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Tribuna viento sur
Entre la Diada y la inminente sentencia del Supremo
14/09/2019 | Martí Caussa

Versió original en català: Entre la Diada i la imminent sentència del Suprem

La guardia urbana ha cifrado en 600.000 los participantes en la concentración de la Diada del 11 de septiembre. La revista La Directa , con tradición de cálculos fiables, ha estimado 750.000. Es difícil averiguar qué número se acerca más a la realidad; lo que sabemos seguro que los inscritos en la concentración eran 450.000. En todos caso se trata de la cifra más baja desde el 2012. Pero las valoraciones de estas cifras son muy discrepantes.

Los medios estatales ven un síntoma claro de descenso, tanto más pronunciado cuanto más derechista es la orientación del medio: "La Diada pierde fuelle" (El Mundo), "El independentismo ya pincha hasta en su día grande" (ABC ), "Sentencia a la Diada" (la Razón),... El editorial de El País es el menos catastrofista, pero su valoración va en el mismo sentido: "estas concentraciones, que en tiempos ahormaron la agenda política catalana, carecen ya de esa virtualidad y se han transformación en una liturgia para los fieles, sin mayor impacto que el visual ".

Los diarios catalanes afinan más: "No fue el tsunami que anunciaban, pero al menos inundaron de gente del entorno de la plaza de España" escribe el director de La Vanguardia, "El independentismo lanza una señal de alarma a los partidos políticos" titula el ARA, y" Toque de atención" es el título del artículo de Pere Martí en Vilaweb. Este último es el más optimista: "El ligero descenso de participación es una llamada de atención, un síntoma de fatiga dada la desorientación estratégica y el enfrentamiento partidista. Sin embargo, la manifestación ha sido multitudinaria, desmintió las previsiones más pesimistas y demuestra la resiliencia de las bases independentistas en momentos difíciles como el actual".

En Nació Digital se puede repasar el número de personas asistentes a las Diadas desde 2012 hasta ahora:

2012: 1.500.000

2013: 1.600.000

2014: 1.800.000

2015: 1.400.000

2016: 800.000 (concentraciones descentralizadas)

2017: 1.000.000 (pocos días antes del referéndum)

2018: 1.000.000

2019: 600.000/750.000 (según la guardia urbana o La Directa )

La caída del número de participantes es evidente, pero sigue siendo una cantidad muy importante: 600.000 personas son el 8% de la población catalana. Es como si se hubieran manifestado 540.000 personas en Madrid o 670.000 en Andalucía. Y eso después de la aplicación de una medida de excepción como el artículo 155, de unas elecciones impuestas desde el Estado, del encarcelamiento y del procesamiento por rebelión de los líderes independentistas y de cientos de causas judiciales abiertas.

También hay que decir que este descenso de participantes era previsible. Tras la Diada del año pasado escribí : "La desorientación y la división entre los partidos y las organizaciones independentistas no ha disminuido sensiblemente la capacidad de la movilización popular , como se mostró el 11 de septiembre y en el aniversario del 1-O. Pero lo puede hacer a la larga. El factor fundamental que sostiene la movilización popular es la exigencia de la libertad de los presos y el retorno de los exiliados; y no es suficiente para un crecimiento sostenido y en profundidad del movimiento popular. Falta la perspectiva, la hoja de ruta, la estrategia". Y también lo preveían los organizadores de la Diada de este año porque eligieron un espacio de concentración que se llenara con menos gente de la que asistió.

Ahora lo que hace falta es hacer un ejercicio de realismo, analizar las causas de la menor participación y, sobre todo, intentar acordar el tipo más adecuado de respuesta unitaria a la dura sentencia del Tribunal Supremo que se espera en los próximos días.

A la hora de buscar las causas del descenso de participantes todo el mundo resalta dos temas: la división independentista y la falta de una estrategia clara. El diagnóstico es claro pero el remedio difícil, sobre todo si no se profundiza más en las causas 1/ y no se distingue entre las medidas urgentes y las necesarias a medio plazo.

La falta de una estrategia clara y las divisiones que se derivan de ella no se resolverá a corto plazo. Por mucho que se grite "unidad, unidad". Porque la crisis estratégica tiene razones profundas y para superarla se necesitan al menos dos precondiciones. La primera, reconocer que el 27 de octubre de 2017, proclamando la República sin efectos prácticos y abandonando el gobierno y las instituciones después de la aplicación del artículo 155, significó una derrota importante; que la victoria electoral del 21 de diciembre la mitigó pero no la compensó; y que desde entonces no nos encontramos en una situación ofensiva sino defensiva. La segunda, reconocer que la estrategia seguida hasta ese momento, tanto por el gobierno como por los principales partidos y entidades independentistas, era profundamente errónea y que hay que diseñar otra alternativa.

