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Hace 100 años, la CNT y el Congreso de Sants
La respuesta sindical a los nuevos desafíos del capitalismo
07/12/2018 | María Cruz Santos

Este verano hizo 100 años del Congreso de Sants. Una efeméride que ha tenido una conmemoración muy discreta, unos pocos actos sin apenas difusión, ni esos dosieres y publicaciones que acostumbran a hacerse cada vez que hay un aniversario señalado. Parece que entre las memorias que se quieren suprimir se encuentre aquella de que durante décadas este país fue el bastión más firme del anarquismo y el anarcosindicalismo y la esperanza más importante del mundo libertario.

El Congreso de Sants estrictamente afectaba solo a una regional, la catalana. No obstante el peso de ésta en el conjunto del país no se le escapaba a nadie. Cataluña y más concretamente Barcelona, era el territorio con más afiliación y más combativo del anarquismo y del obrerismo. Por esta razón, por la relevancia que ya habían tenido en otras ocasiones los acuerdos catalanes, era fácil prever que también en esta ocasión las decisiones que se tomaran en Sants se harían extensivas al resto de España antes o después, como así fue porque en diciembre de 1919, los acuerdos tomados en Sants fueron ratificados en el Congreso de la Comedia de Madrid con aplicación en todo el estado.

Nos hallamos pues, ante un acontecimiento de primer orden para la historia del movimiento obrero catalán y español.

Objetivo del congreso

El objetivo primordial del encuentro era la reorganización de la Confederación Regional del Trabajo catalana. Era ésta una necesidad que era compartida por el resto de regionales.

La Confederación Nacional del Trabajo, CNT, nació en 1910 también en Barcelona, en un congreso obrero de carácter nacional y en el que estuvieron representadas una mezcla de tendencias obreristas de ideología diversa, no estrictamente anarquista y, concretamente, hubo un sector socialista importante que tuvo un papel destacado, como Joaquín Bueso. Un año después, en 1911, se celebró el primer congreso de la recién nacida organización, también en Barcelona y… puntos suspensivos. Una huelga llevó al entonces presidente de gobierno Canalejas a suspender el sindicato y suspendido quedó, y sin posibilidad de organizarse, hasta 1914.

Cuando la existencia de la CNT vuelve a ser legalizada, ya a la altura de 1914, era evidente que la formación surgida en 1910 estaba a medio hacer. Era imprescindible reunirse, dotarse de una estructura, tomar acuerdos de tipo ideológico, establecer unos objetivos y definir los medios para llegar a ellos. La inquietud general se recogía en las páginas de las publicaciones más influyentes en aquel momento como Tierra y Libertad y Solidaridad Obrera, que todavía era una revista, ambas de Barcelona.

El estallido de la Primera Guerra Mundial trajo otros problemas más urgentes. Uno fue posicionarse frente al conflicto. El segundo fue el problema de las subsistencias y el encarecimiento de los productos de primera necesidad.

El inicio de las operaciones militares significó el fracaso de la IIª Internacional. Una parte muy importante de la izquierda europea intentó organizarse para parar lo que ya no tenía remedio y para ello se convocaron reuniones y congresos. La más importante fue la Conferencia de Zimmerwald, en Suiza. El mundo anarquista, fundamentalmente opuesto al poder político y a una de sus expresiones más descarnadas como es la guerra, quedó estupefacto cuando 16 de sus más importantes intelectuales, el más relevante era Kropotkin, firmaron un manifiesto a favor de los aliados y en contra de las potencias centrales. En España el documento causó una gran decepción y aunque también aquí hubo anarquista que tomó partido, como Federico Urales, Juan Montseny, la mayoría siguió los pasos de quienes intentaban parar el desastre. Así, en abril de 1915 se convocó un congreso en Ferrol, el Congreso de la Paz. Antes de su inicio, el 23 de abril, hubo un mitin en el Teatro Romea de Ferrol. El Gobernador civil quedó aterrorizado ante tanto “anarquista peligroso” y suspendió el encuentro. Pero se celebró, clandestinamente, y tuvo lugar. Fueron dos días y con el siguiente orden del día:

1) Acciones a emprender a favor de la paz y para acabar con la guerra

2) La fundación de una internacional anarquista y las relaciones del proletariado peninsular

3) La reorganización de la CNT, a propuesta de Ángel Pestaña.

