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Francia
Sarkolandia en quiebra
06/03/2011 | Fred Borrás

La enésima remodelación ministerial es el signo de la profunda crisis que atraviesa el sarkozysmo. Las revoluciones de los países árabes han revelado la complicidad de Francia con las dictaduras del sur del Mediterráneo acentuando esta desaprobación.

El mismo día en que Sarkozy cesaba a Alliot-Marie sin pronunciar su nombre, el pueblo tunecino salía de nuevo en masa a la calle y derrocaba al Primer Ministro Ghannuchi, vestigio del antiguo régimen dictatorial. Todo un símbolo.

La revolución en los países árabes es el mar de fondo que, expulsando a los viejos dictadores, mete una cuña en las relaciones teñidas de neocolonialismo que los sucesivos responsables políticos franceses mantienen con los países del Sur desde las independencias de los años 1960. La décima remodelación ministerial desde 2007 es un signo suplementario de la profundidad de la crisis que sacude la sarkolandia. El rechazo del poder no cesa y los jefes de la derecha no saben ya como salir de él. Nada dice aún cual será el resultado de las presidenciales de 2012, pero si la consulta electoral se produjera en las próximas semanas, la UMP perdería el poder sin duda alguna.

La alocución de Sarkozy del domingo por la tarde fue un gran número de hipocresía. Ha saludado el derrocamiento de las dictaduras, los progresos de los valores de la democracia y de los derechos humanos intentando a la vez, patéticamente, justificar los lazos que Francia ha mantenido con esos regímenes presentados como “murallas contra el extremismo religioso y el terrorismo”. Como de costumbre, Sarkozy juega con el miedo, el de los “flujos migratorios incontrolables” que puede generar inestabilidad, para provocar un reflejo de unión nacional.

Para justificar la remodelación, ha indicado que la profundidad de los cambios en curso, calificados de históricos, ha necesitado “reorganizar los ministerios que conciernen a nuestra diplomacia y nuestra seguridad” y que confiaba esta tarea a un “hombre con experiencia”, Alain Juppé, antiguo Primer Ministro, “que ha ejercido ya sus funciones con un éxito unánimemente reconocido”.

Como no sufrimos amnesia, no hemos olvidado a ese Primer Ministro de Chirac, “seguro de si mismo” para imponer el plan que lleva su nombre y obligado a retroceder frente a la movilización social en noviembre y diciembre de 1995. Nos acordamos también del jefe de la diplomacia en 1993-1995, cómplice, con Mitterrand, Balladur y Léotard, del peor crimen cometido en África en el siglo XX, el genocidio de los Tutsis por el clan de los Habyarimana en el poder en Ruanda en aquel momento, financiado, armado y protegido por el estado imperialista francés.

El puesto dejado vacante de Ministro de Defensa ha sido atribuido a un viejo exponente de la derecha dura, Gérard Longuet, que ha logrado un ministerio tras haber sido descartado del poder durante mucho tiempo tras sus problemas judiciales. Longuet fue un dirigente del movimiento de extrema derecha Occidente cuando era estudiante y no dudaba en defender, en 1992, una alianza con el Frente Nacional, un escenario que sigue intentando una parte de la UMP.

Sarkozy ha desembarcado a su más cercano amigo desde hace 30 años, Brice Hortefeux, condenado por injurias raciales a la vez que le situaba muy cerca de él, directamente en el Elíseo, donde podrá continuar haciendo daño, y confiado la gestión del expediente de la enésima ley sobre la inmigración, aún más inicua y que el Parlamento examinará el 9 de marzo, a Claude Guéant.

La tentativa de renovar la vieja fachada desconchada del gobierno se conjuga con la de resucitar el proyecto de Unión por el Mediterráneo, nacido en julio de 2008. Esta improbable construcción sellaba el acuerdo con los regímenes que ahora caen uno detrás del otro. Poco tiempo antes de su salida forzada, el dictador egipcio Mubarak ocupaba el puesto de vicepresidente. Tras el saludo a la “formidable experiencia democrática” y la voluntad proclamada de “trabar nuevas relaciones con esos países de los que estamos tan cerca por la geografía y por la historia”, hay viejas recetas de una alianza regional basada en los principios de la mundialización liberal. Lo que importa a las clases dominantes, es poder, en el marco de la Unión por el Mediterráneo, mantener a los pueblos bajo el yugo liberal y poder continuar reforzando la Europa fortaleza.

En cualquier caso, Sarkozy tiene mucha razón al temer lo que ocurre en la rivera sur del Mediterráneo. La expresión de la dignidad es contagiosa. Pues esos pueblos luchan también, incluso si es sin duda en condiciones diferentes de las de las clases populares de la rivera norte, para rechazar pagar la crisis. Woerth, Alliot-Marie, Hortefeux, han tenido que largarse. Es un aliento para la pelea por echar a la camarilla de Sarkozy y su política con ella.

2/02/2011

http://www.npa2009.org/content/la-sarkozye-en-faillite

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR







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