En Revista Viento Sur76

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Livio Maitan (1923-2004)
Moro

“La historia de mi vida no puede separarse de la historia de la corriente política y cultural, nacional e internacional, a la que me uní en 1947 y en la que he militado desde entonces”.

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[Livio Maitán nació en Venecia en abril de 1923. Se graduó en lenguas clásicas en la Universidad de Padua. Inició su militancia política durante los años de la ocupación nazi de Italia y fue posteriormente miembro de la dirección de la Juventud Socialista Italiana. En 1947 se unió al movimiento trotskista italiano, en cuya dirección participó durante toda su vida. Participó activamente en la gran rebelión de trabajadores y estudiantes que se vivió en Italia entre 1969 y 1976. Su papel clave en la formación de numerosos cuadros de la izquierda revolucionaria italiana ha sido reconocido internacionalmente, dentro y fuera de la IV Internacional.
Formó parte del pequeño grupo de camaradas que dirigieron la IV Internacional durante los años difíciles: la década de los 50 y los primeros años 60. Elegido en 1951 como miembro de la dirección internacional, fue reelegido en cada congreso, hasta su muerte.
En 1989, los militantes italianos de la IV Internacional organizados en torno al periódico Bandiera Rossa se unieron a Democrazia Proletaria, organización que posteriormente participó en la fundación del Partito della Rifondazione Comunista. Fue elegido a la dirección de Rifondazione en todos los congresos, desde 1991 al 2002, año en que decidió no presentarse para favorecer la participación de jóvenes en la dirección.
Hasta muy recientemente, sobreponiéndose a la enfermedad, mantuvo su actividad militante. Y también sus partidos semanales de fútbol, deporte que seguía con pasión.
En los años 70, dio clases de economía del subdesarrollo en la Escuela de Sociología de la Universidad de Roma. Tradujo y escribió la introducción para gran parte de las ediciones italianas de los escritos de Trotsky. Publicó una veintena de libros de economía, política, historia y sociología, entre los cuales una obra excepcional: “El partido, el ejército y las masas en la revolución cultural china” (1969) del que existe una edición en castellano de Editorial Akal, lamentablemente agotada hace mucho tiempo, y no reeditada.
Su último libro es una autobiografía política, La Strada Percosa. Dalla Resistenza ai nouvi movimenti: lettura critica e scelte alternative ( El camino recorrido. De la Resistencia a los nuevos movimientos: lecturas críticas y opciones alternativas), en la que reafirma el compromiso militante que asumió durante toda su vida.
Livio Maitan ha muerto el 16 de septiembre de 2004 en Roma
].

La muerte de Livio es una noticia muy triste. Porque simboliza el final de una generación de militantes revolucionarios que, gracias a una combinación difícilmente repetible de coraje, tesón y lucidez, fue capaz de atravesar dignamente y en pie unos tiempos cuya dureza apenas podemos imaginar, y lo hicieron sin ningún aire de héroes, comentando sólo con pudor y discreción los episodios más duros que les tocó vivir y considerando “natural” su inalterable lealtad militante. Pero además, porque Livio fue un amigo, un compañero de sus camaradas, una persona afectuosa con la que apetecía encontrarse, charlar después de una reunión, especialmente cuando se compartía con él, como es mi caso, una pequeña pasión (el fútbol), además de la gran pasión (la Cuarta, naturalmente).
Livio fue dirigente de la IV durante más de cincuenta años. Esta permanencia puede resultar chocante para la cultura actual de la izquierda alternativa. Pero tiene sentido, y buen sentido, dentro de lo que Livio llamaba su “scelta di vita”, que puede significar tanto “opción de vida”, como “manera de vivir”. Pues en la “manera de vivir” de Livio ser “dirigente” no comportaba, desde luego, ningún privilegio material (Livio vivió siempre con una austeridad draconiana, en la que los únicos “lujos” fueron los libros y los periódicos, dos aficciones muy troskas, por otra parte), ni tampoco ningún interés por el “poder”, ni siquiera a la escala reducida de una pequeña organización revolucionaria. Creo que lo que Livio valoraba de ser “dirigente” era, sobre todo, la expresión de la confianza de sus camaradas y la incondicionalidad del compromiso militante. Así lo manifestó en las palabras sencillas y conmovedoras con las que explicó al último Congreso de Rifondazione por qué renunciaba a presentar su candidatura a la dirección, y proponía en su lugar a una “joven compañera” (Flavia D’Angeli): “No estar en la dirección no significa dejar de dar mi propia contribución. Antes se usaba la expresión –en consonancia con la aspereza de los tiempos– “revolucionario profesional”. Hoy podemos hablar más sobriamente de una opción de vida. Por mi parte, la hice desde tiempos inmemoriales. Y esta opción, este compromiso no admite jubilación. Os ruego, por tanto, que no me consideréis, políticamente, un pensionista”.
Livio tuvo una vida militante muy larga y en tiempos muy diversos y difíciles Fue uno de esos militantes troskistas que miran fundamentalmente “hacia afuera”, hacia las luchas, rebeliones y revoluciones reales, aunque tuvieran poco o nada que ver con organizaciones troskistas, confiando en el encuentro con ellas. Ésta es una de las “culturas” de la IV, ni mejor ni peor que la que mira fundamentalmente “hacia adentro”, pero, desde luego, más arriesgada. La entrada en Democrazia Proletaria y después la participación en la fundación de Rifondazione no eran decisiones evidentes en los intranquilos debates sobre políticas de “unificación de revolucionarios” de finales de los 80. Livio consideró siempre, y con buenas razones, que esa fue la decisión correcta, tanto para el porvenir de la IV, como para el de la izquierda italiana. En cualquier caso, fue una alegría comprobar que el entusiasmo militante siempre vivo de Livio, le acompañó especialmente durante los últimos años de su vida.
El trabajo y la convivencia durante treinta años en una organización democrática y revolucionaria da para muchos momentos de acuerdo y algunos de desacuerdo. No hay ninguna razón para olvidar ni los unos, ni los otros. Pero afortunadamente, el tiempo y la experiencia hacen la criba entre lo que importa y lo accesorio, permite revisar las opiniones que tuvimos, da y quita razones.
Cuando ha habido de verdad amistad y lealtad militante, incluso los debates más duros pueden habitar tranquilamente en la memoria, ya sin la tensión que pudieron tener, sin ninguna carga negativa, formando parte de nuestro aprendizaje político y humano.
En realidad, sólo tuve un desacuerdo inconmovible con mi viejo y querido camarada: pese a mis denodados esfuerzos, nunca conseguí convencerle de que Johan Cruyff fué mejor que Michel Platini.







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