Resultó que la primera ponencia que en principio debía ser la más importante, fue la que menos tiempo acaparó. A la segunda se le dedicó la mayor parte del primer día mientras que la reorganización de la CNT ocupó todo el segundo día. Allí se aceptaron ya algunos de los principios defendidos por la central anarcosindicalista y que serían ratificados en el Congreso de Sants y posteriormente en el de la Comedia, de carácter nacional. Principios como el de la “acción directa”. O la necesidad de un órgano de comunicación de ámbito nacional. Ese papel lo desempeñaría durante más de 15 años Solidaridad Obrera de Barcelona.

Y a pesar de la urgencia, de la conciencia general de su necesidad, un congreso de nivel nacional se retrasó hasta 1919 y el de Sants no se celebró hasta1918, ¿por qué? Pere Gabriel en su tesis doctoral1/, señala la carestía de las subsistencias como el problema más acuciante de esos años, que marcará la trayectoria de las dos sindicales principales en España. Esta cuestión estuvo en la base de todas las movilizaciones de esos años. Claro que estas movilizaciones tenían su corolario: la CNT quedaba inmediatamente suspendida por un tiempo más o menos largo y también se la suspendía cuando otros se manifestaban contra el sistema de gobierno. Es decir, siempre se la suspendía, protagonizara la protesta o no.

La carestía fue el motor de la huelga general de 1916 que reunió por primera vez a la UGT y la CNT. El éxito de la convocatoria de diciembre de 1916, convenció a los sindicalistas de la posibilidad de volverlo a intentar por un período indefinido en 1917. Éste fue un año especialmente convulso: la Restauración se enfrentó a la peor crisis desde la llegada de Alfonso XII. En agosto se había convocado una huelga general por UGT y CNT. Salió mal y la CNT volvió a estar prohibida durante meses. Solidaridad Obrera, ya diario, quedó suspendida hasta el 25 de octubre. Y todavía, recién empezado 1918, una nueva protesta por la falta de carbón y la carestía de las subsistencias protagonizada exclusivamente por mujeres, prácticamente paralizó Barcelona (la protesta fue general en toda España aunque no de forma simultánea, sí lo fue en Málaga. Las mujeres fueron las protagonistas en todas) y acabó con la declaración del estado de guerra y la suspensión de Solidaridad Obrera, lo que equivale a decir la prohibición de la CNT, durante 80 días.

Creo que queda bastante clara la “causa” del retraso del Congreso, una causa que se repite a lo largo de la vida de la central anarcosindicalista hasta 1936: la discontinuidad de su existencia legal y las limitaciones que esta circunstancia ponía a cualquier convocatoria y su difusión.

El Congreso

Y pese a todo se convocó, el mes de mayo de 1918 y con premura, pero ahí estaba a punto de llegar. En 1917 también hubo una convocatoria del entonces Secretario regional, Ángel Pestaña. Un año después el Secretario regional era Salvador Seguí. Seguí lanzó la convocatoria del encuentro que se fijó para los días 28, 29 y 30 de junio. Apenas dos meses para prepararlo.

El Congreso, ya hemos dicho que era necesario, tuvo otros significados más allá de los estrictamente organizativos. Como hemos explicado más arriba, la CNT surgió con la intención de aunar las múltiples sociedades obreras existentes y reunió a sociedades y delegados de muy distinta ideología. Se inspiraba en el sindicalismo revolucionario de corte francés, hasta el nombre, CGT, se copió en un primer momento si bien pronto fue rectificado. El sindicalismo revolucionario aceptaba en el sindicato todas las ideologías, tanto políticas como solo sindicales. La condición era que no se usara el sindicato como plataforma de discursos políticos, era el apoliticismo. Desde 1906 se aceptaba los principios de la Carta de Amiens que además del apoliticismo adoptaba la “acción directa” y la huelga general como herramientas de lucha. Se aceptaba la lucha por mejoras parciales pero sin perder de vista que el fin último era la emancipación total del trabajador del capitalismo y que la organización de la sociedad en ese momento correspondería al sindicato.

Nada de esto había quedado meridianamente claro en 1910 y en cambio sí se aceptará en Sants. Y al mismo tiempo se acentuó la tendencia libertaria mientras se reducía la presencia socialista y desaparecía cualquier otra tendencia.

La aceptación del sindicalismo revolucionario nunca fue bien vista por la vieja guardia ácrata. Aparecen aquí unas tensiones que se mantendrán a lo largo de todos esos años, entre los hombres de 1910 que por simplificar diremos que se agrupaban en torno a la revista Tierra y Libertad, y quienes estaban preparando el encuentro de Sants, gente nueva, más cercana a un concepto colectivo del anarquismo, partidaria del sindicalismo. Y con todo hay que subrayar que nunca se puso en cuestión la necesidad de la CNT por ninguna de las dos tendencias, solo su enfoque, la forma de lucha, no el sindicato en sí.

Quienes prepararon la reunión fueron Seguí y los “hombres de Seguí”. No eran recién llegados, eran la nueva generación. Los “hombres de Seguí”, como más de una vez se les llama, pueden diferir según el autor consultado, pero en todos aparecerá el nombre de Camilo Piñón, el gran amigo de Seguí, Francisco Miranda. Evelio Boal, Joan Pey, José Viadiu, Enrique Rueda, Salvador Quemades. Y fuera del grupo aunque con un papel relevante desde su puesto de director de Solidaridad Obrera, Ángel Pestaña. Todavía había alguien de la vieja guardia: Francisco Miranda, según Pere Gabriel, hará de puente entre los Tomás Herreros, José Negre, Juan Prats, los protagonistas del comité de huelga en 1909, el de la “Semana Trágica” y del Congreso de 1910, y quienes llegaban ahora a su madurez.

¡Qué se puede decir de Seguí! Poco hay que no se haya dicho ya. En el mundo anarquista español, él y Durruti son los personajes más conocidos. Era pintor y pertenecía al Sindicato de la Construcción y, si no me equivoco, ya destaca en la Semana Trágica como sindicalista. Camilo Piñón, Francisco Miranda, Juan Pey, Evelio Boal, José Viadiu son el grupo que a mi entender harán el trabajo importante, esos que poco destacan pero sin los cuales nada se haría y Seguí no hubiera sido quien fue. Los que acaban cambiando las cosas, la base, los fundamentales.

Tanto Enrique Rueda como Salvador Quemades terminarán siendo conocidos más allá del mundo obrero. Ambos escribirán en diarios ajenos a la Confederación. Salvador Quemades, en concreto, colaborará en Libertad, diario republicano de Madrid en los años 30. Lladonosa, historiador que ha investigado a fondo el congreso y cuyo libro El Congrés de Sants, es fundamental para escribir sobre este tema, lo considera el intelectual del grupo. Tipógrafo, parece que fue él quien redactó la Memoria del Congreso, fuente imprescindible de estos comicios.

Ángel Pestaña no formó parte de este grupo; ahora bien, su papel fue esencial para la difusión de la convocatoria. El Congreso lo ratificó en su cargo de director de Solidaridad Obrera. Había llegado a Barcelona desde Argel en la segunda mitad de 1914 huyendo de la guerra. Un sector de la historiografía enfrenta a Seguí con Pestaña. No estoy de acuerdo. Quizás Pestaña se mostrara más radical en aquellos años, no obstante a lo largo de su vida, se mostró como un posibilista, dispuesto a hablar con todo el mundo aunque sin abdicar de sus convicciones.

Las ponencias

Excepto las ponencias dedicada a las escuelas racionalistas y los presos, prácticamente todas las sesiones estuvieron dedicadas a temas organizativos. Tres puntos consiguieron prácticamente la unanimidad: La sindicación femenina, los derechos de las personas con discapacidad, los presos y las escuelas racionalistas.

Las escuelas racionalistas

El interés por la educación estuvo siempre en el centro de las preocupaciones de los cenetistas. El dictamen propone la creación de escuelas de enseñanza que van desde la enseñanza primaria a la profesional, pasando por la educación de adultos. Todas dentro de la enseñanza racionalista. Para poder mantenerlas se pide una contribución de 20 céntimos mensuales por federado. Y aquí surge el problema: ¿será posible mantener esta cotización? Muchos lo ven imposible especialmente cuando se declare una huelga. El dictamen se acabará aprobando aunque con una rebaja en la cotización.

La importancia que la educación tiene dentro del ideario anarquista se corrobora porque el congreso hizo una excepción. Se rechazó la sindicación de los trabajadores no manuales excepto los profesores porque “habiendo los maestros racionalistas prestado muchos servicios a la clase proletaria, y siendo un elemento necesario para la lucha de la emancipación, podrán intervenir directamente en las cuestiones de los sindicatos, siempre que se organicen corporativamente”.

Los presos

Se presenta otro dictamen sobre los presos. En él se pide la creación de una Comisión que substituya a todas las demás existentes nombradas por sindicatos y federaciones. Con esta decisión la CRT convierte la defensa de los presos, sus presos, en un problema central dentro del sindicato. No se dedica demasiado tiempo a este tema, precisamente la velocidad con que se aprueba demuestra, a mi entender, la unanimidad de los sentimientos sobre el mismo. Al año siguiente, en la Comedia se tomará la misma decisión a nivel nacional. A lo largo de los años, la defensa de sus presos, la recogida de dinero para sus familias y ellos mismos, y la defensa legal que siempre se les proporcionó revelan el orden de prioridades que tenía la Confederación y que en ella los presos ocupaban un lugar destacado. Esta impresión se confirma cuando se observa como a lo largo del tiempo el tema de los presos es utilizado por las diferentes tendencias anarquistas como mutuo reproche en sus batallas internas.

Personas con minusvalías

En el encuentro se aborda un problema que no es frecuente encontrar entre las inquietudes obreras de aquellos años: qué oportunidades ofrecer a las personas con alguna minusvalía y la solución que se da es la de que tienen que trabajar, con el argumento de que a pesar de su situación, tienen muchas capacidades que pueden desarrollar. Por tanto, no es tacañería, ni compasión, la razón en la que se fundamenta es la dignidad de las personas. El dictamen se aborda en la última sesión. No tenemos constancia de que llegara a llevarse a la práctica; aun así, merece la pena detenerse en él y comentarlo porque pone de relieve la imaginación y sensibilidad de aquellos hombres. Se propone crear talleres colectivos. Conscientes de que la principal dificultad iba a ser la distribución, proyectan dirigirse a los ayuntamientos para que éstos les asignen unos puntos fijos de venta situados en los lugares más concurridos de la ciudad “sin que estos quioscos supongan ningún obstáculo al ornato público y a la circulación de los ciudadanos”.

La sindicación de la mujer

En la cuarta sesión se presentó un dictamen del que hasta ahora no se ha hablado mucho, al menos en la bibliografía que yo he consultado. La cuestión de la mujer. El solo hecho de dedicarle una ponencia ya era remarcable, pero aún lo es más el dictamen que se aprueba. La resolución considera una “obligación ineludible” de los sindicalistas procurar por todos los medios que las mujeres trabajadoras formen sindicatos o entren en aquellos existentes. Todavía se va más lejos porque en un segundo apartado se hablaba de los talleres y fábricas en las que había hombres y mujeres trabajando juntos. En este caso no tan solo han de entrar en el sindicato, además han de estar representadas en las juntas de administración y defensa. En la sesión de clausura cada uno de los oradores centró su discurso en un tema presentado en algún dictamen. Enrique Rueda habló de la mujer y fue más lejos todavía del acuerdo al que se había llegado porque reclamó la representación proporcional en las juntas. Y continuó:

“Mujeres, corrigiendo la injusticia social, nosotros que somos unafuerza consciente y responsable, os decimos que sois iguales a los hombres, que tenéis los mismos derechos, que tenéis las mismas necesidades”

Un discurso que seguramente no se hubiera planteado si en enero de ese mismo año de 1918, las mujeres no se hubieran plantado y paralizado las fábricas y Barcelona durante 15 días pidiendo carbón y comida a precios justos en una lucha de género y transversal, como diríamos hoy en día.

El 20 de junio Solidaridad Obrera ya había dedicado un editorial al tema de la mujer. Con todo, las consecuencias fueron poco relevantes. No había ni una delegada en el Congreso ni recuerdo haber leído nunca que alguna llegase a formar parte de una junta o de un comité. Y no es que no hubiera mujeres decididas y preparadas. Lola Ferrer, una de las líderes de la huelga de enero, participó en las excursiones de propaganda que se hicieron en diciembre por el Principado para difundir los acuerdos. Igualmente participó Libertad Ródenas. Sin embargo, se impuso la inercia cultural y las mujeres continuaron siendo mayoritariamente las compañeras, quienes mantenían la casa durante los frecuentes encarcelamientos de sus compañeros sindicalistas.

El Sindicato Único

Previamente, ya en la primera sesión, se habló del principio de “acción directa”2/, un principio que a partir de ese momento sería irrenunciable para los anarcosindicalistas. Y con todo, ya ahí se puso de manifiesto que la organización no era homogénea. Delegados de poblaciones pequeñas manifestaron su disconformidad, razonaron que en sus lugares de trabajo las cosas eran muy diferentes que en Barcelona y finalmente se llegó a un consenso: la acción directa era el método preferente a utilizar pero se aceptaba que en determinadas circunstancias de fuerza mayor, el método múltiple o mixto podía estar justificado y se admitía la intervención de terceros en las negociaciones.

