aA+
aA-
Grabar en formato PDF
¿Caso cerrado?
Sr. Strauss-Kahn, ¿qué ocurrió en la habitación 2806?
04/09/2011 | Jade Lindgaar (Mediapart)


“Está en nuestra cultura, desde la Biblia y la historia de José en Egipto. La palabra de la mujer que acusa al hombre de violación es antes que nada una palabra que se pone en duda”.
Virginia Despentes escribía estas líneas en 2006 para su manifiesto feminista punk King Kong Théorie. Pero suenan increíblemente en diapasón con el asunto Strauss-Kahn de 2011, cuando el juez Michael J. Obus decide abandonar todos los cargos que pesan contra el antiguo director general del FMI.

Pues, después de tres meses de procedimiento, es el descrédito que pesa sobre la palabra de la presumida víctima de DSK, Nafissatou Diallo, lo que hace hoy necesario el abandono de las diligencias penales por agresión sexual y violación contra el francés. Es lo que explica el fiscal de Nueva York, Cyrus Vance Jr., en su larga moción de desistimiento abogando por la detención de las diligencias contra el antiguo director del FMI. Dicho de otra forma, es a causa de la propia trabajadora del hotel, y solo de ella, que la justicia americana se niega a proseguir: “El asunto estalla y se hunde sobre la base de su testimonio”, escriben dos adjuntos al fiscal. “Si no le creemos más allá de una duda razonable, no podemos pedir a un jurado que lo haga”. La palabra de la supuesta víctima ha destruido su poder de acusadora a pesar de índices muy molestos para DSK reunidos por la policía de Nueva York.

¿Cómo explicar esta paradoja? La justicia americana espera de las víctimas de agresión sexual una palabra perfectamente racional, límpida, coherente e intangible. Quiere víctimas ideales, con claridad en su cabeza, en sus intenciones y en sus discursos. Sin embargo Nafissatou Diallo no ha dejado de contradecirse ante los investigadores. Les ha mentido mucho. Son esas incoherencias y esas mentiras las que le han hecho perder su credibilidad a ojos de los investigadores. Pero si se mira de cerca, esas mentiras no se refieren al desarrollo preciso de la presunta agresión. Se refieren a hechos y gestos inmediatamente después y sobre una violación imaginaria muy anterior.

Comparemos los elementos que desacreditan a Nafissatou Diallo y los que al contrario confirman sus afirmaciones según la argumentación de Cyrus Vance Jr.


Argumentos que juegan en contra de su versión de los hechos:



- No ha dicho la verdad sobre lo que ocurrió después de la presunta agresión, dando tres versiones contradictorias e “incompatibles” según el fiscal. Y agrava su caso mintiendo al gran jurado ante el que ha testimoniado bajo juramento. Primera versión: dice haberse refugiado en el pasillo del piso de la habitación 2806, donde se encuentra con un superior al que cuenta la supuesta agresión. Segunda versión: parte a limpiar otra habitación, luego vuelve a la 2806, la limpia, va a buscar ropa a un armario y se encuentra con un superior al que pregunta si los clientes tienen derecho a abusar del personal. Pero esta descripción está en contradicción con el análisis de las llaves electrónicas que ha utilizado: no ha tenido tiempo de trabajar en la otra habitación citada. Tercera versión: huye por el pasillo, se refugia en otra habitación para coger en ella material de trabajo y sale de ella inmediatamente.


- No ha dicho la verdad sobre su pasado: ha inventado haber sido víctima de una violación colectiva en Guinea por soldados, en presencia de su hija de dos años, contando eso a los investigadores llorando y mostrando cicatrices. Mentira que admite explicando primero que figura en su demanda de asilo –lo que es falso-, y luego que es una historia que había preparado con el objetivo de dar base a su demanda de asilo.


- Ha dicho primero que no quería demandar dinero por lo civil antes de haber sido sorprendida conversando con su presunta pareja, encarcelado por venta de marihuana, sobre el dinero que podía sacar de las acusaciones que ha dirigido contra DSK.


- Ha mentido a los servicios sociales para seguir con su apartamento de protección oficial (omitiendo declarar su salario como empleada de Sofitel).


- No ha dicho a los investigadores que disponía de 60.000 dólares (más de 40.000 euros) en su cuenta bancaria, ingresados por otras personas.


Los argumentos que acreditan el relato de Nafissatou Diallo:



- No ha tardado en contar su presumida agresión a dos superiores jerárquicos del Sofitel, que –como otros testigos- la encontraron “conmocionada”.


- La policía ha encontrado rastros de esperma con el ADN de DSK en el uniforme de Diallo, así como ADN de DSK en su ropa interior. Para los investigadores, no hay por tanto duda de que hubo una relación sexual entre Nafissatou Diallo y Dominique Strauss-Kahn: “Las pruebas físicas, científicas y otras, establecen que el acusado emprendió una relación sexual precipitada con la demandante”, escribe Cyrus Vance. Es el uso de la fuerza y la ausencia de consentimiento lo que no está probado. Pero la realidad del acto sexual entre el director del FMI y la empleada de Sofitel no está puesto en duda por el fiscal.


- Los policías han encontrado también una mancha en la moqueta de la habitación con ADN de DSK y de Nafissatou Diallo, y rastros de esperma.

De un lado, mentiras confesadas pero sobre hechos periféricos a la agresión. Del otro, pruebas materiales de relación sexual, y testimonios corroborando su relato, pero insuficientes para probar la violación. El relato por la demandante de la supuesta agresión no está puesto en cuestión por la justicia. Y sin embargo, esto basta para justificar el abandono de las diligencias penales.

Haya habido o no violación en la habitación 2806 de Sofitel, el procedimiento se ha demostrado desigualitario. Nadie ha pedido cuentas a Dominique Strauss-Kahn, protegido por su derecho a guardar silencio: ¿por qué esta relación sexual? ¿En qué condiciones? ¿Ha sido remunerada? Contra todo pronóstico, este silencio le rodea. Maltratado por su espectacular arresto, su exhibición mundial cuando la perp walk, su encarcelamiento y luego su asignación a domicilio, el antiguo director del FMI aparece como el gran ausente del argumentario de Cyrus Vance, y, por ello, el menos molestado judicialmente de los dos protagonistas. No tiene que explicarse sobre el desarrollo de los hechos. No hay palabra y por tanto no hay mentira ni contradicción. Por una cruel inversión de los papeles, es la supuesta víctima la que se ha encontrado desnudada por la investigación, y no el presunto agresor.


“Es un triste día para las víctimas de violación”,
escribe la abogada Cheryl Thomas, especializada en la defensa de los derechos de las mujeres, en The Daily Beast: “Es una lección para todas las mujeres. Si alguna vez te atreves a acusar a alguien de violación, rápidamente, no se hablará ya de agresión sexual sino de ti. La atención se focalizará sobre tu pasado, tus errores, tus relaciones. Y ¡cataplum!, los detalles atroces de la violencia sexual desaparecerán. Es un mensaje de ánimo para los violadores”. Para Clyde Haberman del New York Times: “No, el Sr. Strauss-Kahn no es inocente. Para salir libre, no necesita ser inocente. Necesita simplemente no ser culpable”.


La mirada del mundo hacia París


Este fracaso en tratar con igualdad a la acusadora y al acusado es tanto más grande en la medida en que los investigadores han tomado, al comienzo, en serio el relato de Nafissatou Diallo. Hasta el punto de detener a un hombre poderoso en nombre de un ideal democrático: el de la igualdad de todos ante la ley. Sería terrible que este cambio de procedimiento provoque un blacklash, un torcer el bastón en sentido contrario, para las próximas víctimas de agresiones sexuales cometidas por los más fuertes, los más ricos, y los más conocidos que ellas.

“En los Estados Unidos y en otros países capitalistas, las leyes sobre la violación han sido generalmente concebidas para proteger a los hombres de las clases dirigentes cuya mujer o hija hubieran sido agredida
s, explica la militante afroamericana Angela Davis. Lo que ocurría a las mujeres de la clase obrera casi no preocupaba a los tribunales”. Escribía estas líneas en 1981 en su libro, ya un clásico de la historia del feminismo, Mujeres, raza y clase. Explicaba en él hasta qué punto la violación de las mujeres, y en particular de las mujeres negras por los hombres blancos, forma parte de la historia de la esclavitud en los Estados Unidos, y luego de la segregación, de la historia del racismo y de la opresión económica. “Aunque sea de notoriedad pública que los patronos, cuadros, políticos, médicos, profesores blancos ’se aprovechan’ de las mujeres que consideran como sus inferiores en el plano social, sus delitos sexuales son raramente juzgados por un tribunal”, concluía con tristeza.

Como una última provocación, Benjamin Brafman, el abogado del francés, declaraba el martes, tras la confirmación del abandono de las diligencias penales contra su cliente: “Podéis tener quizás un comportamiento fuera de lugar, pero eso es muy diferente de un crimen. Este asunto ha sido tratado como un crimen cuando no lo era”. Este “comportamiento fuera de lugar” suena como una confesión eufemizada de un acto manifiestamente juzgado como reprensible (“inappropriate” dice en inglés) por la propia defensa del acusado. Volvemos al “tirarse a la criada” descrito por Jean-François Kahn. No está bien, pero no es muy grave. En plenas aguas turbulentas.

Os corresponde a vosotros, los franceses, proseguir el trabajo de la justicia abriendo el dossier de las acusaciones de Tristane Banon, propone ya la abogada Cheryl Thomas: “La mirada del mundo se va a girar de Nueva York hacia París”, profetiza. Comencemos ya por una sencilla pregunta a quien va, quizá, a poder volver pronto a Francia: Sr. Strauss Kahn, ¿qué ocurrió en la habitación 2806?



26/08/2011


http://www.mediapart.fr/journal/international/240811/m-strauss-kahn-que-s-est-il-passe-dans-la-suite-28

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR





Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons