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Una propuesta de transición energética para Francia
Escenario négaWatt 2011
26/10/2011 | Asociación négaWatt

[La asociación independiente francesa négaWatt presentó a finales de septiembre un estudio titulado “Escenario negaWatt 2011” con un conjunto de medidas destinadas a cambiar el modelo energético francés a lo largo de los próximos 40 años.

La asociación négaWatt fue creada el año 2011. Está formada por ingenieros, consultores, personas del mundo asociativo, así como algunos funcionarios y militantes de ONG. Sus miembros son escogidos por cooptación, funcionan en base a una Asamblea General anual, el trabajo a distancia y la toma de decisiones por consenso. Su primer informe fue presentado el año 2003 y actualizado el 2006. El estudio de este año promete convertirse en un referente para los ecologistas de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.

El nombre négaWatt quiere sugerir que la más importante de las fuentes de energía disponible son los watts negativos, o sea, los watts que podemos dejar de consumir. La conclusión del estudio es que se puede mejorar la calidad de vida gastando mucha menos electricidad, gas o petróleo si se aprende a consumir menos energía y a utilizarla más eficazmente. Esta disminución de la demanda energética es la que puede permitir abandonar la energía nuclear el año 2033, reducir a la mitad las emisiones de CO2 el 2030 y conseguir que el año 2050 el 90% de los recursos energéticos provenga de fuentes renovables.

Nos ha parecido interesante ofrecer a los lectores de la revista la traducción de una selección de párrafos del “Dossier de synthèse” del Escenario négaWatt. La dirección para acceder al documento completo en francés es: http://www.negawatt.org/telechargement/SnW11//Scenario_negaWatt_2011-Dossier_de_synthese-v20111017.pdf

Marti Caussa]


Los 10 puntos clave del escenario négaWatt 2011

• Una política muy voluntarista de austeridad y eficiencia energética que permita reducir un 65 %, para 2050, la demanda de energía primaria con respecto a la situación de 2010: la explotación del “yacimiento de négaWatts” ya representa dos tercios del camino.

• A pesar de esta política, se mantiene un alto nivel de servicios energéticos para satisfacer las necesidades de calefacción, movilidad y electricidad específica.

• Uso prioritario de las energías renovables, que al final representarán, en 2050, el 91 % de nuestros recursos energéticos.

• Gestión coordinada de las redes de gas, electricidad y calor que permita responder en todo momento a las necesidades y asegurar el equilibrio de potencia.

• Anticipación del final de las “energías fósiles fáciles” ante la proximidad de las inflexiones de las curvas de disponibilidad de petróleo y gas mediante la limitación de su uso a la industria petroquímica y de materias primas industriales, así como a determinados usos muy específicos (industria, aviación).

• Con respecto a 2010, reducción a la mitad de las emisiones de CO2 en 2030 y a una 16ª parte en 2050.

• Sistema energético francés casi totalmente descarbonizado a pesar de la suspensión controlada y coherente de toda producción de electricidad nuclear para 2033, es decir, en el plazo de 22 años.

• Emisiones de CO2 acumuladas durante el periodo 2011-2050 coherentes con la parte que debe aportar Francia equitativamente, en función de su peso demográfico, a fin de limitar el aumento medio de la temperatura sobre la Tierra a 2 ºC en 2100.

• En cuanto al uso del suelo y la agricultura, un escenario energético equilibrado a pesar de la relocalización de producciones y un uso muy intenso de la biomasa para la producción de materiales y energía en consonancia con el escenario Afterres2050 de la asociación Solagro.

• Avance en Francia hacia la autonomía y la democracia energéticas, creando cientos de miles de empleos sostenibles y volviendo a otorgar a los territorios y a sus actores un lugar central en nuestro paisaje energético.
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Este escenario “100 % négaWatt”, que resulta más ambicioso, se basa en algunos principios fundamentales:

• Más allá de un óptimo “técnico-económico” de diferentes energías, integra criterios sociales y ambientales en la jerarquía de las soluciones. Concretamente, esto significa que explora sistemáticamente los “yacimientos de négaWatts” de la austeridad y la eficiencia energética en todos los sectores, pues da prioridad a las energías de flujo sobre las energías de acumulación. Esto implica descartar la construcción de nuevos reactores nucleares, así como el uso de tecnologías de “captura y secuestro de carbono”.

• El escenario no se basa en ninguna apuesta tecnológica. No se pueden descartar eventuales “rupturas” de aquí a 2050, pero son imposibles de prever. El escenario no contempla más que soluciones consideradas realistas y maduras, es decir, cuya viabilidad técnica y económica esté demostrada aunque todavía no estén muy desarrolladas a escala industrial. De este modo, dibuja una trayectoria robusta mientras se mantiene abierto a posibles cambios futuros.

• El objetivo del escenario no consiste únicamente en luchar contra el cambio climático. No basta con “descarbonizar” la energía, sino que hay que reducir el conjunto de riesgos e impactos asociados a nuestro modelo energético. Hay que tener en cuenta también las limitaciones que pesan sobre el agua, las materias primas o el uso del suelo. En este último aspecto, el escenario está acoplado al de Afterres2050, un escenario centrado en los usos del recurso de la biomasa para la alimentación, la energía y los materiales y que ha sido desarrollado a partir de un planteamiento similar al de négaWatt por la asociación Solagro, una especialista reconocida en la materia.

El escenario négaWatt 2011-2050 propone por tanto una trayectoria energética ambiciosa, pero realista y conforme a un principio fundamental del desarrollo sostenible: ”legar a las generaciones futuras ventajas y rentas en vez de cargas y deudas”.
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Los edificios: una baza energética fundamental

Los edificios representan en estos momentos más del 40 % de nuestro consumo de energía, fundamentalmente en términos cuantitativos para usos relacionados con el calor: calefacción, aire acondicionado, agua caliente sanitaria y cocción de alimentos. Los niveles de consumo, estrechamente vinculados a los tipos de construcción y al equipamiento de los edificios, tienen una gran inercia, y la renovación del parque es sumamente lenta, pues cada año los edificios de nueva construcción representan apenas el 1 % del parque existente, de modo que incluso si se aplican estrictamente unas normas de aislamiento muy exigentes, hacerlo exclusivamente con respecto a los edificios nuevos no será suficiente.

El escenario négaWatt introduce diferentes factores de austeridad. Supone en particular una estabilización relativa del número de habitantes por hogar en un promedio de 2,2 en vez de la continuidad del fenómeno de la individualización medido por el INSEE (Instituto de Estadística): la diferencia representa nada menos que 3 millones de viviendas en 2050. Prevé asimismo una estabilización de la superficie media de las nuevas viviendas y el desarrollo del hábitat en pequeños colectivos; en el sector terciario prevé una desaceleración notable del crecimiento de las superficies, pasando de los 930 millones de m2 de hoy a 1.100 millones de m2 en 2050, frente a 1.400 millones en el escenario tendencial.

Las medidas de eficiencia se centran en la mejora sustancial del rendimiento energético de los edificios, tanto gracias al aislamiento (paredes y cubiertas) como mediante la optimización de los sistemas de calefacción. Esta combinación representa un notable potencial de ahorro de energía, que es imprescindible aprovechar no tan solo en los edificios nuevos, sino también en los existentes.
[…]

Este esfuerzo viene acompañado de la introducción progresiva de sistemas sumamente eficientes de calefacción, de producción de agua caliente y de aire acondicionado, basados prioritariamente en energías renovables. Al final, la calefacción eléctrica directa mediante convectores, gasóleo y gas butano o propano, actualmente predominantes, se abandonarán casi totalmente en beneficio de la madera (25 % de la demanda de calor), la calefacción a base de gas en red (25 %), las bombas de calor eléctricas (20 %), las redes de calefacción de distrito (20 %) y la energía termosolar (10 %). El gas natural importado se sustituye progresivamente por biogás o por gas de síntesis producido con energías renovables.
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El transporte: un enfoque a largo plazo

En el ámbito del trasporte hace falta una orientación que permita salir de la situación actual. Representa el 30 % de nuestro consumo de energía final, del que un poco menos de dos tercios corresponde al transporte de pasajeros y el resto al de mercancías, pero depende en más del 90 % del petróleo. La cuestión es cómo liberarnos de la dependencia casi total del transporte en automóvil, al menos en su forma actual, sin sacrificar la libertad de desplazamiento.

El escenario négaWatt contempla una evolución diferenciada, de acuerdo con las soluciones más adaptadas en función de los motivos de los desplazamientos, de las distancias a recorrer y de la densidad de infraestructuras a lo largo del recorrido, del espacio rural al hipercentro urbano.

Prevé en primer lugar un cambio paulatino de las necesidades de movilidad mediante políticas de ordenación del territorio y nuevas prácticas sociales. Una política alternativa a la expansión urbana, orientada a la densificación de los espacios urbanos y la revitalización de los espacios rurales, el desarrollo del comercio en línea y el de centros compartidos de teletrabajo permitirán reducir el número de kilómetros recorridos para prestar los mismos servicios. El escenario también prevé, globalmente, un ahorro de aproximadamente el 25 % sobre el total de los kilómetros recorridos por persona en un año.

El lugar que ocupa el automóvil particular disminuye en la medida en que la población se instala en un espacio denso y las distancias a recorrer son cortas. En total, no representa más que el 42 % del número total de kilómetros-pasajero recorridos, frente al 63 % actual. Este cambio beneficia prioritariamente a los modos de desplazamiento inocuos (a pie y en bicicleta) en las distancias cortas y al transporte colectivo en las distancias más largas, lo que exige, por supuesto, la correspondiente ordenación de los espacios públicos urbanos y de las redes de trenes regionales o de autocares. En el centro de los espacios urbanos, sistemas muy flexibles como pequeños vehículos eléctricos de uso compartido o de taxis colectivos completan la oferta, suprimiendo al final totalmente el automóvil tal como lo conocemos actualmente.

Además se prevén mejoras en el consumo de carburante, tanto gracias a la optimización de la organización que permita incrementar el grado de ocupación o de carga de los vehículos como mediante una regulación más estricta, por ejemplo en relación con la limitación de la velocidad, pero sobre todo en virtud de la mejora de la eficiencia de los motores: el consumo unitario de los vehículos disminuye un 55 % entre 2012 y 2050. Sin embargo, la mejora principal se deriva de un cambio de motorización en un doble sentido: por un lado, implantando el coche eléctrico, cuya generalización plantearía importantes problemas con respecto a la red de abastecimiento y a las materias primas, pero que se adapta muy bien a los trayectos cortos en zonas urbanas, llegando a cubrir un 20 % de los kilómetros recorridos por el automóvil; y por otro, introduciendo el vehículo de gas natural (VGN), cuyo motor se adapta muy bien a los autobuses y los camiones. Esta segunda opción se basa tanto en las ventajas intrínsecas como en el potencial que ofrece para una transición progresiva al uso de energías renovables. Este tipo de carburación, que ya está muy desarrollada en algunos países, como por ejemplo Italia, es adaptable a los vehículos existentes de gasolina o gasóleo, y es fiable y eficiente. La red de distribución de gas permite alimentar una red de estaciones de servicio –salvo en los territorios más aislados, donde se conserva una parte de los vehículos de gasolina– y pasar gradualmente a una alimentación con biogás y gas de síntesis en lugar del gas natural. Los VGN absorben al final más del 60 % de los desplazamientos en automóvil. Además, los coches de gasolina, al igual que los VGN, están equipados en su gran mayoría con sistemas híbridos, recargables o no, que contribuyen a incrementar mucho su eficiencia.

La misma lógica se aplica, por supuesto, al transporte de mercancías, donde el VGN absorbe el 87 % de los desplazamientos en camión en 2050, y el vehículo eléctrico, desarrollado en zonas urbanas, abarca cerca del 60 % de los transportes en pequeños vehículos industriales. El escenario incorpora además una progresión del grado de carga de los vehículos y una transferencia modal a favor del transporte ferroviario, que alcanza el 41 % de las toneladas-kilómetro transportadas en 2050, y del transporte fluvial, con el 5 %.

Mutación de la industria

Este proceso evolutivo viene acompañado de un profundo cambio de la industria. Este sector, que absorbe el 23 % de nuestro consumo final de energía, ha conseguido ahora estabilizar relativamente su consumo energético gracias a los esfuerzos de las empresas por mejorar la «intensidad energética» (la cantidad de energía necesaria por unidad de producto) y por efecto de las deslocalizaciones, que permiten enmascarar los consumos intermedios de energía mediante su exportación.

