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Estado español
Tercera entrega: Tiburón III
12/06/2018 | Sabino Cuadra

Aquí en Navarra, previo a las elecciones forales de 2015, costó dios y ayuda convencer a diletantes (interesados los unos, verdaderos los otros), que levantar una alternativa de cambio al gobierno de UPN suponía afirmarla al margen del PSN. El PSN, repetíamos, no forma parte de la solución, sino del problema. Hacer el cesto del cambio precisaba otros muy diversos mimbres. No era ésta una opinión. Era un dato. En los últimos años, cuantas veces había sido posible echar a UPN del Gobierno de Navarra, el PSOE lo había impedido.

En 2007, Nafarroa Bai, IU y PSN llegaron a un acuerdo para desalojar a la derecha del Gobierno y formar otro presidido por este último partido. Pero Ferraz anuló los acuerdos suscritos y mantuvo a UPN en el poder. Siete años después repitió jugada e impidió que prosperara una moción de censura contra UPN. Para el PSOE todo valía salvo llegar a acuerdos con Na-Bai o Bildu. Y de ahí no lo movía ni dios. El resto de razones sociales o políticas no valían.

Me contaron hace días que cuando en el Congreso se votó la moción de censura contra Rajoy, hubo voces de izquierda en los pasillos que hablaron de que allí se estaba reeditando en alguna medida una especie de Frente Popular. Eso fue después de que los aplausos y gritos Unidos-Podemos –“¡Si se puede, sí se puede!”- superaran limpiamente en decibelios a la propia ovación de la bancada socialista. ¡Angélicos!

Dicen que a los gobiernos entrantes hay que darles un margen de cien días de cortesía antes de comenzar a valorar su obra. Si tuviera que ser así, al comienzo de la legislatura del PP -diciembre de 2011-, habría que haber estado callado mientras aprobó su primera subida de impuestos, congeló los salarios a los funcionarios, aplicó motosierra al gasto público –educación, sanidad,..- y aprobó su reforma laboral, pues todo esto lo realizó en menos de cien días.

El primer nombramiento de Sánchez, José Borrell, ha sido todo un síntoma de lo que se avecinaba. Destacado portavoz de Societat Civil Catalana (PP, C’s, VOX), su nombramiento en Exteriores indica claramente el tipo de política a impulsar en Europa, lugar donde la neurosis represiva de Rajoy y su judicatura contra el proceso catalán ha recibido fuertes varapalos.

José Borrell, refiriéndose a los impulsores del proceso catalán afirmó hace tan solo cinco meses que “la han hecho muy gorda. Antes de coser las heridas hay que desinfectarlas, si no, se pudren”. Se trataba del mismo Borrell que en febrero-2003 acudió junto con González, Guerra,.., Almunia a las puertas de la cárcel de Guadalajara a vitorear a Barrionuevo y Vera, criminales del GAL. Entonces no pidió desinfección alguna para aquel entramado mafioso y criminal, sino tercer grados, libertades condicionales e indultos.

Y qué decir de Marlaska –Interior-, martillo de herejes independentistas a quien las denuncias por torturas le provocaban risitas. Juez instructor de seis de los nueve casos en los que el Tribunal Europeo de DD.HH. ha condenado al Estado español por no investigar las denuncias por torturas hechas ante la Audiencia Nacional por gentes magulladas y rotas. Marlaska, baranda mayor de seguridad ciudadana y de la cosa esa de los derechos humanos, aplaudido por la Guardia Civil que había vetado previamente para ese mismo cargo a Margarita Robles.

Tres son las grandes grietas del actual Régimen del 78. La primera es la de la sacrosanta unidad española. Para ahuyentar ese peligro están Borrell, el palo, y Marichel Batet, ministra de Política Territorial, la zanahoria. La otra gran grieta es la que exige, como hace cuarenta años, reprimir con saña toda la extensa contestación vivida últimamente, llámese Catalunya, Altsasu, Valtonyc, Bódalo... o lo que se tercie. Para eso han nombrado ahora a Marlaska y la nueva ministra de Justicia, Dolores Delgado, hasta ayer fiscal coordinadora de la lucha antiterrorista en la Audiencia Nacional, que tiene sus méritos la cosa.

La tercera grieta es la económico-social. Nadia Calviño, accede a este Ministerio por los méritos de sus doce años de estancia en distintos puestos en la Unión Europea. Dicen que es ferozmente europeísta. El IBEX, con la Banca al frente, subió nada más conocerse su nombramiento y Ana Botín, presidenta del Santander (una “feminista” emprendedora) aplaudió a rabiar.

Vuelven a pintar bastos en materia económica. Cumplir el objetivo del déficit pude suponer nueve mil millones en recortes. Y luego está la guerra de Trump con la UE Trump que golpeará sin duda la balanza comercial española. Sumemos a ello la previsible subida de tipos de interés y el consiguiente alza en el coste de la deuda pública. Y ante todo esto, el PSOE, ése partido cuyo Gobierno reformó el art. 135 de la Constitución poniendo el interés de la Banca por encima de las necesidades sociales de la población; ése que hizo una reforma laboral contra la cual hubo en 2010 una huelga general, nos pone de ministra de Economía a una feroz europeísta. ¡Que si quieres arroz, Catalina!.

Allá quien quiera quedarse con la boca abierta ante la foto feminista del nuevo Gobierno; quien quiera dar pábulo a sus llamamientos de diálogo y buen rollito; quien absolutice las medidas progresistas que pueda tomar el PSOE en las próximas semanas en materia de derechos civiles, memoria histórica, género... Algo parecido hizo Zapatero al principio, pero terminó arrodillándose ante Merkel y el IBEX. Con más razón aún, poco puede esperarse de la actual mezcla gubernamental de patanegras españolistas, jueces y fiscales expertos en jurisdicciones de excepción y fanáticas europeístas. Tiempo al tiempo.

Yo ya he visto esta película dos veces. La primera, Tiburón I, con Felipe González; la segunda, Tiburón II, con Zapatero. Ahora la reponen por tercera vez, solo que el guión, dirección y elenco de actrices y actores es aún peor al conocido en otras ocasiones. Mi máximo respeto a quienes son adictos a culebrones de este pelo y a los que, sin haber visto las entregas anteriores, quieren ver esta tercera para juzgarla personalmente. Pero yo no tengo ganas de dar cien días de cortesía a este Gobierno. Me basta con haber escuchado su veneración por la estabilidad presupuestaria que apruebe la UE y que el mayor problema que hoy tenemos no es el social –¡lo dice un partido adjetivado socialista!- sino el de la integridad territorial. ¡Santiago y cierra España!

10/06/2018







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