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Francia
El NPA, autopsia de una decepción
03/08/2010 | Philippe Pignarre

Hace aún unos meses, nadie tenía palabras suficientemente duras para condenar el capitalismo. Nicolas Sarkozy multiplicaba las fanfarronadas: el capitalismo sólo tenía que “resistir”; él iba a “moralizarle”.
Todo esto se está terminando de una manera patética: es el capitalismo el que está “moralizando” a nuestro personal político. El “miedo” al mercado está en el origen de la multiplicación de los planes de austeridad. Las agencias de calificación, a las que se juraba que se iba a meter en el redil, muestran quien es el más fuerte. Se justifica la reforma de las pensiones por la demografía pero, en voz baja, se confiesa que es ante todo una medida destinada a tranquilizar a los mercados. Jamás el sentimiento de que el capitalismo es una máquina infernal ha estado tan extendido.

Por ello la creación de un partido que se define como anticapitalista fue considerado una buena noticia más allá de sus afiliados. Significaba afirmar que no bastaría con invocar “más Estado” y los valores de una república restaurada en su “grandeza” para ganar la batalla, como cree desgraciadamente una gran parte de la “izquierda de la izquierda”. Pero, paradójicamente, el anticapitalismo tiene dificultades y el NPA no va bien. Sería demasiado fácil excusarse remitiendo a la “situación objetiva”: los trabajadores estarían groguis como consecuencia del cuestionamiento sucesivo de los servicios públicos y del Estado del bienestar.

El NPA es anticapitalista, la LCR era revolucionaria. No debería ser lo mismo. Sin embargo, el NPA emplea con frecuencia las palabras de antes como si la transformación no hubiera tenido efectos. Se lee frecuentemente en sus textos que hay que “derrocar” el capitalismo. ¡Como si se pudiera derrocar el capitalismo como se derroca un gobierno! Se dirá que juego con las palabras. Pero las palabras deben ser tomadas en serio. Si el capitalismo es un pulpo/1, ¿qué sentido tiene querer derrocarlo? ¿No es ir demasiado rápido calcar un modo de acción revolucionaria (“derrocar”) para olvidar la dificultad de las luchas anticapitalistas (sabiendo que nadie sabe de qué es capaz el capitalismo)?

No se trata de oponerse a la idea de revolución sino de constatar que no puede ser una guía para una actividad anticapitalista inventiva: las revoluciones son ineluctables pero surgen siempre de forma inesperada. La revolución debe seguir siendo una incógnita en la ecuación de las batallas a realizar: a diferencia de los revolucionarios, los anticapitalistas aprenden a dejar su dictamen en suspenso. Por ello, no pretenden saber en lugar de los demás y los demás no son reducidos al estado de “víctimas” irracionales o imbéciles alienados a los que hay que educar.

Los revolucionarios se lamentarán: “¡Pero no tendremos estrategia!”. Lo que llaman estrategia consiste con mucha frecuencia en sustituir la política por la pedagogía: se trata de elevar el “nivel de conciencia”. Triste tarea. Los revolucionarios conocen el objetivo final y juzgan todo lo que ocurre según nos acerque a él o no. La política se convierte entonces en repetitiva, siempre a la espera del regreso de lo mismo. Se puede agotar a los militantes pero también las consignas –y es dramático, pues no son infinitas- haciendo de ellas cantinelas (“¡todos a una!”, “¡huelga general!”). En ese juego, el capitalismo no tiene dificultades para ser el más astuto.

Se puede ser radical, saber que el capitalismo no es reformable y dejar el dictamen en suspenso. Sabiendo que lo que se hace cada vez más raro –y es uno de los efectos destructores del capitalismo- es la confianza en un porvenir digno de ser vivido. Para reavivar esta confianza, no hay otros medios que “confiar”, lograr dirigirse a quienes se niegan a someterse de una forma que fortalezca esta confianza en su capacidad de construir colectivamente respuestas a situaciones nuevas e imprevistas.

La cuestión del velo que perturba al NPA no es sólo un buen ejemplo, sino un obstáculo contra el que el NPA puede estrellarse. Los anticapitalistas deben desconfiar de dos reflejos propios de la tradición revolucionaria: “ya sabemos lo que quiere decir llevar el velo”, “pero estamos dispuestos a dar pruebas de tolerancia”. Esto se traduce concretamente en: las mujeres con velo podrán afiliarse al partido, pero no ser candidatas en las elecciones. Así se cree establecer un contrapeso entre el vanguardismo de la primera proposición y una tolerancia despectiva, cuando se trata de dos errores graves. Por ello, no se responde verdaderamente a aquellas personas para quienes el velo es insoportable y que no podrían contentase con tolerancia, sino que tienen el derecho a ser exigentes.

El anticapitalismo no debe partir de la debilidad de las personas sino de sus puntos fuertes. Propone un pequeño desplazamiento cargado de consecuencias: quizá no se sepa todo sobre las razones por las que mujeres en Francia deciden llevar el velo. Lo que importa entonces es la creación de dispositivos que permitan hablar de ello y aprender colectivamente, inventar una posición común con quienes están afectadas en primer lugar, no dando, sobre todo, pruebas hacia ellas de tolerancia sino de exigencia, es decir sin tratarlas como víctimas incapaces de tener un discurso inteligente, articulado, lo que obligaría a los “revolucionarios” a hablar en su lugar.

El problema es conseguir que las múltiples inteligencias que actúan en el combate anticapitalista puedan estar en el origen de una inteligencia colectiva, un partido. Esto supone modos de funcionamiento inéditos, con una prima permanente a la creatividad. Las dificultades del NPA muestran que todo está por inventar, pero es indispensable. Tras el velo, habrá otras pruebas mucho más duras.

Tribuna publicada en Libération, el 29/7/2010

Philippe Pignarre es editor. Fue dirigente de la LCR. Su última obra publicada de es Être anticapitaliste aujourd´hui (La Decouverte) http://www.pignarre.com/

Traducido de http://www.npa2009.org/content/le-npa-autopsie-d%E2%80%99une-deception-philippe-pignarre-tribune-parue-dans-liberation-du-29-juille

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

NOTAS:
1/ En un artículo publicado en http://www.pignarre.com/article.php?article=58 el mismo autor escribe: "El capitalismo se parece a un pulpo: las posibilidades infinitas de contorsión forman parte de su naturaleza".






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