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En Revista Viento Sur76

plural
1.- América Latina: la hora de las brasas
Venezuela. ”¡Uh, ah, Chávez no se va!"
Frederic Lévêque

Estamos a 15 de agosto. Son las tres de la mañana. Un clarín desgarra el silencio nocturno de El Manicomio, uno de los numerosos barrios populares que se han construido al ritmo del éxodo rural en los flancos de las colinas que rodean el valle de Caracas. Mientras la música revolucionaria invade el barrio y algunos fuegos artificiales estallan en la lejanía, algunas mujeres, en camisón, salen de su casa y comienzan a hablar, en el callejón, sobre el desarrollo de la jornada. Pues es el día D. El del referéndum revocatorio del mandato del presidente Hugo Chávez. Un referéndum revocatorio (RR) que se ha revelado como ratificatorio. A 100 metros de ahí, en la Escuela Alberdi, autogestionada desde hace 20 meses, la gente ya hace cola. Respondiendo al llamamiento del presidente, una gran parte de la población se ha levantado de madrugada para votar lo más rápidamente posible. Como en casi todas las oficinas de voto del país, la mayor parte deberán hacer cola durante horas antes de ejercer su derecho constitucional. Pero casi todos esperarán 6, 8, 10, 12 horas para votar, sin estar obligados a ello, bajo un sol de plomo, simplemente para pronunciarse sobre el futuro de su país.
El resultado de la votación, en El Manicomio, no deja lugar a dudas. Una gran banderola indica que estamos en “territorio bolivariano”, los “No” cubren las paredes, se ven en los coches y los autobuses, cubren las gradas de la cancha de baloncesto. La cuestión central no es saber quien va a ganar, sino con qué margen se reforzará Chávez en el poder. La gente especula también sobre el comportamiento que adoptará la oposición; una oposición que, en su mundo mediático virtual, está también convencida de que es mayoritaria. Incluso si ha recogido 2,5 millones de firmas para solicitar el RR, estos dirigentes deben saber que la mayor parte de la población vive en los barrios pobres donde la mayoría aplastante apoya al actual proceso de cambio social. Es el caso en El Manicomio, donde de los aproximadamente 3.000 votantes, 2.500 han optado por dejar a Chávez en la presidencia.

Tres años de desestabilización

Hugo Chávez –“antiguo coronel golpista” y “amigo de Fidel Castro” como le gusta repetir a la prensa europea para desacreditarle– tomó las riendas del poder en febrero de 1999. Cabalgando sobre el descrédito y el hundimiento del sistema político dominante desde 1958, prometió refundar la república sobre nuevas bases. Para hacerlo, atacó al marco político-jurídico. Dotó así al país de una nueva constitución afirmando la soberanía nacional sobre los recursos naturales, así como el papel central del Estado en la economía e introduciendo el mecanismo del referéndum revocatorio. Para consolidar su apoyo masivo, el gobierno ha utilizado los mecanismos electorales y el referéndum y ha mantenido en estado de movilización permanente a los sectores populares.
Hubo que esperar a noviembre de 2001 para que la administración Chávez tomara las primeras medidas económicas estructurales, rompiendo, en algunos aspectos, con el modelo promovido por el Consenso de Washington. La adopción por el ejecutivo, el 12 de noviembre de 2001, de 49 decretos leyes (ley sobre los hidrocarburos, sobre la tierra, sobre la pesca, etc.) dio un contenido socioeconómico más significativo al proceso y sumergió al país en un conflicto que no ha cesado. Es el giro político fundamental en Venezuela. Hasta entonces, el gobierno había llevado a cabo una política macroeconómica conservadora, a varios niveles (austeridad presupuestaria, inflación cero, etc.), a la vez que aumentaba a pesar de ello los gastos públicos y sociales y lanzaba programas sociales de tipo asistencial (Plan Bolívar 2000).
El conflicto venezolano estalló con la organización, el 10 de diciembre de 2001, de un lock-out patronal, apoyado principalmente por los medios de comunicación privados. El año 2002 fue escenario de un profundo proceso de polarización política y social que dividió la sociedad venezolana. La oposición ha organizado en un año cuatro “huelgas” generales, una de ellas conduciendo al golpe de Estado del 11 de abril de 2002, y otra al sabotaje petrolero informático del que fue víctima la sociedad pública Petróleos de Venezuela (PDVSA).
A cada tentativa de desestabilización, numerosos sectores populares se han radicalizado. Chávez ha salido cada vez más reforzado, pues, gracias a las acciones de la oposición, ha podido limpiar el Ejército de sectores no democráticos y a la empresa petrolera (PDVSA) de gestores que no querían plegarse a la reforma petrolera nacionalista del gobierno. Desde el comienzo del conflicto, Chávez ha llamado a la oposición a esperar a la mitad de su mandato y a organizar un referéndum revocatorio al que se mostró dispuesto a someterse. Pero los dirigentes de la oposición no han tenido otro remedio. Acusando derrota tras derrota, la oposición ha tenido que aceptar someterse a las reglas democráticas. Es lo que ha dicho el presidente el jueves 3 de junio de 2004 tras el anuncio de los resultados de la recogida de firmas: “Han rechazado los caminos del terrorismo, del golpe de Estado. Que sean bienvenidos al camino de la democracia”.
A pesar del fraude que marcó la recogida de las firmas de la oposición -miles de muertos han firmado a favor de la organización del referéndum- Chávez, ciertamente convencido de su victoria, ha aceptado el “desafío”. Para hacerlo, el presidente ha creado una nueva estructura nacional: el Comando Maisanta y ha llamado de nuevo al reforzamiento de la autoorganización de la población, con las “patrullas electorales”.
Fiel a sí mismo, el comandante ha evocado la historia del país para hablar de la actualidad. Chávez ha evocado el recuerdo del “general del pueblo soberano”, Ezequiel Zamora, figura importante de la guerra federal que opuso a los conservadores contra liberales y federalistas, entre 1853 y 1869. “Zamora fue un gran estratega. Un día, cuando no podía mantener sus fuerzas en la ciudad de Barinas, comenzó a replegarse y dejó a las fuerzas adversarias ocupar la capital de esa provincia. Era en 1859. Zamora se replegó y la oligarquía conservadora tomó Barinas y avanzó diciendo: ‘Hemos derrotado a Zamora! ¡Se retira!’ Y comenzaron a festejarlo”. Y Chávez explicó la táctica militar de Zamora que hizo creer a los conservadores que habían ganado, mientras que se trataba de una retirada táctica para atraerlos a las llanuras de Santa Inés y darles el golpe final el 10 de diciembre de 1859.
Este guión se ha reproducido el 15 de agosto de 2004. Con una campaña llevada a cabo casi con estilo militar, los partidarios del gobierno han logrado de nuevo, por octava vez consecutiva, una victoria electoral. Con el 59,25% de los votos, y el reconocimiento internacional, entre otros, del llamado Ministerio de Colonias estadounidense –la Organización de Estados Americanos (OEA)– y del Centro Carter, Hugo Chávez ha sido reconfirmado en su puesto hasta 2006. Una derrota humillante para los sectores de una oposición que –con una actitud que era previsible– denuncia un fraude masivo que no es más que ficción.

La ofensiva de las “misiones”

Para la oposición, la gente que vota a Chávez lo hace porque el gobierno compra sus votos. Las autoridades eclesiásticas locales, los periódicos franceses Le Monde o Libération no dicen otra cosa [nota del traductor: puede añadirse a la lista El País y la mayoría de la prensa española]. Una caricatura publicada recientemente en el periódico El Universal (7 agosto 2004) es elocuente. Se ve en ella a Chávez en un yate, disfrazado de pescador, y afirmando que lo mejor para pescar “imbéciles” es soltarles lastre presupuestario.
Tras permanecer, sobre todo, en una lógica defensiva de supervivencia frente a la campaña de desestabilización orquestada por los medios de comunicación privados, a la cabeza de una oposición ampliamente regada con dólares por la Administración Bush, el gobierno recuperó el control de la principal empresa del país a comienzos de 2003. Con el control sobre la renta petrolera retomó la ofensiva y lanzó una serie de programas sociales –“las misiones”– a través de las estructuras paralelas a un Estado corrompido e ineficaz en el que la oposición guarda muchas posiciones.
El éxito de estas “misiones” está basado, sobre todo, en la movilización y la participación de la población. Utilizar las rentas del petróleo para programas sociales, es lo que demuestra la “demagogia”, el “electoralismo”, el “populismo” de Chávez.
Pero el resultado está ahí. Ha sido anunciado el 16 de agosto de 2004, a las cuatro de la mañana por el Consejo Nacional Electoral. Entre los 5.800.629 personas que han votado por el “no” a la revocación, se encuentran ciertamente los mas de 1.200.000 familias que han sido alfabetizadas, los 120.000 familias que se han beneficiado de la reforma agraria, los millones de venezolanos que disfrutan de la nueva red de medicina gratuita de proximidad, miles de estudiantes excluidos del sistema universitario que se han inscrito en la nueva Universidad bolivariana, los miles de miembros de cooperativas que han disfrutado de formación y de microcréditos, los “sin papeles” venezolanos y extranjeros que han visto regularizada su situación, etc.
Ciertamente, no todo es rosa en el país de Bolívar. El proyecto de Chávez está marcado por varias incoherencias: el Estado sigue gangrenado por la corrupción; la inseguridad es un problema importante; el paro sigue siendo elevado; la seguridad social “pública y universal” necesita una financiación adecuada; más de la mitad de la población trabaja en el sector informal, etc. Pero la situación económica del país ha mejorado mucho desde el año pasado, lo que explica quizá la aceptación del resultado del referéndum por una parte de la patronal que ve, distanciándose de un conflicto político interminable, una forma de aprovechar el crecimiento.
Chávez es el producto de luchas sociales y de la autoorganización popular. Ha reforzado esas luchas y esa organización. Los(as) invisibles de ayer, los represaliados(as) de siempre, los olvidados(as) de la Venezuela saudita son hoy los actores principales de un proceso de cambio radical, contradictorio, indefinido pero ciertamente innovador y portador de esperanza. El apoyo de los principales movimientos sociales latinoamericanos al presidente Chávez muestra hoy lo que representa a escala continental y mundial la revolución bolivariana.

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Traducción: Alberto Nadal
www.alencontre.org







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