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Entrevista a Olivier Besancenot (NPA)
“No podemos contentarnos con esperar a hacer de coche escoba en los próximos meses para reunir a todos los que hayan sufrido desilusiones”
10/07/2012 | Sébastien Brulez

[Olivier Besancenot, militante del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA, Francia), ha participado en la Escuela anticapitalista de primavera, organizada por la Formación Léon Lesoil, del 26 al 28 del pasado mayo en Wépion (Bélgica). Sébastien Brulez le ha entrevistado y abordado con él la situación social y la dinámica de las luchas en Francia y en Europa. Con posterioridad a esta entrevista ha tenido lugar la Conferencia del NPA de la que hemos publicado dos crónicas de Josu Egireun. Besancenot forma parte de la plataforma que llegó a la Conferencia con la mayoría de mandatos, 40%]

Sébastien Brulez. ¿Cuál ha sido la dinámica política en Francia entre las elecciones presidenciales y legislativas?

Olivier Besancenot. La situación de las elecciones legislativas en Francia ha sido un paréntesis. Ha sido el servicio post-venta de las presidenciales, por tanto no apasiona mucho. Esta suele ser la ocasión para confirmar o invalidar, pero en general viene a confirmar el resultado de la elección presidencial. La única discusión política que aparece, a grosso modo, es saber si François Hollande tendrá una cohabitación de derecha en su mayoría legislativa [esta entrevista tuvo lugar el 26/05/2012, antes por tanto de la primera vuelta de las legislativas francesas].

Pero esto no es lo que nos preocupa. El problema es que la situación política cambia completamente en el marco de Europa y esto se hace sentir en Francia. Se relaciona con la crisis económica, la crisis financiera, con lo que está pasando en Grecia, etc. Se tiene la impresión de que con estas elecciones legislativas y presidenciales se está llegando al final de un ciclo electoral, y que se anuncio uno nuevo con la crisis de la zona euro y los planes de austeridad. Y que las cartas se repartirán de otra manera.

En líneas generales, asistimos a una dinámica de recomposición, una especie de carrera cínica de velocidad hacia la derecha de la derecha, para saber quién del FN o de la UMP, antigua o nueva versión, tendrá el liderazgo de una derecha racista, xenófoba y populista. Por otra parte está un gobierno de izquierda con sus aliados de Europa Ecología los Verdes y de una parte, o no, del Frente de Izquierda (FDG); esto no se sabrá hasta después de las legislativas, porque la participación en el gobierno o en la mayoría presidencial sigue siendo aún objeto de debate en el seno del FGD.

Nuestro dilema político, desde el estricto punto de vista de la situación francesa, es hacer aparecer una oposición de izquierda a este gobierno. Es decir, no dejar el liderazgo de la oposición a Marine Le Pen. La propuesta que hemos formulado tras la elección presidencial, en el momento de las legislativas, y sobre la que vamos a militar en las próximas semanas y meses, es la construcción de esta oposición unitaria.

Hemos solicitado reuniones con todas las organizaciones de la izquierda radical, tomamos iniciativas dirigidas a las organizaciones del mundo social para intentar dar un poco de sustancia a esta oposición, es decir, darle un contenido y reivindicaciones frente a la austeridad, pasada o futura, a la cuestión de la Europa liberal y la adopción de nuevos pactos europeos de estabilidad presupuestaria, así como frente a la extrema derecha. Son los tres ejes que intentamos hacer aparecer para una oposición que sea capaz de suscitar movilizaciones.

Sébastien Brulez. ¿Qué respuestas habéis recibido?

Olivier Besancenot. Por ahora poco, por no decir nada. Con Lucha Obrera (Lutte Ouvrière) corremos de nuevo el riesgo de un rápido “sin respuesta”, ya veremos. Nos hemos reunido con Alternativa Libertaria, nos vamos a reunir con los Alternativos, nos vamos a reunir con el Frente de Izquierda. En el FDG hay muchas incógnitas, ecuaciones y cuestiones en suspenso con muchos elementos que no dependen de nosotros. El PC (Partido Comunista) no deja de lado por ahora ningún escenario, incluyendo una eventual participación electoral. Mélenchon dice que no irá a un gobierno socialista pero se niega a decir que formará parte de una posible oposición. Habla de una “autonomía conquistadora”.

Para nosotros es una batalla, porque esta situación algo complicada abre de todos modos perspectivas. En primer lugar, estamos ante grandes conflictos sociales, políticos y económicos en toda Europa, incluyendo Francia. Los ataques que habían sido atrasados por la campaña electoral se están llevando a cabo: los primeros planes de despidos ya están a punto de caer. También desde el punto de vista social podemos esperar, sin necesidad de contarse historias, que habrá una radicalización política, a imagen de lo que se puede ver en Grecia, en Alemania en torno a la manifestación de Francfort, en España, etc. Y tenemos que estar preparados para cuando esto ocurra aquí.

Además, a través de la dinámica del Frente de Izquierda, se nos plantea la cuestión de tener una propuesta unitaria que permita a quienes, en esta campaña han concebido o recuperado esperanzas, que han sido muchos, tener un marco unitario para continuar militando en aquello en que se han decantado, despertado o comprometido durante la campaña. No podemos contentarnos con esperar a hacer de coche escoba en los próximos meses para reunir a todos los que hayan sufrido desilusiones. Porque habrá desilusiones, pero de ellas no saldrá nada bueno ni masivo.

Sébastien Brulez. ¿Este reagrupamiento se realizará sobre todo en la calle? ¿Una oposición fuerte a lo que venga de Hollande?

Olivier Besancenot. Nada nos va a dar el gobierno Hollande, a no ser golpes bajos. Pero esto no ocurrirá inmediatamente, es una cuestión de tempo político. Todo lo que ganemos, habrá que arrancarlo. El problema político es establecer la dinámica de una relación de fuerzas para pasar de las huelgas defensivas a huelgas más ofensivas que nos permitan arrancar nuevos derechos para, tras una serie de victorias parciales, volver a tener confianza en nosotros mismos,. Porque el problema que tenemos en Francia no es sólo que los planes de austeridad estuvieran bloqueados por la campaña electoral, sino que además han tenido mucho tiempo para digerir y asimilar la derrota en la movilización de las jubilaciones, que fue masiva pero derrotada.

Hacemos ahora una propuesta unitaria de oposición social y política, que no será más que un frente de resistencia, que no será más que un frente de lucha, en el que también habrá una dimensión política. Cuando el No de izquierda en Francia al tratado constitucional europeo en 2005, o en la movilización misma sobre las jubilaciones o el llamamiento de colectivos como ATTAC o Copernic, se construyeron comités de base con tribunas y estrados comunes donde se trataron las cuestiones políticas. Para nosotros es una política unitaria, de frente único, aunque con una dimensión política, éste es el reto.

Sébastien Brulez. ¿Será más difícil movilizarse contra la socialdemocracia que contra la derecha?

Olivier Besancenot. No hay teoría, no hay nada mecánico, en ningún país, en ninguna situación. Dependerá de las circunstancias. La realidad en Francia es que puede abrirse una situación inédita, un gobierno de izquierda con movilizaciones sociales. Para las burocracias sindicales será más complicado refrenar movilizaciones que pueden escapar a sus propios cauces, movimientos del tipo “indignados”. Cuando digo “indignados” me refiero a todo lo que ello puede implicar.

La cuestión que se nos plantea es estar disponibles socialmente, políticamente, para tener la inteligencia de comprender que el objetivo del juego es ofrecer una salida política a esas radicalizaciones. Y una salida política no quiere decir forzosamente un relevo institucional. Ya sé que cada país tiene sus debates, sus discusiones y la realidad de sus propios movimientos obreros. Pero nosotros militamos activamente para que en esta situación internacional no se produzca esta división que consiste en que lo social se ocupa de la calle y que la política es una cosa seria que se ocupa de las instituciones. Pensamos que en lo social hay política, en el buen sentido de la palabra, y que partidos políticos de la izquierda anticapitalista son tan legítimos como otros para actuar en el terreno social.

