aA+
aA-
Grabar en formato PDF
Ada Colau reelegida alcaldesa
Pacto con el PSC y tres votos de Manuel Valls
16/06/2019 | Josep Bel

[Ada Colau mantiene la alcaldía de Barcelona gracias a la promesa de un pacto con el PSC, cuyo contenido no se conoce todavía pero que implicará un reparto de poder en el ayuntamiento, y los tres votos del grupo Barcelona pel Canvi-Ciutadans, liderado por Manuel Valls. La alcaldesa ha lamentado que su propuesta de un pacto entre Barcelona en Comú (Bcomú), ERC y PSC no haya sido posible, pero el resultado final está muy alejado de este tripartito de izquierda. En este artículo se analiza cómo se ha llegado a esta situación, cómo se han descartado otras soluciones posibles y cuales son las posibles consecuencias.]

La apuesta por un tripartito era lo que permitía una estabilidad de izquierdas (con los límites que tiene llamar de izquierdas al PSC-PSOE y a la actual ERC). Los 10 concejales de ERC (la más votada), 10 de Bcomu y 8 del PSC, daban una mayoría absoluta de 28 sobre 41 concejales y una menor tensión interna. Pero muy pronto se vio que era inviable por la actitud de rechazo de los otros dos partidos a esta propuesta de BComú.

Ello dejaba tres opciones, la de pactar solo con ERC, la de pactar solo con el PSC y la de pasar a la oposición, pero estas opciones no se discutieron con claridad. El debate se hizo en un plenario una semana antes de la fecha límite, en una asamblea de 450 activistas (contando a todas las personas asalariadas de las instituciones) en la que se decidía lo que la dirección planteó: presentar a Ada como alcaldesa para ser más fuertes en la negociación. Solo se podía poner a votación esa fórmula, con un sí o un no en la asamblea, sin poder siquiera abstenerse.

Así, fueron eliminadas otras opciones y se imposibilitaba el necesario debate abierto. Se dijo que era para buscar el tripartito y que se asumía el riesgo de pasar a la oposición, pero nada más lejos de la realidad. Los mismos que dijeron esto han reconocido después que la oposición nunca fue una opción, lo único importante era estar en el gobierno, sí o sí, y preferentemente con el PSC. Es decir, que discutíamos si queríamos a Ada o no de alcaldesa en abstracto (evidentemente es normal que toda la gente de BComú quiera eso), pero lo que se debería haber discutido en asamblea era si queríamos pactar con ERC, con PSC, o pasar a la oposición si no había tripartito. No dejaron que fuera posible.

Luego ya no se pudo debatir más: solo se pudo votar si querías el pacto con PSC o con ERC, porque es lo que la dirección decidió que se pasaba a referéndum entre los inscritos; los que en su día se registraron en la web, pero que no participan en su actividad o reuniones. Así lo establecen los estatutos: dos ámbitos de decisión, unas cosas las deciden 500 activistas y otras las 9.000 personas inscritas (no hay cotizantes). La dirección hizo campaña a tope por una sola postura, la del pacto con el PSC, sin ni siquiera mencionar en la pregunta que ello incluía el voto del impresentable de Manuel Valls, que garantizó 3 votos de apoyo a Ada (de los 6 concejales que tiene Ciudadanos) para alcanzar los 21 de la mayoría absoluta. Así pues el debate dejó mucho que desear para llamar a esto nueva política y democracia radical, ya que la opción elegida hacía días por la dirección era solo una: tener el poder y la alcaldía.

No se pudo conocer ni debatir de contenidos programáticos, ni de las conversaciones con el PSC. No se hicieron comparativas de los programas de ERC y PSC. Algunos llegaron a decir que ERC nos había copiado el programa, pero que eso era solo papel, y que el papel lo aguantaba todo. Es cierto que el programa de BComú es mucho más similar al de ERC. Tenemos ejemplos en medio ambiente, residuos, movilidad y transporte público, destinar un 30% de la vivienda de nueva creación a vivienda social asequible, la creación de una funeraria pública, la posibilidad de municipalizar el agua, etc.

Pero es cierto que, al gobernar en la Generalitat con JuntsxCat, la práctica de ERC en el conjunto de Cataluña es muy criticable en varios temas, como el de la Renta Garantizada de Ciudadanía, por no cumplir los 664€ para miles de solicitantes que no tienen ningún ingreso. También es cierto que en los 4 años anteriores la actitud partidista de ERC no había sido de colaboración, sino más bien de boicotear cosas como la unir el tranvía de la Diagonal, aunque lo llevaba en su programa electoral anterior.

Al mismo tiempo, la realidad tan neoliberal del gobierno estatal del PSOE, sin derogar la ley Mordaza, ni la reforma laboral del PP, y tantas cosas más, hacía que en Madrid, en el Congreso de los diputados, las votaciones conjuntas de ERC y Unidos Podemos eran muchísimas más que con el PSOE. En Barcelona, la ruptura del gobierno BComú y PSC se produjo al aplicar el artículo 155 a Catalunya y al apoyar el PSC la represión, pero también debemos mencionar discrepancias en temas como la municipalización del agua, ahora en manos de la multinacional Agbar 1/, cuyo lobby tiene estrechos vínculos con algunos miembros del PSOE.

Recordemos que ERC ha sido quien ha ganado las elecciones municipales en la ciudad de Barcelona con 5000 votos más que Bcomú, y que es muy diferente decidir sumar votos con el PSC para impedir que Albiol del PP sea alcalde en Badalona, que pactar con PSC y no con ERC en Barcelona. Mientras ERC no ha tenido ningún caso de corrupción y es tan o más de izquierdas que el PSC, en la práctica hemos visto como el PSC ha incluido en sus listas electorales a la gente de la exUDC del Duran Lleida.

Por otro lado, la ley actual hace que los ayuntamientos sean muy presidencialistas o poco republicanos, y que la alcaldía es clave, ya que muchas decisiones y nombramientos los debe firmar la alcaldía.

Pero la negociación con ERC podía permitir crear el cargo de vicealcaldesa, delegar competencias de la alcaldía a la comisión de gobierno, donde estarían empatados a 10 concejales y evitar así arbitrariedades o gesticulaciones de Maragall. El pacto podía incluir repartir todo al máximo y una libertad amplia para Ada, compartir al 50% la presencia en actos institucionales o en medios, o que ella inaugurase siempre lo que se había empezado en su mandato, tener voz propia con el tema nacional y plantear la soberanía catalana con fraternidad confederal, etc.

Al final, tampoco se debatió ni se votó lo que a última hora ofreció ERC, dos años de alcaldía para Ada y dos para Maragall.

Son muy ciertos los beneficios de tener la alcaldía, pero no comparto la idea de tener la alcaldía a cualquier precio y la maniobra tendrá un coste alto en gran parte del electorado. Por supuesto, como siempre en la vieja izquierda, de momento tampoco hay autocrítica por haber perdido votos y un concejal; se cierra el análisis con un somero hemos resistido el tirón estatal del PSOE.

Por otro lado, no es cierto que pactar con PSC sea evitar la lógica de bloques. El PSC es parte de un bloque, el del 155 y el que defiende el régimen monárquico del 78. Rompería más la política de bloques un pacto con ERC, al menos para favorecer el desenganche de ERC de la actual derecha catalana del JuntsxCat en la Generalitat. Un JuntsxCat dominado aún por los ex de Convergencia, ahora PDeCAT. Hubiera sido un ejemplo que tendría proyección en toda Catalunya, demostrando que los Comunes eran lo que podía unir más a gentes votantes de izquierdas, del PSC y de ERC, al tener un mandato con cada uno.

Por muy fraudulento que sea el procesismo institucional de Puigdemont y Junqueras, no podemos negar que estamos frente a un abuso de autoridad y de violencia intolerable por parte del Estado, la misma que padecerían mañana, reconozcámoslo, los comunistas o los de Podemos si obtuviesen un 60% en un Parlamento autonómico y desobedecieran alguna ley para alcanzar mayor justicia social ante la creciente desigualdad que nos impone el capitalismo europeo. Hacer un referéndum sobre impuestos a la banca, o sobre un mejor salario mínimo autonómico o sobre medidas para un derecho efectivo a la vivienda, cuando lo que se vota no es competencia de la autonomía, es una desobediencia que puede acumular fuerzas para cambiar el sistema y a la que no podemos renunciar a practicar (salvo que se quiera vivir de la política). Vemos otras luchas donde también predomina la idea de democracia directa, como la exigencia de los chalecos amarillos en Francia, donde plantean que las propuestas de leyes las puedan hacen las asambleas populares y que deben pasarse estas a votación y asumir el resultado.

La sentencia del juicio al referéndum que se realizó en Catalunya el 1 de octubre saldrá en los próximos meses y cuando salga, siempre será preferible estar al lado de los represaliados que no de los carceleros del 155, los mismos que han tolerado siempre las cloacas de Interior junto a la prensa y los jueces fachas.

