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Historia. Centenario
II Congreso Patronal que declaró el lock-out de Barcelona en otoño de 1919
13/05/2019 | María Soledad Bengoechea

Estamos en 1919, de ello hace 100 años. Es otoño. Ha pasado la huelga de La Canadiense que durante cuarenta y cuatro días paralizó el pasado invierno y primavera de Barcelona. Desde entonces, se habló y se ha continuado hablando de este paro emblemático. Hizo historia y no resulta extraño: como consecuencia el 3 de abril del mismo año se legisló que el primero de octubre se pondría en marcha la jornada de ocho horas en toda España. La medida, en general, tardó en hacerse realidad. Tres años después, el jefe del gobierno se quejaba de que los patronos no cumplían el decreto. Y todo parece indicar que no se hizo totalmente real hasta la Segunda República Española, con Francisco Largo Caballero, socialista y ugetista, al frente del ministerio del Trabajo

Finalmente, el 3 de septiembre de aquel 1919 el capitán general de Cataluña, Joaquín Milans del Bosch, abuelo de aquel Milans del Bosch que en tiempos de Tejero sacó los tanques a las calles de Valencia, ordenó levantar el estado de guerra. Autorizada de nuevo la libertad de reunión, la patronal catalana preveía que los obreros se unirían, discutirían y plantearían nuevas bases reguladoras de trabajo.

Así se forjó el Segundo Congreso

El verano de 1919 fue largo y caluroso. Barcelona continuó sometida al estado de guerra que se había dictado con motivo de la huelga. Y siguió sin garantías constitucionales, que no se recuperaron hasta febrero de 1922. Para los obreros, ¿qué significaba esto? Es sencillo: que los sindicatos estaban cerrados, que la prensa obrera no se imprimía y que las prisiones estaban llenas, a rebosar. A pesar de ello, en la ciudad condal, en los puestos de trabajo continuaba habiendo mucha conflictividad social y los paros y los despidos estaban a la orden del día. Todo esto en un ambiente de violencia entre los pistoleros de la patronal y los de la CNT que hacían correr la sangre por las calles de la ciudad. Joaquín Sánchez de Toca, presidente del gobierno, intentó canalizar la situación por la vía de la negociación: planteó una serie de propuestas legislativas de carácter social.

Y aquel mismo 3 de septiembre que Milans del Bosch ponía fin al estado de guerra la patronal volvió a movilizarse. La Federación Patronal de Barcelona, una organización que hundía sus raíces en el pasado pero que se había dado a conocer durante la huelga de La Canadiense, tornó a la visibilidad. Se puso en contacto con la Confederación Patronal Española, creada en 1914 y con sede en Madrid. La razón era plantearle una serie de cuestiones.

Veamos algunos de los ocho puntos planteados:

1) “Que dado el cumplimiento acordado en el Congreso celebrado en septiembre de 1914 y que por las circunstancias especiales y que por las circunstancias por las que ha atravesado el mundo no se ha podido llevar a la práctica, se celebre un Congreso en Barcelona.

2) Que teniendo en cuenta los proyectos del gobierno de legislar en materia social y la necesidad de darle orientaciones, por el desconocimiento absoluto que de estos asuntos demuestra tener, se celebre este Congreso durante la tercera semana del octubre próximo”.

Felipe Pons Solanas, un catalán de profesión perito mercantil y fabricante de cemento, fue designado secretario de la comisión organizadora. Envió una serie de comunicaciones “a todos los patronos españoles” para asistir al congreso que tendría lugar en un lugar emblemático de la burguesía catalana: el Palacio de la Música de Barcelona. Y fijó una fecha: entre los días 20 y 26 de octubre de 1919. Veamos ahora qué decía una parte de la convocatoria. Es interesante porque expresa el sentir de la patronal:

“Ha llegado un momento en que la entraña misma de la producción está en peligro. Y ello amenaza con una espantable catástrofe la vida de todos. En efecto, la magnitud, la persistencia y la índole subversiva de los conflictos que sobreviven, precisamente en una época de agotamiento universal, cuando los stoks están exhaustos y sobre el provenir gravitan formidables hipotecas, han hecho que la cuestión primordial sea hoy la de producir o no producir, lo que equivale a decir que e trata de vivir o no vivir.