Sébastien Brulez. En lo que se refiere al NPA, la dirección de la corriente “Izquierda Anticapitalista” se ha pronunciado a favor del Frente de Izquierda en la primera vuelta de las presidenciales. ¿Cuál es la situación interna?

Olivier Besancenot. Hay una serie de discusiones internas que nos van a llavar hasta el congreso, a final de año, para intentar rehacer –es lo que espero– la síntesis de una orientación que sea a la vez unitaria y radical. Que no sea más unitaria, que no sea más radical, sino que haga la síntesis de las dos.

Hacer esta síntesis ha sido complicado en los dos últimos años, porque la situación social y política en Francia no se prestaba a ello. Estaba el reflujo de las luchas sociales, la aparición del Frente de Izquierda. Y las “soluciones”, entre comillas, más simplistas son las que en estos casos tienen el viento en popa. Las que consisten en decir: “nos protegemos y reafirmamos las posiciones de partido cerrando las escotillas”, por un lado; y por otro, las que consisten en decir: “entremos al Frente de Izquierda”, distrayéndose del objetivo y renunciando de hecho a construir una organización anticapitalista independiente.

En las nuevas coordenadas de la situación política y económica europea –y Francia comienza a virar al mismo ritmo– tenemos la posibilidad de dar más credibilidad a esta orientación. En todo caso, es lo que creo, porque habrá más grano que moler a nivel social, porque también se van a producir algunas clarificaciones políticas. Aunque sólo sea porque el PS estará en el poder y al hacer política irá a ver a todos estos socios a decirles: ¿formáis parte o no de la mayoría presidencial? Y no estar en la mayoría presidencial tienen un coste a los ojos del Partido Socialista, que lo hará pagar caro, no sólo en esas elecciones sino en las siguientes, incluso en las municipales. Esto hará reflexionar a las direcciones políticas. Por tanto hay que mantener el rumbo de una orientación unitaria y radical, y al mismo tiempo internacionalista. Porque lo que se juega es a escala europea, en todas partes hay un ascenso de la extrema derecha, y nos enfrentamos ahora a esta carrera de velocidad. Desgraciadamente, en el planteamiento de la izquierda radical y del movimiento obrero en Francia, se constata un repliegue soberanista, nacionalista, chovinista, que se afirma cada vez más y afecta también a la izquierda radical.

Sébastien Brulez. Todas las miradas se dirigen ahora a Grecia y el ascenso de Syriza. ¿Cómo se analiza esto en el NPA?

Olivier Besancenot. No sólo en el NPA: todos los ojos en Francia están vueltos hacia lo que ocurre en Grecia, porque se refiere a la construcción europea y al papel que Francia y Alemania están jugando en ella. Los bancos franceses están directamente implicados en la crisis de las deudas soberanas en Grecia, hay por tanto un impacto inmediato. La clase política, prácticamente al unísono, explican a groso modo que Grecia es la responsable de todos los males. Hay una responsabilidad de solidaridad inmediata. Lo que ocurre en Grecia es un concentrado de todo lo que afecta a la crisis del capitalismo que comenzó con la crisis de las “subprimes” en 2008. Se está a la espera de la segunda fase de la crisis económica, la del coste social y político. Con un efecto algo diferido, pero de lleno.

Creo que se está abriendo un proceso político en Grecia con el ascenso de Syriza y de la izquierda radical, aunque en particular con el ascenso de Syriza, que se va a enfrentar también a decisiones políticas. Tras las legislativas, en las que Syriza probablemente va a obtener un gran resultado, se va a tener que avanzar entre la opción institucional, de un lado, y la opción de la relación de fuerzas, por otro, y no va a poder eludirlo. Las autoridades europeas, pese a todo, probablemente vayan a jugar la carta de Syriza como un interlocutor para la salida de la crisis, y por tanto Syriza estará obligada a escoger. O esto, o la relación de fuerzas sociales y jugar la carta de otra cosa. Pero esto sólo depende de las decisiones de la dirección de Syriza o de Synapsismos, lo que quiere decir que se abre una nueva situación, con muchas incógnitas, pero con grandes conflictos en perspectiva. Y una de las claves de que algo constructivo y positivo pueda salir de Grecia, es la solidaridad que se puede organizar fuera de Grecia. Esta será nuestra responsabilidad común, la vuestra aquí, la nuestra allá, para hacer que el movimiento de solidaridad con Grecia, por ejemplo por la anulación de la deuda griega, se convierta en una realidad impuesta por los movimientos sociales europeos.