Todas las opciones tienen siempre riesgos y lo peor de ERC es su la lista electoral, empezando por Maragall, no por su 75 años y 40 años viviendo de la política, sino porque fue el de la peor etapa del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona y luego, el que en la época del Tripartito anterior de Catalunya con Montilla (PSC-ERC-ICV), hizo una ley de enseñanza, la LEC, siendo Conseller de educación, que provocó grandes movilizaciones unitarias. Al final él garantizó por ley la subvención a la enseñanza concertada, incluso a la que segmentaba por género, las escuelas del Opus. Pero debemos recordar que algunas personas han salido de Catalunya en Comú hace pocos meses para incorporarse a las listas de ERC: Joan Josep Nuet de EUiA, ahora solo de Comunistas.Cat, se presentó por ERC a las estatales y Elisenda Alemany, de Soberanistas, era la segunda de la lista municipal de ERC.

Es preocupante que en el debate de la izquierda, el que se da para estas coaliciones, se nos omite siempre el tema de pasar a la oposición y el imprescindible debate de que construir y crear unidad popular es lo más necesario. Hay que debatir como crear organización unitaria y democrática en cada lugar, como implicar a los y las activistas en hacer crecer todos los movimientos sociales y así llegar a tener algún día una correlación de fuerzas que modifique el régimen monárquico y neoliberal, con una praxis cotidiana que logre otra cultura hegemónica, la solidaria y comunitaria frente al consumismo e individualismo imperante.

El resultado práctico de aquella frase de un pie dentro y cien pies fuera de la institución ha sido un desastre; la institución absorbe porque se prioriza desde la organización política y la triste realidad de la desmovilización nos obliga a este debate. En una metrópoli de 2 millones de personas no podemos seguir siendo solo 5.000 manifestantes, cuando se convoca a una manifestación para exigir al PSOE la limitación de los alquilares, o para derogar la ley mordaza, o que no tengamos ni perspectivas de huelgas generales ante la reducción de salarios tras 10 años de crisis, o que la urgente lucha ecologista la empiecen unos pocos jóvenes y sea tan limitada. Esta es la necesidad principal a debatir en la izquierda.

La ausencia de estos debates es masiva, no se analiza la práctica cotidiana en la empresa o en el barrio, pero cuando hay posibilidad de poder institucional por medio, se nos hace olvidar demasiadas veces lo importante. Quedamos reducidos a votaciones digitales, a unas preguntas muy dirigidas, y donde parece que la decisión se hace por sentirse español o catalán, sin saber nunca que significa ser federalista ni que competencias deben descentralizarse, o peor aún, se vota por una especie de nuevo culto al líder en el caso de Ada.

No se debatió la repercusión de aceptar los votos de la Valls y de Cs, ni se debate como debemos luchar por el derecho a decidir, muy arraigado en Catalunya (casi el 80%). Nadie sabe cómo afrontarán los de Barcelona en Comú y los de Podemos la lucha por la amnistía de los presos, de todos, los presos políticos y los represaliados por luchas sociales, pero en septiembre-octubre vendrá alguna huelga general más masiva. Recordemos un dato que se puede ver en el informe de conflictividad laboral de la CEOE: la última huelga general convocada por un solo sindicato independentista en Catalunya, el 21 de febrero de 2019, fue muy superior a las 2h o 24h que se convocaron el 8 de marzo por la igualdad real de la mujer.

El resultado del proceso vivido en el municipalismo del cambio en Barcelona ha sido que la votación digital dio un 70% a favor del pacto con PSC y un 30% aproximadamente del pacto con ERC, con una participación del 40% (4.040 personas). La dirección de BComú convocó una concentración en la Plaza Sant Jaume para apoyar con pancartas a Ada alcaldesa. Esta concentración del sábado 15 junio fue minoritaria, la militancia digital no fue, y la que estuvo fue ocultada por una masa de gente independentista que lucha por la libertad de los presos políticos, que pitó a Ada y le gritó Con Valls No, como el PSOE y Pedro Sánchez tuvo que escuchar que Con Rivera No.

El resultado es que seguirán los dos bloques enfrentados, justo lo que no se quería, y que se posiciona a BComú prioritariamente junto a un bloque, a pesar de decir una y otra vez Ada que no es ni independentista ni antidependentista. Las caras eran muy tristes, nada que ver con la ilusión de toda la izquierda anticapitalista hace cuatro años, cualquiera que lo presenció por los medios de comunicación se puede hacer una idea. En resumen, todo un republicanismo socialista pendiente de construir, tanto en lo social como en lo nacional.

15/06/2019

Josep Bel, es miembro de Procés Constituent y de co.bas (sindicato de comisiones de base)

Notas:

1/ Pendienter de celebrar la Multiconsulta para su remunicipalización, aprobada en octubre de 2018 por el Pleno del Consejo Municipal con el apoyo de ERC y la CUP y con la abstención del PSC y del PDeCAT (ndr).





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons