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El “hombre providencial” de la socialdemocracia realmente existente
El Dr. Strauss y Mr. Kahn
30/05/2011 | Cédric Durand

DSK, ¿"un hombre de las cavernas y un cretino "? Los comentaristas no acaban de creérselo. Pero pasado el instante de estupor, el desconcierto no hace sino empeorar. ¡DSK era el hombre de la situación, un héroe, un regalo de la providencia! Frente a una situación que se degrada a gran velocidad en Europa, le lloran desolados.

En las columnas de Le Monde, Gérard Courtois, con el corazón en un puño, evoca "un vacío difícil de colmar. Por su recorrido, por su acción, incluso protestada, en el corazón de la actual crisis económica y financiera, parecía capaz de reconciliar a la izquierda con la mundialización, de explicar a los franceses el lugar que el país y Europa podía inventarse en el gran cambio del mundo en marcha desde hace un decenio. (…) Hay dificultades para ver en estos momentos quien podría suplirle". El economista jefe del Financial Times, Martin Wolf, no se encuentra más animado. "Dominique Strauss-Kahn ha sido el hombre necesario en el puesto necesario y en el momento necesario. (…) M. Strauss-Kahn se ha revelado como un responsable audaz, un político eficaz y un economista competente. Esta combinación es extremadamente rara. Es probable que ninguno de los candidatos contemplados hoy pueda hacer un trabajo tan bueno como el que M. Strauss-Kahn ha llevado a cabo en los momentos más fuertes de la crisis financiera mundial y luego en la zona euro". ¡Es suficiente! Ciertamente, se disponía a dimitir del FMI para luchar por la presidencia de la República francesa, pero Wolf no deja por ello de atormentarse: "si hubiera sido elegido, habría podido modificar la capacidad de la zona euro para gestionar su crisis interna actual. Habría puesto en esa tarea capacidades de las que carece el presidente Nicolas Sarkozy, la primera de ellas, su peso intelectual". Cruel…

El New York Times apunta mejor. En un artículo situado encima de otro en el que Krugman recuerda que la locura gobierna el mundo, apoyándose en el ejemplo elocuente de Jean-Calude Trichet, Routh Douthat imagina DSK: The Movie, una tragedia cuyo héroe sería DSK, pero cuyo tema verdadero sería el hundimiento de la Unión Europea. El jefe del FMI -salvador de la zona euro- y el presidenciable -muralla contra Marine Le Pen y garantía de una izquierda domesticada- personifican la fábula según la cual la construcción europea procede de la "visión de un continente sin fronteras y sin divisiones, supervisado por una élite condescendiente y cosmopolita". Cuando, desbordado por su libido, el personaje estalla en pleno vuelo, la imagen del hombre afable se borra detrás de la figura del depredador sexista. Ningún guionista habría podido sugerir mejor que "los eurócratas de hoy son una simple nueva versión de la vieja aristocracia europea -que ejerce su derecho de pernada en hoteles de lujo esperando tomar su avión en primera clase para París".

En definitiva, Francia, Europa y el FMI, es decir, ¡el mundo!- estarían huérfanos. Pero, ¿huérfanos de qué, en definitiva? ¿De un gestor hábil? ¿El Dr. Strauss, que como Johann, que sonriendo hace bailar a los dirigentes políticos de todo el planeta y dar vueltas a la opinión francesa? ¿O, Mr. Kahn, como Gengis, cuyo salvajismo desborda habitaciones de hotel para devastar Europa? ¡Los dos, mi capitán! El encantador crea la esperanza de la posibilidad de una salida de la crisis con rostro humano, mientras que el carnicero corta en la carne viva para satisfacer las exigencias de las finanzas.

Para los capaces de mirar una película de horror sin hundir la cabeza bajo los cojines, el balance de DSK en el FMI puede parecer con claroscuros. En 2007, tomó la cabeza de una institución en decadencia, al haber aprovechado los países emergentes la mejora de su situación económica durante el decenio precedente para cortar los puentes con una organización cuyos diktats de los años 1980 y 1990 no les dejaron buenos recuerdos. Consciente de las nuevas correlaciones de fuerzas internacionales, DSK favoreció una evolución del reparto de las cuota-partes entre los miembros del Fondo para hacer un poco más de sitio a los grandes emergentes, sin por ello poner en cuestión la dominación europea y estadounidense. Contribuyó también a poner en pie líneas de crédito a las que esos países pudieran recurrir sin condicionalidades.

En el plano de la doctrina, de los argumentos de fondo para justificar las políticas, la evolución es sensible. Con la boca pequeña, los investigadores del FMI han roto con un dogma neoliberal reconociendo que, en ciertas circunstancias, medidas de control de los capitales en los países emergentes pueden estar justificadas. De la misma forma, ha sido aceptado que los bancos centrales habrían podido frenar inútilmente el crecimiento con objetivos de inflación demasiado débiles. En la primavera de 2010, se ha incluso podido apreciar una verdadera reorientación del FMI cuando éste se pronunció en un documento remitido al G20 a favor de una tasa sobre las operaciones financieras calificada de "contribución justa y sustancial". Esta posición bien fundamentada se apoyaba en estimaciones de lo que los delirios del capital financiero han costado: "Hemos intentado cifrar el coste de las ayudas públicas directas al sector financiero durante la reciente crisis. Resultado: hasta el presente, alrededor del 2,7% del PIB de los países avanzados del G-20. Más para algunos, menos para otros -en particular para la mayor parte de los países emergentes. Es una suma considerable, pero en el curso de la crisis, los riesgos eran aún bastante más elevados: las garantías y demás compromisos condicionales representaban como media cerca del 25% del PIB de los países avanzados del G-20. Y esto no incluye el coste presupuestario indirecto de la recesión y (en menor medida) de las medidas de relanzamiento -que provoca una subida estrepitosa del endeudamiento público y, lo que es sin duda bastante peor que todo lo anterior, una pérdida de producción acumulada de alrededor del 27% del PIB".

