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Irak. Región de Basora
Sequías, guerras, pantanos y corrupción alimentan el descontento social
08/09/2018 | Hélène Sallon

La casa de Muhassin Sabban Alí se destaca, aislada, en medio de un amplia extensión de tierra cuarteada, en la que se ven canales abandonados. Es en lo que se han convertido los campos de Siba, en la provincia de Basora, en el sur de Irak. Algunas palmeras datileras de hojas secas y troncos calcinados, herencia de la guerra Irán-Irak (1980-1988), se dibujan en el horizonte. “Antes, alrededor de toda la casa, había palmeras hasta donde alcanzaba la vista. Cuando la salinidad del agua comenzó a aumentar, llegaron los problemas. El río ha muerto y la vegetación ha muerto”, cuenta el hombre de 87 años, nacido en esta región entonces conocida por su producción de dátiles.

Vuelto después de la guerra para explotar sus doce dunams (tres hectáreas) a unos centenares de metros de Irán, Muhassin Sabban Alí ha visto cómo su plantación moría poco a poco desde 2009, con el aumento de la salinidad de Chatt el-Arab, el canal que hay en la confluencia del Tigris y el Éufrates. No le queda más que un resto del que saca unas toneladas de dátiles al año. Los frutos, alimentados por goteo desde las canalizaciones, son pequeños. La cantidad de sal del agua este año la hace impropia para el consumo. “Solo tengo este agua para mis árboles y mis corderos. Solo puedo comprar media tonelada de agua potable cada veinte días”, deplora el anciano enfermo, que vive de su jubilación y de la ayuda de sus hijos, que han abandonado la agricultura.

En Basora, como en todo el sur de Irak, las explotaciones agrícolas y la cría de ganado cierran una tras otra. La región es una de las más afectadas por la crisis hídrica que conoce un pico este verano en Irak, alimentando una oleada de protesta social 1/.

La reducción del cauce del Tigris y del Éufrates ha hecho entrar las aguas saladas del golfo arabo-pérsico en Chatt el-Arab. En algunas zonas, la salinidad del agua alcanza más de 40.000 miligramos de sales disueltas, muy por encima de los niveles aceptados de 2.400 a 2.600 miligramos, según indica Alaa Al-Badran, el presidente del Sindicato de ingenieros agrícolas de Basora. “La superficie agrícola se ha reducido un 40%. La salinidad mata el pescado y el ganado”, prosigue.

Parte equitativa del agua

A comienzos de junio, los caudales del Tigris y del Eufrates alcanzaron sus niveles más bajos desde hace decenios. Se señaló [como responsable] a Turquía, que acababa de emprender el llenado del gran pantano de Ilisu en el Tigris. Las discusiones entre Bagdad y Ankara permitieron suspender el llenado, pero la crisis hídrica no se resolvió en absoluto. “La crisis del agua se debe al cambio climático y a condiciones de casi sequía en toda la región. Irak es más vulnerable pues se sitúa en la cuenca baja del Tigris y del Eufrates, y río arriba se han desarrollado proyectos sin consultarnos, que no respetan nuestro derecho a una parte equitativa del agua”, señala el ministro de recursos hídricos, Hassan Al-Janabi.

Los calores extremos y la reducción drástica de las lluvias estacionales este año han acentuado una crisis ya latente. Desde hace veinte años, el caudal del Éufrates ha bajado a la mitad y el del Tigris lleva esa tendencia, según el ministro Al-Janabi. Los pantanos construidos río arriba de los dos ríos en Turquía, en Siria y en Irán desde los años 1980, son una de las razones de ello. La sucesión de guerras en Irak, entre ellas la realizada contra la organización Estado Islámico ha ocasionado más de 600 millones de dólares de daños en las infraestructuras hidráulicas, y la mala gestión de los sucesivos gobiernos es otra razón.

“La utilización del agua en Irak es problemática. El Ministerio de Agricultura debe poner en marcha proyectos de racionalización y de reducción del consumo de agua, pero no tiene los conocimientos necesarios. Las técnicas de irrigación por inundación que datan de la época sumeria son inadecuadas. Hay que hacer respetar las cuotas de agua por provincia para que las regiones de más abajo como Basora no sean dañadas”, estima Alaa Al-Badran. El gobierno ha decretado la suspensión de los cultivos de arroz, maíz y cereales que necesitan una importante irrigación. Pero “muchos agricultores que tienen ahí su única subsistencia no respetan la prohibición”, lamenta el ingeniero agrícola.

