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Entrevista a Paul Delmotte
Las “Primaveras árabes” y la crisis en Siria
14/02/2014 | Jean-Marie Chauvier

¿Piensas que la iniciativa rusa a favor del desmantelamiento del arsenal químico sirio era una maniobra de dilación a favor del régimen de Bachar al Assad, al mismo tiempo que una ocasión que se le ofrecía a Barak Obama para salir del atolladero?

Efectivamente, pienso que fue una maniobra de dilación. Hoy parece claro que el 31 de agosto, cuando Obama anunció por teléfono a Hollande que iba a demandar primero el aval del Congreso, estaba previsto lanzar ataques franco-americanos. Y se puede afirmar también que desde la batalla de Qoussayr, a comienzos de junio, el ejército lealista estaba ganando terreno de forma clara. Y lo continúa haciendo, recuperando Qara en noviembre, en la carretera Damasco-Homs y partes de la Ghouta, alrededor de Damasco. También ha logrando liquidar a varios jefes rebeldes.

Así pues, ¿habríamos vuelto a la situación anterior?

No necesariamente. ¿Hay que calificar, como lo hace François Burgat en la entrevista que le habéis hecho, la proposición rusa de “grosera maniobra” y tildarla por adelantado de “perfectamente ineficaz”? No iré hasta ahí. El hecho de que el 26 de septiembre tanto Rusia como China hayan aceptado una resolución sobre la destrucción del arsenal químico sirio no parece valadí. Pienso que con ese voto los “amigos” del régimen de Damasco indican también que toman en cuenta la realidad y la necesidad de reducir las tensiones. Creo, asimismo, que se puede hacer la hipótesis de que el aliado iraní, decidido a favorecer una “apertura” hacia los occidentales, haya empujado en esa misma dirección. Lo que, más tarde, parece confirmar la apertura de Teherán y el acuerdo intermedio obtenido por Hassan Rohani del Grupo 5+1. Ya tampoco es un secreto que la cuestión siria estaba también en el menú de las negociaciones sobre lo nuclear iraní.

Dicho esto, no es seguro que el pesimismo de Burgat sea excesivo.

¿Por qué?

Porque, de una parte, parece claro que Damasco ha aceptado ceder sobre sus armas químicas a cambio de otras ventajas que le procura el texto americano-ruso. El lo que parece confirmar el comienzo del desmantelamiento de su arsenal químico por los equipos de la Organización para la prohibición de las armas químicas (OAIC) y el hecho de que, Lakhdar Brahimi (enviado especial de las Naciones Unidas y de la Liga Árabe) dixit, Damasco haya proporcionado el inventario completo de ese arsenal. Ahora bien, ¿basta esto para garantizar la continuidad de la negociación? Para volver a la “maniobra de dilación”, la “resolución vinculante” votada por unanimidad en el Consejo de Seguridad el 27 de septiembre no es ciertamente suficientemente vinculante, en cualquier caso a ojos de los franceses. En efecto, la resolución no se "basa en el capítulo VII” como reivindicaba Fabius. Los “aliados árabes” de la rebelión siria y la propia Coalición Nacional siria no se dejan engañar: no hay evocación de un alto el fuego ni calendario de negociaciones. Se olvidan, al parecer, el establecimiento de una zona de exclusión aérea y el enjuiciamiento de Bachar Al-Assad... Igualmente, la resolución no hace ninguna referencia al Tribunal Penal Internacional (CPI). En fin, recientemente, a comienzos de diciembre 2013, Bachar Al-Assad ha declarado que “conduciría el periodo de transición”. Lo que significa también que se siente de nuevo con el viento en popa, pero es un mal augurio sobre las eventuales negociaciones de Ginebra II que anteriormente había afirmado aceptar sin precondiciones.

¿Y por qué Bachar Al Assad no sería “interlocutor” si se confirma que sigue teniendo el apoyo de una parte del pueblo sirio? Si no se le quiere como interlocutor, ¿con quién se podría negociar el fin de la guerra? Por otra parte, ¿no es preciso que entre ellos también, los anti Assad negocien? ¿No estamos en una partida con múltiples actores?

¿Es una cuestión de personas? La rebelión ya había dicho estar dispuesta a aceptar como interlocutores a miembros del régimen juzgados como “moderados”, como Farouk al-Chareh, el Ministro de Asuntos Exteriores que ha sido descartado por el régimen en julio. Había -o al menos ciertas tendencias en su seno- propuesto también negociaciones condicionadas a liberación de detenidos. En cuanto a Bachar, incluso si no se puede negar que su persona haya sido objeto de una demonización, incluso si es imposible distinguir entre lo que le corresponde en los actos de represión y lo que corresponde a su entorno, en mi opinión es comprensible que la oposición se niegue a juzgarle como un “interlocutor válido”. Me parece evidente que aún dispone del apoyo de una parte de la opinión, pero ¿de qué parte? Aparte de las cifras de la demografía confesional del país, no pienso que se disponga de sondeos que permitan responder a esta pregunta. En fin, pienso que las negociaciones deben hacerse entre instituciones más que entre personas. Y tienes razón en decir que también la oposición está dividida. Incluso cada vez más. Pero este proceso no juega a favor de las negociaciones.

Ahora bien, si este plan ruso o ruso-americano fracasa, ¿ volverá de nuevo a ser prioritaria la opción militar para los Estados Unidos, Francia, los demás países occidentales y Turquía? ¿Con el riesgo de un enfrentamiento con Rusia?

Si este plan fracasa, se volverá sin duda a la situación precedente. Con la diferencia, importante, de que mientras tanto la rebelión, como acabo de decir, se ha debilitado mucho, está más dividida y, aparentemente, más radicalizada en beneficio de los yihadistas.

Por otra parte, en caso de que fracase el plan ruso-americano, normalmente habría que votar una nueva resolución. De nuevo con el riesgo de un veto de Moscú y de Pekín. Además, como he evocado, no habría que ceder a un exceso de optimismo. El riesgo de fracaso está lejos de ser mínimo. La OAIC, encargada de organizar el desmantelamiento y la destrucción del arsenal químico sirio, ha anunciado que el desmantelamiento propiamente dicho no comenzaría más que a mediados del año que viene. Quién sabe lo que puede ocurrir hasta entonces... Además, ¿bastará con la acción de la OAIC? En cualquier caso, Fabius duda de ella. Y la OAIC misma declara que su presupuesto es insuficiente para una operación así. Por otra parte, ese arsenal está estimado en más de 1000 toneladas, de ellas 300 de gas mostaza, que no están evidentemente depositadas en un único lugar. Y, probablemente, todo el proceso de localización, de desmantelamiento y de destrucción va a dar lugar a más negociaciones sin fin.

En fin, no hay que descartar las posibilidades de actos relacionados con el “terrorismo de desestabilización”.

Dicho esto, me parece dudoso que, incluso en caso de fracaso, se llegue a un enfrentamiento “físico” con Rusia.

Vale, volvamos a las perspectivas de negociación. ¿A qué juegan los Estados Unidos?

En eso tengo muchas dudas sobre la historia de hadas que nos han contado. La de la alusión de John Kerry cogida al vuelo por Serguei Lavrov. Pienso -y me pregunto por qué muy pocos medios se hayan planteado esta cuestión- que es algo cogido con alfileres. Básicamente, hacía ya un tiempo que los polacos habían lanzado la idea de un desmantelamiento de ese arsenal químico bajo los auspicios de las potencias, y probablemente se discutía sobre ello entre pasillos. En realidad, yo pienso que esto le venía muy bien a B. Obama, que no sabía ya como librarse de su “línea roja” y contemplaba con aprensión tener que “salvar la cara”. Es la razón de que, por otra parte, haya subordinado su decisión al aval del Congreso. Es verdaderamente un ejemplo de “sujetadme, o voy a hacer una barbaridad...”.

Recordemos también que John Kerry había hecho saber que no insistiría en una resolución “basada el capítulo VII”, rechazada por los rusos. En cuanto a los franceses, acogiendo la decisión común de Moscú y de Washington como un “paso adelante”, como dijo Fabius, pienso que han tomado acta de las alegrías del “leading from behind” e intentan esencialmente negar un revés flagrante y ser admitidos en las discusiones de los grandes.

Como escribe François Burgat en su último libro, consagrado a Siria/1, la resolución 2118 ha “ofrecido sobre todo una hermosa puerta de salida a los occidentales”, inquietos de ver caer las armas químicas en manos de Hezbolá o de grupos islamistas de la oposición siria. Es un poco como si hubiera cambiado las armas químicas por una intervención, independientemente de la la intensidad que se le quisiera dar.

Pienso pues que Le Monde no se equivoca cuando escribe que esta resolución 2118 aparece como “el más bonito de los sálvese quien pueda” para Damasco y hace de nuevo de Bachar Al-Assad un “interlocutor” para eventuales negociaciones.

Dudaría en citar a Le Monde, es un periódico francamente belicista, es prácticamente la línea del belicista Bernard Henri Levy

Se que Le Monde comparte hoy el consenso de la casi totalidad de la intelectualidad francesa en favor de las intervenciones en Malí y, un poco menos sin embargo, en la República centroafricana. También puedo constatar que ese periódico, que leo desde hace más de cuarenta años, no se sitúa ya exactamente en el “centro-izquierda” como se decía entonces. Sin embargo, ¿hay que calificarlo de “belicista” como cuando al comienzo de campaña debido a la investigación de sus periodistas sobre el recurso a las armas químicas en Siria? Personalmente Le Monde encuentro aún a menudo informaciones que permiten poner en cuestión el discurso dominante que impregna su mensaje general.

Se atribuye a las vacilaciones occidentales el miedo a que, más que el régimen actual, si las sectas apoyadas por Qatar, Arabia Saudita y Al-Qaeda toman la dirección, hundan a Siria en un caos incontrolable, por no hablar de los riesgos de extensión de la guerra a toda la región

No hablaría de “sectas”. Aún si las organizaciones yihadistas que actúan en Siria son de un sectarismo innegable, el término no es adecuado para organizaciones que son ante todo políticas. Hay que desconfiar del prisma religioso... Y, a fortiori, el término no puede aplicarse a los Hermanos Musulmanes sirios. Dicho esto, los riesgos de un caos generalizado y de una extensión del conflicto más allá de las fronteras sirias es evidente. Es ya el caso en Líbano, incluso si en mi opinión las cosas no son irreversibles. Es, por otra parte, una de las razones de la “reserva” estadounidense.

Por otra parte, parece que recientemente, desde finales de junio, Qatar ha puesto en sordina sus ambiciones tras la evicción del emir por su hijo.

Rusia no defiende solo sus lazos tradicionales con el régimen sirio, sino que preserva sus intereses petroleros en la región y, más lejos, en la cuenca del Caspio, donde los intereses rusos, turcos e iraníes están en rivalidad, precisamente cuando las grandes compañías y los Estados Unidos desarrollan allí sus proyectos de exportación petrolera fuera de las redes rusas

Como toda gran potencia, Rusia, hoy potencia capitalista, practica la realpolitik y defiende sus intereses. Es evidente. Intereses petroleros, pero también geopolíticos: Tartous sigue siendo su única base en el Mediterráneo y todos han subrayado el “síndrome libio” que anima a la política rusa: Vladimir Putin quiere poner un freno al picoteo de las zonas rusas al que Occidente procede desde 1991 así como al régimen de intercambios favorables a Washington.

Por resumir: la llave de la evolución se encuentra en Irán, aliado del régimen sirio. Y si éste cae, Irán estará a su vez en peligro. ¿No es ahí, y no solo en Siria, donde se encuentra el corazón de lo que está en juego en esta crisis internacional?

Pienso que Irán es efectivamente la clave. Debilitar Siria, es debilitar Irán y, de paso, Hezbolá. Evidentemente es un dato que no escapa a los occidentales ni a Israel. Pero hay otros aspectos. En lo que se refiere a Siria, debilitar no significa “derrocar”. Sobre todo pensando en las consecuencias, locales y regionales, que tendría una caída del régimen. Más aún, están también las posibilidades de disensiones sirio-iraníes, que podrían ser explotadas. Estoy pensando en el nuevo curso que parece insuflar Hassan Rohani a la diplomacia iraní. Estas disensiones no son imaginaciones mías, aunque a veces estén ocultas tras una visión en términos religiosos y una fijación en la “solidaridad chiíta”. Ya existieron antes: ¿no se escribió que las revelaciones a propósito de un tráfico de armas con destino a Irán que debían financiar a la Contra nicaragüense y que llevaron al Irangate, provenían de una “fuga” intencional, vía la prensa libanesa, de... Hafez Al-Assad, cuando éste estaba en desacuerdo con su aliado iraní a propósito -ya- de sus tentativas de acercamiento a Occidente?

El otro aspecto es el mosaico de comunidades en equilibrio que corre el riesgo de hundirse debido a la guerra impulsada por las potencias y las poderes sunitas contra las chiítas (y otras, como alauitas en Siria) y los cristianos. ¿Se puede decir que en la articulación con los temas geoestratégicos, esta guerra sunita-chiíta, interna al islam, es una de las claves de la redistribución de las cartas en el conjunto del mundo musulmán de Oriente Medio?

Como en Líbano, como en Irak, el mosaico comunitario sirio es un hecho. Dicho esto, pienso que hablar -desgraciadamente cada vez ocurre más- de una guerra entre un “arco chiíta” y un “bloque sunita” o de una “guerra llevada a cabo por los sunitas contra los chiítas y los cristianos” puede resultar muy reductor. En mi opinión se trata de una “fractura imaginaria” como subrayan oportunamente algunos artículos recientes. “Imaginario” no quiere decir, por desgracia, que no trate de realidades. Y de forma nociva. “Imaginario” porque, una vez más, es lo religioso lo que aparece como el prisma de lectura principal, lo que es característico del orientalismo en el sentido, entre otros, de Edward Said. Pienso que esta fractura que está, desgraciadamente, profundizándose a riesgo de no poder ser cerrada, es eminentemente sociopolítica y socioeconómica. Comparto aquí las ideas de Jean-Pierre Filiu (al que entrevistaba recientemente Pascal Fenaux en Points Critiques) para quien el conflicto sunita-chiíta es un “prêt-à-pensar -un storytelling por tanto- que, igual que el espantajo de Al Qaeda, permite evacuar las situaciones concretas a fin de aplicar en todas partes los mismos esquemas explicativos”.

En efecto, se olvida que una de las primeras “primaveras árabes” que fue duramente reprimida ocurrió en Bahrein, donde fue aplastada por contingentes sauditas y del Consejo de Cooperación del Golfo. Y que Arabia Saudita y Kuwait también han conocido manifestaciones. Creo por tanto que las petro monarquías, autócratas igual que los dictadores derrocados por las “primaveras árabes”, han sentido también que se les movía el suelo. Constatamos en cualquier caso que todos los ingredientes de las “primaveras árabes” -jóvenes diplomados sin empleo, malestar en favor de reformas, redes sociales...- están también presentes en Arabia Saudí. Así, es Ryad quien ha presentado como un conflicto confesional lo que en Bahrein es en realidad un conflicto social, incluso si los chiítas forman el 70% de la población del emirato en el que constituyen, precisamente, las franjas más desfavorecidas.

En fin, la tesis de una “guerra entre sunitas y chiítas” no puede explicar el aura del que gozaba aún hace poco Hezbolá en el conjunto del mundo arabo-musulmán. Ni el apoyo iraní, hasta hace poco, al Hamás palestino, indudablemente sunita. Ni las buenas relaciones de Teherán con Dubai y Oman... Por otra parte, ¿ Irán ha apoyado a Hezbolá solo por “fraternidad chiíta” o también para romper su aislamiento de los años ochenta y estar de alguna forma presente en el frente antiisraelí? Inversamente, Hafez Al-Assad, el “laico”, ha concluido una alianza -”sacrílega” a ojos del nacionalismo árabe- con la República Islámica iraní en nombre de un chiísmo compartido desde hace poco. Recordemos que hasta el comienzo de los años setenta, los alauitas no eran reconocidos como chiítas. ¿Es Al-Assad padre quien lo ha arreglado? Filiu dice también que los alauitas son al chiísmo lo que los mormones al protestantismo... En cualquier caso, la alianza sirio-iraní que actualmente muchos quieren explicar por una afinidad confesional un poco sacada por los pelos, se explica ante todo por una voluntad, entonces compartida, de coger a Irak entre tenazas.

En fin, la llegada al poder en Irak, gracias a G. Bush, de un gobierno “chiíta” cercano a Irán, ha suscitado fuertes temores en las petromonarquías en las que, además, viven fuertes minorías chiítas. ¿Qué decir también de las múltiples disensiones tanto en el seno del chiísmo como del sunismo?

Volvamos a Siria. Entre nosotros se habla mucho de ese país, cuando en realidad no se conoce mucho de él. ¿Qué tipo de sociedad es la siria? No hablo aquí tanto del aspecto comunitario y religioso, sino de la realidad social. Se ha dicho que Siria era un país “pre OMC”, aún no integrado en la “mundialización”, y que el régimen, lejos de ser resistente a esta “mundialización”, había acelerado la liberalización económica e intentado mejorar sus relaciones con los Estados Unidos. Se ha dicho también que esta liberalización había aumentado las diferenciaciones sociales que estaban en los orígenes de las primeras revueltas. ¿Es una explicación válida para ti, hay una dimensión social, “de clase”, en las revueltas iniciales, antes de que intervinieran los grupos exteriores?

Pienso que aquí, tanto los “pro-régimen” -confesos o de facto- como quienes le odian y aspiraban aún ayer a una intervención cometen, cada uno de ellos por razones propias, el mismo error. Hablar de “régimen Assad”, de “régimen baasista” o sencillamente del poder en Siria sin periodizar te hace incapaz -en el caso de que se desee- de percibir las diferencias, en primer lugar, entre el período Assad padre y los poderes baasistas que le precedieron y, en segundo lugar, las diferencias entre los reinados del padre y del hijo. Focalizar todo en la ausencia de democracia y las violaciones de los derechos humanos aquí o allí contribuye también a este anacronismo.

En otra parte, me he arriesgado a una comparación de las trayectorias políticas de un Hafez Al-Assad y de un Huari Bumedián. En particular entre el “reajuste revolucionario” del coronel y ministro de defensa argelino, y la “rectificación” emprendida en noviembre de 1970 por el general -y también ministro de defensa- Hafez Al-Assad. Lo hice para recordar que ambos golpes querían poner fin a un período que provocaba “desorden”: la agitación romántico-revolucionaria del período Ben Bella; la de los “izquierdistas” del Baas en Siria. Con Assad-padre igual que con Bumedián, es el “pragmatismo” el que pasa al puesto de mando. Con dos nuevos “hombres fuertes”, es también el ejército el que se instalará en el primer plano. Y, ambos vigilarán para hacer de su país un Estado que cuente en el plano internacional: Assad senior, “el Bismarck del Próximo Oriente” hará de Siria un “interlocutor insoslayable” en la escena regional e internacional. Bumedián llevará a Argel al rango de los tenores del “Nuevo Orden Económico Internacional” y se esforzará, con su apoyo a los saharauis, por hacer de su país un “grande” en el Magreb. En fin, ¿cómo no ver también las similitudes que provocará la desaparición de los dos hombres? En la Argelia de 1988, la Primavera de Argel será tan efímera como la Primavera siria anunciada por Bachar Al-Assad el año que siguió a la muerte de su padre en 2001.

Otros hacen un paralelo semejante entre Siria y Argelia, en las que ven dos países opuestos a la hegemonía americana, incluso -y por esta misma razón- condenados uno tras otro a sufrir tentativas de “cambio de régimen”

Es el momento de evocar lo que Georges Corm llama las dictaduras militares nacionalistas, laicizantes, socializantes y “desarrollistas”, favorables al “neutralismo positivo” inaugurado en Bandung en 1955. Llegados al poder (salvo Irak que no volverá más que en 1958 y Argelia tras 1962) como consecuencia del shock provocado por la Nakba de 1948, esos regímenes miraban “naturalmente” hacia la URSS. Fase siguiente en la periodización de Corm: la que se emprende impulsada por un segundo traumatismo: la “Guerra de los seis días” de junio de 1967. Se abre entonces la era de los “multimillonarios del petróleo” que “aparecieron” en los países del Golfo. Progresivamente, los regímenes hasta entonces “prosoviéticos” vencidos en 1967 se ven forzados a tener en cuenta la evicción progresiva de la URSS de la escena árabe. Empujados a abrirse a los capitales occidentales, gracias entre otras cosas al maná financiero proveniente de las petromonarquías hacia los “países del frente” (contra Israel), esos regímenes pasarán de un discurso panarabista a un nacionalismo firme y puntilloso. Y sustituirán pronto -más o menos según los casos- los valores “socialistas” por los de un islam tradicionalista. Ciertamente, es menos en el caso de Siria, pero, cosa significativa, la nueva constitución promulgada en 1973 por el muy laico Baas proclama que el islam debe ser la religión del jefe del Estado. En fin, esos países conocerán desde el interior -y sin que se perciba siempre de forma clara- una evolución que verá instaurarse, dice Corm, “complejos militaro-mercantiles”, es decir, una tipo de ósmosis entre élites militares en el poder y “nuevos multimillonarios” del petróleo o de otros sectores. Lo que los argelinos llamarán más tarde la “mafia politico-militar”- que permitirá, con la ayuda de la liberalización económica, un aumento cada vez más evidente de la corrupción. Citemos a Samir Amin: el régimen baasista de Siria “se ha sumado al campo del neoliberalismo como los demás” (regímenes militaro-mercantiles). Y “el desastre social que ha resultado de ello ha provocado las mismas consecuencias que en otras partes”... Otro efecto de estas evoluciones: una “hogra” como dicen los argelinos, una arrogancia despectiva cada vez más clara hacia las capas populares y sus aspiraciones. Señalemos aquí que los dramáticos acontecimientos de Deraa, a mediados de marzo del 2011, cuyo papel se puede difícilmente negar en el desencadenamiento del levantamiento en Siria, parecen muy reveladores de una tal “hogra”, incluso si el comportamiento de las autoridades locales destituidas posteriormente -la tortura de los chiquillos y el burlarse de sus padres-, no debe impuitarse forzosamente el régimen en su conjunto.

¿Cómo percibes al régimen sirio?

