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Francia
No hay que dejar la bandera de la oposición a Marine Le Pen
09/05/2012 | François Sabado y Christine Poupin

Sarkozy ha sido derrotado. Este resultado nos alivia y nos alegra. Debemos analizar la correlación de fuerzas que traduce y la situación que se abre.

Como en el resto de Europa, “los gobernantes salientes han sido expulsados”. La socialdemocracia –griega, española y portuguesa- ha sido barrida. Aquí, (en Francia) la derecha autoritaria ha sido echada. La crisis desestabiliza a toda la representación política. La puesta en marcha de políticas de austeridad brutales arruina la adhesión y la confianza de la población hacia los partidos en el poder, sean de derechas, como la UMP en Francia, o de izquierdas, como los partidos socialdemócratas en España, Portugal o Grecia.

Con ocasión de estas elecciones, la izquierda ha conocido una ligera progresión, pero la correlación de fuerzas derecha-izquierda de la primera vuelta de las presidenciales sigue siendo ampliamente favorable a la derecha (56% contra 44%). La victoria de Hollande es debida al fracaso de Sarkozy más que a su dinámica propia. Más aún, el Frente Nacional de Marine Le Pen ha conocido una subida sin precedentes. La vida política está ya sobredeterminada por el peso de la extrema derecha. La UMP corre el riesgo de implosión, desgarrada entre un sector, polarizado por el partido lepenista, y otros sectores de la derecha tradicional que rechazan la deriva populista o fascista. A diferencia de las elecciones de 1981 o 1988, este presidente de izquierdas ha sido elegido sin subida masiva de los votos de izquierda. Llega al poder aprovechando la división de las derechas. División reforzada por el llamamiento de François Bayrou a votar Hollande. Al día siguiente de las elecciones, es la crisis mundial y específicamente europea la que va a dominar la situación económica, social y política. Las agencias de calificación han dado el tono: habrá que reducir aún más los presupuestos sociales, desmantelar los servicios públicos. La Unión Europea exige la “regla de oro”, integrando la prohibición de todo déficit público en la Constitución. Conocemos ya los resultados de esta política: Europa se hunde en la recesión, con más paro, menos poder de compra, cada vez menos servicios públicos.

A la contrario que todas estas políticas, proponemos poner en el corazón del debate público un plan de medidas de urgencia anticrisis. Este escudo social para las clases populares incluirá un aumento de salario para todos de 300 euros neto, un salario mínimo de 1.700 euros, la creación de centenares de miles de empleos públicos, la prohibición de los despidos, la reducción del tiempo de trabajo semanal a 32 horas para combatir el paro. François Hollande ha denunciado durante su campaña a un enemigo sin rostro: las finanzas. ¿Cómo resistirá la presión de los mercados financieros sin atacar a los bancos y a los banqueros? ¿Cómo reducir la presión de la deuda y de la especulación dejando funcionar al sector bancario según las reglas neoliberales? Sin expropiación de los bancos y sin su nacionalización bajo control social, ningún gobierno dispondrá de los medios necesarios para financiar una política que responda a las necesidades sociales. Para dar la prioridad a los servicios públicos hay que atacar a la deuda: organizar una auditoría pública para la anulación de la deuda ilegítima y de sus intereses. Una nueva política fiscal, que suprima los regalos a las grandes fortunas y ponga impuestos a las más ricas y los beneficios capitalistas, estará en al centro de nuestras propuestas. Pero la profundidad de la crisis, su carácter global, exige no solo resistir a la austeridad, sino reorientar la economía según necesidades sociales y ecológicas, salir de lo nuclear, reorganizar los sectores de la energía y de los transportes, el hábitat, en amplios sectores públicos que escapen a la lógica de la ganancia capitalista.

Lejos de tomar decisiones radicales contra la crisis, Hollande se inscribe en las grandes orientaciones de la Unión Europea, queriendo “dar sentido al rigor”, es decir retomando una política de austeridad. “Hollandreu”, es una fórmula que ilustra bien los riesgos de una evolución de la situación a la griega. Y el apoyo a François Hollande de Bayrou, feroz partidario de la “regla de oro”, para desplegar una política de unión nacional no es de buen augurio. Frente a los dictados de la Unión Europea, se impone una primera tarea: rechazar el nuevo pacto europeo y, para ello, convocar un referéndum en el que, de nuevo, el pueblo soberano diga “no” a esta Europa neoliberal.