Este deslizamiento del posicionamiento del Fondo era manifiesto en la boca de DSK. Su último discurso consagrado al paro y a las desigualdades terminaba, por otra parte, así: "Al final, el empleo y la equidad son las piedras angulares de la estabilidad económica y de la prosperidad, de la estabilidad política y de la paz. Esto afecta al corazón del mandato del FMI y estas cuestiones deben ser colocadas en el centro de la agenda política".

Hay ahí un poco más que bálsamo para buenas almas socialdemócratas. Ideológicamente, el neoliberalismo está derrotado y el Dr. Strauss afirmaba con razón que "el consenso de Washington remite ya al pasado". La crisis ha lanzado al basurero de la historia las pamplinas sobre la eficiencia de los mercados financieros. Pero incluso antes de esto, la doctrina estaba fuera de juego. Con el desastre de las transiciones post-socialistas en los países del este europeo, el segundo decenio perdido en América Latina o también el inexorable en Africa, los buenos alumnos de los ajustes estructurales se veían bastante mal recompensados. Mientras que en el mismo momento, el sol rojo de un nuevo capitalismo poderosamente dirigido se levantaba en oriente.

Desgraciadamente, este buen Dr. Strauss, el que citaba a Keynes sin parar, aquél para quien era preciso que "la mano pasara -al menos en una cierta medida- del mercado al Estado" ha dejado sus poderes al abominable Mr.Kahn. El gran giro operado por el FMI impulsado por la crisis le ha llevado a imponer en la mayor parte de los casos políticas procíclicas restrictivas y violentamente antisociales. A demanda del gobierno alemán, que contaba con su poder disciplinario, el FMI se ha implicado en la crisis de la deuda pública en el seno de la zona euro. Entre un Jean-Claude Trichet a la cabeza del BCE obsesionado por la idea de no hacer pagar nada a los bancos y una Angela Merkel bien decidida a no consentir ninguna transferencia de Alemania a los países de la periferia europea, no es seguro que DSK hubiera sido el artesano más encarnecido de las políticas salvajes de austeridad. No ha dejado por ello de contribuir a escribir una nueva página en el libro de los crímenes económicos de los que el FMI es contable. Estos, si desgraciadamente no son sancionados por algún tipo de jurisdicción, no por ello dejan de estar menos establecidos. Un ejemplo es llamativo: unos investigadores han podido aislar el impacto sobre la mortalidad de las privatizaciones en Rusia en los años 1990 y evaluar que condujeron a la muerte prematura de un millón de personas.

En lo que se refiere a la acción del FMI en el curso de esta crisis, es aún demasiado temprano para establecer un balance humano y sanitario de los recortes en los servicios públicos, de las privatizaciones a patadas y de la brusca degradación de los estandares sociales impuestos o impulsados en países como Letonia, Irlanda, Islandia, Gran Bretaña, España o Portugal. Será seguramente importante, dada la forma en que esas políticas brutales maltratan de mil formas el bienestar de las poblaciones.

Políticamente el balance es también desastroso para la izquierda y marca una nueva etapa en la deriva de la socialdemocracia. Como buen conocedor, el secretario de estado para asuntos europeos Pierre Lellouche, había señalado que DSK "es un gran burgués, que vive la mundialización de la gente en general muy rica y de los grandes jefes de empresa" y que por consiguiente "podría ser un perfecto candidato de derechas". Pero, revelando aún mejor la confusión política que reina en el PS, éste se había hecho la idea -¡a veces incluso con entusiasmo!- de que uno de los principales responsables de la más masiva ola de acumulación por desposesión de los tiempos modernos pudiera encarnar una opción política de izquierdas en las presidenciales. La triste realidad, es cierto, es que sus compañeros españoles y griegos están en primera línea a la hora de hacer el trabajo sucio que exigen las finanzas internacionales. Es siguiendo una lógica así de gestión seria de los asuntos del capital como Martine Aubry ha podido situarse detrás de la candidatura de Christine Lagarde. Hermoso ejemplo de doble standard por otra parte: el argumento avanzado es que el FMI presta hoy masivamente a Europa y que, por consiguiente, un/una europeo/a sería mas capaz de delimitar los problemas; sin embargo, jamás una tal lógica fue contemplada cuando los países de África y de América Latina recurrieron masivamente al Fondo en los años 1980 y 1990, ni cuando fue el turno de los países asiáticos tras la crisis de 1997… Eso no quita que si Lagarde acaba por arrancar el puesto, es sin duda la última vuelta de pista a la cabeza de esta institución para una región cuyos bailarines asustados ven el suelo abrirse bajo sus pies.

La parábola del Dr. Strauss y Mr. Kahn nos cuenta una muy triste historia. La de la socialdemocracia europea de nuestro tiempo. Cortada socialmente de las aspiraciones populares, conserva, en algunos discursos, algo así como una reminiscencia de su pasado de izquierdas. Pero, incapaz de asumir la prueba de fuerza con la potencia del capital aliado en las finanzas, cuando está en los puestos de responsabilidad pasa al otro lado de la barricada.

26/05/2011

http://www.contretemps.eu/interventions/dr-strauss-mr-kahn

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR.





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