El enfoque négaWatt introduce una nueva perspectiva preguntándose por las necesidades reales y relacionando las necesidades de productos acabados y de materiales con la austeridad y la eficiencia en las distintas etapas. Es escenario prevé, entre otras cosas, una importante reducción de los embalajes y de los papeles impresos, reinstaurando, por ejemplo, el sistema de botellas retornables o suprimiendo los folletos publicitarios. Más en general, el respeto de criterios de «reparabilidad» o de «reciclabilidad» y la eliminación de la «obsolescencia programada», que es la norma actual, permiten reducir las necesidades de producción.
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La clave para ir más lejos radica en el reciclado de los materiales. Por tanto, el escenario prevé aumentar los porcentajes de reciclado actuales para alcanzar finalmente unas proporciones máximas que sean realistas tanto desde el punto de vista de los procesos como desde el de la recogida. Así, por ejemplo, en 2050 se recicla el 30 % de los plásticos y el 90 % del acero, frente al 4,5 % y al 52 % actuales, respectivamente.
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La agricultura, eslabón entre consumo y producción
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El análisis se apoya en este terreno en el escenario Afterres 2050, que aplica el mismo enfoque de austeridad y eficiencia en todas las etapas de la cadena agrícola: dominio de las necesidades, reducción de pérdidas y despilfarros, reciclado de desechos orgánicos, etc. Este escenario se centra especialmente en un cambio de la alimentación a favor de un mayor equilibrio nutricional y una reducción del actual consumo excesivo de glúcidos (azúcares), lípidos (grasas) y proteínas animales. El régimen alimenticio de 2050 supone de este modo el consumo de la mitad de carne que hoy y menos leche, a cambio de un aumento de las frutas, verduras y cereales.

Este nuevo equilibrio también tiene un efecto beneficioso desde el punto de vista de la energía y las superficies disponibles: la ganadería utiliza mucha más superficie y energía que las producciones vegetales, y hemos alcanzado un nivel de consumo de carne que no es sostenible a escala planetaria…

El escenario Afterres 2050 prevé por tanto una reducción a la mitad de la producción ganadera y a un quinto de la ganadería intensiva. Los modos de producción agraria se orientan más al desarrollo de la agricultura ecológica por un lado y de la llamada producción «integrada» por otro, que consiste en aplicar técnicas de cultivo respetuosas con los equilibrios ecológicos (diversidad, rotación prolongada, ausencia de labores profundas, explotación agroforestal, optimización de las simientes y uso de insumos naturales, etc.). Estos dos enfoques se reparten al 50 % las superficies de cultivo y permiten reducir a un cuatro o un quinto las necesidades de insumos químicos, sin merma de los buenos rendimientos y contribuyendo a mejorar la calidad de los suelos.

Como en el caso de la industria, estos equilibrios se inscriben en una perspectiva de «soberanía alimentaria»: Francia puede seguir exportando, sobre todo al espacio europeo en que la superficie cultivable por habitante es en promedio más baja, y continúa importando determinados productos tropicales (té, café, cacao…), pero deja progresivamente de importar de América los piensos destinados a su propia cabaña ganadera.
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Por un estilo de vida austero, eficiente y renovable

Al igual que esta perspectiva de comer mejor y más sano, la austeridad no implica el sacrificio del placer, sino todo lo contrario. La Francia del escenario négaWatt no vive en la privación. La población habita más que hoy en pequeñas colectividades, pero sin que se reduzca notablemente el tamaño de sus viviendas. Gasta mucho menos en calefacción, pero goza de un mayor confort térmico, tanto en invierno como en verano. Los equipamientos eléctricos de los hogares son más eficientes y el uso que se hace de ellos es más racional, consumiendo en promedio dos veces menos electricidad específica.

Las modalidades de consumo y de producción evolucionan y con ellas lo hacen las actividades de servicios, industriales y agrícolas. Al final, los franceses no consumen menos, pero sí mucho mejor. Estos cambios vienen acompañados de un mejor reparto de las actividades en el territorio, lo que a su vez permite reducir las distancias recorridas. Gracias a unas infraestructuras de transporte más diversificadas y adaptadas, estos desplazamientos se llevan a cabo en condiciones óptimas.

Una vez completados estos cambios ambiciosos, pero a fin de cuentas realistas en el plazo de una o dos generaciones (teniendo en cuenta lo que nos separa de nuestros abuelos), el potencial de ahorro de energía resultante es notable: en calefacción alcanza el 54 %, en movilidad el 59 % y en electricidad específica “tan solo” el 40 %, ya que su porcentaje aumenta en los usos (y un poco más que la electricidad en general, incluido la de calefacción y transporte).
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El despegue de las energías renovables

Para satisfacer la demanda residual de energía que queda tras las medidas de austeridad y eficiencia, el escenario prevé una oferta basada prioritariamente en el desarrollo de energías renovables antes de plantear el ritmo de reducción del consumo de energías fósiles y de fisión en función de la necesaria adaptación a las necesidades. Este proceso pretende ser realista y se apoya especialmente en una estimación prudente de los potenciales y del enriquecimiento de la experiencia industrial derivada de los programas ejecutados en Francia y sobre todo de los logros observados en el extranjero.
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El escenario négaWatt también se articula en este terreno con las proyecciones de Afterres2050, donde la evolución de la agricultura libera espacios para la producción de biomasa energética y materiales de origen biológico, que al sustituir a los materiales clásicos procedentes de fuentes no renovables, contribuyen al ahorro de energía en otros sectores distintos de la agricultura. La primera fuente de biomasa es la leña energética. Si la superficie forestal permanece más o menos estable, la mejora de su explotación, acompañada del desarrollo de la agrisilvicultura y de una recuperación más sistemática de los diversos desechos de madera, permite multiplicar por 2,5 su aportación para alcanzar los 296 TWh /1 en 2050.

El escenario hace uso de los recursos agrícolas en varios niveles. Uno de ellos es la generalización de la metanización de los excrementos del ganado, así como de una parte de los residuos sólidos de cultivo. La hierba de las praderas constituye asimismo un excelente recurso para la metanización y la disminución de la ganadería libera alrededor de 1,5 millones de hectáreas que pueden dedicarse a este fin, con lo que la producción de biogás asciende a 153 TWh en 2050 frente a los 4 TWh actuales.

Los biocombustibles comportan globalmente, incluso teniendo en cuenta los posibles progresos, un rendimiento e impacto menos favorables que esta producción de biogás, a la que se da preferencia por esta razón, especialmente en forma de VGN para el transporte. Por tanto, la producción de biomasa líquida solo aumenta de 22 TWh a 44 TWh. En total, la triplicación del uso de la biomasa en todas sus formas en el horizonte de 2050 permite cubrir, con 519 TWh, más del 45 % de las necesidades de energía primaria.
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Así, lo prioritario es de entrada recuperar el retraso que tiene Francia en el ámbito de la energía eólica terrestre, multiplicando por 3,5 la potencia instalada de aquí a 2020 y después por 2 antes de 2050, con un total de 17.500 molinos instalados. El desarrollo de la energía eólica marítima, primero con molinos fijados sobre fundamentos de escasa profundidad y más tarde sobre plataformas ancladas a fin de acceder a las zonas de más viento, llevará más tiempo pero representa al final, con tan solo 4.300 molinos de gran potencia, casi la mitad de los 195 TWh generados en 2050.

El despegue de la energía fotovoltaica es rápido en un primer momento para alcanzar en algunos años un volumen significativo de instalaciones anuales. Después aumenta progresivamente en una lógica de “velocidad de crucero”, alcanzando al final una producción anual de unos 90 TWh. Esta capacidad está repartida entre una gran mayoría de edificios y en huertas solares instaladas en terrenos adecuados sin competir con otros usos: suelos contaminados y artificializados, colindantes con infraestructuras de transporte, etc. Si partimos de un reparto de dos tercios/un tercio, esto equivale a instalar sistemas fotovoltaicos en menos del 5 % de la superficie total de las cubiertas de edificios en Francia y huertas solares en un área de 30 km por 30 km, de la que tan solo el 30 % de la superficie estará cubierta por los paneles.

Finalmente, se pueden movilizar otras fuentes renovables. La energía geotérmica, que experimenta un fuerte aumento hasta alcanzar 66 TWh en 2050 frente a los 6 TWh actuales, y la incineración de residuos, cuya aportación, por el contrario, se reduce de 13 a 6 TWh por motivos de rendimiento y de impacto, contribuyen a la generación de calor, de electricidad o de ambos combinados. La energía solar térmica, casi inexistente actualmente en Francia, también experimenta un gran aumento. Con más de 120 millones de m2 de colectores solares en las cubiertas de los edificios de vivienda, comerciales e industriales, acaba suministrando 43 TWh de calor primario.

Al final, un desarrollo realista de las energías renovables comporta, en 2050, un recurso disponible en el territorio de más de 990 TWh para un total de 1.100 TWh de demanda de energía primaria. De este modo, la sociedad francesa del escenario négaWatt, con un 90 % de energías renovables, ha conseguido culminar ese año su transición energética.
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Uso marginal de energías fósiles

La diferencia entre la producción de energías renovables y las necesidades totales, que supone alrededor del 10 % de estas últimas en 2050, representa la parte residual de energías fósiles que todavía serán necesarias.
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Con 19 TWh de carbón, 33 TWh de gas natural y 42 TWh de petróleo, el consumo de energías fósiles es más de 15 veces menor en 2050 que en 2010, pero sus usos son de naturaleza diferente. El consumo de petróleo subsiste fundamentalmente en los transportes, donde todavía contribuye a aproximadamente la mitad del abastecimiento de un parque residual de vehículos de gasolina. El de carbón, que es más reducido, está fundamentalmente asociado a la generación de calor para determinados procesos industriales y al uso como materia prima en la siderurgia. Finalmente, el de gas se destina básicamente a la cogeneración, en particular industrial, y en una proporción marginal de unos pocos TWh a un ajuste flexible de la generación de electricidad.
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Abandono progresivo y razonado de la energía nuclear

La supresión progresiva de la producción de electricidad en reactores atómicos a medida que aumenta la potencia de las energías renovables permite plantear para dentro de un futuro previsible un abandono completo de la energía nuclear, que en 2010 todavía representa el 75 % de la producción eléctrica francesa. El escenario négaWatt aplica en esta perspectiva una lógica muy pragmática: se trata, tan pronto lo permita el desarrollo de las energías alternativas –gracias a una combinación de austeridad, eficiencia y uso de renovables–, de cerrar los reactores sin sustituirlos por otros nuevos, siguiendo un ritmo que tiene en cuenta tanto criterios de seguridad como la evolución de las necesidades energéticas.
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Combinando esta necesidad con el envejecimiento de los reactores nucleares, que determina el nivel de seguridad del parque, se puede fijar el ritmo de cierre de los reactores. En su caso, las energías fósiles, especialmente el gas natural, permiten asegurar la oferta complementaria con carácter transitorio a la espera de que estén disponibles las «alternativas négaWatt».

El envejecimiento del parque es un problema delicado. Cierto número de reactores ya han alcanzado o incluso superado un periodo de explotación de 30 años, considerado un horizonte máximo razonable cuando fueron diseñados. La industria nuclear quiere fijar ahora un objetivo de 40 años, para el cual no existe ningún tipo de experiencia. En el marco de la reevaluación de la seguridad a raíz del accidente de Fukushima, este límite constituye en todo caso un máximo absoluto: en efecto, ningún refuerzo de los dispositivos de seguridad permitirá adaptar el diseño original a este nuevo periodo de uso ni compensar el desgaste de componentes que es imposible reemplazar.
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De este modo, el último reactor del parque se cierra en 2033, lo que supone el abandono de la producción nuclear en un plazo de 22 años. Este ritmo ajustado, sin ser voluntarista, se deriva de una combinación óptima de las diferentes necesidades. Por un lado se trata de cerrar los reactores a un ritmo suficiente para respetar los criterios de seguridad: cada reactor deberá clausurarse entre el trigésimo y el cuadragésimo año de funcionamiento. Por otro lado, hay que actuar de manera que la producción nuclear se ajuste al máximo posible en función de la necesidad de completar la producción de las energías renovables, a fin de minimizar el uso de gas fósil para asegurar la transición y evitar un pico descontrolado del uso de este último.
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La coordinación de las redes, piedra angular del 100 % négaWatt

Aunque las críticas vertidas contra las energías renovables fluctuantes (y no “intermitentes”) son a menudo muy exageradas, uno de los principales problemas que aparecerá en un momento dado en la red eléctrica (y exclusivamente en ella) en un sistema 100 % négaWatt será el de asegurar de modo permanente el equilibrio entre oferta y demanda con una parte importante de unas fuentes cuyo nivel de producción no se controla.