En el artículo ya citado daba mi opinión sobre esta última: "Lo que se necesita es construir una estrategia alternativa: de alianza entre soberanistas e independentistas, radicalmente democrática y con un fuerte contenido social, que se postule para liderar el movimiento popular catalán en toda su diversidad y que busque alianzas con otras fuerzas de los pueblos del Estado español, insertando la República catalana en el combate contra el régimen del 78 y la monarquía, sin subordinar sus ritmos y sus oportunidades, pero sabiendo que hay un enemigo común y que se necesitan luchas compartidas ". En una orientación así la reivindicación central no es hacer una DUI sino un nuevo referéndum. Pero lo realmente importante era y es abrir el debate. Y desde entonces no hemos avanzado mucho.

Ahora bien, mucho antes de cualquier clarificación estratégica habrá la sentencia del procés, que será una sentencia dura porque será una sentencia de Estado : "El objetivo de Estado del juicio al procés es dejar claro que cualquier ejercicio de las libertades fundamentales con métodos pacíficos que desafíe los grandes consensos de la Constitución de 1978 –la monarquía, la unidad territorial, la economía de mercado, la prioridad del pago de la deuda, etc.– se encontrará con represión, reducciones profundas de las libertades (como el aplicación del artículo 155) y condenas muy duras. En eso están de acuerdo el Rey, los partidos del 155 (PP, C ’s y PSOE), el poder judicial y los grandes poderes económicos".

Es necesario preparar una respuesta lo más unitaria e inclusiva posible, es decir, no sólo de los independentistas, sino de todos los soberanistas y todos los defensores de la democracia. La línea de argumentación básica la explicó Jordi Cuixart durante el juicio y Òmnium la ha ido repitiendo: el juicio del Supremo es un juicio a la democracia, porque ejercer los derechos fundamentales no es delito, votar en un referéndum no es delito, desobedecer una ley o una resolución judicial manifiestamente injusta no es delito y la manera de defender estos derechos es ejercerlos y, si es necesario, volver a desobedecer las leyes que los prohíben o recortan profundamente. Ahora hay que precisar los objetivos inmediatos y las acciones unitarias.

Probablemente la amnistía sea la reivindicación más adecuada para articular una movilización unitaria, inclusiva, masiva y prolongada contra la sentencia . Xavier Domènech, en una entrevista a Crític , defendía que, en Catalunya, unas eventuales elecciones generales deberían ser un plebiscito sobre la amnistía. Pero su razonamiento me parece válido más allá del marco electoral: "[la amnistía] es un concepto con un significado históricamente importante: durante el antifranquismo, no se reclamaba el indulto, sino la amnistía, que es el reconocimiento de que no había delito. Esto se convirtió en el gran eje de movilización de masas, porque era una reivindicación defensiva pero, al mismo tiempo, su aprobación cambiaba el marco político-jurídico. Ahora es lo que une más el conjunto de la sociedad catalana... ". Pero, en todo caso, esta reivindicación debería ser el fruto de un amplio consenso que es urgente empezar a construir 2/.

En conclusión, a nivel de Catalunya, necesitamos ser conscientes de que estamos en una situación defensiva, que no se sale rápidamente de los efectos de una derrota como la del 27-D de 2017, que la unidad estratégica no se alcanzará a corto plazo y que hay un debate abierto sobre el tema. Pero que es urgentísima la unidad táctica para dar una respuesta unitaria, inclusiva y masiva a la inminente sentencia del Supremo. El éxito de esta respuesta permitirá empezar cambiar la relación de fuerzas frente al Estado y será una ayuda importante para diseñar una nueva estrategia.

Y, a nivel de Estado, hay que tener presente que la respuesta a la sentencia condicionará las libertades fundamentales y la calidad de la democracia en todo el Estado. Por eso la respuesta no debe ser sólo catalana, sino general.

Martí Caussa forma parte de la Redacción de viento sur.

13/9/2019

Notas

1/ Por ejemplo, si se quería una movilización muy masiva, el lema "Objetivo independencia" que eligió el ANC, ¿era el más adecuado? ¿O hubiera sido mejor hacer hincapié sobre el derecho de autodeterminación que genera mucho más consenso?

2/ La CUP debatirá mañana (14/09) un documento que plantea defender la amnistía como vía para conseguir la libertad de presos y exiliados.







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