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Tribuna viento sur
La derecha trumpista sigue marcando la agenda
09/02/2019 | Jaime Pastor

En una semana en la que nos han llegado noticias tan escalofriantes e indignantes como las más de mil personas migrantes muertas en nuestra frontera sur a lo largo del pasado año y otras tan escandalosas como la financiación ilegal de la campaña electoral de Rajoy en 2011, resulta que el bloque reaccionario, ayudado por la vieja guardia del PSOE, ha conseguido que la tímida propuesta de la figura del relator ocupe el centro de la agenda política. Antes, ya lo había intentado con la presión a Pedro Sánchez para que reconociera inmediatamente al golpista Guaidó, pero el líder del PSOE no tardó en obedecer a Trump dejándoles sin argumento.

El llamamiento a la manifestación de este domingo 10 en torno al lema Por una España unida, frente a la alta traición que para la derecha extrema supone esa figura, viene a confirmar la deriva de un bloque que desde las elecciones en Andalucía se siente ganador de unas futuras elecciones generales frente al que considera presidente ilegítimo. Un presidente que retrocede ante cada una de sus respuestas y lo vuelve a hacer ahora, rectificando y volviéndose contra el soberanismo catalán, responsabilizándole de la ruptura del diálogo. Por tanto, parece claro que los Presupuestos no serán aprobados en el pleno del Congreso. La única duda que queda gira sobre si la fecha de unas elecciones generales anticipadas será en mayo o en otoño.

Es cierto que existe una competencia por la hegemonía entre las derechas pero, estimuladas por la experiencia andaluza, no parece que la combinación en diferentes dosis de postfranquismo, neoconservadurismo y neoliberalismo por todas ellas les parezca perjudicial, si bien no cabe duda que el que más arriesga es el líder del PP, Pablo Casado. De ahí su sobreactuación permanente con el fin de erigirse en jefe indiscutible de la oposición.

Por otro lado, el inicio del juicio al procés este 12 de febrero por un Tribunal Supremo bajo sospechas fundadas de su parcialidad y con Vox como acusación popular, viene a completar un panorama en el que la defensa fundamentalista de la unidad de España y el rechazo a cualquier propuesta que no sea la aplicación -¿indefinida?- del artículo 155 van a ser el principal eje de campaña electoral de ese bloque reaccionario.

Una opción obvia, dado el poco interés que muestran estas fuerzas políticas por agitar la agenda social teniendo en cuenta que todas ellas comparten un ideario neoliberal que está generando nuevos ERE con despidos masivos y que viene acompañado ahora por un Informe de la Comisión Europea que nos recuerda que estamos sometidos a una deudocracia y que para seguir obedeciendo sus dictados hay que evitar cualquier intento de revertir las contrarreformas adoptadas hasta ahora y, por si hiciera falta recordarlo, prolongar la edad de jubilación efectiva.

Frente a esta ofensiva a la venezolana, el PSOE de Pedro Sánchez se muestra cada vez más débil no sólo porque tiene el enemigo dentro –en las baronías principalmente, pero también en la mayoría de la generación de Felipe González-, sino porque carece de un relato sobre España alternativo al de la derecha (ni siquiera el de la Nación de naciones) y está dando pasos atrás en muchas de las promesas que anunció cuando llegó a la Moncloa. Ahora, su único proyecto parece ser presentarse en las próximas elecciones como la versión española de un extremo centro presuntamente equidistante entre la derecha tripartita y el independentismo catalán.

La crisis abierta en Podemos a raíz de la ruptura provocada por Iñigo Errejón no ayuda tampoco a contrarrestar esa tendencia, debido además a que el discurso procedente de Más Madrid también tiende a adaptarse al desplazamiento a la derecha del conjunto del arco político y mediático. Un rumbo que esperemos no siga la dirección de Podemos porque significaría su definitivo suicidio político.

Confiemos al menos en que el impulso de candidaturas unitarias en el ámbito municipal, basadas en la participación y la deliberación en común y la búsqueda de un mayor anclaje territorial, como se está ensayando ya en muchas ciudades y pueblos, contribuya a una reactivación de la movilización social que vaya más allá de los resultados electorales.

Porque la gran tragedia del momento actual es la desmovilización y el desconcierto que se está produciendo entre las gentes de izquierda frente al giro reaccionario, con el previsible aumento de la abstención entre sus filas ante el superdomingo electoral de mayo, como ya ocurrió en Andalucía. Sólo el movimiento feminista, con mayor motivo frente a las nuevas amenazas de la derecha contra el derecho al aborto, está en condiciones de demostrar su capacidad de resistencia a esta ofensiva apareciendo de nuevo como el principal motor en la recomposición de un bloque social alternativo.

Un juicio a la democracia

Con todo, no cabe mirar a otro lado ante la campaña de movilizaciones a escala internacional que desde Catalunya se está desplegando en torno a la denuncia del juicio al procés. Porque a lo que vamos a asistir va a ser a un juicio a la democracia, que afecta por tanto a nuestras libertades y a nuestros derechos. Negarse, en nombre del rechazo al independentismo catalán, a reconocerlo así supone menospreciar lo que significaría la imposición de brutales condenas por rebelión o sedición a quienes representan a más de 2 millones de personas que se limitaron a ejercer su derecho al voto el 1 de octubre de 2017 y que sufrieron una brutal violencia por parte de las fuerzas policiales.

Un castigo ejemplar en este juicio, como pretenden todas las acusaciones, en medio de la pasividad de la mayoría de las gentes de izquierda o simplemente demócratas, se convertiría en un peligroso estímulo para el tripartito de derechas en su camino hacia la victoria en las próximas citas electorales y hacia un nuevo orden liberticida, neoliberal, neoconservador, patriarcal, xenófobo y ecocida.

Lo que está en juego con la confrontación pública en torno a este juicio es si su desarrollo y desenlace van a facilitar el camino hacia la restauración reaccionaria del régimen o, por el contrario, contribuyen a poner un freno radical a ese proyecto reabriendo el camino hacia una redemocratización republicana y solidaria entre nuestros pueblos. Ésta última es sin duda la tarea que, definitivamente sin complejos, como hacen las derechas, nos corresponde emprender en los próximos meses.

Una agenda que ha de ir articulada con la impugnación de las políticas austeritarias y depredadoras de un capitalismo español que, lejos de encontrarse en una fase de recuperación económica, se encuentra en profundo declive y sujeto a los avatares de una eurozona cada vez más inestable en medio del caos sistémico global. Un caos, por cierto, que se expresa de forma trágica hoy en el conflicto abierto en Venezuela y ante el cual, al margen de nuestras diferencias con el régimen de Maduro, debemos hacer frente desde el más profundo rechazo a la amenaza de intervención militar esgrimida por Trump, al servicio de unos intereses geopolíticos completamente ajenos a la defensa de la democracia y las libertades.

Jaime Pastor es politólogo y editor de viento sur





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