Yo le calificaré, “a la argelina”, como de una “mafia político-militar”, adornado con una buena dosis de nepotismo y de amiguismo y en el que me parece aberrante ver aún un último bastión de la resistencia antiimperialista.

Hafez Al-Assad se cuidó mucho de poner a Siria al abrigo de todo “aventurerismo” frente a Israel al rechazar (preludio a su toma de poder dos meses más tarde) el prestar apoyo a los fedayin palestinos masacrados por el ejército jordano en el Septiembre negro. Y actuando de tal forma que tras la guerra de octubre de 1973, ni un solo disparo fuera hecho desde el interior de la frontera siria. Más aún: ¿quién negará que en 1976, fue con la bendición de Washington y la, llena de “líneas rojas”, de Tel-Aviv, como la tropas de Hafez Al-Assad aplastaron en Líbano a quienes se llamaba entonces los “palestino-progresistas” que estaban a punto de ganar a la así nombrada “derecha cristiana”? Una intervención que permitirá además a las Fuerzas Libanesas (falangistas) perpetrar, los días 14 y 15 de enero de 1976, la masacre de los refugiados palestinos de La Quarentaine en Beirut: 2.000 muertos. Y no hablemos de la “guerra de los campos” llevada a cabo por Amal contra los campos de refugiados palestinos de Líbano con la bendición de Damasco.... Alí Khamenei mismo habría dicho a finales de noviembre de 2008 al presidente libanés que la política siria hacia Israel fue ¡“una traición a lo largo de los últimos treinta años”!

Por otra parte, “pre-OMC” o no, la “mundialización” llegó claramente. Pocos observadores subrayan que el levantamiento sirio actual procede ciertamente de una represión feroz pero, también, de las consecuencias sociales debidas a esa mundialización. Es también en este marco en el que una visión demasiado “confesionalista” de los acontecimientos puede ser fuente de confusión: detrás de la oposición “sunita” hay también una parte del mundo de los negocios sirio. Ese mismo mundo de los negocios sunita tiene por otra parte representantes en el entorno del régimen. Por otra parte, “la apertura” económica, que Bachar Al-Assad amplió, ha exacerbado seriamente los contenciosos ciudad-campo que Siria conoce desde su independencia y que su padre había intentado remediar. La infitah (apertura neoliberal) realizada por Bachar Al-Assad habría conducido en efecto, como en otro tiempo la de Sadat, a un empobrecimiento dramático de las clases medias. El porcentaje de los sirios que viven bajo el umbral de la pobreza se habría triplicado entre 2000 y 2010. Hoy, la mayoría del movimiento insurreccional sirio estaría constituido por miembros de las “clases medias” marginadas y de los desheredados de la ciudad y del campo así como, igual que en las demás “primaveras árabes”, por jóvenes-diplomados-sin-empleo. Así, en diciembre de 2011, habrían tenido lugar una serie de huelgas generales y las autoridades despidieron a más de 85.000 trabajadores, cerrando unas 187 fábricas. Aunque esta información se haya demostrado exacta, ha sido particularmente poco repetida: cosa lógica por parte de la prensa “bienpensante”, pero mucho menos de la parte de los “contrainformadores”...

Para terminar diré , y da pena decirlo, que libros como el de Souheil Belhadj o el dirigido por Baudouin Dupret/2 han sido mucho menos leídos entre nosotros que un cierto opúsculo intensamente difundido “entre la izquierda”...

La presentación de los acontecimientos en Siria en nuestros medios ha evolucionado mucho desde hace algunos meses. En un primer momento, se trataba de una revolución o de levantamientos populares aplastados por el régimen de “Bachar”. Algunos pocos comentaristas evocan una “guerra civil” e “intervenciones exteriores”, pero son considerados como propagandistas del régimen sirio, por tanto no creíbles. En un segundo momento, se habla ampliamente de “guerra civil”... Dos preguntas: primero, sobre los medios, ¿cómo explicas este cambio? Y luego, mirando a lo que ocurre sobre el “terreno” ¿como definir lo que ocurre verdaderamente en Siria? ¿Revolución, guerra civil, o qué?

Cada cual tiene su propia percepción de la cobertura mediática y de su evolución. Por mi parte, de la forma en que ves las cosas, haría algunas precisiones. Primera, también me parece discernir esta evolución según la cual desde el acuerdo ruso-americano de septiembre pasado los medios hablan menos de “levantamiento popular” y más de “guerra civil”. Segundo, distinguiría entre quienes hablan de “guerra civil” y quienes son “considerados como propagandistas del régimen”. En efecto, a éstos no les gusta hablar de “guerra civil” y prefieren señalar con el dedo a “terroristas” venidos del exterior, a los que se enfrente un régimen legítimo que tiene numerosos partidarios. En fin, por lo que se refiere a la evolución evocada, diría que los medios main stream se adaptan. Han comprendido que los occidentales probablemente no intervendrán y de alguna forma se resignan a ello. A partir de ahí, continuar hablando de “levantamiento popular”, es hurgar en la herida: un levantamiento popular contra un régimen odiado, eso es algo que merece una ayuda. Por el contrario, “guerra civil”, es algo que parece “sucio”, con atrocidades por las dos partes -como es el caso- y por tanto, obliga menos a tomar partido. Vemos también la forma en que aparece Bachar Al-Assad después de la destrucción de vectores susceptibles de transportar armas químicas: ¡ya no existe la demonización a la que estábamos acostumbrados!

