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In memoriam
Encuentro con “el Moro” en la España franquista de 1972
28/01/2014 | Daniel Bensaïd

Para quienes le han conocido, reproducimos un pasaje del libro Une lente impatience

(Una lenta impaciencia) de Daniel Bensaid, en el que este evoca su primer viaje a la España franquista en 1972 y su encuentro con el “Moro”, Miguel
Romero Baeza, fallecido el 26 de enero de 2014. “

Que la tierra te sea leve”: con estas palabras concluyó el homenaje de Moro a Daniel en la Mutualité de París el 24 de enero de 2010 /1, y hoy se las dedicamos a ambos en recuerdo de su larga amistad. Site Daniel Bensaïd

[…] En Semana Santa [1972] hice mi primer viaje clandestino a Barcelona. De madrugada, los nombres de aquellos pueblos catalanes desfilaban como tantos
otros lugares frecuentados por los personajes fantasmales de los Siete domingos rojos de Ramón Sender, o de las novelas de Arturo Barea o Juan
Marsé. Armado con un manual de español en 90 lecciones y algunos ejemplares de Mafalda, traté de reavivar mis recuerdos de la conjugación latina y
de aclararme con el uso de ser y estar. Cuando el Talgo atravesó en el alba gris las pequeñas estaciones de Massanet y de Fornells,
saludé la memoria de Francesc Sabaté Llopart, quien el 6 de enero de 1960 paró en esta estación, pistola en mano, el tren de las 6.20 con destino a
Barcelona. Combatiente de retaguardia de una guerra perdida, herido, fue abatido en Sant Celoni. Su odisea figuraba en Les Bandits, de Eric
Hobsbawm, que acababa de publicar Maspero.

Yo estaba citado en un oscuro bar del Passeig de Gràcia, frente a la casa de Gaudí. Salido directamente de las páginas de L’Espoir, un pequeño
bigotudo se me presentó diciendo que se llamaba “Agustín”. Era un joven obrero metalúrgico, de tez morena y aspecto tiñoso, que recordaba a las figuras que
aparecen en las fotos de actualidad de mayo de 1937, vestidas con un mono azul y una gorra, el cigarrillo entre los labios y el dedo en el gatillo,
defendiendo la Telefónica de la Plaça Catalunya.

Nuestro cónclave discreto tuvo lugar en un barrio popular de l’Hospitalet de Llobregat. Esas reuniones tenían entonces cierto aire festivo. La mayoría de
los camaradas vivían en las catacumbas de la clandestinidad. Así, Jesús Idoyaga, ”Petxo“, estuvo recluido durante un año en un piso de Pamplona, desde
donde escribía la prensa clandestina de ETA-VIª. La organización le procuró generosamente una bicicleta estática para que se mantuviera en forma y gastara
su energía desbordante (después de la huelga de hambre en Baiona, Petxo se zampó pantagruélicamente, para nuestro espanto, una buena veintena de chuletas).
Las reuniones brindaban entonces la ocasión para cálidos reencuentros y desahogos amistosos. Los asistentes intercambiaban mil anécdotas. Se informaban del
menor signo de rebelión contra el régimen. Se sentaban alrededor de la chimenea donde se asaban butifarras que rezumaban grasa. Enrique, hijo de
campesinos catalanes y de hablar pausado, era el alma del grupo/2.

En esa reunión pascual de 1972, los madrileños brillaron: preparaban un 1º de mayo histórico, inspirado en tácticas de movilización experimentadas en
Francia, con citas previas, recorridos cronometrados, grupos móviles y cócteles mólotov. Era una operación audaz, y a pesar de las detenciones fue todo un
éxito. Tras la represión de 1969 contra el movimiento estudiantil, fue la confirmación del nuevo ascenso de la combatividad y representaba una (modesta)
victoria moral.

Quien expuso el plan de batalla se presentó con el nombre de Moro. Nacido en Melilla, tenía la cabeza de ave rapaz, el verbo afilado y un gran sentido de
la eficacia. Con los años nos hicimos los mejores amigos del mundo. En 1973, tras una ola de detenciones en Madrid (nuestro aparato, el “apa”,
prácticamente nunca duraba más de un año), la dirección de la LCR-ETA-VIª (devenida sección de la IVª Internacional en el Estado español tras la fusión
entre la Liga y ETA-VIª) tuvo que trasladarse a Barcelona. El Moro compartía vivienda con dos camaradas vascos, Petxo y Xirri, un piso próximo al barrio
popular de Poble Sec y al Molino. Cuando daban por televisión un partido del Atlético Bilbao, la revolución mundial suspendía su paso de cigüeña. De la
nevera salían cervezas heladas y nosotros formábamos una alegre tribuna, cantando “¡At-lé-ti-co! ¡At-lé-ti-co!” para celebrar las jugadas
de un equipo que era 100 % vasco y algunos de cuyos jugadores (como el portero Iríbar) eran conocidos simpatizantes de ETA.

Antes de tomar el tren de vuelta, pasé las últimas horas paseando por los alrededores del hotel Falcon, sede legendaria de la dirección del POUM en 1937,
siguiendo las huellas del personaje perdido de Al margen, de Mandiargues, y degustando en la Plaça Reial unos churros saturados de
aceite, acompañados de horchata de chufa.

2004

http://danielbensaid.org/L-histoire-nous-mordillait-la?lang=fr

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/
Véase en Europe Solidaire Sans Frontiéres (artículo 16312),
El Bensa — Daniel Bensaïd
.

2/

Durante mis estancias en Barcelona me alojé en casa de una joven pareja de militantes. Ella estaba embarazada, y cuando nació el bebé le pusieron de
nombre el que era entonces mi seudónimo, Jebrac. Este nombre, que me habían puesto sin que yo lo hubiera elegido, no constaba desde luego en ninguna
nomenclatura del registro civil. Así, un pequeño catalán recibió ese nombre exótico de leves resonancias gasconas. Nunca me encontré personalmente con
ese niño desconocido. Murió en 2003, a la edad de 30 años, en un accidente de moto.

Extracto de “Une lente impatience”, capítulo VIII, colección “Un ordre d’idées”, éditions Stock, abril de 2004.



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