Sébastien Brulez. ¿Cómo se puede expresar en concreto esta solidaridad?

Olivier Besancenot. Esta solidaridad puede organizarse de dos maneras. Ante todo por una auténtica campaña europea unitaria para exigir una auditoría sobre la deuda y la anulación de la deuda ilegítima, lo que tiene un dimensión inmediata para Grecia. En segundo lugar, con una presión sobre nuestros respectivos gobiernos, y ésta es una responsabilidad particular que tenemos en Francia, para que no se permita a los bancos franceses seguir cebándose a costa de los déficits públicos griegos. Y en tercer lugar, trabajar, actuar, con toda la izquierda social y política europea, en la coordinación de las luchas. Ya que nunca ha habido tantas luchas en tan poco tiempo en tantos países a la vez, pero sin coordinar. Es por tanto una responsabilidad de los militantes trabajar en esa convergencia, para que haya movimientos sociales europeos, movilizaciones sociales europeas. Pienso que el medio más lógico será insertarse en el calendario de luchas y movilizaciones del propio pueblo griego.

Sébastien Brulez. Has hablado de los indignados, vemos también el movimiento de estudiantes en Quebec, que ha surgido donde no se esperaba. ¿Cómo concretar algo a partir de movilizaciones masivas como éstas?

Olivier Besancenot. El problema no está en concretarlo en un primer momento; hay que estar ahí, estar disponibles, estar en el corazón de esos movimientos para fecundarlos con algo que no tiene por qué see la idea final a la que se podría llegar. Hay que dejar de lado la mayor parte de los esquemas preestablecidos que se puedan tener. En cambio, en estos momentos hay que consolidar instrumentos políticos que establezcan una memoria duradera, más allá de las fluctuaciones sociales y políticas y de las relaciones de fuerzas. Una dirección, una conciencia colectiva que sea una especie de cuartel general permanente de todas esas experiencias. Porque hay momentos de grandes irrupciones sociales y políticas y después momentos de reflujo. Y más que nunca estamos ante movimientos con muchas turbulencias. Para ello se necesita una cierta estabilidad militante. Para nosotros, la idea de construir y mantener la perspectiva de instrumentos anticapitalistas independientes, incluyendo la perspectiva de construir algo que sea europeo, es el mejor medio de mantener dicha memoria. Esta es la primera cuestión.

Y la segunda cosa, sin tener que ser adivinos para ello, es que cuando tenemos tantos elementos a la vez (el movimiento estudiantil en Chile, lo que pasa actualmente en Quebec, las revoluciones árabes, lo que ocurre en Grecia, en España, en Gran Bretaña, los movimientos de huelga general que hemos conocido aunque sean de un día, etc.) se siente como un dato del período. Como es sabido, esto no se puede decretar, no existe un botón mágico. El problema, en cambio, es estar disponibles para evitar dos caminos falsos: el de la organización que sólo tiene miradas para el trabajo institucional. Porque en una situación de caos político, habrá éxitos electorales de diferentes fórmulas de la izquierda radical, en las cuales hay que estar. Hay que estar conectados con eso, pero no tener los ojos fijos únicamente en la óptica institucional. Este sería el primer camino falso. El segundo es ser una organización de profesores rojos, que observa los acontecimientos dando lecciones a partir de sus manuales, explicando lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, pasando al lado de la historia. Estas dos opciones pueden darse, en cada uno de nuestros países. Hay que intentar definir una orientación que pruebe a hacer la síntesis de lo social y lo político, de la unidad y la radicalidad, en coordenadas cambiantes. Y el mejor medio de comprender esos cambios es justamente estar en contacto los unos con los otros, porque es lo que permite comprender la complejidad del período en que nos encontramos.

Traducción: VIENTO SUR







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