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Francia
Hollande tiene que cambiar de política de inmigración
10/11/2012 | Colectivo

[“No habéis sido elegidos para eso”, “La base social, el país real, al que se debería dirigir el gobierno, se siente decepcionado, desorientado y disgustado” recuerdan al gobierno de François Hollande el centenar de personalidades que son los primeros firmantes de un llamamiento a hacer un cambio rápido y profundo en la política de inmigración. Reclaman “reducir los controles de identidad, reconocer el derecho a voto de los extranjeros en las elecciones locales y regularizar a quienes la política de Sarkozy convirtió en sin-papeles” son algunas de las medidas que reclaman para dejar “muy claro que las divisiones artificiales alimentadas deliberadamente por el régimen precedente no tenían razón de ser; que el mestizaje de la población es irreversible y enriquecedor para todo el mundo”. A continuación reproducimos el llamamiento y al final la dirección para acceder al texto original francés y a la relación de firmantes.]

A los electos de la mayoría presidencial y algunos otros

Todavía hay tiempo de cambiar de política por la igualdad de derechos!

Durante los últimos diez años combatimos codo con codo la política devastadora de Sarkozy contra la inmigración. Hemos compartido manifestaciones, concentraciones delante de las prefecturas y de los centros de retención, hemos firmado innumerables peticiones y apadrinado y amadrinado niños, jóvenes y familias, proclamando nuestro rechazo a una política estéril y perjudicial que destruye vidas y nos desacredita ante los pueblos del Sur. Miles de fotos y vídeos cargados de emoción dan testimonio de esos combates comunes.

Aún cuando las tomas de posición del candidato François Hollande sobre la inmigración eran timoratas, el 6 de mayo [primera vuelta en las elecciones presidenciales francesas. Ndt] permitía pensar que asistiríamos a cambio real en este tema. Evidentemente, con medidas a favor de los sin-papeles y del derecho a voto de las personas extranjeras y poniendo fin a los controles de identidad en función del color de la piel. También con gestos que mostraran a todas las personas de este país que en Francia se encuentran en su casa, que forman parte, legítimamente, de este país; que son este país.

La política de exclusión de Sarkozy, más allá de aquellos a quienes estaba explícitamente dirigida (los sin papeles, los gitanos, los jóvenes de los barrios), atenta contra aquellos a los que su nombre, apellidos o el color de su piel y su cara indican que su patrimonio genético no pertenece a la Francia profunda (Berry, Auvernia…) y, por extensión, a quienes viven, trabajan, se divierten cotidianamente con ellos, o les aman y hacen hijos con ellos.

Más allá de los efectos que pudiera tener sobre las personas afectadas, las medidas valientes que se esperaban del nuevo presidente tenían un valor simbólico fuerte. Dar marcha atrás en el tema de los controles de identidad (en los que habían prometido cambios), continuar desmantelando los campos en los que se instalan los gitanos, las falsedades sobre el voto de los extranjeros o el continuo rechazo a una regularización masiva, constituyen una fuga adelante sin ningún sentido. No habéis sido elegidos para eso. Al electorado de derechas, bien manejado por la extrema-derecha, no le va a bastar con esas medidas. La base social, el país real, al que se debería dirigir el gobierno, se siente decepcionado, desorientado y disgustado. Existe un malestar profundo y la cuestión es grave. Sectores enteros de la sociedad francesa se sientes excluidos, marginados, despreciados, bajo sospecha. La precariedad y la exclusión son el caldo de cultivo de la incivilidad y la delincuencia. Cuando la única respuesta es la represión, como lo ha sido durante años… y como parece que continúa siendo ahora, la maquinaria que produce los Mohamed Merah [yihadista de origen argelino que asesinó un adulto y tres niños en Toulouse en marzo de 2012. Ndt] tiene un brillante futuro. La realidad lo demuestra.

Existen respuestas a estos problemas. El presidente Hollande tiene los medios para aplicarlas. Reducir los controles de identidad, reconocer el derecho a voto de los extranjeros en las elecciones locales y regularizar a quienes la política de Sarkozy convirtió en sin-papeles, son medidas que dejarían muy claro que las divisiones artificiales alimentadas deliberadamente por el régimen precedente no tenían razón de ser; que el mestizaje de la población es irreversible y enriquecedor para todo el mundo; que, aquí y ahora, Mohamed y Aminata son nombres tan franceses como François o Valérie o que Manuel o Carla. Que negros, blancos o beurs [jóvenes nacidos en Francia de padres de origen magrebí] son ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho en este país, y que tenemos un porvenir en común.

La sociedad está lista para ello. Las acciones de solidaridad con los estudiantes sin papeles, con los padres sin papeles con hijos escolarizados, con los trabajadores y trabajadoras sin papeles en huelga, han puesto al descubierto la profunda evolución de la gente de este país que se siente mestiza, lo asume e, incluso, lo reivindica. ¡No en vano Yannick Noah, Zinedine Zidane y Omar Sy figuran entre sus ídolos preferidos!

Es cierto que los sondeos muestran un cierto retroceso de la opinión pública sobre estas cuestiones. Antes el voto de los extranjeros era deseado por una amplia mayoría y ya no es así. No es sorprendente: hasta el momento el gobierno no solo no ha emprendido la batalla ideológica que es necesaria, sino que ha hecho concesiones al campo contrario.

El derecho de voto de los extranjeros, la aceptación de los migrantes sin papeles asentados en Francia y el reconocimiento de sus derechos serían gestos clarificadores hacia los que no se sienten plenamente aceptados, en primer lugar hacia los medios populares precarizados y mestizos. Podrían generar un entusiasmo parecido al de ganar la copa del mundo años atrás, o más recientemente, al de la multitud mezclada que recibió, para su sorpresa, al vencedor de Le Pen en la Concorde. Pero todavía mejor.

Llegamos tarde, está claro. Hubiera sido preferible haber planteado esta batalla al inicio del mandato presidencial. Pero eso no es una razón para no emprenderla ahora. ¿Qué se puede ganar adaptándose a las tesis de la derecha moderada, que sigue los pasos de la derecha desacomplejada que, por su parte, adopta los argumentos de la extrema derecha?

Es urgente iniciar la lucha para que la gente excluída se sienta orgullosa de pertenecer a la sociedad y enviar un mensaje de fraternidad a la gente permanentemente estigmatizada por su condición de "inmigrada", sea de primera, de segunda o de enésima generación.

Hasta la fecha, la actividad del gobierno no ha generado mucho entusiasmo. Sin embargo, hay que actuar rápido. Para tener éxito, para echar por tierra los prejuicios, se necesita poner en marcha reformas de forma urgente; a lo mucho, en las primeras semanas o en los próximos meses del mandato del nuevo presidente. Para simbolizar la ruptura con el antiguo régimen y dar visibilidad al cambio profundo que se ha operado en las mentalidades.

Es ahora, en estas próximas semanas, cuando hay que poner en marcha estas reformas, que quedarán para la historia como el legado de François Hollande. Medidas que harán que en el futuro la inmigración no se considere más como un "problema". Esto no arreglará todos los problemas pero, al menos, supondrá un avance real, de verdad. Y quizá también para poner en movimiento el potencial de energía, creatividad y entusiasmo actualmente atenazado por el peso del pasado.

9/11/2012

http://www.lapageaecrire.org/

Traducción: VIENTO SUR





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