El sindicato único es, sin duda, el dictamen estrella del Congreso. Representaba la nueva estructura, una organización más eficaz y moderna. Supuso acabar con las viejas sociedades de oficio, individualistas y un tanto raquíticas que ya no podían enfrentarse con el nuevo capitalismo. Esa era la finalidad primordial del sindicato único, tener medios para combatir el capitalismo que se venía transformando desde finales del siglo XIX. A menudo se ha considerado el sindicato único como el resultado de una evolución interna de la CNT, una evolución que estaba en relación solamente con las circunstancias políticas y sociales de España y la interacción con su rival, la UGT. Y claro que esto es así, lo que ocurre es que también responde a las nuevas formas de organización de la producción que estaban teniendo lugar en Europa y América desde el siglo anterior.

Los avances tecnológicos permitirán la creación de nuevas industrias como la del automóvil y cambiarán sensiblemente industrias tradicionales como la construcción. Los procesos automáticos desplazaron a los antiguos productores poseedores de un conocimiento y una experiencia. La aplicación de las cadenas automáticas de producción y el taylorismo acabó de deshumanizar al trabajador y lo convirtió en un simple “peón”, término por el que sería designado en muchísimas ocasiones. La nueva organización del trabajo afectará a todo el tejido social cambiando sensiblemente las relaciones entre propietario-burgués, y proletario. Porque la misma propiedad había mutado, el capital industrial será cada vez más capital financiero. La propiedad, el burgués, se ha vuelto algo impersonal, una sociedad anónima. Estas transformaciones se aceleraron con la llegada del siglo XX, justo antes de la Primera Guerra Mundial.

Así, las relaciones casi familiares que se establecían, y se establecen, en empresas pequeñas, se convierten en impersonales y distantes. Incluso estos cambios quedan patentes en la nueva distribución urbana. La vivienda tradicional, del artesano o pequeños productor, tenía la actividad económica en la planta baja, en el primer piso acostumbraba a vivir el dueño del edificio y el negocio y los pisos superiores eran ocupados con frecuencia por los empleados. Podía darse una solidaridad entre clases. Esto desaparece con los nuevos ensanches. Los barrios cada vez se especializarán más, surgen barrios en los márgenes de la ciudad y barrios marginales. Las clases altas abandonan las zonas históricas que derivan a su vez en barrios marginales. Santos Juliá (1984: 41 y siguientes) ha estudiado este fenómeno en Madrid explicando cómo se rompe de esta manera la solidaridad entre clases. A lo largo de este proceso el trabajador adquiere su conciencia de obrero fabril, según Maurice Dobb, quien afirma que el desarrollo del sindicalismo corre paralelo a este proceso económico, opinión que comparte Guy Palmade.

Pienso que los criterios de Dobb y Palmade son aplicables al caso español y catalán. A un ritmo diferente y una intensidad menor, los nuevos tiempos económicos habían llegado a España y Cataluña. Entre 1909 y 1914 el número de sociedades anónimas se dispara en Cataluña. Al mismo tiempo la industria textil pierde peso ante nuevas actividades como la metalurgia, la industria química o la producción de electricidad, todas ellas sociedades anónimas. A principios del siglo XX prácticamente las únicas compañías por acciones en Cataluña y España eran las compañías ferroviarias. Al llegar a 1914 las eléctricas se multiplicaron, estimuladas por la demanda del mercado doméstico pero sobre todo por el estimulo proveniente del sector público: iluminación de la vía pública, electrificación de los tranvías… La energía eléctrica hacía años que se venía utilizando en la industria. Especialmente importante había sido en el desarrollo de la industria textil a lo largo de los ríos Ter y Llobregat en lo que se conoce como colonias y que todavía continuaba, pero era una energía no almacenable y que era consumida en el mismo lugar en que se producía. La novedad consistía precisamente en que ahora se podía almacenar y ser trasladada a grandes distancias. Ciertamente las inversiones necesarias eran cuantiosas pero la recompensa era igualmente sustanciosa. Por tradición la industria textil en Cataluña era una industria familiar y de unas dimensiones relativamente pequeñas. Con todo, solo en Barcelona, en 1914 ya había más de 20 sociedades anónimas en el ramo textil como, por ejemplo la empresa Fabra i Coats, fundada en 1903 que, como tantas otras, era de capital extranjero. La importancia de esta diversificación industrial se pone de manifiesto cuando en 1913 la industria textil representaba el 71 % de la producción industrial y en 1925 ya había pasado a ser el 51 % del total de la producción industrial.

Frente a este nuevo capital, internacional, impersonal y unos productos que requerían para su elaboración, de la intervención de tantos elementos distintos, poco podían hacer las viejas sociedades de oficio. Solas ya no podían parar la producción de una empresa. Los cenetistas que convocaron el Congreso de Sants eran muy conscientes del mundo que se aproximaba aunque en honor a la verdad hay que decir que no todas las sociedades representadas compartían esa visión.