¿Austeridad de derechas o austeridad de izquierdas? Nuestros dirigentes no contemplan otra alternativa. Y es tanto más inquietante en la medida en que el Frente Nacional está al acecho. Marine Le Pen lo ha anunciado ya: quiere ser la oposición de derechas. ¿Qué está en juego para su partido? Crear las condiciones en 2017, o incluso antes, para una confrontación derecha-extrema derecha frente a la izquierda, en la que el partido lepenista ganaría la apuesta. En efecto, nada dice que un gobierno Hollande aguante frente a una aceleración de la crisis. Es en este marco en el que empieza una carrera de velocidad que acentuará la polarización entre el Frente Nacional y la izquierda radical y anticapitalista. Carrera de velocidad resumida por la situación abierta por el resultado de las elecciones en Grecia con, por un lado, los buenos resultados de la izquierda radical, de Syriza en particular, y del otro, la mala noticia, la entrada de los nazis en el parlamento... No podemos dejar la bandera de la oposición a Marine Le Pen. Proponemos emprender la construcción de un amplio movimiento unitario de la izquierda social y política contra el Frente Nacional.

Hemos planteado durante la campaña la perspectiva de una oposición de izquierda unitaria a un gobierno que aplicaría una política de austeridad de izquierdas. No por impaciencia sino por análisis de la política social liberal en Francia y en Europa, y necesidad de defender los intereses de la mayoría de la población.

Proponemos que se reagrupen en las empresas, los barrios, los trabajadores, los jóvenes y sus organizaciones para exigir “¡el cambio, ahora!”, crear las condiciones de una movilización para arrancar aumentos salariales, bloquear los despidos, obtener contratos fijos para los precarios en el sector público, imponer la jubilación a los 60 años. No hay duda de que comprometerse en la satisfacción de estas reivindicaciones conducirá a la confrontación con los mercados financieros y los grandes grupos bancarios.

Estas primeras propuestas se oponen a toda política de austeridad y al rigor “con salsa Hollandesa”. He ahí porqué es imposible defender a la vez estas medidas de urgencia y apoyar de cerca o de lejos a un gobierno Hollande. Los dirigentes del Frente de Izquierdas decidirán su participación en el gobierno tras las elecciones legislativas. En esta etapa, parece que descartan una participación directa y contemplan un “apoyo sin participación”, vieja fórmula del pasado ya utilizada por el PCF. En las próximas elecciones legislativas, habrá que derrotar una vez más a la derecha y la extrema derecha, pero la única política clara es rechazar toda austeridad ya sea de derechas o de izquierdas. Será precisa una oposición de izquierdas al gobierno. El NPA está dispuesto a ello. ¿Y los dirigentes del Frente de Izquierdas? Estamos en una encrucijada.

La crisis del sistema es global, económica por supuesto, pero también ecológica y política. Marca también un vuelco del mundo. En estas condiciones, la herramienta política que hay que construir no puede esquivar ni la cuestión del productivismo, ni la cuestión del internacionalismo, ni la de la democracia real y la autoorganización.

Para afrontar la crisis, los llamamientos a “la república”, las denuncias de “las finanzas”, las combinaciones institucionales con el social liberalismo no son suficientes. En una coyuntura electoral marcada por derrotas sociales, el discurso del Frente de Izquierda ha podido convencer a millones de electores. Sin embargo, pensamos que ni la dirección del PCF ni la retórica de Mélenchon estarán a la altura de los desafíos de la crisis. Los proyectos reformistas, incluso de izquierdas, pueden en un primer momento reagrupar las primeras resistencias a la crisis. Se trata ahora de preparar la confrontación con los capitalistas y rechazar la austeridad de izquierdas del gobierno. El objetivo, no lo ocultamos: preparar un nuevo mayo 68 o un nuevo junio 1936 que imponga una transformación radical de la sociedad. Estamos dispuestos a marchar juntos con el Frente de Izquierdas y todos los que se opongan a las políticas de austeridad, a discutir sobre las modalidades de un bloque antiausteridad, anti Frente Nacional, de un bloque que sea la oposición de izquierdas al gobierno de Hollande. Pero los choques sociales y políticos que tenemos por delante exigen, más que nunca, la independencia de los anticapitalistas. Frente a las incertidumbres de la política del Frente de Izquierdas y a su orientación de “un pie dentro, un pie fuera” hacia la nueva mayoría, proponemos que se federen sobre bases 100% independientes del PS todas las fuerzas y corrientes anticapitalistas, las fuerzas que han asegurado la continuidad y el hilo histórico de la corriente revolucionaria, los libertarios, los ecologistas radicales, los y las militantes del movimiento social y sindical…

Esto supone construir una herramienta verdaderamente independiente. Es el meollo de un doble desafío para el NPA: el relanzamiento del reagrupamiento de los anticapitalistas y una política unitaria anticrisis, en particular con el Frente de Izquierdas pero, bastante más allá, con todos y todas los que se oponen a las políticas de austeridad.


8/05/2012

François Sabado es miembro “histórico” de la dirección de la LCR y Christine Poupin es portavoz del NPA.

http://alencontre.org/europe/france/ne-pas-laisser-le-drapeau-de-lopposition-a-marine-le-pen.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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