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Elecciones en Portugal
PS sin mayoría, la derecha sufre una derrota histórica
09/10/2019 | Alda Sousa y Luís Branco

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En las elecciones del 6 de octubre, la izquierda amplió su mayoría en el parlamento gracias a la subida del PS, que sin embargo falló en el objetivo de la mayoría absoluta.
El Bloco consolidó la posición de tercera fuerza política del país.

La gran duda del inicio de la campaña electoral -¿conseguiría el PS la mayoría absoluta que le permitiría librarse de los compañeros de la geringonça?- quedó deshecha en las últimas semanas, con la recuperación del PSD en las encuestas. Era la señal de que la desmovilización del electorado derechista no iba a ser tan grande como lo previsto en los últimos meses. Sin embargo, esa movilización no fue suficiente para evitar una derrota histórica de este campo político: el PSD acabó con menos del 28% -el peor resultado en este siglo- y el CDS cayó al 5%, pasando de 18 a sólo 5 escaños.

Esta caída de la derecha no constituyó una sorpresa y repitió la tendencia observada en las elecciones europeas de mayo. Eso se debe a la falta de propuestas y alternativas políticas a un gobierno cuya popularidad fue construida precisamente a través de la revocación de las medidas de austeridad del gobierno PSD/CDS entre 2011 y 2015. La recuperación de los ingresos, del empleo y de la economía dejó a la derecha sin un proyecto político consistente para estas elecciones, buscando sustituir ese vacío con el aprovechamiento político de casos judiciales, como el del robo de armas de un almacén militar en 2017 (y posterior recuperación negociada en secreto con los asaltantes), un episodio rocambolesco que puso al entonces ministro de la Defensa en el papel de acusado por la justicia.

El PS sube del 32,4% en 2015 al 36,7% en 2019 y consigue 106 escaños (21 más que en 2015). Aún faltan por contar los votos en el extranjero, que asignan 4 escaños más, normalmente repartidos entre PS y PSD. La nueva composición parlamentaria refuerza bastante la bancada socialista que, a pesar de no alcanzar los 116 que garantizan la mayoría absoluta, tiene más representantes que la suma de los partidos de la derecha. O sea, deja de depender del voto favorable de los restantes partidos de la izquierda para hacer aprobar sus propuestas, bastando sólo su abstención.

El Bloco registró 9,6% (en 2015, 10,2%) pero mantuvo sus 19 representantes, aunque distribuidos de otra forma según las regiones. La pérdida de un diputado por Oporto y otro por la Región Autónoma de Madeira fue compensada por el aumento de los electos en Braga y Aveiro. Por primera vez, el grupo parlamentario del Bloco cuenta con una mayoría de diputadas (9) y diputados (10) que vienen de distritos electorales fuera de las dos grandes áreas metropolitanas, Lisboa y Oporto. Esta tendencia cara una mayor homogeneidad de los ámbitos de votación en el Bloco entre los distintos distritos ya viene de atrás y prosiguió en esta elección.

Sólo el PS consiguió quitar dividendos electorales de los buenos resultados de su gobierno minoritario, mientras los partidos a la izquierda que lo apoyaron vieron al electorado reaccionar de forma diferente. Si el Bloco consiguió mantener su representación y ampliar la distancia con la cuarta mayor fuerza política, el PCP perdió 116 mil votos y consiguió 12 escaños, 5 menos que en 2015. Tampoco aquí hubo sorpresa y el resultado siguió la tendencia que ya se había verificado en las elecciones europeas, donde el PCP perdió uno de los tres eurodiputados que tenía. En cambio, el PAN (Personas Animales Naturaleza) -que nació como defensor de los derechos de los animales y fue adaptando su enfoque político a las cuestiones ambientales, votando a favor de los Presupuestos del gobierno del PS- prosiguió su trayectoria ascendente (de 1 a 4).

Otra novedad de estas elecciones fue la entrada de tres nuevos partidos en la Asamblea de la República, todos con poco más del 1% de los votos: Libre, asociado a los Verdes europeos; Iniciativa Liberal, con propuestas ultraliberales y una campaña volcada en las redes sociales; y Chega [Basta¡], cuyo principal dirigente es un comentarista televisivo de fútbol con un discurso xenófobo y apoyado por los sectores de la extrema-derecha en la policía portuguesa. La entrada de un diputado de extrema-derecha en el parlamento portugués acaba con una excepción de la cual restan pocos ejemplos en Europa, pero tuvo su contrapeso en la elección de tres mujeres negras por primera vez en Portugal, en las listas del Bloco, Libre y PS.

