aA+
aA-
Grabar en formato PDF
Catalunya
Desobediencia civil, más allá de la retórica
10/09/2019 | Artur Domingo i Barnils

La Satyagraha[1] emprendida en toda ocasión, ya sea oportuna o no, se corrompería. Y si alguien la emprende sin haber medido su propia fuerza y luego sufre una derrota, no sólo se perjudica a sí mismo, sino que también desacredita esta herramienta incomparable con su insensatez.

MK Gandhi: Satyagraha in South Africa.

Artículo original en catalán

En los últimos tiempos se está produciendo en determinados medios de Catalunya un abuso en la utilización de la idea de la desobediencia civil, que desemboca en la banalización de una forma de lucha que ha tenido gran trascendencia a lo largo de la historia y que, bien utilizada, puede tener una gran eficacia. Esto no es extraño en un contexto donde demasiado a menudo se opta más por la retórica y por quién dice las palabras más gruesas, en lugar de optar por el análisis riguroso sobre dónde nos encontramos y cuáles son las posibles salidas a la situación que estamos viviendo. Me parece oportuno, pues, plantear algunos aspectos básicos de la estrategia de la desobediencia civil no violenta.

Si nos atenemos a la teoría y a las experiencias históricas más exitosas, la desobediencia civilno significa desobedecer todo y en cualquier momento. Se trata de desobedecer aquellas leyes, decisiones gubernamentales o normativas consideradas manifiestamente injustas, pero seleccionando en cada ocasión en cuales se focaliza la protesta. Y se hace de una manera abierta y pública, asumiendo las consecuencias, lo que le da un valor ejemplar que puede provocar una crisis de legitimidad y una modificación de la situación denunciada.

Sobre su legitimidad se ha escrito abundantemente. Hannah Arendt y John Rawls afirmaron que la desobediencia es legítima cuando no es posible cambiar una ley o situación injusta, después de haber agotado los mecanismos legales; entonces la desobediencia puede actuar como motor de cambio. Numerosas experiencias históricas lo avalan, como la lucha de las sufragistas, la de los derechos civiles de la población negra en los EEUU o el combate por la independencia de la India. Bertrand Russell justificaba también la desobediencia civil en el caso de las minorías estructurales o demográficas dentro de un estado, que nunca podrían modificar su situación dentro de los límites legales preestablecidos, pues siempre estarían en inferioridad. Y lo más curioso, es que el mismo Tribunal Supremoespañol, en una sentencia de 2009, aceptaba la desobediencia civil como "un método legítimo de disidencia frente al Estado".

Dicho esto, la estrategia de la desobediencia civil requiere de unas condiciones básicas para su eficacia. Señalaré algunas que se derivan de las obras más interesantes que se han escrito al respecto y, sobre todo, del análisis de las mejores experiencias prácticas a lo largo de la historia y que convendría tener bien presente.

En primer lugar, el objetivo que se persigue con la desobediencia debe ser claro y tener, además, una legitimidad ética y política contundente; no dispersándose en demasiados objetivos a la vez, ni demasiado abstractos y, menos aún, contradictorios. El 1 de octubre de 2017 el objetivo era inteligible: votar a pesar de la prohibición. Como también lo habían sido los objetivos de los que pedían la abolición del servicio militar obligatorio, practicando la insumisión y la objeción de conciencia.

También hay que tener un apoyo suficiente, proporcional al propósito perseguido. No es el mismo el que se necesita para cambiar una ley puntual o abolir una norma concreta, que para el reconocimiento del derecho a la autodeterminación o, aún menos, para la creación de un estado independiente. Creo que es un error no centrarse en lograr un referéndum reconocido internacionalmente, objetivo que podría llegar a tener un apoyo muy considerable. En mi opinión, habría que dejar de hacer confusas llamadas a una supuesta implementación de la República catalana, sin explicar cómo se piensa hacer cuando no hay una mayoría clara que la quiera implementar y menos aún de forma unilateral.

Por lo tanto, una característica necesaria es trazar una estrategia basada en el rigor, lejos de la retórica estéril. En este sentido, hay que interpretar bien el contexto real, buscar todos los apoyos posibles, en el interior del propio territorio y en el exterior, y las complicidades que limiten la capacidad represiva del adversario; en definitiva, tener presente la correlación de fuerzas. Y, por supuesto, ser consciente de si la población llamada a la desobediencia está preparada y predispuesta, soportando las consecuencias posibles, que es necesario explicar. En Sudáfrica, como en la India, Gandhi las explicaba siempre antes de iniciar una campaña, y también como afrontarlas. Esto exige disponer de los liderazgos adecuados y de las personas necesarias y preparadas para organizar y animar las campañas.

El 1 de octubre de 2017 Cataluña ofreció un ejemplo de desobediencia civil, ejerciendo el derecho a voto a pesar de las prohibiciones y la dura represión. Y ello porque se dieron, entre otras, varias de las condiciones expuestas. Fue un éxito, pero insuficiente para alcanzar el objetivo deseado, lo cual no lo desmerece, pues todo proceso emancipador ha conocido episodios de éxitos y también fracasos o tropiezos de los que hay que aprender. Aprender y actuar con rigor cuando se pretende alcanzar objetivos que chocan con fuertes obstáculos, es una condición indispensable para lograr victorias.

9/09/2019

Artur Domingo i Barnils es historiador, especialista en la obra y el legado de Gandhi


[1]Satyagraha es una palabra compuesta, de origen sánscrito, que significa "insistencia en la verdad" y es el nombre que Gandhi dio a sus campañas políticas a partir de 1906, tanto en Sudáfrica, como en la India.





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons