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Siria
Las personas presas y desaparecidas, ángulo muerto de las negociaciones de paz intersirias
23/12/2017 | Benjamin Barthe

Las mujeres llegaron en delegación, envueltas en grandes y sombríos abrigos, con el rostro apagado, como fijado en un duelo imposible. Se sentaron en silencio, en la sala de conferencias de un hotel de la llanura de la Bekaa, en Chtaura, en el centro de Líbano, adonde varias ONG de defensa de los derechos humanos las habían convidado a fines de noviembre, cuando se reiniciaban las negociaciones de paz intersirias en Ginebra.

Luego, una tras otra, como un coro de plañideras de una obra de teatro antiguo, estas mujeres sirias refugiadas en el país del cedro tomaron la palabra, con un nudo en la garganta, para contar su tragedia íntima: la desaparición o la detención de su hermano, padre o marido, secuestrados por los servicios de seguridad del régimen de Assad, sus esfuerzos frenéticos y casi siempre vanos por localizarles en el dédalo carcelario sirio, y la angustia que les roe desde entonces, día y noche: ¿está muerto? ¿vivo? Y si lo está, ¿cuándo podrán de nuevo estrecharles entre sus brazos?

"Estaré triste toda mi vida", sollozaba Khadija Al-Tinawi, una enfermera jubilada, que mostraba, en la pantalla de su teléfono móvil, una foto de su hijo Mohamed, detenido un día de septiembre de 2012 en un control de carretera, en el camino de vuelta de la universidad, en Damasco, adonde había ido a matricularse con su madre. "Los soldados le dijeron que se bajara, le ataron y me advirtieron de que me matarían si protestaba. No le he vuelto a ver desde entonces. Cuando demando informaciones en las oficinas de la policía militar, me dicen que me vaya. Preferiría saberle muerto. Es mejor que ser torturado".

"Nunca se ve una acción concreta"

La conferencia de Chtaura ha sido organizada para que las familias de personas presas y desaparecidas se organicen en una gran asociación de ámbito nacional, y para que sus voces sean oídas en Ginebra y en Astana, en Kazajastán, otro terreno de negociaciones entre el régimen y la oposición.

En el origen de esta reunión, la ONG Violations Documentation Center (VDC) que ha inventariado 72 000 casos de personas sirias detenidas o secuestradas desde el comienzo del levantamiento anti Assad en marzo de 2011. La organización imputa a las fuerzas de seguridad del gobierno y a los milicianos prorégimen la inmensa mayoría de ellos (el 92 %). Torturas, violaciones, palizas, privación de alimentación y de atención médica son moneda corriente en las prisiones del régimen sirio, en las que miles de personas detenidas han encontrado la muerte.

Sin embargo, en la octava sesión de las negociaciones de Ginebra, que acabó el jueves 14 de diciembre sin progresos notables, la cuestión crítica de las liberaciones e intercambios de personas presas no figuraba en el orden del día. Ya había ocurrido lo mismo en rondas precedentes, aún cuando este tema esté mencionado en la resolución 2254 de las Naciones Unidas, texto de referencia de las negociaciones.

Los cuatro temas de discusión definidos por Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU para Siria, que hace el papel de maestro de ceremonias en Ginebra, son la gobernanza, la reforma de la Constitución, las elecciones y el terrorismo. Las personas presas no ocupan ningún lugar en las discusiones. "Staffan de Mistura hace política, las cuestiones de justicia no le interesan, espeta Husam Al-Katlaby, el director de VDC. Es un grave error. Sin justicia transicional, no habrá estabilidad en Siria".

Como respuesta a estas críticas, la ONU organiza al margen de las negociaciones oficiales debates entre representantes de la sociedad civil. Una especie de Ginebra bis, que ha incluido esta vez una discusión sobre la cuestión de las personas presas. Algunas ONG cercanas a la oposición han asistido, pero un gran número de ellas, como VDC, han declinado la invitación, argumentando que ésta les había llegado demasiado tarde y que, de todas formas, Staffan de Mistura casi no presta atención a los resultados de estas reuniones. "Los diplomáticos extranjeros hablan de buena gana del asunto de las personas presas, pero no se ve nunca una acción concreta", deplora Noura Khartabil, cuyo marido, Bassel Khartabil, un célebre informático, fue ejecutado en prisión en 2015.

Un documento común sobre las personas presas

Al contrario que en Ginebra, el proceso de Astana, un espacio de negociación más estrictamente militar lanzado a comienzos de año bajo el padrinazgo de Rusia, Turquía e Irán, ha incluido esta cuestión en su agenda. En mayo, la representación de estos tres países garantes se puso incluso de acuerdo para que un comité independiente, bajo la égida de la ONU se hiciera cargo de este tema, presidiera el intercambio de las listas de personas presas entre las dos partes y orquestara las liberaciones. Éstas debían contribuir a la instauración de un alto el fuego en las cuatro zonas de "desescalada" (Idlib, Guta, el norte de Homs y Deraa) previstas por Astana.

"Incluso Bachar Jaafari [el emisario de Damasco, que es embajador en la ONU] ha reconocido que es un tema importante", según un diplomático extranjero. "Desgraciadamente, la idea de ese comité nunca ha sido apoyada oficialmente. Desde el principio hubo bloqueos por parte del gobierno sirio, una confusión en el seno de la oposición, los rusos dijeron que "nada de intercambio de personas presas sin desminado", y así todos los demás. Siempre ha habido alguna razón para no avanzar".

Como consecuencia de algunos acuerdos de tregua realizados localmente con los rebeldes, el poder sirio procedió a algunas liberaciones. Pero estas medidas ad hoc, muy localizadas, no corresponden a los criterios de la ONU, que desde su puesto de observador en Astana, aboga por un mecanismo sistemático, que beneficie a cualquier persona detenida arbitrariamente o secuestrada.

La próxima sesión de Astana, prevista para el jueves 21 y el viernes 22 de diciembre, podría alumbrar un documento común sobre las personas presas, según se dice en los círculos diplomáticos. "Pero es lo que se oye desde hace seis meses", matiza una fuente cercana al expediente. "No se sabe hasta qué punto los rusos están realmente dispuestos a presionar al régimen".

En el hotel de Chtaura, una joven costurera de 34 años, Rana Sleiman, contaba que desde la detención de su marido, en Daraya, una barriada de Damasco, en agosto de 2012, no ha tenido derecho a verle mas que una sola vez en abril de 2014. "Cinco minutos en total, con prohibición de hablarnos". Todas las gestiones que ha realizado desde entonces para obtener noticias de su esposo se han enfrentado con un muro. "Una vez, un oficial completamente borracho me dijo que merecíamos que nos mataran. El régimen nos ve como terroristas".

Le Monde 20/12/2017

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur



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