ser, en este caso, una forma de participación virtual, con comentarios periféricos].

1. Todos los “corresponsales”, sean habitualmente optimistas o pesimistas, coinciden en que las manifestaciones del 14N son las más grandes que recuerdan, o por ahí le andan. Grandes, entusiastas, con cantidad de gente joven y muy joven, con muchos pequeños carteles fabricados en casa con la consigna particular de cada cual, con mezclas de siglas en los cortejos, incluso con una convergencia de hecho entre convocatorias alternativas y oficiales, allí donde no pudo haber un deseable recorrido unitario…

Todo esto ha sucedido sin un gran trabajo de preparación previo por parte de los convocantes, incluso con un clima que parecía un tanto frío la víspera… Es decir, todo esto, los centenares de miles de personas que salieron a la calle, incluso sabiendo que no hay expectativas de cambios a corto y medio plazo, que toca seguir sufriendo “recortes” y seguir resistiendo como se pueda… todo esto sólo puede ser la expresión de un mar de fondo fuerte y duradero.

Por eso, los portavoces del gobierno y la patronal pueden seguir dando la impresión, intentándolo mas bien, de que esto no va con ellos, que “seguirá la política de reformas”, etc. Y los medios pueden continuar difundiendo la idea más o menos modulada del “fracaso” de la huelga (por cierto, hablando de medios, es una muestra notable de “lenguaje gestual” que El País, el día después de la huelga general, dé su página principal de opinión al Emilio Botín, para que ratifique el último mantra: “No hay plan B”).

Pero Rajoy no volverá a presumir, como hace unos meses, de que “le hacen” huelgas generales. Es verdad que no tienen plan B. Pero empiezan a temer a la resistencia social que se les enfrenta. Eso hemos ganado. Costará consolidarlo. Sería un crimen perderlo.

2. Si finalmente son las manifestaciones lo que cuentan, ¿qué sentido tiene la huelga general como tal? Pues todo el sentido. Para empezar, está claro que las manifestaciones forman parte de la huelga general y, fuera de ella, no habrían alcanzado ni de lejos los logros que se resumen en el punto anterior. Pero, sobre todo, la batalla por parar la actividad económica y reorganizar radicalmente la vida social, que son los objetivos naturales y específicos de una huelga general, sigue siendo un espacio de conflicto político fundamental entre “arriba” y “abajo”. Por eso hay que hacer balance de lo que ha ido bien y lo que ha ido mal en este terreno, los avances y los retrocesos, y tenerlos en cuenta para el futuro.

El 14N ha mostrado que hay “agujeros negros” que siguen sin resolverse: el principal, la banca. Es un claro símbolo de las debilidades del movimiento sindical que en una época de financiarización creciente de la economía, el sindicalismo de clase sea especialmente débil en la banca. Nos empezamos a habituar a que apenas incidan las huelgas en este sector. Quien le ha visto y quien le ve al sindicalismo bancario, que estuvo entre los más combativos, y con más fuerza de la izquierda sindical, en los 80. Lo trituraron política y moralmente desde dentro, con una responsabilidad particular de CC OO que tiene nombres y apellidos: María Jesús Paredes, que dirigió con mano de hierro la federación, y José María Fidalgo, su protector incondicional desde la secretaría general. Con cómplices de diverso pelaje, dentro y fuera del sindicato. Pero en fin, no es esto lo que toca hoy. Lo que toca es dar un campanazo de alarma; no podemos resignarnos a que banca sea un sector en manos del sindicalismo corporativo, cualquiera que sean sus siglas.

Comercio era otro de esos “agujeros”, pero parece que algo se ha avanzado en la huelga, voluntaria, del pequeño comercio. Por el contrario, la gran distribución sigue acorazada por las barreras de antidisturbios. No hay noticias de que se hayan producido acciones en la estela de las expropiaciones solidarias del SAT el pasado verano, ni cierres como el de El Corte Inglés de Bilbao el 26S. Ojalá, en todo caso, que haya tenido influencia la huelga de consumo, una gran iniciativa, que responde a objetivos muy presentes en las asambleas del 15M, y que puede dar una contribución importante al carácter y la extensión ciudadana de la huelga general.

Parece, en cambio, que se ha retrocedido en transportes, un sector que es la mejor prueba de las consecuencias dañinas de los “servicios mínimos”, cuando no son autorregulados sino establecidos por los gobiernos autonómicos, siempre con el objetivo de debilitar la huelga, no de garantizar servicios esenciales para la ciudadanía, que en muchos casos están siendo demolidos día a día por esos mismos gobiernos con las privatizaciones. Es un error que los sindicatos aparezcan pactando unos “mínimos” generalmente abusivos y sobre los que apenas tienen margen de negociación; ha hecho bien la CGT negándose a aceptarlos. Sería mucho mejor dejar que los imponga directamente la Administración… y luego ya veremos.

3. Hace unos días, los colegas de la televisión alternativa madrileña Tele K tuvieron la magnífica idea de incluir en un debate sobre la preparación del 14N, un video con el “apagón” de TVE a las 0h00 del 14 de diciembre de 1988, la más “general” de las huelgas generales del postfranquismo. El impacto simbólico del “apagón” fue enorme; a partir de él, nadie, adversarios o simpatizantes de la causa, tuvo la menor duda de que aquello iba a ser una huelga general.

No se trata de hacer comparaciones con la situación actual: son muy valiosos los “apagones” de varias televisiones autonómicas, aunque su impacto sea reducido. Está claro que entonces se apagó “la” televisión y ahora hay muchas opciones para el zapping.

Lo que me parece importante destacar es que el impacto de 1988 estuvo determinado porque mostró la fuerza y la legitimidad de la huelga frente a las normas establecidas. El “apagón” fue un acto ilegal /1, una insubordinación tan pacífica como potente, que desafiaba al poder y le ganaba, por un día, una de sus herramientas fundamentales, ante los ojos emocionados y/o perplejos de todo el país.

A mi parecer, éste es un buen ejemplo de que el sentido político de una huelga general no está fundamentalmente en el carácter de sus reivindicaciones. Está en que plantea, de una manera expresa o implícita, un conflicto de poder: durante un tiempo y en un escenario limitado se trata de ver quien manda. Por eso el resultado político de una huelga general se mide mal en términos cuantitativos, aunque esos datos tengan importancia /2. El dato fundamental es quien se ha debilitado y quien se ha reforzado políticamente, el movimiento huelguista o sus adversarios.

Los poderes establecidos lo han entendido bien y por eso son cada vez más coercitivos los mecanismos “reguladores” de las huelgas. El viejo movimiento sindical tenía el lema de que “la mejor ley de huelga es la que no existe”. Sabio lema, bien probado en la experiencia. Pero los consensos vinculados al Estado Social, reforzados por las prácticas contumaces de “diálogo social”, han ido creando una normativa cada día mas espesa en la que el control del poder político sobre el desarrollo de las huelgas ha ido creciendo y el movimiento huelguista ha ido renunciando a su derecho a la autorregulación. A esa normativa directa se le añaden los demás instrumentos de coerción anti-huelga del poder político y empresarial, desde la represión policial a las multas gubernativas, las amenazas de despido, etc.

Se busca así desactivar políticamente la huelga, impedir que consiga debilitar, que haga daño a los poderes establecidos. Por eso, para que una huelga general tenga éxito tiene que basarse en su propia legitimidad e, inevitablemente, chocar con la legalidad. Lo cual supone asumir riesgos importantes, individuales y colectivos (Gallardón anda ya preparando la artillería legislativa para penalizar duramente a partidos y sindicatos cuando convenga) y estar en condiciones de proteger a quienes los sufran /3.

Así están las cosas. No por casualidad en las grandes movilizaciones de octubre de 2010 en Francia, todas las señales de alarma del sistema y las mayores amenazas cayeron sobre la huelga de refinerías: una acción legítima, ilegal porque incumplía radicalmente “servicios mínimos” y llevó a las gasolineras al borde del desabastecimiento y que abría un nuevo y muy efectivo frente en la lucha por el control del transporte. No olvidemos, por cierto, que las centrales sindicales mayoritarias retrocedieron ante esta prueba de fuerzas. Y este retroceso terminó debilitando a todo el movimiento huelguista.

