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Cincuentenario 1968
El 68 yugoslavo. El movimiento de los siete días
09/06/2018 | Nicole Janigro

Presentación

Los filones inexplorados del 68 yugoslavo

Miguel Rodríguez Andreu y Carlos Sevilla Alonso

A algunos les sonará extraño, pero los acontecimientos de la semana del 3 al 9 de junio de 1968 en Belgrado y sus ecos políticos explican más sobre los orígenes de la desaparición de Yugoslavia que todo lo que aconteció durante la década de los80 del siglo pasado. Es posible que arrojen más luz, si cabe, sobre la implementación del socialismo autogestionario, sobre cómo gestionaba el mariscal Tito el poder o los mecanismos de dominación social de la burocracia yugoslava y, sin embargo, para el gran público resultan todavía desconocidos.

No hay que apurarse: lo son también, y eminentemente, para la población ex yugoslava. De hecho, resulta desconcertante que no interesen más cuando llegan a mostrarnos por qué los ideales del comunismo metamorfosearon en algo gris y autoritario, hasta darnos algunas claves sobre el origen del conservadurismo y nacionalismo que, desde la caída del Muro de Berlín,se vive en el Este europeo, desde Praga a Moscú. Haríamos bien si metiéramos los pies en el barro o, mejor dicho, en el asfalto de la Primavera yugoslava, porque si no encontramos todas las respuestas, si ayudará a que reflexionemos en la dirección adecuada.

El año 1968 da el pistoletazo de salida a la primera generación yugoslavo-socialista y, sin embargo, el sistema seguía anclado en los cimientos de la lucha partisana y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Apenas el movimiento estudiantil se había dejado ver en 1954 en Belgrado, 1959 en Zagreb y 1963 en Liubliana, y siempre con la brutalidad policial como respuesta a los desafíos sociales. El movimiento obrero surgía en 1958, a partir de la primera huelga de trabajadores de una mina de carbón en Trbovlje (Eslovenia). Eran señales de un incipiente movimiento crítico, pero, sin embargo, contextualizado por dos elementos claves: una etapa de dos décadas de bonanza económica que, posteriormente, lenta y gradualmente tocarían a sus fin y, también, una creciente burocratización y descentralización pero –y aquí está la clave– sin democracia.

La paradoja es que Yugoslavia era un modelo tan libre en lo social y en lo cultural como autoritario en lo político. Esto había generado una nueva corriente de pensamiento que, desde el socialismo y el anarquismo, denunciaba a una élite política y militar que, desde sus posiciones de poder, se iban enriqueciendo (bogaćenje) y alejando de los problemas sociales: "La nueva clase", Milovan Đilas dixit. Este activismo contestatario, integrado en los ambientes universitarios de las capitales ––lejos del mundo rural, hay que decirlo­–, coqueteaba con el cine realista y comprometido, con las expresiones artísticas subversivas y la música psicodélica. Hizo suyas las manifestaciones antibelicistas, protestaron contra la Guerra de Vietnam y se acercaron todo lo que pudieron a los movimientos estudiantiles del del Este y del Oeste.

“Burguesía roja”, “Estudiantes-Obreros”, “Abajo príncipes del socialismo”, “Trabajo para todos”, “Autogestión de abajo-arriba” fueron algunas de sus proclamas. Más de 5.000 profesores y 50.000 estudiantes se sumaron a las protestas en Belgrado, y de ahí se extendieron en años sucesivos, especialmente, a Zagreb, hasta marcar un período, casi una década, en la que Tito mostró a las claras su faceta de estratega pero también de dictador. Dio la razón a los manifestantes, pero, a cambio de esta maniobra, todos aquellos que, desde sus cargos en las ligas comunistas, desde posiciones influyentes o como líderes estudiantiles habían osado echar un órdago al poder, sufrieron, con diferente intensidad, la represión del régimen.

Esos cuadros que habían ido medrando el aparato yugoslavo desde posiciones democráticas, fueron expulsados en favor de perfiles más seguidistas y obedientes a la figura de Tito. La represión también establecería las bases sociales e institucionales para ahogar a la sociedad civil y para que el nacionalismo despertara en adelante como el único recurso populista capaz de sacudir el eje de flotación del régimen titoista. La represión contra la Primavera yugoslava impulsaría todavía más el proceso de federalización que se formalizaría con la Constitución de 1974: un orden legal que convertiría el Estado en una entidad fragmentada ypolicéntrica con Tito, la Jugoslovenska Narodna Armija y el rock yugoslavo como únicos garantes de la unidad nacional.

Para aquellos que lean este artículo, tal vez puedan advertir que en aquel mundo intelectual, artístico y movilizado había el germen de una sociedad civil democrática y quizás de un modelo alternativo de socialismo, democrático y autogestionario. Y, realmente, fue así. No hay más que seguir la trayectoria política de muchos de los líderes de junio del 68 y de MASPOK: terminaron siendo el único frente democrático y antibelicista que confrontó a los nacionalismos étnicos de finales de los 80 y principios de los 90. Algunos pensarán que aquellas protestas fueron solo una oportunidad perdida; otros pensamos que son una oportunidad que merece la pena ser rescatada para la historia.

El presente artículo de Nicole Janigro 1/, psicoterapeuta y conocedora de la realidad de las movilizaciones del 68 yugoslavo, está extraído de su ponencia en el seminario “El 68: el evento y la historia” celebrado en Brescia del 9 al 11 de marzo de 1989, publicado en los Anales de la Fundación Luigi Micheletti en 1989 2/. Muchas de sus referencias están limitadas por motivos obvios por la literatura disponible en el momento. Con anterioridad, la editorial La Catarata-Viento Sur había publicado en el 40º aniversario del 68 otra ponencia de dicho seminario, un texto de recomendada lectura de Johannes Agnoli sobre el 68 alemán y los fundamentos teóricos y el desarrollo histórico de la revuelta 3/. Un seminario del que todavía quedan filones por rescatar.

La publicación de este texto se produce en el 50 aniversario del punto álgido del 68 yugoslavo, la “semana caliente” del 3 al 9 de junio de 1968 en Belgrado. Un acontecimiento que pudo cambiar el mundo de base.

Buena lectura.

Miguel Rodríguez Andreu es director de la revista BalkaniaRevista española anual especializada en estudios balcánicos, impulsada por Casa Mediterráneo. http://www.balkania.es/

Carlos Sevilla Alonso es miembro del Consejo Asesor de la revista viento sur.

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El 68 yugoslavo. El movimiento de los siete días

Nicole Janigro

“¿Por qué deberíamos recordarlo? Perdimos. Son ellos, los que están en el poder, los que deberían celebrarlo”. Esta es la respuesta del director y novelista Živojin Pavlović cuando le pregunto por sus recuerdos pidiéndole que excave en el archivo de la memoria. Tenía 35 años en el año 1968. Pavlović se convirtió en uno de los cronistas del movimiento: al final de ese año escribió un diario sobre la semana de lucha en la Universidad de Belgrado, el clímax de los múltiples 68’s yugoslavos.

Su libro Ispljuvak pun krvi (Un escupitajo cargado de sangre) –cuyo subtítulo es “Diario de una derrota” – fue prohibido por los tribunales de Belgrado “para no alarmar a la opinión pública” aunque varios de sus fragmentos fueron publicados previamente por la prensa. Veinte años después Živojin Pavlović publica la novela diario Lov na tigrove (La caza de los tigres). Su protagonista Aljoša Jotić, nacido el 1 de abril de 1950, era un estudiante de Etnología de la Universidad de Belgrado que en el año 68 repartía octavillas, reivindicaba el derecho a una verdad “subjetiva” y atacaba a la “burguesía roja”. Escapando del interés excesivo que la policía tenía por él, abandona la ciudad refugiándose en Serbia oriental donde trabajará como botones de un hotel situado en lo alto de una montaña. “Desde los tiempos de la revuelta, mi vida consiste en sobrevivir”.

El diario narra el conflicto de un antiguo estudiante con su padre, un agente temible del Servicio de Seguridad del Estado Yugoslavo (UDBA). Muchos episodios del “terror de la postguerra” están asociados a su nombre. Aljoša escapa del padre, culpable a su entender de la muerte de su madre en un hospital psiquiátrico, pero huye sobre todo de su propia historia lo que constituye un auténtico leit motiv en la literatura serbia de postguerra 4/. “En estos días –escribe después de un encuentro con un compañero de armas del padre- la historia recae de nuevo sobre mí mientras, harto hasta la náusea, huyo desde hace una década. La primera vez me sucedió en el 68”.

El encuentro entre la Historia (con mayúsculas) y la vida cotidiana, central en el libro de Pavlović, es el “tema” de Yugoslavia “sin Tito”, agitada desde los años 80 por una “explosión de verdad”. Este momento de transición, un punto de inflexión en el “socialismo autogestionario”, fue objeto de encarnizadas polémicas entre los estudiosos y en la opinión pública. En los años 80 se produjo, por primera vez, el reconocimiento oficial de la existencia de un campo de deportados en la Isla de Goli donde confinaban a los disidentes pro-Kominform y a los opositores incautos.

Se publicaron novelas autobiográficas y memorias de prisioneros que narraban la persecución y las torturas, describiendo el método de la reeducación, versión yugoslava de la “degeneración del estalinismo”. Una “ola negra” 5/ que contribuyó decisivamente a la desmitificación de Tito como figura carismática.

A diferencia de los hechos del año 1948 [N. de T. Ruptura de relaciones URSS-Yugoslavia], el 68 sigue siendo un tabú. La difusión de las fuentes –documentos e imágenes- todavía estaba prohibida a finales de los años 80 (muchas fuentes fueron censuradas desde el inicio) mientras que la pocas obras que reflexionaban y comentaban el período fueron prohibidas por los tribunales y difundidas fotocopiadas. Es el caso del estudio del sociólogo Nebojša Popov, Društveni sukobi – izazov sociologiji 6/ (Los conflictos sociales. Un desafío a la sociología).

La documentación fílmica estaba secuestrada y directores como Želimir Žilnik (autor del documental El movimiento de Junio) y Dušan Makavejev que osaron retomar aquellos acontecimientos se han encontrado con innumerables dificultades. Muchos materiales resultan todavía muy difíciles de localizar y se encuentran únicamente en las bibliotecas privadas de los protagonistas. El hecho de que el año 1968 continúe siendo, en cierta medida, una de las últimas “manchas blancas” de la historia contemporánea yugoslava puede tener diversos significados. Las obras citadas tratan de proporcionar, junto a los recuerdos personales y los documentos, una “interpretación”. Los “malvados maestros” del 68 yugoslavo, profesores de Zagreb y de Belgrado que fueron expulsados de la universidad 7/, trataron de analizar el proceso histórico en su totalidad, lo que deja poco espacio para la denominada “teoría del paréntesis”: un marco general en el que los medios de lucha contra Stalin forman parte de un sistema en el que prevalece un “antiestalinismo estalinista”.

En una relectura de la historia de posguerra en Yugoslavia - más allá del principio del continuum que ve en cada punto de inflexión un progreso- el año 1968 no constituye solamente un episodio de la revuelta juvenil. Volver a debatir tanto sobre el año 1968, como del año 1948, significa discutir de las fases de una revolución en las que se introducen matices que permiten cuestionar las reconstrucciones hagiográficas.

La dimensión esquizofrénica Este-Oeste

Al otro lado del muro muchas cosas se transformaban en su contrario. Una entrevista entre Adam Michnik y Daniel Cohn-Bendit 8/ demuestra que esta inversión ocurrió también en y por el 68. Muchos estudiantes checos y polacos de entonces recuerdan la dimensión esquizofrénica producida por la diferenciación en el lenguaje entre los movimientos estudiantiles del Este y del Oeste. Para los estudiantes parisinos que pregonaban a Marx y a Trotsky hablar, como hacían los reformadores de Praga, de “socialismo de mercado” significaba traicionar las ideas revolucionarias. En el Este, donde el marxismo era una asignatura obligatoria en el colegio, la relectura de los Grundrisse era una actividad más sospechosa que revolucionaria. “Para mí –decía Michnik- el asunto más importante entonces era la intervención soviética en Checoslovaquia. Para los estudiantes occidentales era Vietnam. Eso constituía una diferencia esencial”.

Una aproximación inicial al 68 yugoslavo permite caracterizarlo como un híbrido en el que la especificidad y la universalidad del movimiento constituyen sus brújulas. Nos permitimos aquí no afrontar la cuestión de la naturaleza socialista y/o capitalista de la autogestión yugoslava. Trataremos de encontrar y descubrir afinidades con todos los 68’s, para verificar si en Yugoslavia también se dieron momentos de “conciencia planetaria” o si, por el contrario, tenían razón los que sostenían la “teoría de la convergencia” 9/ –en auge en aquellos años- que creían en la irresistible atracción y en la tendencial similitud, entre los dos “modelos”, el del Este y el del Oeste.

El sociólogo Nebojša Popov sitúa el 68 yugoslavo a mitad de camino entre los 68’s de los países más desarrollados y los 68’s de los países del “tercer mundo”: “Podemos encontrar en Yugoslavia las características generales de los movimientos estudiantiles del 68 en otra partes del planeta, en una forma menos desarrollada que en los países más desarrollados pero más relevante que en los países del “tercer mundo” y que en los demás países del socialismo real. A diferencia de los países más desarrollados, aquí no existían las instituciones de democracia política a través de las cuales transitar la “larga marcha a través de las instituciones” (Dutschke) ni la base cultural y social era favorable a un pluralismo (social, cultural y político) más consistente. El sistema era más rígido y estaba caracterizado por ajuste de cuentas brutal con sus adversarios (por ejemplo, con la paranoica obsesión del “enemigo”). A diferencia del “tercer mundo” el movimiento tenía un desarrollo más amplio y una presencia de mayor duración. En la propia Yugoslavia se aprecian cambios conexos con las breves protestas estudiantiles como las manifestaciones de Belgrado (1954) y Zagreb (1959) que fueron brutalmente reprimidas y prácticamente olvidadas, pudiéndose percibir una cierta continuidad del movimiento estudiantil desde el 1963 al 1974 en todo el territorio yugoslavo con muchas especificidades” 10/.

La semana de lucha de los estudiantes de Belgrado fue demasiado breve. Inmediatamente el movimiento se confrontó con la represión y posteriormente con su supresión. Quienes todavía debaten sobre el tema –unas de las pocas iniciativas desarrolladas en el veinte aniversario del 68 fue la mesa redonda organizada por el semanario Danas en Zagreb 11/- no están de acuerdo prácticamente en nada, no sólo por las diferentes trayectorias que han tenido algunos de sus exlíderes –en este aspecto los “saltos” existenciales” son menos dramáticos que en el caso italiano- sino también porque en torno al debate sobre el 68 se repite el enfrentamiento que en los años 80 se dio en Yugoslavia entre los historiadores: el conflicto entre los hechos y su interpretación.

Las memorias de Vladimir Dedijer constituyen un tipo de revisionismo histórico –una mezcla sin prejuicios de documentos y recuerdos personales- que, al reescribir la biografía de Tito 12/, reescribe también algunos capítulos históricos de la posguerra. Es quizás demasiado temprano para valorar en qué medida la práctica de la “memorialística”, como instrumento de reconstrucción histórica, pueda deberse a la venganza de una memoria que se rebela contra el olvido organizado y la historiografía oficial, o si por el contrario, son producto de un provincialismo que convierte en verdad aquello que A dice y/o piensa de B.

En los años ochenta la relación entre historia y memoria ha dado resultados interesantes y combinaciones inéditas junto a los efectos perversos atribuidos al poder del recuerdo sobre los hechos. Hay quien se pregunta en relación al 68, ¿Ilusión o realidad?