La tensión entre PS y Bloco marcó la campaña electoral

Ante la desmovilización del electorado de la derecha en relación a los protagonistas de ese campo político, António Costa buscó atraer ese electorado-llave para conquistar la mayoría absoluta a través de sucesivos ataques al Bloco, incluyendo una comparación con la política española. Decía el líder socialista que un PS débil y un Bloco fuerte, a semejanza del PSOE y Podemos después de las elecciones de abril, conduciría al impasse político y a la inestabilidad. Costa llegó aún a alterar la historia, rebajando el papel del Bloco en la formación de la geringonça y llegando a afirmar que ella se dio “a pesar del Bloco”. Los elogios del primer-ministro a la estabilidad por la acción del PCP contrastaban con estos ataques al Bloco. Y el punto álgido de esa tensión se dio en el debate televisivo, con Catarina Martins confrontando con el líder del PS sobre la reunión entre representantes de los dos partidos en la mañana de las elecciones de 2015, antes siquiera de saberse el resultado electoral, para abrir camino a la formación de un gobierno con el apoyo de la izquierda.

La estrategia de hacer un collage entre el Bloco, la inestabilidad y el despilfarro tuvo también como protagonista al ministro (y líder del Eurogrupo) Mário Centeno, después de otro debate televisivo en que la líder del Bloco discutió las cuentas sobre las medidas de inversión propuestas en el programa del PS y la ausencia de cuantificación de otras medidas importantes. En las horas siguientes, Centeno se vio forzado a divulgar a los periodistas una versión actualizada de las cuentas de sus promesas, que aún así estaban lejos de las que entregó a Bruselas con el Programa de Estabilidad.

Para responder a los ataques del PS, el Bloco asumió como mensaje central de su campaña que es el partido “que garantiza la estabilidad en la vida de las personas”, en su salario, en su pensión y en su empleo y le apuntó al PS el peso de la inestabilidad política con la amenaza de renuncia del gobierno en mayo pasado a causa de la inminente aprobación de una medida que devolvería a los profesores todo el tiempo de carrera congelado en la última década. Pero la gran divergencia del Bloco con el PS se centró siempre en la cuestión de la legislación laboral, después de que el gobierno firmase un acuerdo con la patronal en la concertación social y aprobase en junio, con los votos de la derecha, medidas que aumentan la precariedad, como el alargamiento del periodo de prueba al entrar en la empresa o la generalización de los contratos de muy corta duración.

Las negociaciones prosiguen los próximos días

En la noche electoral, Bloco y PCP dejaron claro que a pesar de faltar al PS la mayoría absoluta, no hay duda sobre su legitimidad en liderar el próximo gobierno. El Presidente de la República debe proponer a António Costa para formar gobierno esta semana y se iniciarán las negociaciones del programa de gobierno. Costa afirmó en la noche electoral que va a buscar en primer lugar el apoyo de los dos compañeros de la geringonça, pero negociará también con PAN y Libre un eventual apoyo válido para toda la legislatura.

Por parte del PCP, su líder Jerónimo de Sousa afirmó estar abierto al diálogo con el PS, aunque haya sugerido una preferencia por ir aprobando medida a medida y no un nuevo acuerdo escrito para el total de los cuatro años. Veremos si será así o si el duro resultado del domingo habrá contribuido a que se incline por esa decisión. Por su lado, Catarina Martins afirmó que el Bloco está disponible a negociar un acuerdo para la legislatura que incluya referentes del partido como la reforma de las leyes laborales y la recuperación de salarios y servicios públicos, aunque admita que en caso de imposibilidad de acuerdo se pueda pasar a negociar la viabilidad de cada Presupuesto del Estado.

En las negociaciones que comienzan ahora, será el Partido Socialista quien deberá escoger si quiere invertir en el Servicio Nacional de Salud, en la escuela pública, en la estabilidad del empleo, en el aumento del salario mínimo o en un plan nacional de vivienda. Esa sería la verdadera estabilidad que necesita el país. La excepción portuguesa que António Costa ha promovido fuera del país, hablando de un país que consiguió revertir la austeridad manteniéndose fiel a los tratados y compromisos europeos, finalmente sólo fue excepción precisamente cuando consiguió romper con ese corsé y aumentó los ingresos de las y los trabajadores y pensionistas, dinamizando la economía a partir del consumo y de la demanda interna. Tras revertir las medidas más gravosas de la troika y del gobierno de la derecha, el Bloco quiere ser la garantía de que no hay retrocesos, sino nuevos avances a favor de la clase trabajadora.

9/10/2019





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