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No hay necesidad de una ley
10/04/2004 | Pierre François Grond

La comisión Stasi acaba de entregar su informe. Prepara el terreno a una ley que debería ser anunciada por Chirac el jueves 18 de diciembre. Se ha abierto un gran debate, cargado de peligros, sobre el uso del velo, sobre la laicidad y sobre la oportunidad de una ley.
El uso del velo islámico expresa la opresión y la inferioridad de las mujeres, cualquiera que sea la forma en que es vivido por las que lo llevan. En este sentido, significa públicamente la sumisión del cuerpo de las mujeres a la autoridad de su padre, de su hermano o de su marido. Prepara el encierro de las mujeres en la esfera doméstica. Para algunas jóvenes, puede tratarse de una protección contra el sexismo, de la voluntad de afirmar una identidad cultural, pero en todos los casos se trata de una respuesta deformada a una situación de opresión. No hay pues ninguna duda, desde nuestro punto de vista, en combatir el uso del velo. Todo el problema consiste en saber como ayudar eficazmente a las jóvenes a emanciparse.
Habría alrededor de dos mil casos de uso del velo en los establecimientos escolares. Lo que no representa ni una oleada ni una cifra insignificante. El contexto nacional e internacional es particularmente favorable a la eclosión de signos reaccionarios. El conflicto irakí, el discurso estadounidense maniqueo respecto al islám y el mundo árabe, la impunidad de la que goza el gobierno israelí frente a los palestinos forman una primera matriz favorable al desarrollo del islamismo.
La acumulación de leyes racistas y discriminatorias en Francia respecto a la inmigración, el peso del Frente Nacional, la ausencia de igualdad de derechos en el conjunto de la vida política y social, las bolsas de exclusión, de paro y de miseria, que golpean en algunas barriadas a categorías enteras de la población, representan un terreno favorable para el desarrollo de un repliegue comunitario. Comunitarismo por otra parte reivindicado por los islamistas de la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), que negocia con Sarkozy (ministro del Interior), la puesta en pie de estructuras comunitarias. Desde este punto de vista, la política del ministerio del interior no es “clásica” para un gobierno de derechas. Guarda los aspectos represivos y discriminatorios, pero desarrolla también una orientación que intenta organizar a los musulmanes en comunidad, con un objetivo evidente de pacificación social en ciertos barrios, y con segundas intenciones electoralistas.
Nuestro combate por la igualdad y la justicia social no es neutro frente al comunitarismo religioso, cualquiera que sea. Nos oponemos a la separación de la sociedad y del mundo del trabajo en fracciones comunitarias hoy distintas, mañana opuestas. A escala europea, es la iglesia católica la que representa el principal peligro por sus posiciones contra el aborto o por su voluntad de ver inscrita la herencia cristiana en la Constitución. Por otra parte, la iglesia se ha pronunciado a favor del uso del velo en la escuela. Si estamos a favor del ejercicio del culto musulmán – por otra parte, los musulmanes no disfrutan de las mismas posibilidades en materia de lugares de culto que los católicos- , rechazamos y combatimos toda política que intente encuadrar las conciencias y someter las almas.
Para las jóvenes salidas de la inmigración, la escuela, incluso marcada como está por estructuras desigualitarias, es una oportunidad. Es por ello que , si rechazamos el uso del velo como signo opresivo y distintivo, nos pronunciamos a favor de intentarlo todo, mediante el diálogo, la discusión, la mediación externa, para evitar exclusiones que son siempre fracasos pedagógicos. Pero cuando nos encontramos ante una voluntad militante de hacer una demostración, de medir la relación de fuerzas, de incitar a otras jóvenes a llevarlo, rechazar algunas clases o contactos físicos, el problema se desplaza y hay un deber de protección de los demás alumnos.
Para esto no hay necesidad de una ley. Esta aparecería como una estigmatización y una vejación suplementaria para una población a quien se le envían mensajes negativos y discriminatorios. Una ley así que amalgamaría signos políticos y signos religiosos, signos discretos (que remiten a la libertad de conciencia) y signos ostentatorios, no podrá arreglar el problema. Ningún artículo de ley puede reemplazar la apreciación de un equipo educativo sobre el sentido concreto del uso de un signo religioso. Ninguna ley podrá encuadrar la necesidad de un diálogo, de una mediación, el tiempo que hay que dedicarle, el momento de la decisión. Al contrario, sería una marcha atrás en los derechos a la expresión política de los estudiantes, puestos en el mismo saco que la expresión religiosa, sin tener la menor voluntad de desarrollar la laicidad, por ejemplo en Alsacia y Mosella, o suprimiendo las capellanías escolares y militares. Más ampliamente, la laicidad, para nosotros, es una forma de vivir juntos. Hacer retroceder los repliegues comunitarios, es ante todo romper los ghettos, defender el pleno empleo, los servicios públicos, invertir masivamente para mejorar el marco de vida en las barriadas, promover la igualdad de derechos, entre ellos el derecho al voto. En definitiva, salir del debate trucado que desea Chirac.