Que toda la organización de la CRT era consciente de la necesidad de dotarse de una nueva estructura lo demuestra que al tema del Sindicato Único o de Ramo se le dedican 2 sesiones enteras y parte de una tercera. Para todo el mundo estaba claro que había que agrupar entidades que se repetían en una misma población y, a veces, dentro de una misma empresa. De hecho el Ramo de elaborar Madera ya se había constituido en sindicato único en 1917, prueba de la necesidad sentida en algunos sectores económicos de encontrar un nuevo modelo organizativo. De todas maneras, la realidad era muy compleja, no todo el mundo vivía en la misma situación en Cataluña, ni siquiera en Barcelona la situación era homogénea, por ejemplo la Sociedad de Constructores de Pianos donde continuaba inalterado el modelo artesanal.

La discusión del dictamen se hizo en las sesiones 6ª y 7ª. Se explica que la nueva estructura se hará en secciones que conformarán el sindicato de ramos y que éste conformará secciones territoriales. Algunas delegaciones como La Naval harán una defensa cerrada de las ventajas del nuevo modelo. Compararán la situación de Cataluña con lo que está pasando en Inglaterra y América y explicarán el éxito que el nuevo sistema ha supuesto para los ferroviarios de esos países.

Un sector del Congreso no lo veía claro y defendía la estructura tradicional, eran sindicatos que venían de poblaciones pequeñas, o los mismos agricultores. Los disidentes lanzaron una queja que ya se ha sentido en la primera sesión: el nuevo modelo se había pensado para Barcelona y no se tenía en cuenta el resto del territorio. Con todo, el dictamen se aprobó en un redactado que hicieron Camilo Piñón y Francisco Ferrer y que recuerda mucho una de las conclusiones del Congreso de Amiens y que dice:

“El Congreso declara que todos los sindicatos han de ingresar en las federaciones, y los que así no lo hagan, la Federación se desentenderá en todo aquello que afecte a estos sindicatos moral y materialmente”.

Y sin embargo hay nuevamente un ejercicio de flexibilidad que ya se había hecho al tratar de la acción directa porque el mismo Piñón presentó previamente una resolución en el sentido de aplazar la implantación del sindicato único en aquellos lugares que no estuvieran preparados, si bien habrían de trabajar en ese sentido.

En la misma sesión se aprobó llevar a cabo una campaña de propaganda por toda Cataluña y el resto de España. Los dirigentes tuvieron muy claro que la propaganda era necesaria. Si en algún momento hubo alguna duda, las dificultades y resistencias que fueron encontrando conforme avanzaban las sesiones debieron ser suficientes para convencerlos de su necesidad. La campaña mereció la máxima atención. Había la intención de llevarla más allá de Cataluña porque, como hemos dicho, aunque fuera un congreso regional, se quería y se sabía que las decisiones iban a tener unas consecuencias nacionales. Los hombres más representativos del momento tomaron parte: los Seguí, los Peiró (que se dará a conocer justamente en este congreso), los Viadiu, los Buenacasa o los Carbó, y también Pestaña. Lo más granado del momento se abocó en la difusión de los acuerdos tomados. Mientras tanto, las decisiones tomadas adquirían cuerpo real en los conflictos y huelgas que sin cesar se iban planteando en esos meses; el más importante fue el de la química Cross de Badalona. A mi entender son éstas las circunstancias que explican el crecimiento de la CRT en esos meses. Porque los delegados que asisten al encuentro lo hacen en nombre de 73.860 obreros; un año después, cuando se celebre el congreso nacional de la Comedia en Madrid, la regional catalana representaba a más de 400.000 obreros.

Paralelamente, los sindicatos de ramo fueron tomando forma poco a poco. A finales de 1918 ya se han constituido el Sindicato Único de Artes Gráficas, el del Ramo de la Construcción, el de la Piel, el del Metal y en enero de 1919 culminó el proceso de constitución del Sindicato de las Escobas, Esparto, Palmería y similares. No creo que haga falta recalcar que la denominación de único para referirse a los cenetistas hizo fortuna a nivel popular, y por esta denominación fueron conocidos hasta el final de la guerra civil.