Por lo que se refiere a cómo definir ahora, si es posible, lo que ocurre, diré que hay, ha habido, “levantamiento popular” en la onda de las denominadas “primaveras árabes”. Y continúo creyendo que frente a esto el término “revolución”, en un sentido marxista, es bastante exagerado. Por el contrario, pienso que se trata claramente de una guerra civil entre, de una parte, un régimen y su ejército apoyados más o menos por una parte de la población y, del otro, grupos armados de todo tipo -organizaciones armadas estructuradas y apoyadas desde el extranjero y milicias locales (no hablo de bandas que tienen que ver o derivan hacia el bandidismo)- producto de la radicalización que ha conllevado la represión de este levantamiento popular; y también apoyados, más o menos, por otra parte de la población.

Las relaciones apaciguadas de Egipto con Israel eran uno de los elementos de la estabilización regional, favorable a Israel. ¿ Los acontecimientos egipcios podrían poner todo en cuestión?

Si hay dos países de la región que se han felicitado del golpe de Estado del general Al-Sissi son claramente Arabia Saudita e ... Israel. Es a pesar de todo alucinante oír, en diciembre de 2012, a Benyamin Netanhayu declarar públicamente que Arabia Saudita tiene “intereses y opiniones comunes” con Israel. Y enterarse de que el príncipe Bandar Al-Sultan, patrón de los servicios secretos sauditas, se habría reunido recientemente en Jordania con el jefe del Mossad de cara a una autorización de sobrevuelo del territorio saudita por aviones israelíes para una eventual acción contra Irán.

Se constata también que incluso el presidente Morsi no solo no puso en cuestión el tratado de paz con Israel, sino que tuvo una actitud más que ambigua hacia los palestinos e incluso hacia Hamas, que sin embargo tiene su origen en los Hermanos Musulmanes. Lo que no impide a un Samir Amin acusar a Morsi, contra toda verosimilitud, de haber tenido la intención de ¡“vender” una parte del Sinaí a Israel!

Me extrañaría pues que las autoridades egipcias nacidas del golpe de Estado del 3 de julio fueran más lejos. Actualmente se sabe que la colaboración egipcio-israelí en materia de información y de “antiterrorismo” no ha sido nunca mejor...; recordemos, en fin, que con efectivos que se acercan al medio millón de hombres, el ejército egipcio absorbe las dos terceras partes de la ayuda americana. Lo que permite a Obama "actuar" con severidad suspendiendo las entregas de armas pesadas y piezas sueltas y exigiendo la vuelta a un “orden democrático”; pero, en mi opinión, la cosa tampoco irá más lejos. Es cierto que hoy, el régimen Al-Sissi “surfea” -e instrumentaliza- sobre una ola de patriotismo y de antiamericanismo que no data del golpe de Estado. Y se apropia de forma bastante desvergonzada de la imagen de Nasser; pero pienso que todo eso es ante todo para uso interno.

De otra parte, algunos presentan hoy la caída de Morsi como un “revés” para los Estados Unidos. Se sobreentiende que para ellos, los Hermanos Musulmanes daban satisfacción total a Washington. Es divertido constatar en qué medida, actualmente en Egipto, todos los protagonistas se acusan mutuamente de ser “secuaces” de los americanos. Por mi parte creo que el golpe de Estado militar es sobre todo un handicap para Washington en relación a la opinión pública y a la ideología “globalo-democratista” hoy dominante.

Israel tiene el aire de estar al margen de esta crisis. El hecho de que los árabes y los musulmanes se maten entre sí puede también gustar a Tel Aviv. Igualmente, si la causa de Bachar Al-Assad, a quien apoya, fracasara se daría un debilitamiento de Hezbolá. ¿No sería Al-Assad el mal menor? ¿En qué consiste, finalmente, la política israelí en este contexto?

Pienso que para Israel hay dos prioridades: Irán y Hezbolá, al que el Estado Mayor tiene enfilado desde la “guerra de los 33 días” del verano de 2006. Para Israel, Siria es de alguna forma secundaria y no cuenta más que en sus relaciones con los primeros. Conuna gran incógnita desde hace poco: ¿tendrá consecuencias la “apertura” de Hassan Rohani hacia los occidentales en lo que concierne a Israel? Son esas prioridades las que explican la discreción de Tel Aviv que todos han percibido a propósito de la crisis siria. ¿Cuándo ha alzado el tono Israel desde el comienzo del levantamiento? Cuando convoyes sospechosos de transportar armas “sofisticadas” con destino a Hezbolá han sido bombardeados.

Sin embargo, en 2012 se dieron esos tiroteos contra palestinos en el Golán...

En mayo de 2012, los israelíes dispararon contra manifestantes palestinos venidos de Siria que intentaban forzar el paso hacia el Golán anexionado por Israel para, se decía, conmemorar la Nakba. Hoy en día parece que el cortejo había sido organizado por un grupúsculo totalmente enfeudado con el régimen de Damasco, el Frente Popular de Liberación de Palestina-Comando general, vieja escisión del FPLP comandada por Ahmed Jibril. Y que numerosos palestinos han reprochado a ese grupo los 6 muertos en el tiroteo, muertos de hecho para desviar, señalando con el dedo a Israel, la atención de lo que ocurría en Siria. Con gran beneficio para el régimen y su postura “antiimperialista”.

Pero aparte de eso, el pasado 30 de enero, la aviación israelí bombardeó a la vez un convoy en la frontera libanesa y un centro de investigaciones militares en el extrarradio de Damasco. Aquí encontramos de nuevo que la prioridad se otorga a Hezbolá: ni hablar de que pueda adquirir armas químicas. Eso vale por otra parte también para los yihadistas de la rebelión.

En lo que se refiere a ese “menor mal” que representaría Al-Assad, hay una expresión en Israel que dice: “Un diablo, pero al que se conoce”. He evocado ya la actitud adoptada por Hafez Al-Assad frente a la supremacía israelí. Responsables israelíes han dicho claramente que para ellos la mejor solución a la guerra en Siria es el statu quo. De forma que el gobierno de Damasco, aliado de Teherán, y los rebeldes islamistas continúen destripándose mutuamente, sin que ni uno ni otro salga victorioso. Y, en la misma perspectiva, tanto mejor si Hezbolá se implica -y tiene pérdidas- en Siria. Sin embargo, con un matiz: el riesgo de desestabilización regional en Líbano y Jordania. En fin, los israelíes saben muy bien lo que pocos en Occidente comprenden: un régimen verdaderamente democrático en Siria, o en cualquier parte en el mundo árabe, no les será más favorable. Al contrario. Y los israelíes son también conscientes del hecho de aparecer sosteniendo o empujar a una implicación de los Estados Unidos, o también intervenir ellos mismos, sería pan bendito para la propaganda de Damasco y de Hezbolá. De ahí la conclusión de que más vale dejar que Siria se desangre... Así pues, cuando ha habido recurso a las armas químicas en los alrededores de Damasco, los israelíes han apoyado al primera intención de Obama de recurrir a ataques contra Siria, pero porque esos ataques debían ser limitados. No pienso que Israel sea favorable a una intervención occidental en regla. Sin embargo, los israelíes piensan también -o han pensado hasta hace poco- que los días del régimen están contados, por lo que la cuestión es saber cuando y en qué condiciones en relación a los intereses de Israel. Es cierto también que en Israel una corrientedirigida por el general jubilado Amos Yadlin, llama a derrocar lo más rápidamente a Bachar Al-Assad, pero en tanto que aliado de Irán. Constatamos sin embargo que, cuando se trató, en la primavera pasada, el tema de los misiles suelo-aire S-300 rusos entregados a Siria, los israelíes tuvieron una actitud extrañamente reservada y mucho menos alarmista que la que muestran contra Irán. Entrevistado por Le Monde (1/6/2013), el mismo general Yadlin, entonces Director del Instituto de Estudios sobre la seguridad nacional en Tel-Aviv, declaraba que esos S-300 “no representaban una real amenaza antes de varios meses", añadiendo que, en su opinión, la decisión rusa era sobre todo un mensaje dirigido a la OTAN, a los Estados Unidos y a Turquía, y no dirigido contra Israel... Haaretz, para quien la evocación de los S330 remitiría a una “guerra psicológica” llevada a cabo por Damasco, comentó entonces: “Israel no busca la escalada con Siria y aún menos un cara a cara con Rusia”...

Por el contrario, Israel tiene todo que temer del pase de Siria al yihadismo más radical...

Por supuesto, otra cuestión que se plantean los israelíes, es la evolución de la guerra, incluso la de la posguerra en Siria. ¿Ha estado en el orden del día de las conversaciones entre el príncipe Sultan y el Mossad? Por otra parte, ¿es seguro que Siria vaya ineluctablemente a pasar al yihadismo más radical? ¿El espantajo salafista no juega un papel en esta percepción? Evidentemente, sin ninguna certeza en cuanto al futuro, constato, en primer lugar, que ninguno de los aliados regionales de Occidente en la región desea una salida así: ni Israel, ni Turquía, ni Arabia Saudita. Como tampoco, en segundo lugar, los “enemigos” de Occidente: Irán y Siria, así como el poder chiíta irakí, tampoco son el primer objetivo de los yihadistas sunitas. En tercer lugar, por fin, no faltan los enemigos de los grupos más o menos ligados a Al Qaeda como Jabha-al-Nosra o el Dahesh, el Estado Islámico en Irak y Levante. Se han visto varios ejemplos de oposición y de resistencia de la población, a esos grupos, incluso en las regiones en su poder.

En esta crisis siria, la suerte del estado judío y la cuestión palestina están también en juego. El pretendido “proceso de paz” es de un cinismo total. Israel prosigue las colonizaciones de modo que la noción de “Estado palestino” se vuelve inconsistente...

Comparto totalmente tu punto de vista sobre el autodenominado “proceso de paz” que, desde hace cerca de diez años, no sirve más que para perpetuar un “peacebussiness” beneficioso a una dirección palestina cuyo único objetivo es perpetuarse, para hacer ganar tiempo y terreno a los israelíes y dar buena conciencia a los occidentales. Es cierto, la esperanza de un Estado palestino se aleja cada día un poco más sin que el proyecto que algunos vuelven a plantear de un Estado binacional aparezca como más alcanzable. Aquí también, la opción es por el statu quo. Que se fastidien los pueblos. Y “¡después de mi, el diluvio!”.

Pero de qué “justicia internacional” se puede aún hablar cuando tantos criminales en el poder no corren jamás el riesgo de ser juzgados, y cuando se ve el trato infligido a los palestinos, ¿cómo se puede creer aún en una “justicia internacional”?

Pienso que la “justicia internacional” ha sido siempre y sigue siendo el derecho del más fuerte. En algunas épocas, cuando el poder estaba mejor repartido como durante la Guerra Fría, se podía tener la ilusión de más “justicia internacional”, pero, en mi opinión, era más una cuestión de equilibrio de fuerzas o de connivencia entre estados, o alianzas de estados, que una verdadera justicia para los pueblos. Sin embargo, actualmente, encuentro desolador que en la izquierda y -más aún- en la extrema izquierda, se razone principalmente en términos de estados más que en términos de pueblos.

Vamos, precisamente, a ese tipo de cuestiones. ¿Qué pensar cuando se oye, tanto en la izquierda como en la extrema izquierda, llamar al apoyo de la “revolución siria”? Los mismos medios han tenido los mismos discursos en favor de la “revolución libia” y, mucho antes de esto, “por Kosovo”. En cada ocasión, esas izquierdas han sido los valedores de las intervenciones de la OTAN. Me parece que “en nombre de la revolución” (o de los Derechos Humanos) ignoran las realidades de hecho de la geopolítica mundial al mismo tiempo que las sociedades sobre las que aplican métodos de análisis abstractos. Algunos son claramente “campistas”, de facto en el campo euroatlantista a la vez que le critican. A la inversa, hay otro campismo diferente de izquierdas que consiste en apoyar todo lo que se opone a los Estados Unidos. Es una manera diferente de prejuicio pavloviano y ciego en cuanto a las consecuencias de su compromiso

¿De qué “izquierda” se habla? ¿De qué “realidades de hecho”? Por lo que se refiere a la “izquierda”, una vez más, hay que distinguir entre, primero, una izquierda “bobo” (burgués-bohemio ndt), los “globalo-democratistas”, que apoyan el levantamiento en nombre de una democracia -parlamentaria- sacralizada, concebida como una panacea planetaria. Se les ha visto, en efecto, actuando en el tema de Libia y Kosovo. Y, en efecto, nolens volens, han sido valedores de la OTAN. Pero, segundo, hay corrientes de extrema izquierda que, ellos también, apoyan el levantamiento, pero hacia quienes dirigir la misma acusación me parece injusto e incluso vicioso. Volveré sobre ello. Y, en fin, hay una extrema izquierda que veo como “complotista” y “campista” que defiende de facto -incluso a veces con contorsiones un poco oportunistas- al régimen sirio. Porque éste les parece como opuesto a los americanos. He dicho antes lo que pensaba del “anti imperialismo” de Damasco.

Por lo que se refiere, a las “realidades de hecho ” que tú evocas, ¿cuáles son? ¿El debilitamiento del poderío estadounidense? OK. ¿El hecho de que el sistema capitalista se ha vuelto planetario, es decir, la mundialización? OK. Ni Rusia ni China me parecen susceptibles de apoyar aspiraciones populares fuera de sus fronteras. Lo que cuenta, es ganar el apoyo de estados más capaces de satisfacer sus intereses de Estado y apoyarles en sus contenciosos con la potencia estadounidense. En cuanto a las corrientes de extrema izquierda que combaten el régimen sirio y que apoyan, selectivamente, el levantamiento, repito que es injusto y erróneo acusarles de “campismo” de facto al lado de Occidente. O de “prejuicio pavloviano”. Lo que, por el contrario, me parece claro el caso de la extrema izquierda antirebelión. Cuando hablo de esa extrema izquierda antirégimen, pienso en analistas como Gilbert Achcar o Santiago Alba Rico. Ciertamente, esas personas están ligadas a la movida trotskista. Pero eso no me parece una tara indeleble. Y pienso que sus análisis no son en absoluto “abstractos y rígidos” como lo son los de los precedentes.

Tratándose de Siria, ¿hay verdaderamente un movimiento autónomo, democrático, laico o al menos ajeno a los fanatismos religiosos, que no hagan el caldo a los islamistas ni a las potencias occidentales, y cuáles serían sus oportunidades de ganar?

En Siria y otras partes del mundo árabe, no veo, ningún movimiento “democrático, laico o al menos ajeno a los fanatismos religiosos” que tenga peso. Tienes razón. Dicho esto, tienes corrientes laicas y extrañas a los islamistas que apoyan de facto al régimen; y otras, también laicas, extrañas a los islamistas y hostiles a la hegemonía occidental, que apoyan la rebelión. Partiendo de una “realidad bien real”: en el movimiento de emancipación de los pueblos arabo-musulmanes no nos podremos ahorraruna participación islamista. Es, a pesar de todo, la primera cosa que las “primaveras árabes” nos han mostrado. Guste o no, este ascenso de los movimientos islamistas, en toda su diversidad, era por lo demás algo a prever según todos los observadores un poco lúcidos de la región. Así pues, tenemos una primera corriente que rechaza esa realidad. Y una segunda que la tiene en cuenta. Planteándose de alguna forma las dos preguntas de Burgat en el texto que he citado: primero, “¿en qué es antinómica con la resistencia antiimperialista la reivindicación democrática?”. Y , segundo, “¿por qué un parlamento libremente elegido se apresuraría a vender los intereses nacionales al enemigo vecino hebreo o a sus patrocinadores occidentales?”. Pienso aquí que es el laicismo occidental, dimensión innegable del orientalismo, el que hace la diferencia. Pienso, desgraciadamente también, que si esta segunda corriente -los Achcar y los Alba Rico- ofrecen quizá una pequeña oportunidad a que los valores de la izquierda y del socialismo puedan un día propagarse en esas sociedades arabo-musulmanas, gracias a los callejones sin salida a los que un día se verá enfrentado incluso un islam político democrático, por el contrario, la corriente “laicista de combate” está asociándose demasiado a menudo a la reacción, como en Egipto y en Túnez, “suicidando” para mucho tiempo esos valores de izquierda y el ideal socialista en el seno de esas sociedades.

24/01/2014

http://www.cetri.be/spip.php?article3357&lang=fr

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Jean Marie Chauvier, es excorresponsal de Bandera Roja (PC de Bélgica) en la URSS, experiodista en la RTBF y colaborador de Le Monde Diplomatique.

Paul Delmotte, politólogo, especializado en los problemas del mundo árabe, profesor de política internacional en el Instituto de Altos Estudios de las Comunicaciones Sociales (IHECS) y miembro de la Asociación Belgo-palestina.

Notas

1/ François Burgat & Bruno Paoli, Pas de printemps pour la Syrie, La Découverte, 2013, p.14

2/ Souheïl Belhadj, La Syrie de Bachar El-Assad. Anatomie d’un régime autoritaire, Belin, 2013 – Baudouin Dupret (dir.), La Syrie au présent, reflets d’une société, Sindbad/Actes Sud, 2007





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