Debate sobre el velo: No a las exclusiones discriminatorias
Léon Crémieux, Alain Mathieu, Delphine Petit-Lafon, Catherine Samary, Emmanuel Sieglmann, Olfa Tlili, Flavia Verri (posición minoritaria en el debate de la LCR francesa)

La posición adoptada por la dirección nacional de la LCR sobre la ley contra el uso del velo en la escuela no nos satisface. Rompe con la posición de la LCR contra las exclusiones desde 1989. Pretendemos proseguir el debate, lo que implica no caricaturizar las posiciones. ¡Ni todos los partidarios de la exclusión son racistas antimusulmanes, ni tampoco todos los que se rechazan esta opción son adeptos de la charia! Evitemos los falsos debates y partamos del contexto general.
Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 ha reavivado el “gran miedo” respecto al Islám. Desde la caída del muro de Berlín, la ofensiva imperialista, desde las Guerras del Golfo pasando por Palestina y Afganistán, son los pueblos de tradición musulmana los que son presentados como la amenaza principal para la “civilización”, la “modernidad”, los “valores democráticos”. En Francia, esto conlleva el desarrollo de una cierta islamofobia que echa sobre la figura fantasmagórica del “musulmán” todos los males. Esta evolución ideológica se apoya en una visión racista y neocolonial del Islám, que se resume en la ecuación “musulmán=integrista=terrorista”, o bien en una versión más republicana, “chicas con velo=barbudos=fascistas verdes”.
La gran mayoría de los militantes de la LCR, de todas las sensibilidades, estima, a pesar de las palabras de la comisión Stasi, que la ley propuesta en la Asamblea prohibiendo los signos religiosos en la escuela no puede ser vivida hoy más que como una ley de excepción discriminatoria respecto a los musulmanes; que se añade a las disposiciones tomadas por este gobierno sobre el ultraje a los símbolos nacionales, a los discursos rehabilitando los valores de la familia, del orden moral; que refuerza la ofensiva securitaria de Sarkozy que afecta principalmente a las barriadas.
Ciertamente, no confundimos los móviles de las corrientes progresistas que apoyan la ley y de hecho la exclusión, con la ofensiva racista y antiinmigrantes del gobierno. Pero, no es defender ni los derechos de las mujeres ni la laicidad el excluir a unas jóvenes de la escuela. Cada exclusión refuerza a los partidarios de la escuela comunitaria o devuelve a las chicas a su hogar, el mismo lugar en que la tradición y la dominación masculina más se ejercen. Se legitiman, en nombre de la laicidad, decisiones que están en contradicción con nuestro combate feminista.
Tenemos necesidad de una verdadera laicidad, no de medidas discriminatorias. Defendemos el espíritu crítico, el derecho y los medios para los jóvenes para reunirse, debatir y actuar, tener acceso a las diferentes fuentes de información, hacer política si lo desean y consiguientemente autorizar la expresión política en los institutos. ¿No es de esta forma como haremos retroceder esta vuelta a la tradición religiosa manifiesta en los jóvenes de las diferentes confesiones?.
El uso del velo no es solo un signo religioso y cultural, es también una forma de opresión de las mujeres que hay que tratar como tal, pero estamos contra de toda exclusión. Somos parte permanente de la lucha autónoma de las mujeres contra la opresión masculina, bajo todas sus formas, incluso contra las presiones familiares y religiosas. Pero las rezones que llevan hoy a algunas chicas a llevar un velo y a “someterse a Dios” son múltiples. No es mediante prohibiciones, sino por la inserción en la escuela pública como se actuará de tal forma que estas jóvenes se consideren como ciudadanas reconocidas a parte entera. La amalgama velo y extranjero funciona bien, como si ser francesa y musulmana fuera contradictorio. “Si no se ama la República francesa, hay que irse a otra parte”, ha declarado Xavier Darcos. El individuo salido de otra cultura no tiene más derecho que callarse y, para disfrutar del mismo reconocimiento que el ciudadano francés, le es preciso renegar de sus orígenes, asimilarse.
