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Alemania. La nueva iniciativa de Sahra Wagenknecht y Oskar Lafontaine
Justicia social con controles de inmigración
28/08/2018 | Miguel Sanz Alcántara

A mediados de mayo se publicó el manifiesto “Por un país justo y equitativo” cuyo autor es Oskar Lafontaine. El manifiesto y el conjunto de la iniciativa ha sido defendido por Sahra Wagenknecht (jefa del grupo parlamentario de Die Linke) y otras personas destacadas del partido de la izquierda, aunque siempre de forma independiente y sin contar con el respaldo de la dirección. La presentación oficial de la iniciativa - “Aufstehen”, levántate o álzate- será el 4 de septiembre y parece que más de 50.000 personas se han inscrito en la primera semana para recibir información y formar eventualmente parte de su lanzamiento. Una reciente encuesta de la revista semanal Focus –uno de los tres medios con más circulación en este formato- aseguraba que un 34% del electorado estaría dispuesto a votar a una alianza así. En principio la iniciativa de Wagenknecht y Lafontaine no se presenta como un nuevo partido, sino como un movimiento donde convergen personas de Die Linke, el SPD y Los Verdes, con aspiraciones de reenganchar a la gente desencantada con la evolución del panorama político.

La idea de una coalición de gobierno entre el SPD, Die Linke y Los Verdes es popular entre el electorado de izquierdas. Efectivamente, el hecho de que en las pasadas elecciones los resultados no alcanzaran para formar esta coalición y surgiera en cambio otra gran coalición, CDU-SPD, ha empujado a un sector importante del electorado de izquierdas hacia la desilusión. Esta iniciativa revela así un importante potencial electoral que es muy posible que acabe desarrollándose. Preguntada explícitamente por la posibilidad de que Aufstehen se presente a las elecciones, la dirigente de Die Linke respondía que por ahora –en la próxima ronda de elecciones regionales- espera “que personas pertenecientes a este nuevo movimiento formen parte de las listas electorales de los tres partidos de izquierda”. Esto plantea ya de partida un problema interno para los tres partidos aludidos, y especialmente para Die Linke. Personas excepcionalmente relevantes de su dirección están actuando por su cuenta y más allá de los ámbitos organizativos del partido. Al mismo tiempo es obvio que la presión que están generando y generarán desde fuera con este movimiento tendrá una influencia sobre los procesos internos de Die Linke, especialmente con la eventual elección de Sahra Wagenknecht -ya sea dentro o fuera de los ámbitos del partido- como candidata a Canciller. El peligro de una división en Die Linke es real y podría incluso conducir a un escenario de elecciones federales con la izquierda aún más dividida.

La iniciativa y su contexto

En su campaña promocional inicial, la plataforma mira de frente al electorado disconforme y a la gente joven y les plantea varias demandas muy claras en torno a los temas sociales más candentes en la calle: sanidad en decadencia, pobreza en la vejez, inseguridad en el trabajo, escasez de viviendas… Su campaña no tiene simbología heredada y está conjugada estéticamente en el presente. Se dice que profesionales en comunicación y relaciones públicas forman la piedra angular del “equipo Wagenknecht” y la iniciativa quiere destacar su programa de mejoras sociales. Los problemas a los que alude Aufstehen son reales y palpables. Es la base material sobre la que se construyen sus aspiraciones: la Alemania que sufre la onda larga de la Agenda 2010, el plan de reformas neoliberales del SPD de principios de siglo del que Lafontaine no quiso hacerse co-responsable. Esta precarización e incertidumbre crecientes en Alemania es el contexto sobre el que también AfD construye su propuesta política. El giro hacia la derecha prospera en el terreno fértil de la precarización neoliberal de las perspectivas de vida, cuando prevalecen los patrones racistas de interpretación de la crisis. Una encuesta reciente de Der Spiegel, revelaba por otra parte que el ambiente de polarización política en Alemania es ya una preocupación pública. Según la encuesta dos tercios de la muestra estaba de acuerdo en que en Alemania se está produciendo un giro a la derecha. El 80% pensaba que el tema de los refugiados ocupaba demasiado espacio en el debate político y otro 80% pensaba que el estado de la sanidad y los cuidados ocupaba demasiado poco. Aufstehen pretende salir al paso de este estado de opinión, pero con una respuesta cuestionable en cuanto a cómo conseguir mejoras sociales y hacer retroceder a la derecha.

Lafontaine y el “proteccionismo del trabajador”

En una entrevista reciente en el diario Welt, Lafontaine volvía a expresar que para frenar el crecimiento de AfD es necesario reforzar los controles de inmigración: “el Estado debe decidir a quién acoge. Es la base de su orden… A cualquiera que cruce la frontera ilegalmente se le debe ofrecer retornar voluntariamente. Si no lo acepta, sólo queda la deportación”. Si bien esta posición no es nueva en Lafontaine, plantearla públicamente significa una ruptura con el programa y la posición oficial del partido al que tanto él como Wagenknecht pertenecen. La argumentación que sostiene estas afirmaciones, también defendida por Wagenknecht públicamente con mayor o menor sutileza, puede definirse como “proteccionismo del trabajador” (termino descrito por el marxista ruso Nikolai Bujarin en el marco de los debates sobre inmigración de la Segunda Internacional de principios del siglo XX). Para Lafontaine el progreso social pasa por limitar la emigración de trabajadores y trabajadoras que ponen en peligro las conquistas alcanzadas por la clase trabajadora del país, al igual la libre circulación del capital y los productos. El dumping salarial que la patronal utiliza para intentar abaratar los costes de producción y debilitar el poder colectivo de sectores de trabajadores bien organizados, es una amenaza que la inmigración y los grandes movimientos de solicitantes de asilo conllevan. Si bien Lafontaine y Wagenknecht son políticos claramente de izquierdas, sus soluciones para este problema transitan peligrosamente hacia la derecha. Se solapan con las del SPD en el planteamiento de restringir la emigración y coinciden con el argumento de AfD de que Merkel ha promovido una “inmigración incontrolada” que pone en peligro la cohesión social, como insinuó Wagenknecht en el congreso de Die Linke.