Hemos de declarar muy alto que las clases patronales están dispuestas a realizar todos los sacrificios que sean compatibles con las posibilidades de la producción, sin que nos arredren las innovaciones, por atrevidas que parezcan. Pero si la función directora de la producción, lejos de ser remunerada, es fuente de perjuicios y de peligros personales, si un puñado de terroristas ha de imponer su voluntad a las masas obreras, coaccionándolas de la manera más brutal, si se quiere desorganizar el complejo y delicado mecanismo de la producción, no sólo sufrirán las clases patronales, como ya estamos sufriendo, sino que también sufrirán los obreros, y por último toda la masa del país”.

La Federación Patronal de Barcelona envió un cuestionario preliminar a todos los patronos españoles en los que exponían los puntos esenciales que se habían de tratar en dicho Congreso. Se les pedía, al tiempo, que enviaran proyectos, memorias... Miremos el cuestionario:

“CULTURA Y MEJORAMIENTO DE LAS CLASES OBRERAS
ORGANIZACIÓN ECONÓMICA Y JURÍDICA DE LA PRODUCCIÓN
ORGANIZACIÓN INDUSTRIAL (mejora e incremento de la producción)
Ley de contrato de trabajo. -Fórmulas de regulación de salarios.-Conciliación y arbitraje.- Bolsas de Trabajo.- ¿Debe estimarse como una solución la participación en los beneficios?- La jornada de trabajo y su regulación según las industrias.- La sindicación obligatoria para patronos y obreros.- Cámaras de Trabajo.-Régimen de trabajo en los talleres y fábricas.- Enseñanza profesional.- Revisión de la ley de accidentes de trabajo.-Seguros.- Cooperativas para el mejoramiento de la vida.- tribunales de Comercio.- Consejos oficiales de industria.- Concentración oficial y oficinas de venta y propaganda.- Seguro de huelgas.- Cooperativas de compra e importación de primeras materias”.-

Y la Comisión ponía en circulación unas pequeñas hojas volantes con las que se jaleaba a los patronos para que asistieran al Congreso. Decían lo siguiente:

“Los Gobiernos
atribuyen a dejación patronal el actual estado de la cuestión obrera.
La organización sindicalista se perfecciona y avanza.
Es indispensable la actuación patronal si no queremos la ruina total de España.

Asista V. Al Congreso Patronal: es su deber y es su derecho.
Sea patriota. El absentismo es indigno”.

Y estaban firmadas por la Comisión Organizadora: La Federación Patronal de Barcelona, Rambla de Canaletas, 6.

Los asistentes

El camino hacia la unión patronal, propiciada por algunos patronos desde hacía años, no era fácil. Cada sector, fuera comercial o industrial, tenía una dinámica propia generada por la misma dinámica de la empresa por lo que a menudo entraban en conflicto. Era, sobre todo, el tamaño de las empresas, o su localización –principalmente en el caso del textil- lo que hacía que fuera difícil conseguir la unión. Pero, he aquí que la situación social de 1919 obró el milagro. Los sucesos de la primavera, precedente de un verano caliente tanto en el terreno político como social, lograron reunir en la Comisión organizadora del Congreso a los representantes de los cuatro sectores industriales de Cataluña: textil, metal, construcción y madera. Fue nombrado presidente un patrono de la construcción: Félix Graupera. Graupera sufrió un atentado el 5 de enero de 1920, pero no falleció. No tuvo tanta suerte cuando a comienzos de la guerra civil un militante de la FAI lo abatió de un tiro en una localidad costera próxima a Barcelona.

Al escudriñar a fondo las actas del Segundo Congreso Patronal se observa que el fenómeno de la unidad que se produce entre la patronal es generalizable a otros grupos socialmente dominantes. Además de distintas Sociedades y Corporaciones de todo tipo -el propio Fomento del Trabajo Nacional- asistieron al mismo diputados provinciales, diputados y senadores de formaciones políticas, concejales, miembros de la aristocracia, de la gran y pequeña burguesía. En realidad, estuvo representada toda la patronal, industrial y comercial y, prácticamente, todo el abanico político., desde jaimistas y regionalistas a dinásticos y republicanos. El propio alcalde de la ciudad Martinez Domingo, miembro de la Lliga Regionalista, hizo un discurso en la apertura del Congreso lanzando un llamamiento a la concordia entre patronos y obreros.

Durante aquellos días que duró el Congreso no se produjeron altercados públicos. El gobernador civil, Julio Amado, aseguró a las organizaciones obreras que lo tenía todo controlado y les hizo prometer que no alterarían el orden público.

Proyectos corporativos: la sindicación obligatoria y única

Durante el mes de julio de 1919, el primer ministro Antonio Maura presentó la dimisión. Con el nuevo gabinete presidido por Joaquín Sánchez de Toca, subió al ministerio de Gobernación Manuel Burgos y Mazo, un hombre profundamente antimaurista. Católico social, se inclinaba por llevar a cabo medidas reformistas que incluían emitir una ley sobre sindicación. Ah, pero la nueva sindicación no la contemplaba como obligatoria, sino voluntaria. No era ese el caballo de batalla de los patronos catalanes, ni de muchos de los españoles, que porfiaban por una sindicaron profesional obligatoria y única para patronos y obreros. Una sindicación que pondría fin, supuestamente, a la lucha de clases. La patronal catalana, con el Fomento del Trabajo Nacional y las Cámaras de Comercio y la de Industria al frente, la venían solicitando machaconamente al gobierno desde la huelga de La Canadiense, si no antes. Es en este contexto donde se sitúa la actitud que tomó ante el gobierno la Confederación Patronal Española, liderada por la Federación Patronal de Barcelona, durante el Segundo Congreso. Una actuación que tuvo como uno de sus objetivos poner en jaque al gobierno de Sánchez de Toca.

La patronal aseguraba que el gobierno se mostraba absentista respecto a la cuestión social: “El motivo de la reunión del Congreso es el abandono en que el Gobierno ha tenido hasta ahora a la clase patronal”. “Estamos dispuestos a todo, incluso a ir a la revolución”:

“”Niega que este Congreso está llamado a hacer la revolución pues son sus fines de paz y de concordia, pero si los Gobiernos con sus intemperancia su otra circunstancia cualesquiera lo exige de la clase patronal, iría a la revolución, por amor a la patria,…”.

En definitiva, la postura política de la patronal que asistió al Segundo Congreso Patronal celebrado en el Palacio de la Música de Barcelona fue la respuesta a dos elementos fundamentales: por un lado, a la actuación de un movimiento obrero combativo, por otro lado, a la actuación de un Gobierno que se mostraba reformista, pero que, no obstante, no accedía a las demandas de establecer una sindicación obligatoria. La respuesta fue, pues, dura: solicitaba que se pusiera en marcha ¡ya! la ley sobre sindicación obligatoria. En caso que el requisito no se impusiese amenazaban con un ultimátum: el locaut. Ahora bien, para que este proyecto pudiera hacerse efectivo era necesario contar con una fuerza insustituible: el ejército. De ahí que el último día de celebrarse el Congreso Graupera, el presidente de la Federación patronal, anunció que se había pedido hora al Capitán General: “no como tal, sino porque es quien más representa al orden y a la justicia y que a las siete podrán visitarle todos los Congresistas”. Milans les recibió con estas sentidas palabras:

“Este saludo vuestro lo acepto porque tengo la seguridad de que no va dirigido a mi persona, sino al Ejército al que represento por la Autoridad que represento. En su nombre os agradezco la confianza que en él depositáis para el mantenimiento del orden y la defensa de los intereses de la Patria, que no sólo son los intereses de los patronos”.

En la madrugada del 26 de octubre de 1919, la Federación Patronal de Barcelona acordaba decretar el lock-out el próximo 3 de noviembre.

El lock-out –parcial- se llevó a cabo del 3 al 30 de noviembre. Al día siguiente, 1 de diciembre, comenzó un locaut total que finalizó el 26 de enero de 1920. Ochenta y cuatro días de lock-out en Barcelona. ¿Alguien duda de que la idea de decretar este locaut no estaba implícita en la mente de los hombres que auspiciaron el Congreso Patronal?

Soledad Bengoechea es historiadora y autora de la tesis doctoral Patronal catalana, corporativismo y crisis política, Universidad Autónoma de Barcelona, 1991, 3 vols.





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