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Francia
Olivier Besancenot no será candidato en las próximas elecciones presidenciales
05/05/2011 | Carta a las y los militantes del NPA

[La noticia de la decisión de Olivier Besancenot de no ser candidato presidencial del NPA en las elecciones del 2012 hará probablemente mucho ruido en Francia y quizás alguno llegue aquí. Sin duda, tendrá consecuencias importantes y problemáticas para el NPA a corto plazo; a medio plazo, está por ver.
El NPA sale de un Congreso que ha mostrado una crisis importante; en nuestra web hay varios textos que informan sobre ella y la analizan. Sin duda, el “candidato Besancenot”, al que las encuestas han continuado dando estimaciones de voto significativas, en torno al 6-7%, era un salvavidas fiable en medio de la tormenta. Ahora el NPA debe mostrar que sabe nadar solo. Vamos a verlo.

En todo caso, la carta de Olivier Besancenot a su partido, que publicamos a continuación, es digna de un militante revolucionario de su extraordinaria calidad política y moral. El “candidato Besancenot” no ha abducido al "militante Besancenot". En estos tiempos de miserable política profesionalizada es un hecho ejemplar del que sus camaradas y amigos podemos sentirnos orgullosos.
M. R.]

"No perded de vista que los hombres que os seguirán mejor son los que elegiréis entre vosotros, viviendo vuestra propia vida, sufriendo los mismos males. Desconfiad tanto de los ambiciosos como de los advenedizos; tanto los unos como los otros no consideran más que su propio interés y acaban siempre por considerarse indispensables… Preferid a quienes no pretendan vuestros votos; el verdadero mérito es modesto y corresponde a los electores conocer a sus hombres y no a éstos presentarse "
Llamamiento del Comité Central de la Guardia Nacional de la Comuna de París, 25 de marzo de 1871


Compañeros y compañeras

 No seré el candidato del Nuevo Partido Anticapitalista en las elecciones presidenciales de 2012. Se trata de una decisión política que asumo. Y si deseo hoy pasar el relevo a un o una de nuestros compañeros o compañeras, no renuncio a implicarme en todas las luchas, sino todo lo contrario. Reivindico para el NPA, la posibilidad de ponerse en marcha sobre nuevas bases, conformes con el proyecto de emancipación con el que, más que nunca, me comprometo.

Antes de nada, querría aprovechar esta carta para dar las gracias a todos y todas los que, en el NPA –y antes en la LCR-, han participado activamente en el trabajo colectivo que ha necesitado la tarea de portavocía estos diez últimos años. A todos los compañeros de las secciones locales que han pegado carteles, distribuido panfletos, organizado los mítines (y que, siempre, me han acogido con los abrazos abiertos), a quienes recogieron firmas en 2002, y luego en 2007, así como a los camaradas de la dirección que han trabajado los argumentos, la orientación, la comunicación, la protección… a todos me gustaría daros las gracias. Este trabajo de equipo me ha enseñado y me ha aportado enormemente a lo largo de esta particular experiencia militante que es la portavocía.

Por mi parte, he procurado sudar la camiseta para dar a conocer a un público amplio nuestras ideas y nuestras convicciones. Y esta camiseta cuento con sudarla también mañana para defender nuestro programa, nuestra acción y nuestra voz. Los militantes del NPA y, más en general, todos y todas las que luchan por cambiar el mundo podrán contar con mi compromiso.

Se trata pues de una decisión política asumida, y sin gran sorpresa. Hace ya algunos años, había advertido de que no pretendía coger un abono para las elecciones presidenciales, porque no aspiraba a ser el eterno candidato de la extrema izquierda. Desde hace muchos meses, formo también parte de quienes ponen en guardia a nuestro partido contra los riesgos políticos de la personalización a ultranza. Una cosa es que las ideas se encarnan puntualmente, en un contexto social y político determinado, o que haya que delegar la tarea militante de la representación pública, por un mandato preciso y limitado en el tiempo. Otra cosa es jugar con las ambigüedades del sistema político y mediático para sustituir a la acción militante real en el seno de la lucha de clases.
Militamos diariamente, en nuestras empresas, en las luchas, en las elecciones, por defender la perspectiva de una sociedad por fin libre de la alienación, de la explotación y de la opresión. La liberación respecto a las servidumbres contemporáneas implica obligatoriamente una ruptura con el sistema actual. Esta ruptura presupone una implicación popular creciente en la vida política. En la medida de lo posible, esta ruptura debe realizarse aquí y ahora, sin dejarla para el mañana y sus prometedoras efervescencias revolucionarias. Esto significa que aquí y ahora, llamamos, sin descanso y conscientemente, a todas las personas anónimas a apropiarse de su destino.

Por eso llamamos sistemáticamente a las clases populares a hacer irrupción en la escena política rompiendo las murallas levantadas por los políticos con el objetivo de mantenernos a distancia de la arena, de donde se juegan nuestras vidas. Allí donde intervenimos, llevamos este mensaje original y subversivo: en los barrios populares, las empresas, los institutos, las facultades, en los mercados, en las manifestaciones, durante las elecciones. Este mensaje "todo terreno" que es la marca de fábrica de nuestro partido, no debemos empañarlo en nombre de ningún "reflejo" electoral.

Supimos dar la sorpresa cuando la LCR tuvo la audacia de presentar a un joven trabajador, un cartero, a las elecciones presidenciales de 2002. Continuamos sorprendiendo presentando hoy otras personas anónimas en esas ocasiones; ello subrayará tanto más lo que somos realmente: una herramienta colectiva y diversa. Es un acto progresista esforzarnos por continuar demostrando que no tenemos necesidad de los políticos para expresarnos, comprender y proponer. Por el contrario, tranquilizarse pensando en "jugar a lo seguro" sería ceder a instintos "conservadores" perniciosos que hay que alejar de nosotros. Nosotros no consideramos la actividad política como los demás partidos.

Sería también, a mi parecer, una contradicción insostenible: por un lado, denunciamos un sistema en el que la política se ha convertido en un valor mercantil, y por otro, comenzaríamos involuntariamente a integrarnos en el decorado político tradicional incrustando nuestro movimiento y nuestras ideas en la casilla "candidato ritual a la elección presidencial" de nuestro televisor. Es correr el riesgo, a medio plazo, de transformarnos en una caricatura de nosotros mismos, incluso en coartada del sistema.

Como a vosotros y vosotras, esta visión me es personalmente insoportable. No quiero tener el sentimiento de formar parte del personal político tradicional a los ojos del gran público, que en nuestra medida influenciamos desde hace algunos años. El hecho de llevar una actividad profesional en Correos -actividad que jamás he abandonado- no es, a largo plazo, un suero suficientemente poderoso como para contrarrestar la dinámica consensual que impone la competencia electoral y mediática repetida. El joven trabajador que salió al asalto de la política en 2002 se convirtió inevitablemente, en 2007, en alguien que "hace política mientras sigue trabajando" y probablemente alguien que "sencillamente, hace política" en 2012. Soy militante, quiero seguir siéndolo. Liberarme de esta contradicción es la mejor garantía, para mí, de continuar llevando el combate del NPA en el espacio público, pero de forma diferente.

También os pido ser solidarios con esta decisión, comprendiéndola como la voluntad de que el NPA pueda al fin reencontrarse. Reencontrarse no en un nombre familiar, sino en una identidad colectivamente reapropiada. Que pueda desplegarse sobre bases más conscientes y más constantes. Más conscientes de la necesidad de defender un proyecto revolucionario, internacionalista, vivo y abierto, que le mantenga a distancia del sistema actual. Más constantes en su acción global cotidiana, interviniendo sin cesar en las empresas, los barrios, la juventud y animando activamente las redes de resistencia del movimiento social-sindical, antirracista, ecologista, feminista…. Las elecciones presidenciales tendrán lugar en un año. Esto nos deja el tiempo preciso para preparar y hacer de 2012 una etapa importante en esta refundación.

Estoy dispuesto, desde ahora, a implicarme al 100% para que nuestro partido, el NPA, pueda efectivamente presentarse en las próximas presidenciales y a apoyar todo lo que pueda a nuestro candidato o candidata durante la campaña. Porque hay que continuar dirigiéndonos a millones de personas y no encerrarse en una burbuja. Los momentos de reflujo que el movimiento obrero atraviesa en Francia no deben ocultar el carácter inestable de la situación política ligada a la crisis global que atraviesa al capitalismo desde hace tres años.

Las revoluciones árabes lo prueban: los vientos de la historia son cambiantes y pueden girar rápidamente.

Saludos revolucionarios

Olivier.



Anexo

"La
revolución no sólo se hace en las urnas"

Entrevista
de
Stéphane AllièsLénaïg Bredoux  y Hugo
Vitrani (Mediapart) a Olivier Besancenot. 7/05/2011

 El dirigente del NPA anunció el jueves [5 de mayo] que no se presentaría por
tercera vez en las elecciones presidenciales en 2012. Ahora se explica en
Mediapart y repasa las dificultades de
su joven organización, las revoluciones árabes o el asunto de las “cuotas” que
agita a las instancias dirigentes del fútbol francés

 

¿Por qué ha elegido este momento para anunciar que
no se presenta a la elección presidencial?

¡No ha sido una gran sorpresa! He
explicado siempre que no tenía vocación de situarme en la casilla del eterno
candidato de la extrema izquierda. Me había planteado ya la cuestión en 2007,
en particular a causa de la personalización a ultranza y de la mirada sobre mi
candidatura que, según pasaba el tiempo, ha cambiado respecto a la
"sorpresa" que podía encarnar en 2002. Porque el mensaje político que
queremos enviar: impugnar
 a los
políticos cada vez que es necesario, su poder sobre nuestros destinos, depende
de esa “sorpresa”.

Al final del movimiento sobre las
jubilaciones, hicimos la propuesta de una candidatura unitaria de
reagrupamiento anticapitalista, que no tuvo gran éxito, particularmente entre
los demás partidos. Así pues, los interrogantes del NPA se hicieron más
urgentes sobre mi eventual candidatura. Tenía que responder a ellos, aunque sólo
fuera para por comportarme correctamente con los militantes a los que tengo que
rendir cuentas. Pero también para permitir al NPA tomarse el tiempo necesario
para pensar y elegir algún otro candidato o candidata.

 

¿No tiene miedo de contribuir a la fragilización del
NPA?

No lo veo así en absoluto. Comprendo
que mi decisión sea un poco desestabilizadora al principio, pero es la única
decisión saludable, incluso a corto plazo. Es la posibilidad para el NPA de
reencontrarse con su "ADN político común" más que con un nombre
familiar. Es también, para mí, una ocasión de representar públicamente al NPA,
pero de forma diferente. Sé bien que numerosos militantes del NPA, particularmente
en su dirección, no comparten mi decisión. Al apartarse de un camino balizado siempre
se corren riesgos. Pero la política es el arte de saber asumirlos, sobre todo
cuando somos revolucionarios. Sin ello, se cae en defectos conservadores que
hay que dejar para los demás partidos.

 

Habla de la mirada que ha cambiado poco a poco sobre
su candidatura. ¿Parasitaba eso el mensaje del NPA?

Es inevitable. Cuando comienzas a lucir
la etiqueta de "visto en la tele", te incrustas de forma duradera en
la pequeña pantalla; al cabo de un momento, las ideas o los combates que has
venido a defender se borran en beneficio de una cierta rutina. El trabajador
que parte al asalto de la política con su organización, se convierte un día en
el que “hace política, a la vez que sigue trabajando” y,
 se va convirtiendo en alguien que “hace
política” sin más. Cada día que reparto el correo, alguien me aborda para
decirme:
"¿O sea, que trabaja de
verdad?".

La política está considerada como un
valor mercantil. Es el balance del fracaso del movimiento obrero en su
conjunto. Durante mucho tiempo, las figuras del movimiento obrero eran trabajadores
que se enfrentaban a los políticos profesionales, que en aquel momento eran todos
de derechas. Poco a poco, la izquierda se institucionalizó, hasta que llegó el
momento en que contempló la política como un oficio. La mayoría de la gente se
ha acostumbrado finalmente a esta idea; esa es la primera muralla que separa a
las clases populares de la escena política, que le parece, por ello, inaccesible.
Nos corresponde perturbar este estado de cosas, y actuar de una forma coherente
con nuestras convicciones.

 

¿Estima que este desistimiento puede permitir
relanzar al NPA?

A veces hay que forzar la situación para
plantearse los debates políticos esenciales y dotarse de los medios para solucionarlos.
Teniendo en cuenta los plazos precisos que marcan las presidenciales, no hay
que desplazar esos problemas políticos pensando encontrar algún tipo de
sustituto. Ese sustituto es la comodidad, la rutina, una cierta seguridad y,
también, el sentimiento de estar representado ocurra lo que ocurra; soy
consciente de ello. Pero no se puede hacer de los sondeos un elemento de
decisión política. Nosotros, no… O entonces no entiendo nada.

 

¿No es ésta en realidad su primera decisión de jefe
de partido, un papel no verdaderamente asumido, concretamente en el último
congreso, en el que permaneció un poco fuera del primer plano en relación a las
tensiones y a la ausencia de mayoría de la dirección saliente?

Otros, en el seno del NPA, han pensado lo
contrario: que había intervenido demasiado. Entre nosotros no hay jefe, no hay
secretario general. Portavoz es una función militante como las demás, que debe
turnarse, como en la Comuna de París. Es nuestra herencia política. Todos nos
reivindicamos de ella; entonces hay que aplicarla. Es lo que nos diferencia de
los demás partidos, incluyendo partidos de la izquierda radical en los que
algunos pretenden que más vale pegar un puñetazo encima de la mesa y después,
el que me quiera que me siga. En el corto plazo es quizá más productivo y
eficaz. En cambio, a medio y largo plazo, es destructor.

Hay que meterse en el tiempo largo del
debate democrático en la base, reapropiado colectivamente frente a la presión
de los plazos reales. Y no sufrir la dictadura del tiempo inmediato. Se sabe
que el tiempo mediático no es el tiempo político, que el tiempo político no es
el tiempo social, y que el tiempo social no es forzosamente el tiempo cotidiano
del grado de conciencia de las clases populares.

Actualmente, es más tentador oír a un
chaval que dice: "Votadme, voy a
arreglar todos vuestros problemas"
, que a quien declara: "Me presento para deciros que todo el
mundo debe implicarse un poco".
Mostrar que un cartero de 27 años
podía plantar cara a políticos profesionales era una verdadera demostración, y
no solo subversiva; era también un punto de apoyo para las convicciones que
defendemos cotidianamente. Para perpetuar esta demostración hay que continuar
sorprendiendo.

 

Termina su carta hablando sobre las revoluciones
árabes. ¿En qué medida le han influenciado?

Los vientos de las revoluciones árabes
soplan sobre la situación política internacional y han influido, en parte, en
mi decisión. Cuando fui a Túnez y a Egipto, vi que las revoluciones no tenían
necesidad de un líder, un sustituto o una vanguardia autoproclamada. Que el
pueblo hace claramente irrupción en la escena política y que es precisamente por
eso por lo que militamos. Aquí y ahora, es lo que debemos hacer nosotros a
nuestra escala.