El engranaje en funcionamiento: la huelga de La Canadiense

La Canadiense era la denominación popular por la que era conocida la empresa eléctrica Barcelona Traction, Light and Power. Esta empresa es paradigmática de muchas de las cosas que hemos apuntado al hablar de los cambios en el capitalismo en esos años. Se había fundado en 1910, el acuerdo se firmó en Toronto, de aquí el nombre de “Canadenca”. El capital era mayoritariamente canadiense, aunque había participación española (sin ir más lejos Lerroux había hecho una inversión inicial). Su objetivo era conseguir energía hidroeléctrica aprovechando la orografía del Pirineo y transportarla principalmente a Barcelona., para todo lo cual previamente era necesario la construcción de embalses en el Pirineo.

El origen de la huelga lo encontramos en el despido de unos obreros que trabajaban en el pantano de Camarasa. Se intentó un acuerdo con la empresa sin ningún resultado. Poco a poco el paro se fue generalizando hasta llegar a Barcelona. Era una oportunidad de oro para poner en marcha el recién estrenado sindicato único que la CRT no podía dejar pasar.

Todo fue como la seda. Esos días quedaron en la memoria de las gentes por la oscuridad de las noches y la censura roja de una Barcelona sin actividad. La CRT no solo quería ganar la huelga, sus intenciones iban más allá, quería, y consiguió, la jornada de 8 horas universal. Universal porque en algunos oficios ya se había implantado. Y además, se trataba de demostrar empíricamente que la apuesta de los dirigentes sindicalistas por las Federaciones de Ramo era acertada. Se consiguió casi todo menos la libertad de los compañeros presos.

En realidad fue el sueño de una noche de verano. Mientras tanto, el signo de los tiempos había cambiado. La patronal completamente aterrorizada por una ciudad paralizada y a oscuras, se había organizado en una federación. Por otro lado, la coyuntura no ayudó, la guerra había terminado y con ella acabaron también los pedidos extraordinarios. Antes de finalizar el año sería la patronal quien aterrorizaría a los obreros con un lock out salvaje que llevó a muchas familias al límite de la extenuación mientras la violencia se enseñoreaba de Barcelona y su territorio circundante, al amparo de las instituciones o directamente provocada por ellas y la burguesía conseguía su aspiración de que el gobernador militar, Severiano Martínez Anido, se convirtiera en gobernador civil, quien haría un uso absolutamente fraudulento e inmoral de la Ley de fugas.

En el mes de diciembre de ese 1919, la CNT convocó un congreso de ámbito nacional, el conocido como el Congreso de la Comedia. En él se ratificaron los acuerdos tomados en el Congreso de Sants referentes a la organización y estructura de la Confederación. Y

sin embargo las cosas no acaban de consolidarse, ¿por qué? ¿Por qué si la central anarcosindicalista presume de tener más de 700.000 afiliados? Es posible que una de las causas sea una cierta falta de cohesión interna. No parece que haya continuidad ya no solo con los afiliados, lo que es lógico, sino con los mismos sindicatos que formaban parte de la central sindical. Un ejemplo es Galicia: hay delegados gallegos en 1919 y sin embargo he encontrado un informe de 1930 del gobernador civil de La Coruña en el que informa del ingreso de los sindicatos de esta región en la CNT. Ciertamente, es difícil mantener una continuidad cuando la continuidad de la misma organización no existe y los periodos de clandestinidad pueden ser más largos que los de vida legal.

Éste es otro aspecto fundamental para fortalecer y consolidar cualquier organización y la Confederación Nacional del Trabajo se vio continuamente reprimida desde su misma fundación, como ya explicamos al inicio. Apenas acabado el congreso, en agosto de 1918, ya volverá a la sombra como consecuencia de la huelga de la Casa Cros de Badalona a la que ya hemos hecho referencia. Y, para no cansar, tenemos los largos años de la Dictadura, en los que no está específicamente prohibida, pero en los que las condiciones que se imponen para mantener una vida pública son inasumibles por la CNT ya que implican el abandono del principio de “acción directa”.

Por otro lado, hemos de preguntarnos por los límites del Sindicato único. Ángeles Barrio (1997: 117) se está refiriendo a toda España cuando acusa a la CNT de dotarse de una estructura que solo es válida para Barcelona. Esto mismo ya se oye en el Congreso Regional en junio de 1918. Es cierto que Seguí y sus hombres viven sobre todo en Barcelona y creo que están pensando más en un mundo que está por venir pero que es real solo en un territorio muy pequeño en ese momento y que tardará mucho tiempo en ser llegar a generalizarse. De otra manera, una cosa es Barcelona y otra muy distinta el resto del país.

Sorprende especialmente la falta de atención que merece el mundo agrario porque el sector primario era hegemónico en la producción en aquellos años. Que esto es así incluso en Cataluña, a la que se llama “la fábrica de España”, lo demuestra que ya en la República, el problema más importante en las relaciones entre el Estado y Cataluña, el 6 de octubre de 1934, tiene su origen el la Ley de Contratos de cultivo que hace la Generalitat. Y también durante la República se publica un análisis de la CNT sobre la estructura agraria de León que parece copiada de alguna otra que se hubiera podido hacer para Andalucía o Extremadura, cuando los problemas de la propiedad en la Meseta Norte son el paradigma del minifundismo, el extremo opuesto de lo que ocurre en el sur. Me parece un fallo importantísimo del congreso regional que después se trasladaría a todo el territorio, que no se corrigió, quizás, nuevamente por la insistencia en la represión de la formación libertaria por parte de las autoridades, que no permitió ni dio margen a la reflexión ni a la posible rectificación de los acuerdos tomados. Buena prueba de ello es que cuando se proclame la República todavía no se han desarrollado todos los puntos que se adoptaron en Sants por falta de oportunidades para hacerlo. Y en buena parte seguirá así durante la etapa republicana.

Pese a todo lo anterior, me ratifico en la transcendencia del Congreso de Sants de 1918. Sus acuerdos centrales -creación del Sindicato único, la acción directa como la única vía de negociación, la huelga como herramienta de lucha- se ratificaron a nivel estatal en 1919 y ya no tendrían vuelta atrás. Además, se avanzó en el camino de la ideología anarcosindicalista: sin que hubiera depuraciones traumáticas, poco a poco los afiliados socialistas o con otras ideologías, se fueron marchando y en 1919 ya se pudo decir que llegar al comunismo libertario era el fin último de la Confederación. Los hombres que lo convocaron, los “hombres de Seguí”, tuvieron el acierto de ver que el capitalismo decimonónico , y con él todo un mundo, se extinguía y, al mismo tiempo tuvieron la flexibilidad de aceptar la excepción. Tras palabras radicales y altisonantes, hubo la capacidad del acuerdo y la cintura para admitir la excepción cuando convenía.

La fuerza en número de militantes de la organización que convoca la reunión de 1918 es poco consistente. Según datos que ofrece Pere Gabriel, en Barcelona a mediados de 1918, un 40% de los obreros pertenecía a alguna sociedad obrera. Un 25% tenía relación con la Confederación mientras que el otro 15 o 16% pertenecía a sociedades de ideología más o menos neutra. No podemos, por tanto, hablar de la organización absolutamente incontestable que a veces se pretende. Será después de este encuentro cuando la CRT y la CNT se conviertan en la fuerza temible de la que se habla, una fuerza que parce diluirse de 1923 a 1930 pero que resurge al final de la Dictadura. Y también será a partir de ese congreso cuando el mundo anarquista girará sus ojos a España reconociéndola como el mejor lugar en el que la utopía libertaria podía convertirse en una realidad.

María Cruz Santos es historiadora.

Referencias

Barrio, A. (1997) El sueño de la democracia industrial. Santander: Universidad de Cantabria.

Confederación Regional del Trabajo de Cataluña: Congreso regional. 1918. Barcelona: 1918.

Gabriel, P. (2017) “Obrers i sindicats al segle XIX fins als anys de la Primera Guerra Mundial: catalanisme i catalanitat”. En Oyón, J. y Romero, J., eds., Clase antes que nación, Barcelona, El viejo topo.

Martín, Juan (2002) La economia española y la articulacion de su mercado (1890-1914). Los orígenes de la vía nacionalista del capitalismo español, Tesis doctoral

Oyón, J. L. (2018) La quiebra de la ciudad popular. Barcelona: Ediciones del Serbal.

Termes, J. (2011) Història del moviment anarquista a España. 1870-1980. Barcelona: L’Avenç.

Tortella, G. (1994) El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los siglos XIX y XX. Madrid: Alianza Editorial.

Notas

1/ Gabriel, Pere, Classe Obrera i Sindicats a Catalunya, 1903-1920. Tesis doctoral Consultada en http://www.cedall.org/Documentacio/Castella/cedall203410200.htm, el 25/11/2018.

2/ La “acción directa” con frecuencia se confunde con actos de fuerza o violentos. No es así. La acción directa rechaza la intervención de terceros, especialmente el Estado o gobierno, en la negociación de los conflictos laborales. Éstos se han de resolver exclusivamente entre patronos y obreros.

Hay en esto una confusión con la “propaganda por la acción” que inspiró Bakunin y que justifica los atentados personales.





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