Evitemos encerrarnos en una concepción estrecha y envejecida de la laicidad con la prohibición del uso del velo. La laicidad es para nosotros un asunto importante de la lucha de clases, igual que la defensa de los derechos de las mujeres. Reivindicamos una escuela pública, única gratuita, laica, es decir independiente de toda institución religiosa y de toda religión, democrática, obligatoria para todas y todos, que garantice un real carácter mixto desde el punto de vista social y entre los sexos. Pero la laicidad se impone a las instituciones, no a los alumnos y a los usuarios de los servicios públicos.
Debemos reafirmar claramente la libertad de culto como un derecho democrático inalienable. Toda prohibición de la libertad de expresión religiosa es un obstáculo para la clarificación de los asuntos principales –sociales. Por ello, la defensa de esta libertad es una de las tareas del movimiento obrero. No debemos negar el hecho religioso ni excluirlo de la toma de conciencia política compleja (podemos tener creyentes en nuestras filas) y de la esfera pública en la que militamos. El combate contra la influencia de las corrientes religiosas reaccionarias en el seno del mundo del trabajo es el nuestro, pero es un combate político que no puede ganarse apoyándose en la lógica securitaria y la dimensión neocolonial del estado francés.
No estamos solo en contra de esta ley porque no sería necesaria para “resolver el problema” –resumiéndose éste al uso del velo y la “solución” a su prohibición. La posición “ni ley, ni velo” sugiere de hecho que no hay necesidad de la ley para excluir. Sugiere también que estar contra las exclusiones implica estar “a favor” del velo. Tras cada posición hay una heterogeneidad de puntos de vista y de debates necesarios sobre la diversidad de los contextos que rodean el uso del velo.
Pero lo que nos unifica es sencillo: estamos en contra de esta ley porque no se puede apoyar la exclusión de la escuela pública de unas jóvenes por el único motivo del uso del velo –cuando, precisamente, los partidarios de la exclusión consideran a esas jóvenes como víctimas. ¿Desde cuándo se castiga a las víctimas? Es, además, rechazar “el velo” en lugar de poner el acento en las condiciones que determinan “la opción” de las mujeres. Continuamos, haciendo esto, rechazando radicalmente toda presión tendente a imponer el uso del velo en Francia y en cualquier parte del mundo. Y ponemos el acento en las condiciones sociopolíticas y culturales de una opción libre. Ningún previo debe impedir ganar a mujeres con velo a la educación, a la autonomía, a nuestros combates.
La LCR debe asociarse a los llamamientos e iniciativas unitarias amplias /1, que reúnen a las corrientes que, sobre una base democrática y emancipatoria, organizarán la respuesta a esta ley, principalmente en la manifestación del 14 de febrero, en París. A falta de ello el “ni ley” de su posición corre el riesgo de no convertirse más que en una fórmula vacía, reduciéndose su compromiso práctico a un único y deplorable “ni velo”.

1/ El llamamiento unitario “Una escuela para todos/as” nos conviene: http://www.cedetim.org

[En el nº 73 de VIENTO SUR se publica el artículo de John Brown “`Velar´ la realidad”, que aporta otro punto de vista a este debate]





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