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En Revista Viento Sur76

plural
2.- América Latina: la hora de las brasas
Carta al Presidente Lula
Marcos Arruda

[Marcos Arruda es uno de los fundadores del PT. Fue detenido y torturado bajo la dictadura militar. Ha trabajado en fábricas metalúrgicas y en la educación popular. Se licenció en Ciencias Económicas durante su exilio. Actualmente se dedica especialmente a temas de economía solidaria (ver: http://www.airescat.org/entrevista%20arruda.htm). Es uno de los militantes más respetados por todas las corrientes del PT].

Río de Janeiro, 21 de septiembre de 2004, 12h40

Querido presidente Lula,
Queridos ministro Celso Amorin y embajador Samuel Pinheiro Guimaraes.

Mis felicitaciones efusivas por el excelente discurso del presidente en la apertura de la Asamblea de la ONU hace unos minutos.
Se reaviva nuestra esperanza en que el presidente Lula cambiará el rumbo de las políticas económicas en Brasil para hacerlas compatibles con los objetivos principales enunciados en su discurso. La mejor enseñanza no está en las palabras sino en el ejemplo. No bastan con las políticas sociales, es necesario una transformación profunda de las políticas económicas.
En mi opinión, para un combate profundo radical y efectivo contra la desigualdad, el hambre, la miseria, la exclusión, el desempleo y la mortalidad infantil en Brasil:
- Las prioridades presupuestarias están equivocadas: las deudas sociales, ecológica y agraria deben ser las prioridades, complementadas por una política de fuertes inversiones en infraestructuras tecnológicas, económica y logística. El superávit primario no debe aumentarse, sino disminuirse, para que esas deudas ganen la relevancia y el papel destacado que les corresponden en los presupuestos públicos.
- La política respecto al sector financiero está equivocada: beneficia al capital especulativo a costa del productivo.
- La política monetaria está equivocada: finge que funciona para la estabilidad de la economía, pero en realidad funciona para el enriquecimiento de los agentes financieros, a costa del resto de la economía y de la sociedad. Los beneficios de los bancos, anunciados cada trimestre en la prensa, son una prueba cabal de este hecho. La pretendida independencia del Banco Central servirá para desvincular aún más a la política monetaria y financiera de un proyecto auténtico de desarrollo nacional, a cuyo servicio debería estar esa institución. En realidad, forma parte de las recetas del FMI para todos los países endeudados que recurren a él.
- En este contexto, la política de tasas de interés está equivocada: en vez de estimular la inversión productiva, estimula las inversiones especulativas y los beneficios vacíos de contenido real, los llamados “beneficios usureros”.
- La política cambiaria también está equivocada. No debería dejarse a la voluntad del “mercado” o ser apenas parcialmente controlada: debería ser gestionada por el Estado como importante instrumento de gestión macroeconómica al servicio del proyecto nacional de desarrollo de Brasil.
- La política de endeudamiento está equivocada: en nombre de la reducción de la deuda respecto al PIB, consigue transferir beneficios monetarios desprovistos de cualquier mérito a los grandes banqueros y a las hipócritas instituciones financieras unilaterales (debían ser multilaterales, pero están lejos de serlo), deshaciendo con una mano lo que se hace con la otra y alimentando el círculo vicioso del endeudamiento eterno. Sólo una auditoria pública de las deudas financieras dará al gobierno la munición necesaria para una renegociación soberana, capaz de imponer nuevos criterios para las deudas y nuevos métodos y plazos para su pago.
- La política agrícola está parcialmente equivocada: aunque la agricultura familiar nunca había recibido tanto apoyo y había sido tan prestigiada, el acento está en el sector agroexportador. Brasil, que podía estar alimentando a toda América Latina, continúa importando alimentos para el consumo interno, a la vez que engorda a los obesos sobrealimentados del hemisferio Norte.
- La política industrial está equivocada: su eje principal sigue siendo la exportación, y lo será en tanto no sea adoptada una política estructuralmente innovadora de distribución de la renta y la riqueza, que aumente la demanda interna de forma sustentable y gestione una demanda efectiva creciente, que se corresponda con inversiones públicas consistentes. Y el gobierno confía en apoyarse más en el ahorro externo que en el interno, que generan los trabajadores y las trabajadoras brasileños, pero se apropian hoy unos pocos.
- La política agraria está equivocada: si se hubiera priorizado la reforma agraria democratizadora de las relaciones productivas en el campo, Brasil habría iniciado una revolucíón productiva con una fuerte probabilidad de superar el hambre y la miseria en un sólo mandato presidencial de Lula.
- La política relacionada con el capital extranjero está equivocada: la autorización de comercializar y después producir transgénicos es irresponsable y protege los intereses monopólicos de Monsanto y otras megacorporaciones globales, contra la soberanía, la autodeterminación y la seguridad alimentaria y nutricional del pueblo brasileño; la camaradería con los bancos y financieras globales está provocando que prosiga la desagregación del sector financiero nacional y, sin un firme control de él, Brasil pierde el control sobre su propio camino de desarrollo; el proyecto de PPP (Partenariado Público Privado) facilita una relación espúria del gran capital privado, incluso extranjero, con el Estado, creando una situación de capitalismo sin riesgo, o con el riesgo transferido para los que pagamos impuestos... Evidentemente, éste es otro de los proyectos predilectos del FMI.
- La política de comunicación del gobierno está equivocada. Equivocada sobre todo porque refleja una política de alianzas equivocada: falta comunicación con la base electoral de Lula, falta transparencia, falta consulta popular (incluso vía plebiscitos), falta franqueza y falta conciencia de clase para fortalecer la alianza principal del gobierno Lula, que debia hacerse con la mayoría trabajadora del país.
Y así podríamos seguir, pero voy a parar aquí, concluyendo de nuevo que, sin un cambio profundo de la política económica, la política social no será más que una venda, un esparadrapo en el cáncer.

Si el gobierno Lula quiere protagonizar lo que el presidente propuso en la ONU, éstas son algunas de las condiciones indispensables para hacer de Brasil un nuevo paradigma de la igualdad de derechos, deberes y oportunidades, de la paz basada en la justicia social y de la felicidad compartida por todo el pueblo e irradiada a otros pueblos.

¡Sin miedo al FMI! ¡Sin miedo a un Brasil feliz!
Atentamente y siempre esperando respuesta

Marcos Arruda







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