La solución está evidentemente en la creación de medios de almacenamiento en distintas escalas cuantitativas y de potencia y en diferentes puntos de la red. Las «estaciones de transferencia de energía por bombeo-turbinado» (STEP) ya aseguran esta función en la red actual y es posible incrementar su capacidad, aunque probablemente no de manera importante.

Generalmente se piensa en diferentes tipos de baterías de acumuladores (ion de litio, vanadio, sodio-azufre, etc.) y también se habla de utilizar los vehículos eléctricos como “baterías sobre ruedas” o incluso de producir hidrógeno mediante hidrólisis de agua para alimentar las pilas de combustible. Sin embargo, ninguna de estas soluciones “monotecnología” es capaz, por una razón u otra, de garantizar una solución satisfactoria.

Una vía de solución muy prometedora y que se halla actualmente en pleno desarrollo en Alemania consiste en la “metanización”, es decir, la producción de metano sintético mediante reacción simple del hidrógeno obtenido por electrólisis y de gas carbónico de combustión, que luego se inyecta en la red del mismo modo que el biogás, sustituyendo al gas natural fósil.

“Transformando” de este modo la electricidad no almacenable en moléculas que sí se pueden almacenar, es posible resolver varios problemas al mismo tiempo y aprovechar muy bien la enorme flexibilidad que brinda, tanto en la producción como en el uso, el vector gas.
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Un escenario compatible con los objetivos para 2050

Concluido este análisis del escenario négaWatt, queda contestar a una cuestión importante: ¿es compatible este escenario con las urgencias que imponen los problemas energéticos y climáticos mundiales?

Los riesgos nucleares para Francia –y para los países vecinos– se reducen gracias a una pronta parada de los reactores de mayor riesgo y posteriormente a la supresión controlada y coherente de toda la producción de electricidad nuclear en 2033. El número acumulado de horas de funcionamiento de los reactores hasta 2050 (y por tanto de la producción de residuos nucleares) se divide por 3,2.

El escenario se anticipa al final del petróleo fácil (peak-oil) gracias a la limitación de su uso a la industria petroquímica y a las materias primas industriales, así como a algunos usos muy específicos (industria, aviación). El gas natural importado se sustituye progresivamente por biogás y metano sintético producido mediante electricidad de fuentes renovables.

En comparación con 2010, las emisiones de CO2 de origen energético se reducen a la mitad en 2030 y a una 16ª parte en 2050.

Finalmente, las emisiones de CO2 acumuladas entre 2011 y 2050 suman 7.000 millones de toneladas: este valor está en consonancia con la proporción de emisiones que corresponde al peso demográfico de Francia en una lógica de equidad mundial, para poder tener la esperanza de limitar un aumento de la temperatura media del planeta a 2 ºC para 2100.
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Hacer posible lo deseable

Considerar la transición energética como “un fardo más” sería un error; abordarla con timidez sin comprender las formidables oportunidades que nos brinda sería omitir lo esencial. Nos permite deshacer el nudo de las restricciones, deshabituarnos de la droga dura de la energía fácil, hacernos progresar juntos hacia la autonomía energética que nos permitirá afrontar con más serenidad y más resiliencia las graves crisis energéticas que se avecinan.
[…]
La transición energética propuesta por el escenario négaWatt tampoco es un salto en el vacío, sino todo lo contrario: una vía que no lamentaremos y que es la menos arriesgada.
[…]

17/10/2011

Traducción: VIENTO SUR

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/1.-TWh: TeraWatt.hora, unidad de energía equivalente a mil millones de KiloWatt.hora (kW.h)





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