“Debemos acabar la transición entre país rico en agua y país en penuria de agua… Hay que reformar el sector del agua y reforzar la cooperación entre los ministerios implicados”, reconoce el ministro de recursos hídricos. Los proyectos que evoca están suspendidos a la espera para la próximas semanas de un gobierno nuevo, igual que de las negociaciones emprendidas con Turquía sobre el pantano de Ilisu. Pero, a falta de acuerdo global sobre el reparto de los recursos de agua con Turquía, Irán y Siria, la gestión transfronteriza del Tigris y del Eufrates sigue siendo una fuente de conflictos. “Se debe desarrollar un planteamiento de coordinación con Turquía, Irán y Siria sobre el conjunto de la cuestión del agua. Es un deseo pero, espero, no un piadoso deseo”, dice Hassan Al-Janabi.

No hay ganado ni pesca

Irak tendría necesidad de 50.000 millones de metros cúbicos de agua por año para satisfacer sus necesidades agrícolas, domésticas e industriales, contra los 30.000 millones de hoy. La agricultura, que emplea el 80% del agua en Irak, es la primera afectada. Solo un tercio de las tierras arables del país pueden ser explotadas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. La parte de la agricultura en el empleo iraquí ha pasado del 43% al 26% desde 1991, según el Banco Mundial.

Las guerras y el éxodo rural han golpeado duramente a Siba. La localidad, que antes tenía 65.000 habitantes, hoy solo tiene 17.000. “Teníamos más de 40.000 dunams (10.000 hectáreas) de tierras agrícolas, de las que 27.000 eran para producción de dátiles. Todo ha muerto. Ya no hay ganado ni pesca. El gobierno no nos ayuda. Se han demandado canales para traer el agua del norte del país, pero han construido un canal desde el Chatt el-Arab cuya agua es demasiado salada. La estación de desalinización inaugurada en 2009 no ha funcionado nunca. No se ha hecho ninguna reflexión sobre el desarrollo de la zona”, deplora Naema Ghatban, el jefe del consejo local de Siba.

El responsable teme que el éxodo rural prosiga mientras que la tasa de paro llega casi al 70%. Los empleos de sustitución son raros. El campo de gas de Siba contrata poco a la población local. “Esos empleos se dan a personas del exterior, cercanos a los partidos o enchufados. Tenemos ingenieros, especialistas, peones, pero la empresa que explota el campo de gas dice que no están formados”, prosigue Naema Ghatban, lamentando que esas empresas no pongan en marcha ni programa social ni medidas de reducción de su impacto medioambiental para ayudar al desarrollo de la región.

Le Monde 31/08/2018

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Notas:

1/ La provincia de Basora, la más rica del país en hidrocarburos y sin embargo la menos dotada en infraestructuras, es el epicentro, desde el 8 de julio de 2018, de un movimiento de protesta social contra la falta de empleos y servicios, y la corrupción que se ha extendido a todo el sur. Ha tomado una tonalidad inédita con la desconfianza hacia los partidos políticos chiítas y las milicias que dependen de ellos en este Sur que es sin embargo su principal base electoral y vivero de reclutamiento (…). Tras la violencia de los primeros días de protesta, que provocó 15 muertos y centenares de heridos, el movimiento se extinguió, sin apagarse, bajo el efecto de medidas de seguridad y del desbloqueo de un plan de urgencia de varios miles de millones de dólares por el primer ministro Haider Al-Abadi. Una crisis sanitaria que llevó a más de 30.000 personas al hospital por intoxicaciones por agua contaminada en Basora, a finales de agosto, lo relanzó. Las manifestaciones han tomado un nuevo tono violento tras la muerte, el lunes 3 de septiembre, de un joven manifestante de 26 años. El jueves 6 de septiembre (…) miles de manifestantes han incendiado edificios públicos y las sedes de los principales partidos chiítas (de Basora). Desde el martes las protestas diarias han causado nueve muertes entre la gente que se manifiesta. Hélène Sallon Le Monde 7/09/2018







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