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Estados Unidos
La muralla de Tijuana
20/07/2013 | Marco A. Gandásegui (hijo)

La muralla que separa
a los pueblos de México y EE UU es un indicio de la
esquizofrenia que se ha apoderado de la expansión
capitalista y la severa crisis de acumulación de
riqueza que afecta al país del norte. Nunca antes
en la historia humana se construyó una muralla tan
larga y costosa para no detener el flujo de
trabajadores. La muralla china se levantó hace
tres milenios para frenar las invasiones militares
de los “bárbaros”. La muralla de Berlín se
construyó para controlar el "dumping" económico.
La muralla que los israelíes extienden por los
territorios ocupados de Palestina es para destruir
la resistencia del pueblo árabe.

La doble muralla que EE UU construye desde el
Pacífico al Caribe – 3 mil kilómetros- es para
demostrarle a su vecino del sur su enorme poderío.
Sin embargo, es penetrada diariamente por miles de
trabajadores que son acogidos por empresarios
hambrientos de mano de obra barata. Es un juego
doble que todos aceptan a pesar de las muchas
victimas que genera todos los días. Niños, mujeres
y hombres, viejos y jóvenes, se arriesgan para
hacer la travesía. El objetivo es conseguir un
empleo que les permita retornar con ahorros a sus
pueblos de origen.

Es la naturaleza del sistema. La relación
económica entre México y EE UU (igual
Centroamérica) desintegra comunidades agrarias y
familias campesinas a un paso desenfrenado. Los
jóvenes de las áreas rurales tienen tres opciones:
buscar empleo en las ciudades, buscar tierra en
áreas más pobres o migrar al "norte". Las
ciudades, sin embargo, están saturadas de jóvenes
explotados por una red perversa que controla el
crimen organizado. Por otro lado, la "frontera
agrícola" se agotó. Queda la última opción: migrar
al "norte" donde aún hay una fuerte demanda para
cosechadores, empacadores y trabajadores
precarios, en general.

El viaje tiene muchos obstáculos que se inician al
emprender el camino, donde abundan los asaltantes
y "coimeros" tanto oficiales como particulares.
Continúa con el cruce de la muralla que tiene un
alto costo económico y el peligro de ser arrestado
o cazado como animal. La parte más difícil es
conseguir el anhelado empleo que, en sí, es un
infierno como consecuencia de los abusos. La
pregunta que se hacen los observadores es porque
este juego no termina y se elimina la muralla,
para que las “leyes de la demanda y la oferta” de
mano de obra se apliquen en el caso de los
trabajadores mexicanos y los empresarios
norteamericanos. Muchos sospechan que la respuesta
puede radicar en dos posibilidades que se
combinan. En primer lugar, no existen las llamadas
leyes que rigen la demanda y la oferta en los
mercados controlados por los monopolios. Una
segunda explicación puede ser que la política
interna de EE UU necesita este conflicto permanente
en la frontera con México para legitimar la
violencia de Estado.

Hasta aquí algo de historia y mucha teoría. Hace
pocas semanas, visité la muralla mientras
participaba en una conferencia en Tijuana, ciudad
legendaria en el folklore norteamericano y
conocida en América Latina gracias a la industria
fílmica (y recientemente al éxito del equipo local
de fútbol profesional). Me acerqué a la muralla
con bastante prudencia, para percatarme que en
realidad eran dos. La primera es de hierro de 2
metros y medio de altura (construida en 1994). La
otra de alambrado de 3 metros de altura con
censores de calor, cámaras y casetas. Además, con
patrullas y helicópteros observando los
movimientos de las personas. Su construcción se
inició hace pocos años y todavía hay sectores en
que se sigue avanzando.

Salir de México y entrar en EE UU es tedioso y
difícil para el mexicano común y corriente, aunque
tenga sus papeles en orden. Todos van a trabajar a
las fábricas cercanas, pueden ser empleados
domésticos o trabajadores manuales en las
haciendas del otro lado de la frontera. En cambio,
para el norteamericano, cruzar la frontera es una
especie de paseo a la "tierra prohibida". Entran a
México sin documentos, como turistas y hacen lo
que no puede hacer en su propio país: los
adolescentes se emborrachan, las mujeres buscan
prostitutos y todos compran drogas.

La experiencia en Tijuana me recordó la cerca que
separaba a la ciudad de Panamá (y también a Colón)
de la Zona del Canal. La ignominiosa barrera
desapareció en octubre de 1979, después de los
Tratados del Canal Torrijos-Carter. Fue construida
también como producto de la soberbia de EE UU. A
los norteamericanos les molestaba ver a los niños
panameños recoger mangos de sus prados bien
cortados. Tampoco les gustaba ver a los panameños
caminado por sus comunidades. Lo que más les
causaba molestia era ver las caras de los jóvenes
estudiantes que protestaban contra su presencia
indeseada. No entendían porqué los estudiantes
llevaban carteles que decían en perfecto ingles:
"Yankee go home"

La muralla de Tijuana también desaparecerá, al
igual que cayó la de Berlín y se vendrá abajo la
israelí. No serán los gobiernos de EE UU o México
que darán la orden. Sólo podrá acabar con la
muralla el pueblo mexicano. Será mucho más
temprano que tarde si se suma a ese movimiento
liberador el pueblo norteamericano.

Marco A. Gandásegui (hijo) es profesor de
Sociología de la Universidad de Panamá e
investigador asociado del Centro de Estudios
Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA).
http://marcoagandasegui11.blogspot.com

18/7/2013

http://alainet.org/active/65772





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