Ambigüedades y duplicidades del 68 yugoslavo

Entre 1961 y 1965 culminó el proceso de “reforma económica” cuyo ambicioso objetivo proponía teóricamente encomendar el control de toda la reproducción ampliada a los productores asociados y que, en la práctica, preveía la desvalorización del dinero, una liberalización parcial de los precios y la introducción de la autogestión en sectores nuevos como la administración del Estado. En un sistema a mitad de camino entre un modelo centralista y un modelo descentralizado, la reforma produjo un auténtico desbarajuste. El proceso de reforma económica trajo consigo un crecimiento de la productividad y el aumento de los salarios y el consumo antes que un frenesí de inversiones acompañadas de los típicos males del capitalismo –desempleo, inflación, caída de la producción social-. Los factores negativos, entre los cuales cabe destacar la creciente desigualdad en los salarios, tuvieron un papel secundario frente al crecimiento del consumo considerado y teorizado como un factor impulsor de la economía. Son los años en los que se legaliza el principio según el cual se puede vivir en un dualismo: respetando las viejas categorías económicas pero sin olvidar que se trata de construir algo nuevo en el terreno de las relaciones sociales.

En los años sesenta “la variante yugoslava de las cien flores” 13/ traerá iniciativas y debates, modificaciones e innovaciones que van más allá de la esfera económica. En el Plenario del 1 de julio de 1966, celebrado en las Islas Briones (Croacia), se decide la reorganización del partido y promover reformas sociales. Se condena la actividad de los Servicios de Seguridad y cae el símbolo de la represión, el Ministro de Interior Aleksandar Ranković 14/. Se desarrolla el debate sobre la descentralización en relación a las funciones de la Federación: en 1967 comienza el debate sobre la reforma de la Constitución que llevará, después de un largo camino, a la constitución de 1974.

Los cambios sociales se reflejan en la estructura de la Liga de los Comunistas donde los obreros ya no son mayoría. En el año 1966 la mitad de los afiliados son funcionarios, el 33,9% obreros, el 7,4% campesinos, los jóvenes el 12,6%. En la segunda mitad de los años 60 se producirá un notable aumento de las huelgas 15/ y surgen las primeras críticas a la reforma económica del 65 por sus altos costes sociales 16/.

En los “alegres años 60” el debate era muy vivaz y se abrieron espacios inéditos para las voces de la “oposición”. A la crítica oficial de la burocracia –leit motiv desde el 84 en adelante de la crítica yugoslava al modelo soviético- se añade una crítica opositora que parte del análisis de La nueva clase. Un análisis del régimen comunista de Milovan Đilas.

En el artículo Fenomenología del comportamiento de la clase media yugoslava, publicado por la revista Praxis en 1971, el filósofo Milan Kangrga hace un análisis retomado por el grupo de politólogos y sociólogos considerados “praxistas” los cuales sostienen que la sociedad yugoslava es una sociedad de clases en la que se asiste al “fenómeno del avance político de la clase media” 17/. En el artículo, que se nutre del debate precedente, Kangrga escribía que la clase media “está recíprocamente entrelazada y estrechamente ligada con el aparato administrativo y parcialmente con la elite política”. Según este análisis los “vikendasi” – aquellos que después de enriquecerse se compraban una segunda vivienda para el week end- y aquellos a los que la reforma permitió un mayor bienestar tenían miedo de la izquierda como si se tratase de un espantajo. “Por este motivo –dice Kangrga- desde el punto de vista de la clase media, la izquierda y ser de izquierdas está mal considerado porque para un ciudadano honesto es una vergüenza ser “uno de izquierdas”. Por otro lado, estos marxistas e izquierdistas son sus “enemigos” porque en realidad lo son”.

La crítica de la clase media y de la burocracia iba acompañada de la crítica de la tecnocracia, es decir, del poder tecno-burocrático de la “nueva burguesía”. El grupo de intelectuales reunidos en torno a la revista Praxis critica la idea de una “economía socialista de mercado” en nombre de una crítica “socialista” de la economía política burguesa. Este es uno de los puntos fundamentales de la teoría crítica de los filósofos de Praxis y suele ir acompañado de discusiones más profundas sobre la relación entre filosofía y política, a la que el filósofo de Zagreb, Gajo Petrović 18/, dedicó varios ensayos.

En la estructura del sistema las diferencias de estatus y de ingresos se manifestaban de manera evidente. La “reforma económica” del 65 es todavía hoy objeto de polémicas y valoraciones diferentes entre historiadores y economistas. En relación a la reforma económica, en el 68 yugoslavo, se crearon posicionamientos inéditos y nuevas alianzas. “En el movimiento estudiantil nadie apoyaba la reforma económica y eso que entonces era uno de los eslóganes de gran alcance político”, lamenta el historiador Dušan Bilandžić que afirmaba que “negar la ley del valor supone retornar al estalinismo, sostener un poder político burocrático” 19/. La posición de Bilandzic -historiador oficialista no del todo ortodoxo- es interesante porque da testimonio del rechazo que los artífices y sostenedores de la liberalización del sistema utilizaban para confrontar con el movimiento estudiantil cuyas consignas se asemejaban a las del poder.

Revalorización de la vida cotidiana

El desplazamiento en materia económica de lo cuantitativo a lo cualitativo conduce a la redefinición total de la escala de valores socialistas, a un revisionismo ideal que debe mucho al libro Dialéctica de lo concreto de filósofo checo Karel Kosik. En poco tiempo se convertirá en el sentido común de la crítica a la futurología, elemento típico de la ideología socialista en el poder, la cual somete las necesidades a la producción concibiendo los “males necesarios” del presente como elementos inevitables para un futuro mejor.

“También en el socialismo –escribe Miroslav Krleža- a las personas les duelen las muelas, nacen hijos ilegítimos, existe la poligamia, hombres y mujeres se engañan recíprocamente. Las personas en el socialismo están en general aferradas a las pequeñas cosas, a las nimiedades y pueden ser nerviosas o malignas, ponerse malas o estar mal pagadas, en un palabra las personas pueden ser malas y no estar demasiado contentas” 20/. La nueva estética de la publicidad y de la moda, del ocio, de los televisores y de las lavadores, propaga el mensaje de que lo decisivo es estar bien hoy. Será el politólogo praxista Svetozar Stojanović el que confronte con “la tendencia a un socialismo consumista” 21/.

En este clima nace la “nueva izquierda” yugoslava donde se forma una “contracultura” influenciada por debates como el que tuvo lugar en el verano de 1964 entre los filósofos Herbert Marcuse, Ernst Bloch y Edgar Morin en Curzola (Croacia) donde se recepciona la autocrítica del socialismo que llega de Praga y Varsovia. “La revolución y la libertad –escribe el filósofo de Belgrado Ljubomir Tadić en 1967- están íntimamente ligadas: la revolución significa invocar la libertad a la luz del día; la libertad contiene el indispensable pathos y el ornamento de la revolución, el parpadeo del alma, los latidos de su corazón. Ambas están estrechamente ligadas a la condición juvenil, pues es a los jóvenes a los que atañe la transformación de las condiciones empíricas de la existencia y la inmanente aspiración a lo nuevo, a lo todavía no alcanzado” 22/.

La guerra de Vietnam constituye el catalizador que permite el encuentro de las ideas de Edgar Morin y Ljubomir Tadić. El 18 de noviembre de 1966, en el anfiteatro de la Facultad de Tecnología de Belgrado se celebra un mitin de los estudiantes de Belgrado y de los países hermanos, en gran medida estudiantes provenientes de los países del Movimiento de los No-Alineados 23/ que estudian en Yugoslavia. Los estudiantes redactan un manifiesto de solidaridad con la lucha del pueblo vietnamita –acompañado de 17.222 firmas de docentes y estudiantes- que será enviado al secretario general de las Naciones Unidas, U Thant. En el manifiesto se hace mención a la inclinación internacionalista de la juventud yugoslava que en 1936 combatió en España y en 1941 se unió a los partisanos. Los primeros altercados con la policía surgen con motivo de una iniciativa contra la guerra de Vietnam. El 23 de diciembre de 1966 la policía impide que la manifestación que discurre dentro de la Facultad de Filosofía acceda a las calle de la ciudad. Las consignas proferidas contra los americanos eran: “¡Fuera americanos de Yugoslavia!”, “¡Abajo el maíz americano!”, “¡A la embajada, a la embajada!”.

La prensa refleja de forma tendenciosa los sucesos e inmediatamente insinúa que las acciones estudiantiles han sido “importadas del Oeste” imitando a una sociedad podrida por el capitalismo, acusaciones que fueron utilizadas posteriormente frente al nacimiento de los nuevos movimientos sociales: feminista, ecologista, pacifista, etc. En las calles de Belgrado, los estudiantes se manifestaban en solidaridad con los estudiantes griegos y polacos, checoslovacos y alemanes portando retratos del Che Guevara –definido a conveniencia como “El Cristo laico”, “El Robin Hood rojo”, “El Saint-Just marxista”, “El Don Quijote comunista”-, una de las figuras que forma parte de la “nueva antropología” del movimiento. Al inicio del mes de mayo de 1968 el movimiento envía al rector un telegrama de solidaridad con los estudiantes de la Sorbona.

“Un puñado de arroz y de caviar”

El movimiento estalla súbitamente sorprendiendo a los padres comunistas y a una opinión pública socialista despolitizada. No era un secreto para nadie que los estudiantes, a pesar del notable esfuerzo público para que los hijos de obreros y campesinos accediesen a la universidad, lo pasaban bastante mal, hacinados (y aislados) en pensiones prácticamente en ruinas, con comedores de bajísima calidad. Era el precio a pagar por el privilegio de poder estudiar. Ya en el año 1953 en Nueva Belgrado (Serbia), en la periferia de la ciudad, donde la ciudad universitaria convive con el resto de la ciudad, los estudiantes organizaron una huelga espontánea debido al hambre que padecían. Levantando barricadas en sus propias habitaciones, lanzaban trozos de carbón y de madera a la policía. “Transcurridos tres días, el asedio se completó. Muchos acabaron en la cárcel pero mejoró la alimentación en los comedores universitario” 24/.

El casus belli fue el conflicto entre el Comité universitario de la Liga de los Estudiantes y el Comité de la Liga de los Estudiantes de la Facultad de Filosofía en relación a la cuestión polaca. Frente a los acontecimientos del marzo polaco de 1968, 161 intelectuales serbios, la redacción de la revista Praxis, un grupo de profesores de Sarajevo y 1520 estudiantes de la Facultad de Filosofía de Belgrado, se solidarizaron con los estudiantes polacos. Se acusó de pasividad a La Liga de los Comunistas y a la de los Estudiantes. El Comité universitario se defiende condenando a los que se han posicionado y a los que lo han alentado argumentando que las iniciativas deben tomarse dentro de los órganos de las instituciones; las bases responden qué en base a qué derecho puede condenar el comité las actitudes individuales. El Comité universitario de la Liga de los Estudiantes responde a las acusaciones iniciando un debate sobre Las desigualdades sociales en el socialismo que tuvo lugar en dos sesiones, el 25 de abril y el 14 de mayo de 1968.

La discusión se centra en torno a tres posiciones: 1) Resulta necesario establecer cuáles son los límites de las desigualdades en el socialismo; 2) No se trata de dirimir si las desigualdades son mayores o menores, grandes o pequeñas, sino del hecho de que existen desigualdades sociales “exageradas” a la vez que se forma una nueva élite de ricos. Esto es lo que sostienen sobretodo los profesores mientras que la mayor parte de las intervenciones de los estudiantes, en lo que sería una tercera posición, inciden en la “cuestión social” oponiéndose a las desigualdades existentes en los salarios. Sus opiniones serán consideradas emotivas y los periodistas presentes hablarán al día siguiente del “diálogo entre las emociones y la ciencia”. Entre los discursos que pasarán a la historia, destaca el del estudiante Bube Rakić: “Se dará una equiparación igualitarista pero si no podemos construir un sistema que distribuya de forma más justa nuestra riqueza social entonces es mejor que permanezcamos en el nivel del igualitarismo. Mejor un puñado de arroz para todos que caviar para pocos”. “Me escribí solo cuatro palabras –decía el estudiante Milos Gvozdenović-: la primera, igualdad, la segunda, diversidad, la tercera, emoción, la última, solidaridad” 25/.

Diario de la semana caliente

La representación del espectáculo “La caravana de la amistad”, celebrado a cubierto por motivos atmosféricos en la periferia de Belgrado, constituye el pretexto para el inicio de los enfrentamientos. De un lado, “la ciudad de los estudiantes”, del otro la policía. La sala no reunía suficiente aforo para los estudiantes que querían ver el espectáculo. Los eslóganes son directamente políticos: “Trabajo para todos”, “Obreros-Estudiantes”, “Tito-Partido”. Cuando cae la noche destacamentos de la Milicia violan la autonomía universitaria entrando en ella para perseguir a los estudiantes y arrestar a algunos.

El lunes 3 de junio de 1968 comienza la larga marcha de los estudiantes hacia el centro de la ciudad. Fueron bloqueados en un paso subterráneo donde, en presencia de altos cargos políticos, se desata la acción de la policía: golpean a los profesores, a los transeúntes y se ensañan sobre todo con las estudiantes llamándolas putas. El efecto es un auténtico shock colectivo. La repetición a la luz del día de lo acontecido la noche anterior suscita la incredulidad de algunos dirigentes comunistas y de la opinión pública. Los estudiantes también estaban perplejos: no pensaban que su Estado fuese responder de este modo. En el llamamiento dirigido a los ciudadanos y en el programa se carga contra los privilegios, se denuncia el desempleo, se exige mayor democracia –libertades de reunión y de manifestación- así como la mejora de las condiciones de vida. Son muchos y variados los eslóganes coreados: “Menos automóviles, más escuelas”, “Habla de cómo vives-firmado Lenin”, acompañados de retratos de Tito, Marx, Lenin, Che Guevara y de un distintivo con una marca roja –los estudiantes- rodeado por un círculo azul –la policía-. A la cabeza del movimiento, la Facultad de Filosofía de la Universidad de Belgrado, rebautizada el 4 de junio como “Universidad Roja Karl Marx”.

La “fiesta de la salud, de la alegría, del dejarse llevar” tiene su epicentro en la Facultad de Filosofía donde se imprime un boletín – “Nosotros no somos la oposición sino la negación de todo aquello que es falso”- y se constituye una asamblea permanente. En la tarde del 4 de junio, sale al escenario, entre otros, el actor Stevo Žigon, que empieza recitando el discurso de Robespierre en el club de los jacobinos, extraído del acto primero de La muerte de Danton de Büchner. El actor comienza con: “Para hablar sólo estaba esperando al grito de la indignación que suena desde todas partes” y termina con: “Ningún pacto, ninguna tregua de armas con los hombres que sólo pensaron en la expoliación del pueblo, que esperaron llevarla a cabo impunemente para los que la República fue una especulación y la Revolución un oficio” 26/. Cada palabra del discurso de Robespierre pronunciada por Žigon es seguida de una ovación: será uno de los momentos de la semana cargado de pathos de unos estudiantes que todavía andaban en la búsqueda de un líder.

Resulta interesante que los dramas de Georg Büchner –sobre todo La muerte de Dantón en la que representa la revolución como ruptura de la monotonía de la vida- hayan sido utilizados para hablar al 68’ primero y del 68’ después. Recordar cuando “habíamos soñado que todo sería de forma diferente con nuestros libros detrás del muro de nuestro jardín entre los mirtos y las adelfas” (Leonce y Lena) sirvió después para expresar, en un ambiente postrevolucionario, el luto por el fracaso. Exactamente como había tratado de hacer Büchner al escribir las pocas pero densas páginas tras la derrota de 1830.

