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Francia
¡Todos somos judíos musulmanes laicos!
03/04/2012 | Philippe Corcuff

Unos meses antes de suicidarse en 1940 huyendo del nazismo, el hereje judío marxista Walter Benjamin, en su texto sobre el concepto de historia, hacía un llamamiento a sus contemporáneos "en este momento del peligro". Al borde del abismo, hacerlo parecía decisivo para evitar la inminente barbarie fascista.

No vivimos un momento tan trágico. Europa desprende olores nauseabundos: cuatro personas, de ellas tres niños, murieron asesinadas a tiros cerca de una escuela y, también murieron, tres soldados (puede que dos de ellos por ser musulmanes "traidores"), en la lógica mortífera del Islam radical. ¡El horror está ahí! Y lo abyecto, si bien menos visible y sangriento pero, a través de una latente xenofobia, más profundo y cotidiano, se ha instalado en el corazón de la famosa "patria de los derechos humanos".

Ahora bien, ante estas terribles situaciones, la emoción no puede excluir la razón crítica, la crítica razonada que investiga, con la precisión del bisturí, en las partes infectadas por las ilusorias purezas identitarias. La gravedad de los acontecimientos de Toulouse, invita a reflexionar sobre patologías comunes pero, a la vez, aterradoras.

Cuando desde las instituciones del Estado y por razones electorales, se utiliza el estigma xenófobo ("sin papeles", "musulmanes", "las mujeres con velo", "gitanos" ...) asociado a la demagogia sobre la seguridad, se escupe cínicamente sobre frágil honra de la política. Cuando se es complacientes ante las posiciones de la extrema derecha, como lo muestra el debate político actual (véase el reciente caso de la carne halal), se activan bombas de efecto retardado.

En lo inmediato, lo inquietante es ver cómo se va imponiendo en el lenguaje cotidiano de la campaña esta "evidencia": ¡no hay un mitin (de Marine Le Pen, Nicolas Sarkozy, François Bayrou, François Hollande, o Jean-Luc Melenchon) en el que no se exhiba la bandera francesa y se cante la Marsellesa! En los años 70 la única bandera en los mítines de la Unión de Izquierdas era la bandera roja y el único himno, la Internacional. En esta campaña, la mayoría de los candidatos hace migas sobre el lema "producir francés". "Francia" y "los franceses" constituyen los elementos más utilizados en los discursos políticos mientras que antes, la izquierda se dirigía a los "obreros y obreras" y a las y los "trabajadores". ¡Incluso los chinos y los alemanes se han convertido en chivos expiatorios en el discurso por la des-globalización!

Esta recurrencia a "Francia" y a "los franceses" ¿no nos lleva a aceptar cualquier "bloque": sea el del pasado esclavista del país, el de la Colaboración [con los nazis], el de las ignominias antisemitas, el de los crímenes coloniales….? Para tener una visión más completa de la realidad, deberíamos hacer estallar los monolitos "Francia" y "extranjeros". Sin embargo, la gran mayoría de los políticos profesionales, de derecha e izquierda, prefieren invocar la "unidad nacional" contra la "división" frente a un nuevo enemigo interno: las "comunidades" y el nuevo "comunitarismo", sobredimensionado y deformado. Definirse como "universal", blanco, masculino, católico y heterosexual -sinónimo de "cultura francesa"- es una manera fácil de enfrentarse a cualquier demanda de igualdad de derechos ante las discriminaciones existentes. Esta tendencia de los "republicanos" va en dirección opuesta a la invención de la República de la diversidad o, como decía Hannah Arendt, a la construcción del indispensable espacio político común, que no se puede realizar mediante una lógica "uniformizadora que destruya la ’pluralidad humana".

Lo mismo ocurre con el bello ideal de la laicidad - definida como la separación entre iglesia y las autoridades políticas y la garantía pública de las creencias y no creencias- que cada vez se encuentra más adulterada por el uso que hacen de ella dudosos "laicos". Recientemente acaparada por la derecha y la extrema derecha, la laicidad se convierte a menudo, Incluso en la izquierda, en un arma islamófoba; algunos la confunden con la estigmatización de prácticas religiosas, de determinadas prácticas religiosas, ya que son pocos los que sugieren criticar a los "cristianos de izquierda"...

En fin, los ensayistas y asesores de comunicación que buscan el "voto popular" han construido una masa sólida entre lo "nacional" compacto y lo "popular" homogéneo. Como todo esencialismo, esta deformación se hace a costa de eliminar de la escena la diversidad real. Se barre la tradición del internacionalismo obrero y, de paso, la riqueza internacional de las clases populares atravesada por varias olas de inmigración, y así, de forma maniquea, se ponen frente a frente un mundo promotor de desregulaciones empobrecedoras y la nación proveedora de la protección social.

"En este momento de peligro", ¿nos dejaremos arrastrar por el engranaje chovinista y la amalgama racista de la seguridad porque el presunto asesino de Toulouse se reclama de la identidad asesina de Al-Qaeda, o tomaremos el tiempo necesario para ver el precipicio que se acerca?

Frente a las identidades uniformes y cerradas aún emergen los contornos de una alternativa: la República de la diversidad y del mestizaje, de la laicidad intercultural y el cosmopolitismo popular abierto en el horizonte de una democracia global. Es a partir de estas referencias como se puede hacer frente a las bárbaras amenazas que nos acechan y preservar las posibilidades de la emancipación futura..

En este momento peligroso, ¡todos somos judíos musulmanes laicos!

26/03/2012

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article24701

Philippe Corcuff, es profesor de Ciencias Políticas en Lyon.

Traducción: VIENTO SUR




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