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Francia
Triste crisis del NPA
27/07/2011 | Claude Gabriel

No es necesario llamar la atención sobre la situación que vive el NPA. Poca gente se atrevería a decir que sólo se trata de una crisis de crecimiento. Es natural que las opiniones sobre el por qué y el cómo de la situación sean muy diversas.
Las explosivas tensiones actuales no se deben esencialmente a cuestiones de táctica política electoral, al grado de implicación en alianzas pragmáticas o a concepciones divergentes sobre versiones del Frente Único. Sólo se puede comprender lo que ocurre hoy volviendo a las fuentes, mirando muy atrás.
El NPA fue en gran medida llevado a la pila bautismal por la voluntad de la LCR. El período se prestaba a ello totalmente, tanto desde el punto de vista del campo político en la izquierda como de los movimientos sociales. No hubo error de timing.

Pero la iniciadora principal -la LCR- era una organización en grave crisis. Crisis que se puede resumir así: sequía programática; marginación e incluso dimisión de los círculos de elaboración y de actualización de la reflexión (un grupo de estudios económicos sin relación con los órganos de dirección; dimisión o aislamiento de los antiguos cuadros con posibles aportacioness teóricas; comienzo del proceso de ir "a escribir a otra parte" antes que en los órganos de la LCR; hermetismo creciente de las discusiones internas en relación a lo que se produce fuera (y a menudo escrito por militantes de la LCR o ex): Attac, Solidaires, diferentes revistas etc.
De esta deriva fatal, a partir de comienzos de los años 2000, para una organización que se reclamaba de una larga tradición marxista crítica, van a nacer un cierto número de prácticas y de "formas de ser" que comienzan en la LCR y van a proseguir y acentuarse en el NPA. Con, en particular, un sistema de expresión alrededor de la palabra "revolucionario" que pierde su sentido primordial, teórico y práctico, de lucha para subvertir un sistema y plantear la cuestión del poder. Que se ha transformado en "marcador" identitario alrededor de algunas posturas tácticas y de una relación más proclamada que orgánica con la "clase obrera".
Se podría decir que es casi una deriva fatal, inevitable, para una muy pequeña organización, muy minoritaria a lo largo de decenios, consumiendo poco a poco su reserva vital adquirida en 1968. Señalemos de paso que desde los comienzos del movimiento obrero francés jamás ha habido una tal duración, una tal espera del "acontecimiento" refundador de una nueva generación militante amplia, que tomara a su cargo la elaboración de una puesta al día programática. ¡45 años entre mayo 68 y hoy, y seguimos esperando!

Nuestra historia fue, durante un tiempo, la de una resistencia teórica audaz a los remilgos de un movimiento obrero en descomposición, a pesar, es cierto, de un viejo fondo nostálgico sobre el modelo histórico de la revolución rusa ("¡Volved vuestras armas contra vuestros generales!"). Pero, a fin de cuentas, un empobrecimiento teórico y práctico acaba por buscarse una justificación existencial. Puede tomar la postura del eterno testigo (Lutte Ouvrière, LO) o del acompañante de las luchas (la LCR de los años 2000). Uno de los giros más importantes fue, desgraciadamente, el de la alianza (electoral) con "nuestros compañeros de LO" -LO una secta política de reclutamiento por clonación de comportamientos, que deberíamos criticar como tal. En este período, la LCR acentuó my fuertemente un vocabulario, un perfil, un ritual obrerista. La musiquilla izquierdista que se desprendía de allí ocultaba finalmente bastante mal la razón electoralista de esta alianza de circunstancias: sacar un resultado de dos cifras, beneficiarse de las consecuencias financieras por pago de campaña, hacer algo especial. La operación con LO, afortunadamente, no fue más allá. Salvo que venía a añadirse a las demás dificultades de empobrecimiento de la elaboración, de pérdida de referencias respecto a la financiarización global del capitalismo, del cambio en la organización del capital, de las empresas, de las formas de trabajo, etc. En este entorno complejo (sin duda tan importante como fue el debate sobre el imperialismo en el cambio del siglo XIX al XX) esta "alianza" con LO dio un fuerte impulso al repliegue tranquilizador del discurso obrerista (en el sentido de un obrerismo simplista) y "proletario", sin gran relación con la evolución sociológica, profesional de la condición de asalariado en sentido amplio. Sin hablar de lo que una organización revolucionaria debería públicamente representar en el terreno de los niveles más elaborados del trabajo intelectual (investigación, jurídico, artístico, etc.).

Es esa LCR la que toma la iniciativa del NPA. Para lo mejor: iniciativa justa, no a contratiempo, con entusiasmo. Y para lo peor: acentuación de las tendencias propagandistas, obreristas (como las descritas más arriba), presiones de corrientes sectarias preorganizadas y que reproducen sus discursos dogmáticos, etc.
Asímismo, no es de extrañar que muy rápidamente el partido y su portavoz hayan aparecido como simples testigos del mundo del trabajo en cólera. El partido de las luchas, el partido de los obreros cabreados, el partido anticapitalista cuyas propuestas tienen muchas dificultades para ir más allá de las reivindicaciones urgentes. Olivier [Besancenot], que en ese contexto se ha desenvuelto muy bien, explicó un día que el partido quería ser ¡"el delegado de personal" de los trabajadores! Francamente, ¿sólo eso?... En lugar de un partido que habría debido poder plantearse como candidato, no de un poder revolucionario salido de la insurrección (habrá aún que esperar un poco), sino apto para expresar un proyecto de sociedad en ruptura: para una sociedad en la que el mercado es minoritario, en la que las necesidades sociales no son mercancías; una sociedad basada en nuevas formas radicales de democracia directa partiendo ya de las necesidades en los barrios y las ciudades. Y a partir de ahí, dar toda la atención necesaria a la formulación de reivindicaciones radicales (transitorias), pero no desconectadas de lo real y de las correlaciones concretas de fuerzas.

Considero que uno de los arquetipos del propagandismo del NPA está en la consigna de "prohibición de los despidos". No voy a retomar este largo debate, cuyo contrapunto ha sido publicado en un libro /1. Pero ¿cómo es posible aferrarse a tal consigna cuando nosotros mismos constatamos que "eso no funciona en las empresas", que no moviliza más que marginalmente a asalariados afectados o a pequeños grupos de oposición sindical en la CGT, que se oscila extrañamente entre la demanda general y su reducción a "en las empresas que tienen beneficios", que se olvida de paso el 80% de los despidos que se hacen a diario en las PYME y que no se atreve siquiera (y con motivos) a acompañar esta reivindicación con la petición de una nueva ley? En este caso, ¿quien "prohibe" los despidos? ¿La movilización? ¿La nacionalización bajo el control de los trabajadores? En cambio era posible formular de otra forma la batalla contra los despidos, más universal, más comprensible, más movilizadora, más molesta para las direcciones sindicales mayoritarias.

Un partido candidato a un cambio de sociedad debe, por supuesto, atacar a todas las formas de despido económico, de "acoso” a las y los asalariados, a esa violencia social que justamente ata el estatus de la gente, su vida, su renta, su vida sencillamente…. al "puesto de trabajo" que el capitalista le concede. Pero sobre todo no seguir la fraseología de las viejas corrientes frustradas de la CGT, con toda su incapacidad para tomar en cuenta la globalidad de los fenómenos: el vuelco irreversible de la división internacional del trabajo, las economías de escala que una sociedad postcapitalista deberá imperativamente desarrollar, eliminación de empleos nocivos, desarticulación de industrias contaminantes, de armamento, etc. /2. La consigna de "prohibición de los despidos", tal como fue formulada desde 1999 (Danone, Air-Lib; Marks&Spencer), aparece como una respuesta sin profundidad, como un simple testimonio de rabia contra las leyes bárbaras de la competencia mercantil. No ha sido movilizadora en modo alguno; su influencia no ha desbordado algunos círculos de la CGT. No ha sido la respuesta adecuada a la reivindicación confederal CGT del "estatuto del trabajo asalariado" (limitada, de hecho, a determinar quien es el que paga). Este ejemplo es uno de los más significativos del propagandismo abstracto del NPA.

Pero ¿qué hace el partido de las luchas cuando hay menos luchas? Qué hace el partido que lucha contra excesiva personalización y mediatización cuando las luchas retroceden? Desaparece. Y esto desmoraliza a sus militantes, esto nos desespera a todos, nos lleva a pensar que ha habido un problema desde el comienzo.
Todo lo que se reflexiona hoy, se escribe y se elabora, se repiensa y se rediscute sobre las cuestiones de fondo se hace fuera del NPA, fuera de los órganos del NPA. A veces por militantes del propio partido, pero fuera o bajo una forma marginal, puntual (Universidad de Verano) sin impacto sobre el periódico, sobre la formación interna, sobre la página web, sobre los debates.
Como en el peor momento de la LCR, el debate va a girar sobre una formulación, sobre una construcción gramatical que tiene por "objeto" una minitáctica electoral…. mientras la economía mundial se tambalea, las líneas de ruptura social e incluso "moral" en el seno de nuestra sociedad se forman y se fisuran cada vez más arriba en la estratificación de las rentas, cuando una parte de la juventud va a ser condenada a la pauperización, etc. Para cualquier persona medianamente lúcida, el partido "anticapitalista" no es convincente, es un poco amateur, está desprovisto de figuras intelectuales influyentes, es invisible en la literatura política, no tiene expresión significativa en la juventud.

Se responderá que esto es debido al período. No lo creo. La sequía de las ideas, las tonterías que hemos podido decir unos y otros (¡todos nosotros!) en el pasado, la esclerosis de los años 90 y 2000, ¡sí! Pero sobre un punto muy importante, el estilo de Olivier destacaba una verdad, una novedad: la sociedad está indignada, la sociedad no aguanta más, la sociedad se hunde. Hace apenas dos años todo el mundo sabía que la crisis era debida a la avidez de una minoría y a la especulación. No nos burlamos de la posibilidad de un nuevo mayo 68, ¡pero sin exagerar! Esta extensión de la rabia moral (que lleva a algunos a seguir al FN) no podrá ya apagarse con ocasión de un nuevo 10 de mayo de 1981 [elección de François Mitterrand como presidente]. Algo diferente puede y debe ocurrir.

Frente a esto, se ha construido un partido que repite los debates de la LCR, sobre cuestiones de "principios". ¡Y qué principios! Es un poco como si en el momento de los debates sobre el imperialismo, la guerra, la cuestión colonial, el parlamentarismo, la huelga general y la violencia de masas en el cambio del siglo XX, un partido en alguna parte de Europa se hubiera dividido y fraccionado sobre el hecho de saber si debía o no demandar o alentar a una alianza electoral a un pequeño reagrupamiento centrista que no tiene más futuro que él.
De hecho, habría sido necesario que el NPA subvirtiera el pasado "último período" de la LCR, aportara una apertura social y (no accesoriamente) un impulso nuevo en la elaboración teórica, programática. Que se enfrentara a cuestiones innovadoras nacidas de la mundialización financiera, de las nuevas formas de violencias mercantiles -cuestiones que habría sido preciso poner en el centro de las preocupaciones, de las reflexiones y de las elaboraciones de los militantes antes que cualquier otra cosa. Habría sido necesario que la dirección del trabajo en las empresas fuera profundamente renovada, espectacularmente ampliada a todo tipo de sectores, cualificaciones, capacitaciones técnicas. Habría sido preciso hacer algunos buenos seminarios sobre la evolución de la formación social, sobre la evolución de la condición del trabajo asalariado. Producir y producir más análisis a partir de las luchas en las que los militantes del NPA participaban o que al menos podían observar. Arriesgarse a algunas fórmulas prudentes pero sólidamente defendibles sobre el comienzo de una transición post-capitalista. etc.

Es en mi opinión en todo esto donde se encuentra la razón principal de la crisis actual del NPA y de los debates destructivos. No pienso que se pueda banalizar y poner cara de creer en un "segundo aliento" sin una revolución interna. La incapacidad del NPA para polarizar un verdadero "campo" anticapitalista -y por tanto, por ejemplo, para hacer propuestas para las elecciones- es significativa de su impotencia general para actuar sobre la realidad.

19/07/2011

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article22279

Claude Gabriel
fue militante de la LCR. Formó parte del Secretariado Unificado de la IV Internacional en la primera mitad de los años 80

Notas:

1/ Supprimer les licenciements, L. Garrouste, M. Husson, C. Jacquin, H. Wilno, Ed. Syllepse, 2006.

2/ Ver el artículo "Crise industrielle, de quoi parle-t-on ?". Les Temps Nouveaux, Printemps-Eté 211, Ed. Le Bords de l’Eau.


Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR







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