El movimiento obrero de principios del siglo XX había dado una respuesta coherente al problema: mantener el internacionalismo y la solidaridad de clase, luchando por la igualdad inmediata de derechos civiles, sociales y económicos, esforzándose en la organización laboral unitaria de la mano de obra extranjera, de forma que se cosecharan conquistas para el conjunto de la clase trabajadora y se derribaran los prejuicios racistas. La historia del movimiento obrero alemán de los últimos 40 años está llena de aplicaciones exitosas de esta política, desde la huelga “salvaje” de Ford o de los “Gastarbeiter” españoles en 1973, hasta las recientes huelgas de Amazon y Ryanair. Wagenknecht y Lafontaine piensan en cambio que la utilización de la policía, los permisos de residencia, las fronteras y la deportación constituyen herramientas que la izquierda debe utilizar también para defender los niveles de vida de la clase trabajadora alemana. Aquí empieza y termina además su receta para frenar a AfD.

La lucha contra la extrema derecha

Wagenknecht y Lafontaine han visto como esta posición era abrumadoramente derrotada en el último congreso de Die Linke. El enfrentamiento abierto con la dirección orgánica del partido y su derrota refleja la influencia que varias campañas relacionados con el antirracismo están teniendo en sectores importantes de Die Linke. Por una parte, el movimiento más o menos espontáneo contra la criminalización del rescate en alta mar (#Seebrücke), impulsado por las ONG de ayuda a refugiados, pequeñas iniciativas locales y organizaciones pequeñas de la izquierda alternativa. Esta campaña ha tomado un impulso propio más allá del círculo de las organizaciones que la animan, y ha sido secundada no sólo en las grandes ciudades sino también en núcleos medianos y pequeños, con cientos de grandes y pequeñas manifestaciones, concentraciones y vigilias. Por otra parte, existen dos campañas en marcha contra el racista ministro del interior de la CSU, Seehofer. Una en contra de la ampliación de los poderes policiales y otra por su repugnante gestión de las peticiones de asilo de personas que vienen de países en conflicto. Además la campaña general y continua de acoso contra AfD (que tiene como matriz federal a laplataforma Aufstehen gegen Rasissmus) está movilizando a decenas de miles de personas por todo el país. Cada congreso o evento público de AfD tiene que hacer frente al boicot de organizaciones civiles, sociales y religiosas y a protestas abiertas por parte de colectivos antirracistas grandes y pequeños. A finales de mayo 72.000 personas se manifestaron en Berlín contra el congreso de AfD, que reunió otras 5.000 en su propia manifestación. Esta movilización fue todo un ejemplo de lucha unitaria contra la extrema derecha: cientos de organizaciones sociales, partidos, sindicatos, colectivos religiosos -y hasta la masiva escena de los clubs nocturnos de Berlín- se sumaron a la protesta. Dada la enorme cantidad de personas que están participando en campañas a favor de las personas refugiadas, el rescate marítimo, contra AfD o el ministro de la CSU, entre la izquierda social alemana se habla del “verano del antirracismo y el antifacsimo” o del “verano de la solidaridad”.

Haciendo lo contrario de lo que deberían

El último congreso de Die Linke aprobó dos resoluciones de forma abrumadora que tienen la impronta de esta situación: una a favor de la apertura de las fronteras y la justicia social y otra por otorgar prioridad máxima la movilización social contra AfD. Lafontaine, Wagenknecht y otras personas del partido no otorgan ninguna importancia a la construcción de estos movimientos. Son de alguna forma inmunes a su impacto. Ninguna de estas plataformas o protestas es mencionada en su manifiesto inicial o en su campaña promocional antes de la presentación en septiembre. La prioridad es construir la base para la eventual formación de un nuevo partido junto a personalidades parlamentarias e intelectuales a su derecha. Su receta para parar el desplazamiento de votos de Die Linke a AfD en el este de Alemania es darle la razón a esta última y asumir que hacen falta más controles de inmigración. Sin embargo, muchas de las personas que se sienten atraídas por su iniciativa son a su vez participantes en mayor o menor medida de algunos de estos movimientos. Es una contradicción que tendrá que disiparse pronto. Mientras tanto, y a la espera de la orientación definitiva de su plataforma, no debemos perder ni un minuto en la tarea de hacer crecer estos movimientos. Ampliarlos a aquellos sectores que sufren más directamente el racismo y la islamofobia y mantener la orientación hacia la movilización unitaria contra AfD. Es la única propuesta que nos permite involucrar a gente común desencantada con la política, sin ceder ni un ápice a los prejuicios racistas contra la inmigración y las personas refugiadas.

25/08/2017

Miguel Sanz Alcántara, militante de Anticapitalistas en Berlín.





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