Haber vislumbrado estas revoluciones me
ha reforzado en la idea que tenía de la distancia de la clase política
francesa, con esos acontecimientos fundadores. Como ha dicho Brigitte Fontaine:
"Todo el mundo se rebela a nuestro
alrededor, los países árabes, musulmanes, y nosotros, estamos como idiotas
esperando a las elecciones de 2012".
Ciertamente, el grado de
efervescencia social y política está lejos de ser el mismo. Pero hay pasarelas
entre lo que ocurre en los países árabes y lo que ocurre en Europa, y en
Francia. No soy particularmente pesimista. Soy consciente del reflujo que sufre
actualmente el movimiento obrero, pero estamos en una crisis estructural del
capitalismo que produce muchos elementos contradictorios que podrían ponerse a
funcionar en el buen sentido. Hay un espacio para los anticapitalistas
sinceros, y por tanto para el NPA.

 

Pero en la izquierda radical, otros estiman también
que la primera necesidad es la eficacia electoral para derrotar a Sarkozy…

La pregunta es en primer lugar: ¿qué
tipo de poder se quiere construir? Uno de los balances de las revoluciones
árabes es precisamente que la revolución no sólo se hace por las urnas.

Por otra parte no hemos opuesto jamás
la una y las otras, a diferencia de quienes no evolucionan más que en el marco
institucional. Pensamos simplemente que la irrupción revolucionaria puede también
producirse fuera de los plazos electorales. Se ha reconocido siempre, por
ejemplo, que una situación revolucionaria había nacido de los resultados
electorales en Chile en 1973. No quiero oponer los procesos revolucionarios
entre sí. Pero, en cada ocasión, hay que utilizar la misma brújula política:
propulsar el movimiento de base de la sociedad para que, al final, sea
claramente la base la que cambie la sociedad. Si no es el pueblo el que toma el
poder, está muerto.

No corresponde a un partido, a una
coalición de partidos o a un líder apoderarse de él. Corresponde al pueblo. El
pasado y el balance de la contrarrevolución rusa lo ha mostrado. Hay que dar
garantías políticas para impedir que los partidos sustituyan a las revoluciones
e instalen burocracias para transformarlas en contrarrevoluciones.

Así pues el debate no está entre
quienes quieren el poder y quienes lo rechazan: no, la cuestión está en saber
quien accede al poder, quien lo controla, quien lo se lo queda. Hay un espacio
político en Francia para una izquierda radical desde abajo, autogestionaria,
antiburocrática y antiautoritaria.

 

¿Qué balance saca de estos diez años de portavocía,
primero en la LCR y luego en el NPA?

Es demasiado pronto para decirlo. El
contexto social y político ha cambiado. Se aborda un nuevo período. Las
revoluciones árabes son un punto clave: hay ahora elementos de crisis política
en la mundialización capitalista, que no son ya solamente elementos de crisis
económica, social y medioambiental. Esto suscita una carrera entre la extrema
derecha populista de un lado y, del otro, la alternativa anticapitalista. Más
allá de nuestras fronteras. Sin embargo, en este nuevo período, las
revoluciones árabes abren de nuevo lo que el revolucionario Augusto Blanqui
llamaba el "capítulo de los posibles".

En Francia, por el momento, atravesamos
un período de reflujo político. Algunos se extrañan de que el Frente Nacional
reaparezca con fuerza. Sin embargo el movimiento obrero, en su conjunto, no ha
tomado la responsabilidad de poner KO al gobierno, en la movilización sobre las
jubilaciones, llamando a una huelga general. Por supuesto, la huelga general no
se decreta. Pero eso no excluye que una parte de la izquierda no ha asumido el
carácter político del desafío por miedo a desbordar el marco institucional.

 

Finalmente, en lugar de a la izquierda radical, encontramos
al Frente Nacional…

Los trabajadores siguen sintiendo
cólera, pero la viven ahora de forma individual y, en general, la orientan en
la mala dirección. Algunos estiman que votando por Le Pen, van a hacer estallar
todo, van a disparar contra el sistema, cuando en realidad, no van a dispararle
absolutamente nada. Cogen un arma al revés. Cuando aprieten el gatillo, van a
disparar contra si mismos.

