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Bolivia
Solidaridad con el pueblo boliviano contra la furia de la extrema derecha
13/11/2019 | Patrick Guillaudat

Desde la proclamación de los resultados de la elección presidencial en Bolivia el 20 de octubre, el país ha estado experimentando revueltas y una crisis política sin precedentes desde la primera elección de Evo Morales, también sindicalista e indígena, en 2006.

El sistema político boliviano establece que un candidato con más del 45% de los votos en la primera vuelta y más del 10% de ventaja sobre el candidato en segundo lugar sea elegido sin pasar por una segunda vuelta. Los resultados se publican según se van contando. Sin embargo, entre el domingo a las 19:40h y el lunes 21 a las 19:30h, no hubo ninguna actualización. El domingo por la noche, la brecha entre los dos candidatos, Evo Morales y Carlos Mesa, fue del 7% y el día siguiente del 10.14%. Entre los dos, Morales había proclamado su victoria.

Esta situación ubuesca fue la chispa que permitió la explosión social que ha arrasado el país.

Una oposición racista

Inicialmente, la movilización contra el fraude electoral se llevó a cabo por los partidarios de Carlos Mesa, representante de la derecha neoliberal clásica. El 23 de octubre, llamó a la creación de la Coordinadora de Defensa de la Democracia que “llama a todas las bolivianas y a todos los bolivianos de los nueve departamentos del país a movilizarse pacíficamente hasta conseguir el objetivo democrático de la convocatoria de una segunda vuelta electoral”. Pero pronto será la extrema derecha racista, muy implantada en la región de Santa Cruz, dirigida por Luis Fernando Camacho (abogado y empresario, ex miembro de un grupo paramilitar especializado en cazar indígenas) quien asumirá la dirección de las protestas. Mezclando religión y política en sus discursos, representa el Bolsonaro boliviano, pero sobre todo es presidente del muy poderoso Comité Cívico pro-Santa-Cruz, una agrupación de comerciantes y empresarios del departamento de Santa Cruz. Esta ciudad es el pulmón económico del país, pero también una tierra blanca con muy pocos indígenas; el corazón de la mayoría de las protestas de la derecha, como el violento intento de secesión del resto del país en 2008. Varios comités cívicos implantados en las ciudades retomaron los discursos de Camacho, y líderes como Marco Pumari, de Potosí, declaró que “¡Camacho hará leer la Biblia a estos herejes!”.

Las manifestaciones degeneraron muy rápido con el incendio de edificios oficiales, viviendas de líderes del MAS y la explosión de violencia contra las poblaciones indígenas (la alcaldesa indígena de Vinto, electa del MAS, fue pintada de rojo y arrastrada por las calles), las mujeres y los militantes pro-Evo. Rápidamente, las fuerzas policiales se amotinarán para unirse a los manifestantes anti-Morales.

La fuerza de los disturbios fue suficiente para obligar a Morales a renunciar el 10 de noviembre después de que propusiese en vano un diálogo abierto. Tras su dimisión, Camacho llamó a ejercer la violencia contra los indígenas para “machacar a los traidores del MAS”.

Un golpe de Estado que no se presenta como tal

Antes de su renuncia Morales propuso convocar nuevas elecciones y establecer un nuevo Tribunal Supremo Electoral para garantizar el buen desarrollo de las mismas, dando así razón a la oposición. Pero Carlos Mesa no lo aceptó y ya no exigió nuevas elecciones, sino la dimisión de todos los representantes electos del MAS (parlamento, gobierno, etc.) para formar una junta de gobierno provisional. Incluso la OEA (Organización de Estados Americanos, dominada por la derecha latinoamericana y Estados Unidos) se limitó a recomendar la celebración de nuevas elecciones, pareciendo coincidir con la propuesta posterior de Morales. Luego, Mesa y Camacho solicitaron el apoyo del ejército, que lo obtuvieron cuando el Jefe de Estado Mayor solicitó la renuncia de Morales.

Al rechazar la propuesta de Morales y confiar en la calle para expulsar a los representantes electos del MAS en ciudades y pueblos, quemando sus domicilios con la ayuda de los grupos paramilitares vinculados a los comités cívicos y a la extrema derecha, Carlos Mesa ha demostrado que su objetivo no era lograr una segunda vuelta de las elecciones, sino más bien derrocar al gobierno.