El 5 de junio la solidaridad con la causa de los estudiantes llega de parte de la Asociación de Escritores y de multitud de ciudadanos que contribuyen con pequeños detalles. Es la primera vez, en la sociedad yugoslava de posguerra, que se produce la masificación del activismo juvenil a la que se dirige la solidaridad de numerosos profesores contagiados por su “entusiasmo y audacia” 27/.

Uno de los capítulos más interesantes es el de la relación entre obreros y estudiantes. En las numerosas cartas y telegramas que expresan el apoyo a la lucha de los estudiantes provenientes del mundo de la cultura, de las instituciones y de particulares destacan también los comunicados de condena de la actuación de los estudiantes por parte de diferentes colectivos de trabajadores. El desencuentro entre estudiantes y trabajadores es uno de los puntos más controvertidos para la reconstrucción de lo acontecido.

Una de las preocupaciones principales para los dirigentes comunistas y para la policía era, sin ninguna duda, la propagación de la protesta. Por este motivo, se impidió que las manifestaciones alcanzasen la ciudad constriñéndolas al aislamiento en el gueto universitario. Al mismo tiempo los trabajadores se movilizaban contra la “contrarrevolución”, formando comités de vigilancia fuera de las fábricas con el objetivo de impedir el contacto directo entre estudiantes y trabajadores. Algunos líderes estudiantiles de entonces sostienen que la relación con los trabajadores es la cuestión más controvertida del 68 yugoslavo.

“El primer día –cuenta- conseguimos entrar en algunas fábricas pero ya en la segunda jornada el comité de la ciudad de la Liga de los Comunistas formó patrullas obreras”. La revista sindical Rad fue la única que rompió el bloqueo informativo publicando un texto más objetivo sobre las demandas de los estudiantes. Mientras tanto el movimiento se extendía por otras ciudades importantes –Zagreb, Liubliana, Sarajevo- y otras ciudades menores. Los particularismos de las seis repúblicas yugoslavas se reflejaron también en esta ocasión. Basta pensar en el ignorado 68 de Pristina, la capital kosovar: volverá a hablarse del tema en 1981 cuando la revuelta de los albaneses obligará a recordar la militarización de la provincia que tuvo lugar después de las manifestaciones nacionalistas protagonizadas por los estudiantes 28/.

El momento de mayor expectación y suspense, coincidente con el fin de la huelga estudiantil, fue el discurso televisivo del presidente Tito el 9 de junio. En mitad de la semana, aislados por la represión policial y la desinformación mediática, los estudiantes deciden dirigirse a Tito, cuyo retrato ondeaba en la universidad ocupada al lado de Marx, Lenin y el Che, expresando su apoyo a la autogestión, entendida como modelo de socialismo que quieren mejorar con consignas similares las oficiales. Se dirigen a Tito para informarle de sus objetivos: “Estamos por la autogestión social, de abajo a arriba […] Contra el enriquecimiento de los menos a expensas de la clase trabajadora. Apostamos por la propiedad social frente a la creación de sociedades mercantiles capitalistas. Nuestro programa es el de las fuerzas progresistas de la sociedad, el programa de la Liga y de la Constitución. Pedimos que sean llevados a la práctica literalmente”.

Tito respondió a los estudiantes en su discurso televisivo. En su Diario, Živojin Pavlović lo recuerda así: “El 9 de junio Tito hizo uno de sus más brillantes maniobras políticas: dio la razón a los estudiantes. El resultado fue excelente: los chavales enloquecieron del entusiasmo, el engañoso perfume de la victoria trastocó a intelectuales y estudiantes, hipnotizándolos completamente y llevándoles a responder precipitadamente al llamamiento del presidente que los había invitado a interrumpir la huelga y a continuar con los exámenes” 29/.

El discurso mantiene el tono de otros discursos a la nación en los que el Presidente se dirige a la “juventud socialista” como un padre: dice saber que el 90% de ellos son buenos chavales, que “no se dejan envenenar por los diferentes dilasianos 30/, rankoviches 31/ y maoístas”, promete una investigación para determinar los responsables de la represión, pide ayuda a los estudiantes para “desarrollar la autogestión” e invita a quien se sienta cansado y envejecido a dejar su puesto a los jóvenes. Después del discurso de Tito se celebrará un mitin en el que participarán 10.000 estudiantes: el mensaje de Tito supone el reconocimiento de sus demandas y una victoria contra el “enemigo”. Los estudiantes están convencidos de que Tito está de su lado y deciden interrumpir la huelga y continuar con los exámenes. El martes 11 de junio los periódicos anuncian entusiasmados “la normalización de la vida y del trabajo en la Universidad”.

Tito se dirigirá de nuevo a la nación, a finales del mes de junio, en el VI Congreso de la Confederación de Sindicatos de Yugoslavia. En esta ocasión atacará a los extremos opuestos: por un lado, los servicios de seguridad, del otro, los filósofos de Praxis. Afirma que “nuestra juventud no quiere un sistema pluripartidista” 32/.

La ilusión de la victoria estudiantil durará muy poco. En julio se disuelve la organización juvenil del partido, y el comité universitario de la Liga de los Comunistas juzga “inaceptables las ideas sobre la necesidad de un ligamen más estrecho entre la intelligentsia y la clase obrera” considerando la propia existencia del movimiento como la “tendencia hacia la legalización de la oposición política”. Los primeros en ser acusados de aspirar a un “rol dirigente por parte de la intelligentsia humanista” serán naturalmente los filósofos praxistas. El ataque a los profesores será otro de los elementos más notables del 68 yugoslavo con resonancia internacional 33/. La lucha continuará en la Facultad de Filosofía donde, en los años sucesivos, se producirán persecuciones y arrestos.

Acabadas las manifestaciones inician las diatribas

En la portada del último número de la revista Student, aparecido en el ’68, hay un punto negro que representa el final del movimiento y el inicio de las interpretaciones y las polémicas sobre el mismo. En la historia yugoslava reciente no existe otro acontecimiento tan controvertido para los historiadores. El único hecho sobre el que existe consenso es que el 68 marca en Yugoslavia el final de una idea del socialismo como sociedad sin conflictos: antes incluso del estallido del movimiento estudiantil se desencadenó un ciclo de huelgas obreras.

Las interpretaciones sobre el rol y la trascendencia del movimiento estudiantil son frecuentemente divergentes. El movimiento estudiantil 1) ¿Favoreció el ajuste de cuentas con las fuerzas dogmáticas y burocráticas y el desarrollo de la autogestión ayudando a la Liga de los Comunistas a atacar a las fuerzas pequeño-burguesas? 2) Luchando por una sociedad más justa, ¿Los estudiantes se situaron “objetivamente” en favor de una sociedad estatalista y contra la reforma económica del 65? o 3) ¿La “nueva izquierda” allanó el camino para la “derecha nacionalista”?

Estas son las interpretaciones más comunes. Todas ellas son aproximaciones ideológicas que dependen de la reconstrucción –también ideológica- que se hace del conjunto del proceso histórico de la posguerra en Yugoslavia. Algunos de sus ex protagonistas, fruto de un gran trabajo sobre las fuentes, han llevado a cabo análisis y juicios más articulados y científicos. Es el caso del filósofo de Zagreb, Žarko Puhovski, que era entonces uno de los redactores más jóvenes de la revista Praxis y del sociólogo Nebojsa Popov, cuyo libro hemos citado y que constituye la obra más rigurosa y documentada aparecida hasta el momento.

Según Puhovski, "la apelación a los principios fundamentales del socialismo ha demostrado claramente la presunción de que el socialismo es el proyecto no realizado de una utopía secularizada. La consecuencia –probablemente no consciente al inicio- era inmediatamente activa: la afirmación de un proceso de separación entre el movimiento y su legitimidad (socialista)…La deslegitimación del régimen –a través del descontento estudiantil- llegó a su expresión plena en un período en el cual el régimen había iniciado (tácitamente, para muchos líderes políticos quizás en modo poco consciente”) con la “reforma económica del 65” su alejamiento parcial del sistema de valores que había venido pregonando durante décadas. El proceso de deslegitimación se explicitó en el 68. Los mandos del régimen advirtieron del peligro para su propia posición mucho antes de que los estudiantes comprendiesen el potencial su propia iniciativa –por esto, en Yugoslavia la intervención de la policía ha tenido un rol “pedagógico” contraproducente […]. Los estudiantes aunque lanzaban consignas y discursos que no se diferenciaban en sus rasgos esenciales de los oficiales, en la práctica eran oradores no autorizados y en la tradición yugoslava de posguerra nunca habían aparecido en escena de forma masiva esos discursos no autorizados”. Al final de su ensayo Puhovski, escribe que “el movimiento del 68 ha evidenciado la crisis de la modernización socialista. Las consecuencias han resultado en gran parte pre-modernas debido sobre todo a las cuestiones no resueltas del pasado” 34/.

Parecía un “conflicto imaginario” dado que ambas partes se referenciaban en los mismos principios y valores -el programa de la Liga y la Constitución- pero como afirma el sociólogo Nebojša Popov el conflicto entre “movimiento y sistema” fue real. Es un error referirse, en términos de victoria o de derrota, a un movimiento que no quería tomar el poder: “Es realista sostener que el movimiento estudiantil no cambió el mundo, aunque algo sucedió. Sus huellas están en la cultura […] en la renovación de la idea de libertad […] en la creación de nuevas formas de pluralismo en las ideas y en lo político (transpolítico y transnacional) […] Han dejado algunas “enseñanzas” para las generaciones futuras y para las estrategias de los nuevos movimientos sociales”. Según el sociólogo, el 68 –en Yugoslavia y en el mundo- puede colgarse otra medalla: la revitalización del aparato de poder político y la prevalencia de un modelo de formación autoritaria que, redimensionando los contenidos de humanidades, “estimula la difusión de una subcultura controlada, como sustituto de la “contracultura” de los jóvenes, que cultiva los valores individuales y hedonistas, de la adolescencia permanente mientras crecen el desempleo y la ausencia de perspectivas para la juventud” 35/.

Una interpretación del acontecimiento del 68 que creo debería ser mejor estudiada y desarrollada empíricamente es la que sostiene que el movimiento estudiantil fue derrotado por la clase media y su ideología consumista antes que por la clase obrera. Esta hipótesis sostenida por la socióloga Zagorka Golubović, permitiría explicar los acontecimientos sociales, económicos y culturales de una Yugoslavia en transición en la que el 68 constituyó una oportunidad perdida para avanzar en el objetivo de la autogestión 36/.

En las semanas posteriores al discurso de Tito se producen los primeros efectos de la normalización: se prohíbe usar el término movimiento estudiantil, se censuran, prohíben o suspenden las revistas estudiantiles: Delo, Susret o Student en Belgrado, Naši Dani, boletín estudiantil de Sarajevo, Razlog y Polet en Zagreb. Los estudiantes buscan un terreno más cercano y concreto empezando a ocuparse de la reforma universitaria. También reaccionan de forma satírica con la publicación de la “carta abierta al compañero candidato-delegado” que aparece en Student el 1º de Abril de 1969.

El 3 de junio de 1969, en el primer aniversario de las manifestaciones estudiantiles, aparece el “Documento de las 3000 palabras” que sigue el ejemplo del “Manifiesto de las 2000 palabras” lanzado por un grupo de intelectuales checoslovacos un mes antes de la invasión. En el documento se afirma que los estudiantes estaban y están por el “socialismo democrático”, se analiza el atraso social y se demanda poder elegir a sus propios representantes. Entramos en una fase de reflujo en la que se difunde entre los estudiantes el rechazo de una política considerada “pragmática, inconsecuente, inmoral”. Aparentemente la reacción de los jóvenes frente a la derrota es similar a la occidental pero hay que tener en cuenta el valor específico que esta actitud asume en Yugoslavia donde la supremacía de lo político constituye uno de los principios reguladores del sistema.

Nacimiento de los “estados nacionales”

En 1971 se aprueba la reforma de la Constitución de 1963 que dará lugar a la nueva Constitución de la Federación en 1974, la cuarta desde la guerra. El profesor Mihailo Đurić señala en relación al cambio constitucional: “Claramente Yugoslavia es hoy un concepto geográfico dado que en su territorio, o mejor sobre sus ruinas, y bajo la máscara de un desarrollo consecuente de la igualdad entre los pueblos que la habitan, se crean estados nacionales autónomos, independientes e incluso contradictorios entre sí” 37/. Esta salida institucional, que se desarrolla contemporáneamente a la primera gran crisis nacional (la croata de 1971) suscita debates interesantes sobre la relación entre el movimiento estudiantil y el nacionalismo. En realidad el carácter “universal” y “planetario” del movimiento era evidente. El movimiento de la universidad de Zagreb estaba integrado con los representantes del futuro maspok 38/.

En una primera fase, la Liga de los Comunistas recogerá los frutos del movimiento. En el 68 entran 175.000 jóvenes en un partido que envejecía desde 1950. El 68 yugoslavo tiene que ser todavía estudiado y relatado, examinado desde una historia general que no conciba como partes separadas las ambigüedades del poder y de Tito, y las demandas de libertad, derecho de organización y a la toma de la palabra de los estudiantes de la universidad roja. “En su revuelta veo una suerte de explosión de la sustancia biológica, del élan vital, por utilizar esta expresión no del todo adecuada de Bergson pero no hemos inventado nada mejor. En la sociedad moderna el conflicto se produce entre la producción y la creación y en un sentido más amplio, pienso aquí tanto en el este como en el oeste, entre la rutina y la aventura” 39/.

¿Y el feminismo?

Algunos protagonistas 40/ afirman que las huellas de la energía liberada se pueden rastrear en los medios, en las editoriales y sobre todo en la esfera de lo “privado”. Una revolución del sentido común que también en Yugoslavia se produjo a través del feminismo pese a ser un fenómeno relativamente elitista y restringido a las principales ciudades. La relación entre el 68 yugoslavo y el feminismo no ha sido estudiada hasta el momento y, por tanto, hay todavía un campo todavía 41/.

El conocimiento personal de algunas feministas históricas de Zagreb y de Belgrado me hace pensar que los hilos de la reconstrucción son diversos. Estas mujeres llegan al feminismo a través de la negación de la Política como “totalidad”, como absoluto que impregna e invade la esfera pública y social. En una sociedad permisiva como la yugoslava –decididamente más inclinada al placer que otras “formaciones sociales” del Este europeo- la condición de la mujer presentaba aspectos muy particulares. Una mirada extranjera a periódicos o revistas como las revistas italianas “Panorama” o “L’Espresso” [N. del T. “Cambio 16”, Tiempo o Interviú podrían ser sus equivalentes en España] podría parecer, dada la abundancia de desnudos, revistas pornográficas. Esta es una particularidad ante la cual las elaboraciones feministas se mueven con cierta dificultad. Una notable liberalización de las costumbres junto a una legislación muy avanzada choca con una situación, en el ámbito privado, que penaliza y discrimina al “segundo sexo” en el plano de las relaciones y de los valores. Es interesante que en el plano de la memoria, de la reconstrucción biográfica, los escasos testimonios que hablan de la relación entre mi vida y el 68 provengan de escritoras que parten de una escritura de la interioridad.

Nacida en 1945, hija de un alto funcionario de la época de la revolución, estudiosa del hinduismo y docente de filosofía en la universidad de Zagreb, Rada Iveković fue una de las fundadoras de la sección de mujeres de la Sociedad de Sociología alrededor de la cual se constituyó el primer grupo feminista. Autora de libros y ensayos, en su último libro Sporost-oporost (Lentamente, Duramente) 42/, Rada recoge varios capítulos autobiográficos. Uno de ellos dedicado al 68:

“El cuestionamiento de la verdad se manifestó en el santo 68. La única verdad sobre el 68 es la desconfianza hacia todas las verdades. La duda es el legado de aquel verano aunque todo lo que le atribuimos sucedió de hecho durante la década posterior. Aquel año la duda continuó, pero el 68 sucedió más tarde, continúa hoy, está sobre todo en aquello que en nuestras mentes y en nuestros comportamientos posteriores atribuíamos a aquel año. Era la primera vez que veía a mi padre vacilar y sorprenderse. Por primera vez se cuestionaban valores hasta aquel momento considerados intocables. Era la primera vez que se revelaba que los fundamentos en los que vivíamos eran quizás una ficción. Su generación se preguntó entonces, ¿Hemos luchado por esto? Y, por primera vez y por un instante, nos han mirado a los ojos. Fue el relámpago que iluminó un breve encuentro entre generaciones: ellos, que eran los legisladores de los que no podíamos dudar, y nosotros que hacíamos de masa de la Verdad Absoluta, éramos el tejido, el material del Estado, coetáneos del Estado. En el 68 se abrió una brecha muy pequeña no significativa pero que no se pudo coser. La duda apareció irremediablemente. La verdad y la mentira asumieron otro sentido. Ese año abandonamos la religión, yo y mi generación. Y su generación empezó a morir. La ideología envejeció. Alrededor monumentos vacíos. El 68 llega despacio, lento como una tortuga”.

Slavenka Drakulić, escritora, periodista y feminista histórica de Zagreb tenía 18 años en el 68. En su obra Los pecados capitales del feminismo 43/ recoge numerosos artículos y ensayos dedicados al feminismo. En, En vez de una biografía, expone un autorretrato irónico, así recuerda el 68: “Esperaba un hijo. Naturalmente todos decían que era una estupidez porque solo tenía 18 años y toda la vida por delante, ¿Por qué arruinarla? Estaba en el primer año de la universidad, estudiaba filosofía e hinduismo. S. [marido sociólogo, uno de los líderes del movimiento estudiantil de Zagreb] tenía dos años más que yo. ¿Todo esto era necesario? No…pero entonces no era consciente de la responsabilidad que suponía un hijo. Sabía solamente que todo esto tenía que ver con la libertad, con la integridad, con mi personalidad y que no podía permitir que fuesen “ellos” los que decidiesen. Se trataba de una cuestión de principios y entonces los principios eran importantes. Porque aquel año era el 68, un año histórico, como hoy sabemos. Me acuerdo muy bien de aquel año, y una persona de 1,76 mts, me recuerda todos los días mi independencia y mi obstinación. Como parte de aquella generación seguía escrupulosamente, por no decir fanáticamente, cada paso: vivía en una comuna, fumaba yerba, era vegetariana, seguidora del Ying y el Yang, meditaba durante horas y discutía de religión, de budismo zen y de política. S. y yo imaginábamos que educaríamos a nuestro hijo nosotros solos, porque no podíamos permitir que la sociedad lo arruinase. Soñábamos incluso que un día iría a una escuela libre tipo Summerhill. Las consecuencias de este comportamiento resultaron evidentes: mientras mi marido y sus amigos estudiaban y hacían la revolución yo criaba al niño. Todos lo veían excepto yo. Después de tres años llevando esta vida entendí que había algo que no funcionaba pero continuaba desempeñando el rol masoquista de la super mujer”.

Traducción: Carlos Sevilla Alonso (Quiero agradecer a Miguel Rodríguez Andreu y a Antonio J. Antón Fernández sus sugerencias y aportaciones que me han ayudado a completar y mejorar la presente traducción, sin por ello hacerles responsables de los errores y deficiencias que a buen seguro existirán).

Notas:

1/ Nicole Janigro, nacida en Zagreb (Croacia), vive y trabaja en Milán. Psicoterapeuta, forma parte del Laboratorio Analítico de las Imágenes (LAI). Es autora de Psicoanalisi. Un’eredità al futuro (Mimesis 2017), Ilterzogemello (AntigoneEdizioni, 2010), L’esplosione delle nazioni (Feltrinelli 1993, 1999).

2/ Il Sessantotto: l’evento e la storia, a cura di Pier Paolo Poggio, premessa di Luigi Micheletti, prefazione di Giovanni Pesce, Brescia, 1988-1989, nº 4, XIV-447 pp., 27x19 cm (Atti del convegno, Brescia, 9-11 marzo 1989), Annali della Fondazione Luigi Micheletti.

3/ J. AGNOLI (2008) “El 68 alemán: fundamentos teóricos y desarrollo histórico de una revuelta”, en 1968. El mundo pudo cambiar de base, M. Garí, J. Pastor, M. Romero coords., Los Libros de la Catarata, Madrid, pp.219-242.

4/ La temática de la Historia (con mayúsculas) que irrumpe y trastoca la vida y la cotidianeidad de las familias y de los individuos está presente de forma casi obsesiva en numerosas novelas “históricas” de la copiosa literatura serbia de postguerra. Entre los más destacados conviene señalar las novelas Slobodan Selenić.

5/ La “explosión de verdad” afectó a la forma de relatar la historia del socialismo autogestionario realmente existente. El material de estas discusiones puede encontrarse en revistas y periódicos. La “ola negra” – el término se venía utilizando para los films “prohibidos” en el 68- es la consecuencia de la publicación de muchas novelas autobiográficas guardadas en el cajón durante años. Una de las novelas más destacadas es la del esloveno Banko Hofman, Noc do jutra (De la noche a la mañana), Znanje, Zagreb, 1982. Papá está en viaje de negocios, la película de Emir Kusturica, es otro producto del “deshielo” de principios de los años 80, que cuestiona la verdad oficial sobre el 48.

6/ Editado por el Centro de Filosofía y Teoría Social de la facultad de Ciencias Políticas de la universidad de Belgrado en 1983. La difusión del libro estaba prohibida todavía a finales de los años 80 aunque algunos capítulos habían sido publicados parcialmente en periódicos y revistas.

7/ Cfr. AA.VV, Praxis e la società jugoslava, Ceses, Milano, 1976; AA. VV., La rivolta di Praxis, a cura di G. Ruggieri, Longanesi, Milano, 1970: G. FUSI, L’opposiozine política e filosófica in Jugoslavia, “Aut-Aut”, 1979, n. 148.

8/ D. Cohn-Bendit e A. Michnik, Il cielo in fiamme, “Micromega”, 1987, nº4, p.91.

9/ Sobre el debate “ideológico” en el Este es recomendable G. Neri, Variazioni ideologiche del socialismo realizzato: l’”umanesimo” scientifico-tecnologico, in “Aut-Aut”, 1975, nº 145-146. Una parte del ensayo está dedicada a la doctrina de la “revolución tecno-científica” abordada por Radovan Richta en Checoslovaquia [N. del T. Especialmente en la obra colectiva que coordina La civilización en la encrucijada, Ed. Ayuso, 1974, Madrid]. De la idea de una revolución tecnológica común –en El Este y en el Oeste- toma forma la denominada “teoría de la convergencia”.

10/ N. POPOV Sezdeset osma dvadeset godina docnije (El 68 veinte años después), “Pitanja”, nº 3-4, p. 106.

11/ Mesa redonda: el 68 de los estudiantes, en “Danas” del 21/06/88 y del 28/06/88. En la discusión, coordinada por la periodista Slavenka Drakulić participaron A. Hodžić, D. Mićunović, N. Popov, I. Besker, B. Jakšić y B. Kovačević.

12/ V. DEDIJER Novi prilozi za biografiju Josipa Borzza Tita (Nueva contribución a la biografía de Josip Borz Tito), Liburnia, Rijeka, 1981. Sobre la influencia de su monumental y discutida obra se recomienda S.K. PAVLOVITCH, Dedijer as a Historian of a Yugoslav Civil War, en “Survey”, Autumn 1984.

13/ B. PETRANOVIĆ, Istorija Jugoslavije 1918-1978 (Historia de Yugoslavia), Nolit, Belgrado, 1980, p. 574.

14/ Destaca la obra de B. BILANDZIC, Kratak preqled razvitka društveno-ekonomskih odnosa u Sfrj 45-65 (Una mirada al desarrollo de las relaciones socio-económicas en la RSFY), Centar Đuro Salaj, Belgrado, 1965; sobre la reforma económica y sus consecuencias S. BIANCHINI, Nazionalismo croato e autogestione, La Pietra, Milano, 1983, que incorpora algunos aspectos sobre el 68.

15/ El primer libro dedicado a las huelgas en Yugoslavia es de N. JOVANOV, Radnički strajkovi u Sfrj (Las huelgas obreras en la RSFY), Zapis, Belgrado, 1979 que encontró muchas dificultades para su publicación. En italiano, sobre las huelgas en Yugoslavia se puede consultar N. JANIGRO, La crisi jugoslava, en “Classe”, 1988, nº2-3.

16/ En particular el artículo del economista Branko Horvat, Cijena uspješnog rasta (El precio del crecimiento exitoso), “Vus”, 8 noviembre 1967.

17/ Z. GOLUBOVIC, La societè yougoslave et le “socialisme réel”: la crisi actuelle du système yougoslave et les possibilités de son evolution, en Z. GOLUBOVIĆ y S. STOJANOVIĆ, La crise du système yougoslave. Project de recherche: les crisis des systemes du type soviètique, en “Etude”, 1986, nº 14.

18/ G. PETROVIĆ, Socialismo e filosofía, Feltrinelli, Milan, 1976.

19/ D. BILANDŽIĆ, “Što su “temeljni problema povijesti Jugoslavije”? (¿Cuáles son los problemas fundamentales de la historia de Yugoslavia?), en “Nase Teme”, 1986, nº12.

20/ P. MATEVEJEVIC, Razgovori s Miroslavom Krlezom (Conversaciones con Miroslav Krleza), Mala edicija ideja, Beograd, 1974.

21/ G.STOJANOVIĆ, Gli ideali e la realtà, Feltrinelli, Milan, 1974, p.51.

22/ L. TADIĆ, Poredak i sloboda (Il sistema e la libertà), en “Kultura”, Belgrado, 1967.

23/ [N. del T. Un buen artículo que explora las conexiones entre el movimiento estudiantil yugoslavo y su dimensión internacionalista en relación a las campañas de solidaridad (también oficialistas) con los movimientos de liberación de Asia, África y América Latina en el que señala las influencias de la ideología “tercermundista” es el de James M. Robertson “Down with the Pipe ant the Poodle”: Yugoslavia, 1968 publicado en la web de la editorial Verso el 20/05/2018 https://www.versobooks.com/blogs/3830-down-with-the-pipe-and-the-poodle-yugoslavia-1968]

24/ Z. PAVLOVIĆ, op. Cit., p.20.

25/ La reconstrucción de los acontecimientos es el fruto de un collage procedente de diversas fuentes teniendo en cuenta que el material es escaso y muy discutible. Una pista se puede encontrar en M. ARSIĆ e D.R. MARKOVIĆ 68. Studentski bunt i drustvo (El 68. La revuelta estudiantil y la sociedad), Sso Srbije, Belgrado, 1988. También es muy útil el nº1-2, junio-julio 1968 de la revista Praxis: una recopilación de documentos, censurada por orden del tribunal, que permite reconstruir el mapa del 68 yugoslavo a partir de las “fuentes”.

26/ [N. del T. Extraído de G. BÜCHNER, La muerte de Danton. El mensajero rural de Hessen y una selección de cartas, Barcelona, Icaria, 1982, Traducción de Ángela Ackermann]

27/ Esta es la expresión utilizada por el profesor de la Facultad de Arquitectura Bogdan Bogdanovic diciendo a continuación: “Nuestros estudiantes contagian su entusiasmo, todos los que en estos días han estado con ellos han sufrido profundas transformaciones personales. Una cuestión de conciencia que ha afectado a la sociedad en su conjunto”. Su declaración fue recogida en uno de los números especiales de Student aparecido en la “semana caliente”. Bogdanovic se convertirá veinte años después en el alcalde de Belgrado. Obligado a dimitir, víctima de una de las primeras purgas que llevarán al poder en la capital a los hombres del líder del nacionalismo serbio, Slobodan Milošević.

28/ El 68 de los estudiantes albaneses es una página blanca de la reciente historia yugoslava. Uno de los pocos que lo aborda es B. HORVAT, Kosovsko pitanje, Globus, Zagreb, 1988, p.96 y ss.

29/ Z. PAVLOVIĆ, op. Cit., pp. 129-30.

30/ [N. de T. Referencia a Milovan Đilas, lugarteniente de Tito durante los años de la guerra partisana, Vicepresidente de Yugoslavia y Presidente de la Asamblea Nacional al inicio de los años 50, criticó posteriormente el “elitismo comunista” y la nomenklatura del partido-Estado siendo expulsado del partido en 1954. Autor de la obra de referencia “La nueva clase”, Edhasa, 1957]

31/ [N. de T. Referencia a Aleksandar Ranković, ministro de Interior entre 1946 y 1953, presidente de la Agencia de Seguridad (OZNA) y del Servicio de Seguridad del Estado Yugoslavo (UDBA). Su intransigencia con la descentralización del Estado federal y su defensa a ultranza de los serbios de Kosovo​ le llevó a ordenar severas operaciones contra la población y la insurgencia albanesa provocando que perdiera el favor de Tito y siendo acusado en 1966 de abuso de autoridad y de organizar un complot contra el mariscal, por lo que perdió todos sus cargos y fue expulsado del Partido]

32/ El discurso de Tito está reproducido íntegramente en M. ARSIĆ y D.R. MARKOVIĆ, op. Cit., p. 125 y ss. El discurso de Tito al Congreso de los Sindicatos en pp.132-3.

33/ El libro del profesor N. POPOV Contra fatum, Globus, Zagreb, 1988 está dedicado al caso de los profesores de Belgrado, seguido con gran interés y con la solidaridad de los intelectuales del “Este y del Oeste”.

34/ Ž. PUHOVSKI, Početkom kraja moderne (El inicio del fin de lo moderno) en “Pitanja”, 1988, nº 3-4, P.102.

35/ N. POPOV, Šezdeset osma dvadeset godina docnije, op. Cit., p. 105.

36/ El resultado de su investigación antropológica-sociológica y la reflexión sobre la evolución de la concepción yugoslava del socialismo puede consultarse en Z. GOLUBOVIĆ, Kriza identiteta savremenog jugoslavensnkog drutsva – Jugoslavenski put u socijalizam viden iz razlicitih uglova (La crisis de identidad de la sociedad yugoslava contemporánea- La vía yugoslava al socialismo contemplada desde diferentes puntos de vista), Filip Višnjić, Belgrado, 1988.

37/ En Student, nº 10, abril 1971. El debate sobre las enmiendas aprobadas en 1971 y sobre la constitución del 74 tiene una dimensión demasiado grande para poder ser sintetizada en el espacio de una nota.

38/ Abreviatura de “movimiento de masa” o movimiento nacionalista croata de finales de los años sesenta, principios de los setenta

39/ P. MATVEJEVIĆ, Razgovori s Miroslavom Krlezom (Conversaciones con Miroslav Krezla), op. Cit., p. 20.

40/ Cfr. Mesa redonda: el 68 yugoslavo, Danas del 21 al 28 de junio de 1988.

41/ Una de las pocas obras accesibles sobre el feminismo yugoslavo es B. JANCAR, The new feminism in Yugoslavia, en AA.VV., Yugoslavia in the 1980s, coordinado por Pedro Ramet, Westview Press, Boulder and London, 1985.

42/ R. IVEKOVIĆ, Sporost-oporost, Graficki zavod Hrvatske, 1988. “Kornjača sezdeset i osme” (La tortuga del 68), p.19-25.

43/ S. DRAKULIĆ, Smrtni grijesi feminizma, Znaje, Zagreb, 1984. “Umjesto biografije” (En lugar de una biografía), pp 167-169.







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