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Francia
En Trappes, la violencia urbana hace eco al ascenso de la islamofobia
28/07/2013 | Carine Fouteau

El ataque con arma blanca, el pasado 14 de julio, día de la fiesta nacional, en Trappes de una mujer que vestía un velo, cuando volvía a su casa acompañada
de su sobrina ha precedido a la explosión de violencia el pasado fin de semana en esta ciudad pobre de Yvelines (Departamento francés que forma parte del
área metropolitana de París). Los agresores, que habían proferido frases islamofobas, eran dos hombres de una treintena de años, que han sido detenidos,
juzgados en comparecencia inmediata ante el tribunal correccional de Versalles y condenados.

Es en este contexto marcado por la multiplicación de actos contra musulmanes en el que, el 18 de julio, en pleno ramadán, en un barrio-ghetto con fama de
difícil, unos policías procedieron a la verificación de la identidad de una mujer que vestía un velo integral. Esta intervención, que tenía por objetivo
hacer respetar la ley del 11 de abril de 2011 que prohíbe llevar el niqab en el espacio público, ha sido la chispa que ha desencadenado el incendio. La
mujer ha sido sometida a un control, su marido ha sido detenido y se han producido concentraciones de habitantes del barrio que han concluido en
enfrentamientos.

En la noche del viernes al sábado, los enfrentamientos ante la comisaría, virulentos, han recordado escenas de los disturbios del otoño de 2005. Un
adolescente de 14 años ha sido herido en el ojo por un disparo de flashball (se va a abrir una investigación por parte del Defensor del Pueblo), coches y
contenedores de basura han sido incendiados, marquesinas rotas y se han lanzado piedras. Las noches siguientes han sido agitadas, sin alcanzar la
intensidad del primer día.

Juzgados por lanzamiento de proyectiles contra las fuerzas del orden, cinco muchachos de una veintena de años han comparecido, el 22 de julio, ante el
tribunal correccional de Versalles. Tres de ellos han sido condenados a penas que iban de diez meses de prisión firme a seis meses con concesión de la
condicional. Los otros dos han sido puestos en libertad. El fiscal ha indicado que iba a recurrir.

Con un aire de algo ya visto, el encadenamiento de los acontecimientos tal como se ha producido en Merisiers es sintomático de un clima extremadamente
tenso en ciertos barrios. En Argenteuil, en el Val-d´Oise, hace unas semanas, se había desencadenado ya una dinámica del mismo tipo: una mujer con pañuelo
agredida, una interpelación tumultuosa de una mujer que llevaba un niqab en pleno centro de la ciudad, y luego manifestaciones de habitantes descontentos,
en particular de confesión musulmana. Estuvo a punto de acabar mal, pero el enfrentamiento nocturno fue evitado.

Velo como objeto de discordia, recurso dramático a las flashball, relaciones entre fuerzas del orden y ciudadanos en punto muerto, deriva racista en las
filas de los funcionarios de policía, efectos contradictorios de la renovación urbana: más de un año después de la elección de François Hollande, esos
incidentes dan fe de más de treinta años de fracaso de las políticas públicas para los barrios populares y de la dificultad de la izquierda en el poder
para cambiar la situación, a pesar de los compromisos de campaña del candidato socialista hacia un electorado que ha votado por él de forma masiva.

Para afirmar su visión del “orden republicano”, el ministro del interior ha elegido el decorado. Ha acudido la mañana del 22 de julio a la comisaría de
Trappes. Presentándose como bombero que ha venido a apagar el fuego, se ha dedicado más a responder a las acusaciones de la derecha que a tranquilizar a
los rivereños. “La calma está volviendo”, ha asegurado, cuando poco antes había evocado, en RTL, “incidentes en Élancourt, Guyancourt, así como en Montigny-le-Bretonneux”.

A la vez que repetía que venía “con una voluntad de apaciguamiento”, Manuel Valls ha asumido totalmente su función de primer policía del país,
denunciando “el asalto inaceptable, intolerable” contra las fuerzas del orden por una “minoría de gamberros”.

Afirmando negarse a las “amalgamas”, ha llamado a “no confundir la inmensa mayoría de nuestros compatriotas musulmanes (...) con una minoría activa,
peligrosa, que querría imponer una ley diferente a la de la República
”. Pero sus precauciones oratorias no le han impedido establecer una relación con “ grupos fundamentalistas” musulmanes, declarando que “
sé cuales pueden ser los lazos entre grupos que atacan a nuestras instituciones y grupos fundamentalistas; es una realidad que existe en un cierto
número de nuestras ciudades
”.

Sin dudar tampoco, ha aportado su apoyo total a las fuerzas de policía, estimando que “han hecho su trabajo con profesionalismo, respeto a las personas y
sentido de la deontología”, cuando varios testimonios ponen en cuestión su comportamiento.

En la batalla de comunicación, la prefectura de Yvelines, por medio de su director de gabinete Jean-Marc Galland citado por Reuters, ha sido
particularmente rápida. En su versión de los hechos, reprocha al marido haberse “opuesto de forma virulenta” al control de su mujer “ injuriando y golpeando a un policía”. El procurador de la República en Versalles ha evocado incluso una tentativa de estrangulamiento.

Al contrario, el Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF), que recuenta los actos antimusulmanes y ayuda, si se da el caso, a las víctimas a
presentar denuncias ante los tribunales, ha publicado en su página web el testimonio redactado por la mujer que llevaba el niqab: “
He sufrido una injusticia por parte de la policía. Han querido controlarnos a causa de mi velo integral. Como de costumbre, he cooperado. Iba a
levantar mi velo cuando he visto a uno de los agentes empujar violentamente a mi madre
”, explica a la asociación en un correo.

Una vez que el policía terminó con mi madre, prosigue , vino hacia mí y se puso a gesticular ante mi rostro dirigiéndose a mi con un lenguaje agresivo. Asustada, le pedí que se callara. Entonces me cogió
por el velo a nivel de la cabeza y me arrastró con una fuerza monstruosa, antes de ponerme contra el capó del coche gritándome:

¿Me hablas a mí? ¿Me hablas a mí? ¿eh?. Me he vuelto y visto a mi marido en el suelo siendo esposado por dos policías. Una vez en el coche nos gritaban
como si fuéramos perros. Amenazaban a mi marido diciéndole: “¿Qué vas a hacer ahora mariquita? ¿eh?. Todo esto con los puños cerrados y dando golpes en
el coche. Una vez llegados a la comisaría, los agentes me insultaban llamándome fantasma

”.

En un comunicado, el CCIF afirma que ha habido manifestaciones racistas por parte de los policías durante un control que constituye “un abuso de medios físicos contra una persona que cooperaba”.

Manifestaciones encontradas en las redes sociales por la página web Copwatch Nord-Paris-Île de France van en el mismo sentido. La asociación ha analizado
tres grupos de Facebook, creados tras el comienzo de los disturbios, que tienen relación con las fuerzas del orden. En la “ola de odio racial, islamofobia, provocaciones” observada, los militantes han señalado la firma de dos agentes de servicio.

Uno de ellos asegura haber “pasado un buen rato ayer. 300 chavales contra 30 policías, no ha habido agallas para llegar al cuerpo a cuerpo”. Otro
dice: “He pasado la noche en Trappes ayer con los colegas.... ¡¡Pobre Francia, viva el azul Marine!!”. Policías espectadores de los hechos no se
quedan atrás. Florilegio: “¿No es el ramadán?... Pues vais a ir cogiendo vuestros dientes”, “La caza se ha abierto, ya es hora de hacer una buena limpieza” o también “Cuidado con las cámaras, no hacer prisioneros”.

Ante los periodistas, Manuel Valls no ha contemplado la menor deriva. Tampoco se pregunta sobre la oportunidad para las fuerzas del orden de intervenir en
un contexto tan inflamable. Ni una palabra tampoco sobre las insuficiencias de las políticas públicas de su gobierno.

Lo que ha ocurrido estos últimos días en Trappes es inaceptable”, ha subrayado el Primer Ministro, preocupado por no dejar el monopolio de la
palabra al Ministro del Interior. “La República debe recordar sin cesar las reglas, hacerlas aplicar cuando es preciso con la mayor severidad”, ha
declarado con ocasión de un desplazamiento a Grenoble, a la vez que añadía que “al mismo tiempo, la República debe mantener sus promesas y no abandonar a nadie”.

No está claro que el comienzo de reequilibrio realizado por Jean-Marc Ayrault permita atenuar la cólera palpable de numerosos habitantes de los barrios populares, que pueden ser contrarios al uso del velo integral pero sentirse solidarios con las mujeres interpeladas, sobre todo en un barrio como los Merisiers donde los controles son más frecuentes que en otras partes. Pues el conjunto del territorio no es tratado con igualdad sobre este tema. Muchos policías dudan en intervenir juzgando que el riesgo de turbar el orden público es más importante. El número global de operaciones de este tipo es raro a escala nacional. Desde el comienzo de la aplicación de la ley hasta abril de 2013, 705 controles han dado lugar a 661 denuncias contra 423 mujeres en su mayor parte nacidas en Francia, según el Observatorio del laicismo. Pero cinco de ellas habrían sido controladas diez veces en menos de dos años, signo de un celo específico de cara a ciertos sectores. Según señala esta nueva instancia presidida por Jean-Louis Bianco, Yvelines es uno de los departamentos en que los controles son más numerosos (18,4%).

Una conversación de Manuel Valls filmada a la salida del centro de prensa en Trappes por I-Télé da una idea de la exasperación no solo de los habitantes sino también del ministro del interior. “Sí, estoy cabreada”, le grita un mujer al ministro. Interpelado por los efectos de doble filo de la renovación urbana, este último la corta: “Vengo para restablecer el orden (...). Ha habido incendios y ataques a las fuerzas del orden público, eso es lo que es inaceptable”. “Aceptad las leyes de la República, querida señora, Vd. las acepta”, el reproche como respuesta a su pregunta sobre el comportamiento “agresivo” de las fuerzas del orden hacia la población local. “No se aproveche jamás, jamás, de un micrófono para poner en cuestión a un alcalde que hace bien su trabajo y aún menos a la policía que hace su trabajo de forma notable”, ha insistido.

Lo que está en juego en los controles a la gente por su fisonomía sigue siendo central en los barrios populares, como el ministro del interior había él mismo reconocido a comienzos de julio, tras un proceso de trece denunciantes contra el estado en el tribunal supremo de París. Rechazando la puesta en marcha de una protección para luchar contra las prácticas ilegales, el ministro había planteado que volviera a figurar la matrícula en los uniformes. Con lucidez, había evocado entonces una “relación de confianza que se ha distendido durante estos últimos años” entre las fuerzas del orden y los ciudadanos.

23/07/2013

http://www.mediapart.fr

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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