Creo que el conflicto legitimidad/legalidad debería incorporarse como una cuestión central, y de carácter práctico, en la preparación de las futuras huelgas generales. Lo que significa ahora mismo organizar un frente de rechazo eficaz contra toda la legislación antihuelga que se está cocinando entre gobierno y patronal, una protección contra las víctimas de la represión legal ya en vigor y también contra los que sufren la coerción patronal en el puesto de trabajo, invisibilizada, pero no por ello menos eficaz; estas amenazas empiezan mucho antes del día de la huelga y por tanto deberían tener respuesta también anticipada. Pero más allá de las tareas inmediatas, hay un desafío político que no se puede obviar: nada significativo puede conquistarse sometiendo la lucha social a los códigos legales. A su escala, esa es una de las lecciones de la lucha de las PAH.

4. En lo que no hay la menor duda de que ha habido un avance importante, que viene precedido de otros en el mismo sentido, es en la extensión social de la movilización. No cabe atribuir a un oportunismo de circunstancias que Toxo haya declarado que sin apoyos sociales la batalla estaría perdida. Otra cosa es que esta idea se traduzca mal en montajes como la Cumbre Social, basado en rodearse de afines, excluyendo a quienes tienen probada capacidad de movilización, pero no están dispuestos a hacer de firmantes de declaraciones pre-elaboradas y personal de relleno en fotos y tribunas.

La extensión social es, en realidad, la consecuencia de movimientos como las “mareas”, que se desarrollan en los núcleos de las agresiones a los servicios públicos esenciales, con autonomía, aprendiendo a resolver sus propios problemas y enseñándonos cómo afrontar los problemas compartidos (por ejemplo, con la incorporación de las APAs a las movilizaciones de la “marea verde”).

Esta extensión expresa también la maduración política del 15M que ha salido definitivamente del ensimismamiento que pudo amenazarle durante una etapa y, especialmente a partir de las movilizaciones de “rodea el Congreso” a finales de septiembre, ha asumido un papel de un “yo acuso” colectivo dirigido contra el régimen de la Transición. Hay que señalar también una buena sorpresa de última hora: el apoyo de EH Bildu a las manifestaciones convocadas el 14N por ESK, CNT, CGT y otros colectivos en las capitales vascas. Ya contarán los colegas de allá arriba sobre éste y otros signos de que pueden estar cambiando el enfoque de la izquierda abertzale respecto a movilizaciones de alcance estatal. Ya iremos viendo.

Se ha creado así una situación paradójica, en la que crece la indignación social, pese a la falta de expectativas políticas de cambios significativos en lo que se refiere a la ortodoxia económico-social imperante /4. Unas condiciones como éstas podrían, y aún pueden, conducir a la pasividad de la mayoría de la población. Pero por el momento, la indignación es mas fuerte que la resignación. Por el momento. Esto no durará eternamente. Los desafíos del “día después” son cada vez mas acuciantes.

¿Qué harán a partir de hoy mismo CC OO y UGT? ¿Seguirán con la gaseosa descorchada del referéndum? Quizás esa iniciativa podría haber tenido un papel hace unos meses, siempre que se hubiera enfocado con criterios de autoorganización, aprendiendo por ejemplo de la lucha contra la privatización del canal de Isabel II. Pero a estas alturas, no se le ve ningún futuro. Si se quiere una objetivo central contra la política del gobierno, ¿por qué no centrarlo en el rechazo al pago de la deuda, que sería además un magnífico objetivo para una nueva acción ibérica, o incluso más allá, con otros países europeos?

Lo que, en todo caso, tiene futuro es saber que el 14N se ha dado un paso adelante y que hay que preparar el siguiente, para que sea también otro paso adelante. Quizás ésta no es una perspectiva que entusiasme, pero es lo que hay.

Llevamos ya cinco años de crisis y van ganando ellos. No cambiará la situación de un día para otro. Pero hay indicios de cambio, aquí y allá, de muy distinta naturaleza: desde Syriza al 14N, pasando por las valiosas experiencias de la “marea verde”, y ahora la “marea blanca”.

Se trata pues de aprender de la experiencia, reconocer los problemas, trabajar para resolver lo que no ha funcionado…

Por ejemplo, fue un enorme error por parte de CC OO y UGT aceptar la reforma de las pensiones del gobierno Zapatero. Ahora, apoyándose en ella, Rajoy prepara una nueva andanada contra el derecho a una pensión digna, que un derecho fundamental de las personas trabajadoras. CC OO y UGT tienen una magnífica ocasión de rectificar. Sólo rectificando serían coherentes con el 14N.

Otro ejemplo: no ha funcionado muy bien la dimensión europea del 14N, aunque sin duda ha sido un paso en la buena dirección que ha debido provocar bastante inquietud en los salones de la Troika. Se ha quedado en una huelga ibérica (las noticias que llegan de Portugal son bastante buenas: amplia simpatía en la población; un impacto de la huelga parecido al de aquí, con mayor incidencia en los transportes públicos; manifestaciones menos masivas, pero la CGTP no tiene tradición de asociar las manifestaciones con las huelgas y si esta vez lo hizo contó mucho la presión del Bloco; por otra parte, hace sólo dos días hubo manifestaciones muy grandes contra la visita de Merkel…). Se puede entender que en Grecia el 14N no haya tenido gran repercusión, después de las huelgas de los días 6 y 7. Es más preocupante el impacto muy reducido en Francia y limitado a acciones de vanguardia en Italia. La CES echará sus cuentas triunfalistas de despacho. Pero estamos aún muy lejos de la huelga general europea. Y para organizarla hará falta mucho más que una fecha y un comunicado, que es todo lo que puede esperarse de la CES. Es una tarea urgente ir organizando herramientas adecuadas para avanzar en la convergencia de luchas sociales en el marco de la UE, utilizando todas las ocasiones que se presenten, incluyendo por supuesto las convocatorias de la CES.

Estamos lejos también, en lo que se refiere a la izquierda política, de ese “modelo Syriza” que parece irse depurando con el tiempo de los usos oportunistas y quedarse en lo fundamental: la necesidad de construir alternativas unitarias de izquierda que rompan el corsé bipartidista y creen expectativas de cambios radicales y fiables en la sociedad.

Esta necesidad no es un horizonte a largo plazo; es una cuestión de política actual. La presencia o la ausencia de una alternativa de este tipo, sus respuestas a los problemas concretos que enfrentamos, influye en el desarrollo de las luchas sociales que son ahora necesarias. No habrá el cambio que se necesita en las relaciones de fuerzas sociales, sin que haya un cambio en las relaciones de fuerzas políticas de la izquierda. Son procesos imbricados, pero relativamente autónomos, con tareas y responsabilidades específicas en cada espacio.

Por cierto, como estamos en tiempos de solidaridad ibérica, quizás no haya que ir tan lejos a buscar referencias, y convenga prestar más atención al Bloco de Esquerda, que lo tenemos ahí al lado.

15/11/2012

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Notas

1/ De hecho sus responsables se arriesgaron a sufrir sanciones muy graves Finalmente las retiraron; también aquí se mostró la fuerza de aquella huelga.

2/ Los serios, claro, que reflejan, cuando se miden bien, porcentajes de seguimiento por sectores o territorios; el consumo de energía parece un indicador muy confuso y fácilmente manipulable, aunque ya contamos con algunos cálculos fiables: http://daniloalba.blogspot.com.es/2012/11/estimacion-del-impacto-en-el-consumo.html

3/ Un asunto complicado. Las acciones tipo comando en las inmediaciones de Neptuno, (y otro tanto puede decirse de las que han sucedido en otros sitios, con especial incidencia en Barcelona) que cuentan con repercusión mediática asegurada, no sirven a los objetivos de la huelga desde ningún punto de vista razonable. Por eso son terreno abonado para los cada vez mas abundantes infiltrados de la policía. Por el contrario, despiertan admiración los centenares de manifestantes, la mayoría muy jóvenes, sentados tranquilamente a sólo unos metros, ante los cascos de los antidisturbios que podian cargar en cualquier momento. No hay que valorarlos igual, pero ambos forman parte del repertorio de acciones presente en los movimientos actuales, aquí o en Grecia. En la medida que se incremente la brutalidad de los antidisturbios, y en esa línea va el Ministerio del Interior, las reacciones violentas de sectores del movimiento serán mas frecuentes. Intentar mantener abiertas vías de diálogo con quienes las realizan es difícil, pero no imposible. Hay que intentarlo: la desobediencia civil pacífica tiene buenas razones concretas y prácticas, sin entrar en otros terrenos, a su favor.

4/ Las elecciones pasadas en Galiza y la Comunidad Autónoma Vasca, y las próximas en Catalunya, plantean otro tipo de problemas en los que no voy a entrar.





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