aA+
aA-
Grabar en formato PDF
Memoria: una resistencia diferente en la 2ª Guerra Mundial
Objetivo: preparar la Revolución
08/01/2005 | André Fichaut

Durante la 2ª Guerra Mundial, militantes del Partido Obrero Internacionalista emprendieron el trabajo de organización de soldados alemanes. El doble objetivo era una resistencia al nazismo desde el interior y la preparación de la Revolución. Fue en Brest donde esta experiencia llegó más lejos.
Los militantes trotskystas del Partido Obrero Internacionalista (POI, sección francesa de la IV Internacional) tenían, durante la guerra 1939-45, la casi certeza de que desembocaría en la Revolución, particularmente en Alemania. Su objetivo era por tanto intentar reagrupar en el seno mismo del ejército alemán a los soldados, sin duda numerosos, que no había olvidado la rica experiencia del movimiento obrero alemán. Se trataba de preparar así grupos de militantes revolucionarios dispuestos a actuar en Alemania en cuanto los acontecimientos se precipitaran y, al menos, favorecer una cierta desmoralización del ejército alemán. Se trataba de no aceptar en absoluto la consigna nacionalista del Partido Comunista Francés, “A chacun son boche”, (a cada uno su alemán –en lenguaje peyorativo), sino más bien el más marxista de “Proletarios de todos los países, uníos”. Los militantes del POI no eran más de una quincena en la región de Brest, pero eso no era una razón para no lanzarse a lo que bien puede llamarse una aventura.

Una tarea de alto riesgo

Fue pues en Brest donde esta experiencia de reagrupamiento de soldados en el ejército alemán se llevó más lejos. Sin duda, fue el hecho de que Brest fuera una ciudad en la que la guarnición permanecía bastante tiempo para la defensa antiaérea, el mantenimiento de los submarinos y la construcción del muro del Atlántico lo que permitió desarrollarse esta experiencia. Bajo la influencia y dirección de Robert Cruau, cartero nantés venido a Brest para escapar a la Gestapo de Nantes y que hablaba alemán, una parte de los grupos de Brest y de Quimper fue dedicada a esta tarea extremadamente arriesgada y peligrosa. Los demás militantes estaban ocupados por el trabajo habitual de propaganda en dirección al movimiento obrero, apoyándose en el periódico Frente Obrero. El aislamiento entre estos dos grupos debía ser total, pero sin duda no fue lo suficiente. Las cifras de las que disponemos, pero que son aproximadas, señalan una quincena de soldados reagrupados en una célula, de los que siete u ocho se reclamaban de la IV Internacional. En total, parece que de 25 a 30 soldados estuvieron de acuerdo en participar en la difusión del periódico en lengua alemana Zeitung fur Soldat un Arbeiter imWesten en dirección al ejército y la marina. Los artículos estaban redactados por los soldados alemanes.
Esta actividad no duró mucho puesto que, empezada en marzo de 1943, terminó en octubre del mismo año por el arresto de la mayor parte de los militantes del grupo trotskysta y de todos los soldados implicados en las actividades. El único nombre de soldado alemán que conocemos es el de quien vendió a sus compañeros, Konrad Leplow, de Hamburgo, de que no se sabe si era un infiltrado o bien que la policía alemana había logrado utilizarlo. El resultado de todo ello fue que todos los soldados fueron detenidos y desaparecieron sin que nadie aún hoy sepa qué ocurrió con ellos. Fusilados, dijo un oficial alemán a un miembro del grupo francés durante su interrogatorio en la prisión de Rennes. Quizá, pero es también posible que fueran mandados directamente al frente del Este donde hacían falta muchos hombres para enfrentarse a la ofensiva del Ejército Rojo. Hemos hecho algunas gestiones en la embajada de Alemania en París para que investigase sobre este tema que ha debido dejar huellas en alguna parte del archivo del ejército, y para que se les rinda homenaje a unos resistentes de un tipo tan particular. Hemos recibido una respuesta correcta y esperamos los resultados.

De los militantes franceses sí sabemos lo que ocurrió. Robert Cruau fue asesinado tras su arresto, en la escuela Bonne-Nouvelle de Brest, que servía de prisión a la Gestapo. Es razonable pensar que provocó su muerte intentando evadirse sin ninguna esperanza de poder lograrlo. Era el único en conocer la totalidad de la red. Yves Bodénès, Georges Berthomé, André Floch murieron en los campos de concentración. Otros fueron deportados pero volvieron. Eliane Ronel, Henri Berthomé, Gérard Trévien, André Darley, Anne Kervella… A todos estos y estas los he conocido.
Los militantes de la dirección nacional del POI, Marcel Beaufrère y su esposa Odette, de paso por Brest, también fueron detenidos, provocando una serie de arrestos importantes en la región parisina. En Brest, algunos militantes escaparon a las detenciones, André Calvès, Jean Mallégol y Micheline Trévien, del grupo Frente Obrero. Otros fueron detenidos y encarcelados en la prisión de Rennes durante tres o cuatro meses. En total el golpe fue muy duro.

Una experiencia silenciada

Esta experiencia, absolutamente única en los anales de la resistencia en Francia, fue silenciada totalmente en la Liberación por varias razones. En primer lugar, el PCF no habría tolerado que se pudiera suponer que también los trotskystas habían participado en la resistencia. Para el PCF eran hitlero-trotskystas, y por tanto era imposible. Como el poder tenía necesidad de los comunistas para relanzar la situación, no había que molestarles con un asunto así. Los trotskystas, por su parte, casi no tenían los medios para romper este silencio, y lo militantes de vuelta de los campos de concentración no querían oir hablar de este asunto. Luego, casi todos los participantes han desaparecido. He logrado encontrar a Micheline Trévien, del grupo Frente Obrero y a Jeanne Darley, en cuya casa cayeron una serie de militantes, pero cuya memoria es extremadamente frágil.

Entonces, ¿porqué sacar de nuevo esta historia que fue finalmente una experiencia realizada casi en laboratorio? Quizá porque el alboroto hecho alrededor del 60 aniversario del desembarco en Normandía, con la participación por primera vez de una delegación alemana oficial, da ganas de recordar que todos los alemanes no eran nazis. Que si en lugar de llamar a matarles sin distinción, se hubiera preconizado la fraternización entre los trabajadores con o sin uniforme a una escala de masas, la fisionomía de la guerra y sus resultados habrían sido cambiados. Seguramente también para mostrar que quienes fueron injuriados durante años tratándoles de hitlero-trotskystas, incluso a la vuelta de los campos de concentración, merecían un mayor respeto. Y luego, puesto que los últimos participantes en esta aventura, los últimos informados de todo esto por quienes han sido los actores van pronto a desaparecer, al menos que quede en algún sitio una pequeña huella

Rouge nº 2073. 15/07/2004
Traducción: Alberto Nadal
www.vientosur.info





Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons