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Francia
La izquierda radical quiere desbordar a las direcciones sindicales generalizando el movimiento
19/11/2007 | Sylvia Zappi (Le Monde)

“Todos juntos, todos juntos”. Desde el inicio del curso en septiembre, el eslogan del movimiento social de diciembre de 1995 estaba en las cabezas de la izquierda radical. Sean dirigentes sindicales, simples delegados de empresa, dirigente estudiantil o militante político, hace semanas que soñaban con un gran movimiento social y que se preparaban para ello. SUD, minoritarios de la FSU o de la CGT, cuadros del PCF, activistas de la LCR, de LO o del Partido de los Trabajadores, han hecho todo lo posible para impulsar la huelga.

La situación les parecía casi demasiado hermosa: un gobierno finalmente afectado por sondeos a la baja, un descontento latente sensible desde fines del verano en las empresas sobre el poder de compra y una reforma de los regimenes especiales que afecta a bastiones sindicales combativos.

El éxito de la huelga del 18 de octubre parece confirmar los pronósticos. “El movimiento social se ha puesto en marcha”, se entusiasma Arlette Laguiller (LO) en las calles parisinas mientras que su alter ego de la LCR, Olivier Besancenot,”espera que el movimiento continúe”. Marie-George Buffet, por su parte, ve en ello “una jornada test”.

La entrada en el escenario de las universidades les ha encantado. Los jóvenes militantes de la LCR, de SUD o de la CNT (anarco-sindicalista) no han dejado de extender el movimiento de ocupación y de buscar los lazos con los ferroviarios o los trabajadores del gas. Como en 1995. “Va muy bien en las AG (asambleas generales)”, asegura Tristan Pablo, estudiante en Tolbiac. La misma constatación que hace Adrien Bonzar, responsable de Sud en Nanterre.

Para esta izquierda radical, sólo un “movimiento general” que vaya del sector público a las empresas privadas podría hacer retroceder al gobierno al que acusan, tras la puesta en cuestión de los regímenes especiales, de preparar una nueva reforma general del sistema de jubilaciones.

“Si se quiere ganar, no hay que quedarse en las luchas por sectores”, pretende Gérard Mazet, delegado CGT en la estación de Austerlitz, miembro del PCF. “Frente a los ataques del gobierno, hay que construir convergencias”, añade Annick Coupé, portavoz de Solidaires.

Pero tras esta estrategia proclamada, estos cuadros sindicales saben que la realidad del terreno es mucho más compleja. La huelga “automática” no funciona, repiten. “La convergencia de las luchas es complicada pues hay que encontrar una consigna unificadora”, analiza Jean-Michel Drevon, secretario nacional de la FSU de la tendencia École emancipée. “En las AG, el debate no es sobre la huelga general interprofesional sino ampliar la huelga sobre las jubilaciones”, reconoce Christian Mahieus, secretario general de SUD-Rail.

El tono es prudente. Tanto más cuando los primeros “pasos atrás” de las confederaciones sindicales aceptando las negociaciones empresa por empresa habrían desorientado a las tropas. “Tras la puñalada en la espalda del movimiento de la CGT y los llamamientos a la vuelta al trabajo de la CFDT, los asalariados están a la expectativa”, estima Dominique Mezzi, dirigente de la LCR.

“El frente sindical se ha dividido”, se constata en Solidaires. “Es cierto que se ha esperado mucho tras el 18 de octubre. La actitud de Thibault ha sido vivida como una traición”, sostiene Tony Fraquelli, delegado CGT en Austerlitz y militante de la LCR.

Estos partidarios de la huelga dura continúan, pues, su trabajo de hormiga. “Hay numerosas federaciones departamentales que llaman a la reconducción”, asegura M. Mahieux. “No estamos más que al comienzo del movimiento, no en su fin. Las formas que va a tomar no las conoce nadie”, previene M. Mazet. La constatación es compartida por los militantes de LO.

El objetivo es “aguantar” hasta el 20 de noviembre, día de la huelga de la función pública. “Si la movilización aguanta el fin de semana, se podrá lograr la unión con el 20”, espera M. Fraquelli.

En las AG de los ferroviarios, el miércoles, los radicales se han sentido “en fase” con el malestar general que empujaba a la reconducción y expresaba claramente la desconfianza hacia las direcciones sindicales. Varios centros de trabajo han exigido “ser consultados para cualquier decisión que comprometiera el futuro e informados del contenido de las discusiones en cada etapa”.

La LCR ha propuesto al conjunto de los partidos de izquierda organizar una iniciativa de apoyo a los huelguistas. Y se dice incluso dispuesta a poner en pie comités de usuarios pro-huelga.

Le Monde 16/11/2007 www.lemonde.fr

Traducción: Alberto Nadal





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