Estos diez últimos años, se ha visto
también la progresión de las ideas anticapitalistas: se quería crear mayorías
de ideas sobre el reparto y el control de las riquezas, el aumento de las
rentas o la prohibición de los despidos. Estos temas sonaban raros en 2002, hoy
todo el mundo habla de ellos. Esto quiere decir que se han marcado puntos.

Continuar en este camino es el mejor
remedio contra el ascenso del Frente Nacional. En las grandes movilizaciones
sociales, la extrema derecha ha sido sistemáticamente puesta en su verdadero
lugar: el campo de enfrente, el de los reaccionarios. Es el límite de la
demagogia de Marine Le Pen. Cuando la clase obrera o la juventud se levantan,
el Frente Nacional no está con ellos sino contra ellos. En la acción real de la
lucha de clases, hay dos campos; y el FN está indudablemente en el campo
contrario.

 

Pero ya en 2002 el Frente Nacional era poderoso e
incluso estuvo en la segunda vuelta de las presidenciales y, luego, todas las reformas llamadas sociales
de la derecha han sido aprobadas. ¿Ha cambiado verdaderamente la situación?

Cierto. Pero hoy, cuando el Frente
Nacional consigue votos entre las clases populares, lo hace conscientemente,
con demagogia, con temáticas anticapitalistas. Al FN no se le ve ya seducir con
temáticas liberales, como hacía Le Pen padre. Está es una marca de los tiempos que
corren. La extrema derecha se reapropia de las temáticas a la vez nacionales y
sociales, según un
 programa que se
inspira más en los años 1930, que el período de la post Argelia francesa. En
los años 1930, fue claramente la irrupción de la clase obrera en la escena
política con sus luchas lo que hizo retroceder a la extrema derecha francesa.

 

¿Cómo explica las dificultades del NPA?

Sufrimos de lleno las incertidumbres y
las fluctuaciones de la vida social y política precisamente porque no somos
políticos profesionales. Cuando hay un reflujo político, se vive primero en las
conciencias. La mayoría se remite entonces a los plazos institucionales, con la
idea según la cual
"no podemos ya,
nosotros, simples seres anónimos, influenciar sobre el curso de las cosas"
;
entonces nos remitimos a los profesionales de la política para que actúen en
nuestro lugar. Esto está en contradicción con lo que somos y lo que defendemos.

 

Están también los debates que el NPA tiene dificultades
para zanjar, como el del laicismo…

Cuando el NPA se haya reencontrado en
su enfoque político global, podrá retomar serenamente ciertas discusiones. Este
debate sobre el laicismo es un marcador profundo de la vida política francesa y
se planteará de nuevo. Deberemos entonces encontrar un punto de equilibrio
entre laicismo, feminismo e islamofobia, que se convierta progresivamente
también en un dato profundo de la vida política francesa. Desde este punto de
vista, las revoluciones árabes nos aportan también mucho. Las feministas
tunecinas, por ejemplo, consideran que el laicismo no se negocia frente al
integrismo religioso, pero que no debería ser el nuevo caballo de Troya de la
islamofobia.

 

Se refiere a las dificultades del NPA para encontrar
su posicionamiento político. ¿Por qué lo ha perdido?

El NPA se ha buscado, se busca aún un
poco. Para aprender a marchar, hay que aprender a caerse. Las realidades
políticas son a veces contradictorias. La salvación no puede estar más que en
la síntesis de la izquierda social y de la izquierda política. Y no hay que
pensar en que hace falta más de lo social o más de lo político. No es hacer más
luchas, o más electoral, no es reivindicar más huelgas generales o imaginar que
los partidos son los únicos intermediarios políticos existentes. No, se trata
de hacer una verdadera síntesis entre los dos.