Por supuesto, no se trata un golpe militar similar a los que se han dado demasiado habitualmente en el continente, pero por el objetivo perseguido, derrocar el poder sin esperar las elecciones, tiene las características de un golpe de Estado. Se ha realizado en dos etapas. La primera, con el rechazo por la alianza derecha/extrema derecha de su propia solución tan pronto como fue aprobada por Morales. Después, movilizándose contra todo lo que representa el MAS y su poder, apoyados por el motín de la policía y el llamamiento de los militares a la dimisión de Morales. Esta combinación hacía imposible cualquier otra solución que no fuera el derrocamiento del gobierno por esta santa alianza entre las fuerzas armadas y la derecha, frecuente en la historia de Bolivia,.

Finalmente, pensando en evitar un baño de sangre, una parte de la izquierda, como la COB (Central Obrera Boliviana), pidió la dimisión de Morales.

¿Por qué se ha llegado allí?

La violencia de la explosión no es el fruto de la casualidad. Tiene sus orígenes en dos fenómenos. En primer lugar, la insistencia de Morales y del MAS por mantenerse en el poder. En 2016 perdieron un referéndum para enmendar la Constitución y permitir que Morales se presentase para un cuarto mandato. Después, mediante una maniobra, logrará no aplicar el resultado del referéndum apoyándose en los textos internacionales que prevén el derecho de toda persona a presentarse a las elecciones, sin abordar los posibles límites al número de mandatos. Esta ruptura democrática conmocionó profundamente a la población boliviana y socavó en gran medida el prestigio de Morales (recuérdese que en 2014 fue elegido con más del 62% de los votos).

En segundo lugar, desde 2014, Bolivia ha experimentado una importante desaceleración económica marcada por la disminución en el precio de los hidrocarburos, la principal fuente de financiación de los programas sociales en el país. La caída del precio de las materias primas en un país caracterizado por un extractivismo extremo limita los márgenes de maniobra del gobierno, que conoció un aumento del endeudamiento, un comercio internacional desfavorable y un descontento social en aumento en todas las franjas de la sociedad, especialmente en la base social del régimen.

Esta combinación de la crisis democrática con el inicio de la crisis socioeconómica es el fermento de los acontecimientos que sacuden al país. También se debe tener en cuenta que el poder ha sido incapaz de movilizar de forma amplia a sus partidarios frente a las movilizaciones de la derecha, incluso en sus propios bastiones, como Potosí o Cochabamba. Las reacciones [a esta movilización liderada por la derecha] se han dado y ahora están creciendo rápida y fuertemente, pero llegan tarde y en estos momentos están más dirigidas a rechazar la vuelta al poder de la despreciable pareja derecha/extrema derecha que a un apoyo total y completo a Morales. Lo que se corresponde con el estado de desmovilización electoral de algunos de los apoyos históricos del MAS, particularmente en los barrios populares.

Vale la pena recordar que García Linera, teórico del régimen y también vicepresidente, idealizó esta concentración del poder en nombre del populismo de izquierda, con una simple idea: el pueblo debe encarnarse en un líder; por tanto, mientras el pueblo exista y tenga el poder, el líder natural no tiene ninguna razón para abandonar esas funciones. Eso contribuyó a la exclusión del pueblo de los asuntos públicos, asignando al MAS al papel de una simple máquina electoral al servicio del líder. Los acontecimientos que sacuden a Bolivia también son parte del balance práctico de esta concepción.

Solidaridad del NPA con el pueblo boliviano

El fraude es inexcusable porque, además de la usurpación democrática que representa, es en gran parte la fuente de nuevas desgracias que tienen el riesgo de caer sobre el pueblo boliviano si se completa el proyecto político de Mesa/Camacho. A pesar de las responsabilidades del MAS en la crisis actual, el NPA [Nuevo Partido Anticapitalista, de Francia, ndt] no se hace ilusiones sobre qué tipo de democracia impulsa la derecha. Tiene una larga historia en el país, tras su apoyo a todos los golpes de Estado, especialmente durante el oscuro período de la década de 1970. El régimen con el que sueña Camacho es, en el mejor de los casos, el de Bolsonaro.

Nuestra solidaridad es con el pueblo boliviano que sufre la furia de la extrema derecha.

Pedimos el fin de las persecuciones que sufre la izquierda boliviana, los barrios populares y los pueblos indígenas.

Hacemos un llamamiento a poner fin a la violencia contra las mujeres practicada por los manifestantes pro-Mesa.

Condenamos el golpe de Estado contra Morales y su gobierno.

Ahora que Morales se ha refugiado en México, es de esperar que el nuevo gobierno deseado por la derecha y la extrema derecha, que no ocultan sus orientaciones neoliberales, ataque todos los derechos sociales adquiridos durante el período de gobierno del MAS.

13/11/2019

https://npa2009.org/actualite/international/solidarite-avec-le-peuple-bolivien-contre-la-furie-de-lextreme-droite?

Traducción: viento sur







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