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Francia (las barbas del vecino...)
Sarkozy diferencia dos clases de franceses
09/08/2010 | Michäel Hajdenberg

El 30 de julio, la Liga [francesa] de los Derechos Humanos publicó el siguiente comunicado:

“El Presidente de la República ha asumido [el 30 de julio en Grenoble] la gran responsabilidad de señalar a los extranjeros y a las personas de origen extranjero como los responsables de la inseguridad.


Porque ha fracasado en su política de seguridad, porque registra fracasos electorales, porque quiere prohibir cualquier investigación imparcial sobre hechos que ponen en cuestión la financiación de su campaña electoral, y porque agrava la inseguridad social y económica de millones de franceses, favoreciendo hasta extremos caricaturescos a los más pudientes, el Presidente de la República y su gobierno han decidido agitar las viejas cantinelas de los años 1930 destinados a atizar el odio contra los extranjeros.



Entregándose, con pocos días de intervalo, a un discurso discriminatorio contra les “gens du voyage” [expresión francesa para las personas errantes; se utiliza como eufemismo para los inmigrantes gitanos] y los ciudadanos europeos que son los roms [gitanos], y poco después buscando entre los extranjeros y las personas de origen extranjero las causas de la inseguridad, Nicolas Sarkozy está amenazando los fundamentos mismos de la República. Sarkozy no persigue a los delincuentes, sino a los franceses de origen extranjero y a los extranjeros, a quienes nombra chivos expiatorios de todos nuestros males.



No se trata del debate legítimo en democracia sobre la manera de asegurar la seguridad republicana, sino de la expresión de una peligrosa xenofobia. Cualquiera que sea la legitimidad que confiere las elecciones, ningún responsable político tiene el mandato para pisotear los principios más elementales de la República y exponer a la venganza pública a millones de personas.



El Presidente de la República y su gobierno ponen en marcha de esta manera una estrategia de tensión, esperando sin duda recuperar un electorado perdido, al riesgo de poner en peligro la paz civil.”


Entrevistado en el informativo de las 8 horas de France Culture sobre el contenido de la “guerra nacional contra los granujas” declarada por Nicolas Sarkozy –una guerra que asocia abiertamente inseguridad con inmigración, delincuencia con extranjeros o sin papeles, colocando a un lado a los “amigos” (sus “amigos”) y al otro a los “enemigos” –, Jean-Pierre Dubois, profesor de Derecho Constitucional, explica: “El señor Sarkozy señala con el dedo a algunos chivos expiatorios; esta vez son los franceses que eran extranjeros y que han sido naturalizados. Se trata de una medida general que amenaza a todos los extranjeros que hayan cometido algunas infracciones. Es decir, cuando dos personas hayan cometido la misma infracción, siendo una de ellas francesa de nacimiento y la otra francesa por naturalización, ambas personas no serán tratadas por igual. El señor Sarkozy había dicho que combatía el doble castigo, pretendió incluso haberlo suprimido. Pero está proponiendo ahora un monstruoso super-doble castigo. La retirada automática de la nacionalidad a una categoría de personas no tiene precedente desde la Segunda Guerra mundial. No sé si el señor Sarkozy se acuerda de que su padre fue desnaturalizado. Me pregunto si no habrá olvidado completamente sus propios orígenes. Esta idea de hacer dos categorías de franceses y de crear una desigualdad en el castigo contra la misma infracción, es absolutamente inaceptable. Si el Parlamento aprueba esta ley, espero que el consejo constitucional la anule; aunque esto es dramático para las instituciones”.

Distraer a la opinión pública de la relación entre la contra-reforma de las pensiones y el affaire Woerth-Bettencourt, recuperar terreno electoral sobre la extrema derecha –¡en el momento en que Marine Le Pen sube en los sondeos!– forman parte desde luego del aparato político-mediático del gobierno Sarkozy-Fillon y del “primer círculo” de los pudientes de Francia.

Pero remite a aspectos más generales de la situación socio-política en Europa: la cascada de medidas de austeridad golpeando al salario socializado (pensiones, paro, diversos subsidios, servicios públicos efectivos, ...); las salvajes reestructuraciones de empresas; la gestión brutal de la fuerza de trabajo para acrecentar la extracción de plusvalía absoluta y relativa, en un período de semi-estancamiento de la demanda final; todo ello exige la afirmación de un poder fuerte, autoritario y represivo.

Por ello la necesidad de una comprensión, para la llamada "izquierda radical", de ligar, tanto en la práctica como en la formulación interactiva de las reivindicaciones: 1º las exigencias democráticas que se refieren, entre otras, a los espacios necesarios y útiles para las movilizaciones proteiformes de las y los asalariados y oprimidos; 2º los elementos propios de la expresión y de la defensa de las necesidades socio-económicas que chocan, a su vez, con las orientaciones de las oligarquías en el poder y con su sistema de una propiedad privada cada vez más concentrada; 3ª a partir de ahí, la defensa y la ilustración de una perspectiva socialista, en un contexto de crisis del capitalismo internacional. Una crisis que desemboca en duros enfrentamientos competitivos entre empresas transnacionales y “bloques económicos” y, fisiológicamente, con tendencias a desplazamientos de los centros de acumulación del capital a escala mundial. (Red.)

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El 30 de julio de 2010, en Grenoble, Sarkozy soltó una bomba en medio de su discurso sobre la inseguridad: “Debemos poder retirar la nacionalidad a cualquier persona de origen extranjero que haya atentado voluntariamente contra un funcionario de policía, un militar de la gendarmería o cualquier otra persona depositaria de la autoridad pública”, dijo el Presidente.

Nada en esta frase ni en su contexto hace pensar que Nicolas Sarkozy se refiera a los franceses que han adquirido la nacionalidad francesa.

Hasta ahora, el campo de aplicación del procedimiento de desnacionalización se limitaba a los franceses que habían adquirido la nacionalidad francesa por naturalización o por matrimonio (recordemos que sólo las personas que poseen otra nacionalidad distinta a la francesa pueden ser desnacionalizados, para que no se multipliquen los casos de apátridas).

Pero si creemos a Nicolas Sarkozy, podemos imaginarnos mañana a un francés de 30 ó 50 años, nacido en Francia, y que siempre ha sido francés, privado de su nacionalidad si uno de sus antepasados es extranjero. “Si esto es lo que el Presidente ha querido decir, se está creando una nacionalidad condicional eterna para franceses con antepasados extranjeros”, explica el historiador Nicolas Weil, especialista en derecho de la nacionalidad. “Se crean dos categorías de franceses. Sería lo nunca visto desde el período más negro de nuestra historia, a la contra de toda la evolución del aseguramiento de la nacionalidad desde la Segunda Guerra mundial”.

¿Qué quiere decir la palabra “origen”? Tras cuántas generaciones de antepasados que hayan vivido en Francia se puede considerar que ya no se es “de origen” extranjero?

Hizo falta repetir tres veces los términos del discuso a Michel Tubiana, de la Liga de los Derechos Humanos, para convencerle de que el presidente había empleado verdaderamente esas palabras. “Renuncio a querer entenderlo. No es posible: debe haber alguna ambigüedad. El tono de conjunto del discurso es un tono de los años treinta. ¡Pero esas medidas son de los años cuarenta!”.

El constitucionalista Dominique Rousseau no está menos sorprendido. Considera que semejante ley sería anticonstitucional y cita en su apoyo el artículo 1 de la Constitución de 1958: “[Francia] asegura la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos sin distinción de origen, raza o religión. No se puede por tanto hacer distinción entre franceses de cepa y franceses de origen extranjero. Esto podría atentar contra la igualdad entre franceses”.



Los “menores delincuentes” también en el punto de mira

¿Privar a una persona nacida francesa de la nacionalidad francesa? Es tantal la estupefacción que se le pregunta al Presidente si es ésta verdaderamente su intención. Es cierto, su discurso está escrito, cada expresión ha sido ponderada. Pero a pesar de todo. ¿No empleará esas palabras sólo por provocar polémica? Otra hipótesis, en este caso, sería que el Presidente contempla cambiar la ley “sólo” a quienes han adquirido la nacionalidad francesa en el curso de su vida.

Por ahora, el artículo 25 del Código Civil prevé cuatro casos para que el gobierno pueda privar a un individuo de su nacionalidad francesa:

1º Si es condenado por un acto calificado de crimen o delito que constituya un atentado a los intereses fundamentales de la nación o un acto de terrorismo.

2º Si es condenado por un acto calificado de crimen o delito previsto y castigado por el Capítulo II del Título III del Libro IV del Código Penal [atentado a la administración pública cometido por personas que ejercen una función pública, prevaricación, corrupción, desvío de fondos públicos]

3º Si es condenado por haberse sustraido a las obligaciones derivadas del Código del servicio nacional.

4º Si se dedica, en beneficio de un Estado extranjero, a actos incompatibles con la cualidad de francés y perjudiciales para los intereses de Francia [espionaje].

Estaba prevista una quinta hipótesis: “Si ha sido condenado en Francia o en el extranjero por un acto calificado de crimen por la ley francesa y haya supuesto una condena a una pena de al menos cinco años de prisión”.

La Ley Chevènement [Jean-Perre Chevènement, Ministro del Interior de 1997 a 2000 en el gobierno “socialista” de Lionel Jospin] del 16 de marzo de 1998, suprimió este último caso. ¿Quiere reintroducirlo a su manera Nicolas Sarkozy? Evidentemente, esto no tendría en absoluto el mismo alcance más que en la primera hipótesis.

Otra cuestión importante: el Jefe de Estado desea que “la adquisición de la nacionalidad francesa por un menor en el momento de su mayoría de edad no sea automática”. Hasta ahora, la Ley de 1993 prevé que “nadie puede adquirir la nacionalidad francesa o ser reintegrado en esta nacionalidad si ha sido objeto de una condena por crímenes o delitos que constituyen un atentado a los intereses fundamentales de la nación o un acto de terrorismo, es decir, cualquiera que sea la infracción considerada, si ha sido condenado a una pena igual o superior a seis meses de prisión, no seguida de una medida de indulto”.

El mismo artículo precisa sin embargo que estas “disposiciones no son aplicables al menor que es susceptible de adquirir la nacionalidad francesa”. El presidente parece querer retirar esta restricción. ¿Intentará también ampliar el espectro de condenas que pueden impedir adquirir la nacionalidad? La expresión tan vaga que ha empleado, “menor delincuente”, lo hace pensar.

Pero aún haciendo votar al Parlamento este cambio, así como el del “origen extranjero”, e incluso aunque estas enmiendas no fueran censuradas por el consejo constitucional, el presidente podría verse frenado: los procedimientos de retirada y de pérdida de la nacionalidad deben ser aprobadas por el Consejo de Estado. Y no es seguro que éste acepte modificar en profundidad su jurisprudencia.

Publicado en Mediapart http://www.mediapart.fr/

Difundido por http://www.labreche.ch/Ecran/SarKoXeno07_10.html


Traducción: VIENTO SUR







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