 

¿No ha tenido la muerte de Daniel Bensaid, hace más
de un año, una influencia sobre la vida del movimiento, explicando una parte de
sus dificultades?

Es complicado evocar a Daniel, pues los
sentimientos personales se mezclan con los sentimientos militantes.
Simbólicamente, cuando Daniel murió, hubo una página que pasó
 y esto ha representado muchas cosas para
muchos de nosotros. Tanto en la ausencia política que ha suscitado en los
terrenos de las reflexiones estratégicas, como en el hecho de que ha sido
necesario arremangarse y ponerse a la tarea. No hay nadie que tenga la amplitud
de visión de Daniel. Su mirada, su punto de vista sobre el mundo nos falta
cruelmente. Sin embargo, nos ha legado marcos de reflexión, una "galaxia
Bensaid" que se quiere mantener. Daniel decía a menudo que era necesario
tomar altura frente a la dictadura de lo inmediato, y que nada era jamás
definitivo:
"Hay que dejar el
infinito a los matemáticos y la eternidad a Dios, si existe…".

Las bases que debemos insuflar al NPA
deben, más que nunca, ser revolucionarias e internacionalistas: bases que se
inscriban en nuestra filiación marxista. No la de un marxismo inmóvil y frío,
sino, al contrario, de un marxismo abierto, en movimiento y en perpetua
refundación. Es lo que han comenzado a hacer la Sociedad Louise Michel /1 o la
revista Contretemps /2, lanzando las
redes a tientas, lo que constituye un primer paso.

La reflexión teórica es un terreno de
intervención política como tal. Durante largos años se ha delegado la
reflexión. A partir del momento en que esto ya no existe, hay que
reorganizarse. Hoy, la reflexión estratégica es lo verdaderamente importante,
bastante más que las cuestiones de representación. Se había dicho que el NPA
sería una herramienta que aportaría su contribución a la refundación
programática. Esto queda por hacer.

 

Para acabar, en tanto que jugador y aficionado al
fútbol, ¿qué te inspira "el asunto de las cuotas" /3?

Que quizá pueda poder pretender suceder
a Laurent Blanc (risas)…. Más en serio, se ve claramente cómo un clima
nauseabundo penetra en todos los sectores de la sociedad, incluyendo el fútbol.
En lugar de tener una Federación Francesa de Fútbol que combata el racismo en
los estadios, parecería que ella misma, voluntariamente o no,
 lo alimenta con sus cuotas.

En el terreno del racismo, la gran
victoria del FN es que una gran parte de la clase política está ya convencida
de que la inmigración es un problema. Muchos pensaban sinceramente que el mundo
del fútbol era aún un lugar preservado de todas las formas de discriminación.
Muchos no quieren creer en ello. Pero hay también un fondo político, con el
tema de que "ya no se puede decir
nada"
sin ser inmediatamente tachado de racismo. Si tú tienes el
derecho a decir todo lo que se te ocurra en este terreno, ¡entonces yo tengo
también todo el derecho a decirte que lo que cuentas es pura mierda!

Hace quince años, había aún un dique
moral, que no amenazaba con romperse, o que resistía más. Se decía entonces que
el FN no era un partido como los demás y que el problema era el racismo, no la
inmigración.


1/ Iniciativa de Daniel
Bensaid que reúne a investigadores, académicos y militantes con criterios muy
pluralistas, dentro de la crítical radical del capitalismo. Organiza
conferencias, talleres, encuentros, etc. Tiene sedes en diversas ciudades
francesas.

2/ www.contretemps.eu

3/ Mediapart reveló a
comienzos de mayo que responsables de la Federación de Fútbol francés
pretendían imponer cuotas máximas de jugadores con doble nacionalidad en las
selecciones nacionales. La noticia provocó un escándalo público y la medida no
ha sido aplicada. Laurent Blanc es el seleccionador de fútbol francés.

 

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR





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