aA+
aA-
Grabar en formato PDF
Malí
Crónica de una reconstrucción teledirigida
05/12/2013 | Bertold Du Ryon

Elegido un mes antes, Malí tiene nuevo presidente desde el 4 de septiembre de 2013. Con este motivo la situación del país ha sido presentada a los franceses como ampliamente estabilizada y pacificada. La realidad es más complicada. Si la elección del nuevo jefe de estado, Ibrahim Boubacar Keïta llamado IBK, realmente descansa en la adhesión de una mayoría del electorado, la situación global del país está lejos de ser tan idílica; un gran número de problemas de primer orden están sin resolver por el momento.

Antes de la elección

Celebrar las elecciones a cualquier precio, no para determinar lo que verdaderamente desea la población, sino para volver a dar una apariencia de legitimidad a una oligarquía que ha contribuido ampliamente a la decadencia del país. Es la apuesta estratégica que Francia busca imponer en Malí. La primera vuelta de las elecciones presidenciales inicialmente estaba prevista para comienzos de julio, después se fijó para el 28 de julio de 2013. Esto incluso cuando el presidente de la Ceni (Comisión electoral nacional independiente), Mamadou Diamountani, había declarado el último 27 de junio que era “extremadamente difícil organizar esta primera vuelta en las condiciones actuales”. Más de 400.000 malienses vivían en ese momento lejos de sus domicilios.

En este contexto hay que situar el acuerdo del 18 de julio entre el gobierno provisional de Bamako y los grupos separatistas MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad) y HCUA (Alto Consejo por la Unidad del Azawad). El MNLA fundado a finales de 2011 y que desencadenó la lucha armada en el norte de Malí a principios de 2012, está en gran medida en el origen de la crisis que llevó a la partición de Malí en 2012. Sin embargo, la alianza que había establecido con los grupos yihadistas se rompió en junio del mismo año; el MNLA fue derrotado por sus ex-aliados y su dirección se refugió en Ouagadougou (en casa de ese gran pilar de la África francófona que es el presidente burquinabe Blaise Compaoré). Después la organización renunció a su reivindicación de independencia pero defiende claramente su nueva consigna: “autonomía”, que designa un estatus especial para el norte.

Estos grupos –MNLA y HCUA– tenían más interés que las autoridades de Bamako en la firma de un acuerdo. El MNLA tenía estampada su firma en el documento desde el 10 de junio mientras que el gobierno maliense refunfuñó durante varios días antes de firmar. El periódico Le Monde (20 de junio de 2013) relata cómo se desarrollaron los acontecimientos; el 12 de junio, el ministro de asuntos extranjeros de Burkina Faso, Djibril Bassolé, se presentó en Bamako para negociar con las autoridades malienses. Después de seis horas de discusiones, no se llegó a nada. Se necesitaron, precisa el periódico, algunas llamadas de François Hollande y (del presidente burquinabe) Blaise Compaoré en persona para inclinar la balanza.

Blaise Compaoré y su gobierno aparentemente jugaron un rol central en el desenlace de esta negociación, que desde el inicio se desenvolvió bajo su tutela; de ahí la elección de Ouagadougou, la capital de Burkina, como sede de la negociación. Recordemos que el régimen de Compaoré –en el poder desde 1987 después del asesinato de su célebre antecesor Thomas Sankara y del parón del proceso revolucionario dirigido por Sankara– es uno de los aliados más estrechos del neocolonialismo francés de la región.

La principal manzana de la discordia entre el MNLA (y Francia) por un lado y el gobierno maliense por otro, era en aquel momento, la ocupación de Kidal desde hacía varios meses. Esta ciudad del noreste de Malí y la región del mismo nombre estaban “liberadas” desde febrero de 2013 por ejército francés y el chadiano, y estaba prohibida la entrada al ejército maliense pero abierta al MNLA. Esto planteaba un problema cada vez más insoportable a muchos malienses, que consideraban que las elecciones presidenciales previstas para finales de julio no debían celebrarse “si todo el territorio nacional de Malí no está liberado”.

Para despejar el camino que debía llevar a las elecciones Francia y su aliado burquinabe ejercieron una fuerte presión sobre las autoridades malienses a fin de que aceptaran la firma de este acuerdo. Además, éste se titula “Acuerdo preliminar a la elección presidencial y a las negociaciones de paz inclusivas de Malí” y en su artículo 2 estipula: “Los partidos aceptan la organización de las elecciones presidenciales en toda la extensión del territorio” por tanto también en la región de Kidal.

Por otra parte, este punto es el más concreto de todo el acuerdo y se corresponde con el principal interés que las potencias tutelares francesa y burquinabe tenían en su firma. Para el resto, el objeto de acuerdo queda bastante borroso en la medida en que el arreglo de los problemas en lo fundamental se pospone ... a después de las elecciones. En efecto, las partes firmantes prometen en el artículo 3: “Después de la elección del presidente de la República y la formación del Gobierno, las partes se comprometen a entablar un diálogo inclusivo para encontrar una solución definitiva a la crisis”. A la espera de ese futuro diálogo previsto, los grupos armados (especialmente el MNLA) no se desarmaron, aunque el artículo 6 dice que el desarme “es aceptado por todos”. Pero mientras esperan las futuras conversaciones, estos grupos armados se acantonaron en sus emplazamientos concretos sin abandonar sus armas “bajo la supervisión de la MINUSMA” (las tropas de Naciones Unidas para Malí) y “con la ayuda inicial de la Fuerza Serval” francesa.

Sin embargo, el ejército maliense podía entrar en la región de Kidal; era cuestión de su “despliegue progresivo (…) desde la firma del presente acuerdo, en estrecha colaboración con la MINUSMA y la Fuerza Serval” (artículo 11). Además, se anunció que el ejército francés iba a estar estacionado en la zona del aeropuerto de Kidal, con el fin de separar a las dos partes armadas potencialmente hostiles: el ejército maliense por un lado y el MNLA por otro. Por lo demás, el artículo 21 promete: “Tras las elecciones presidenciales y sesenta días después de su formación, el nuevo Gobierno de Malí (…) entablará, con el apoyo de la comunidad internacional, negociaciones de paz con todas las comunidades del norte, tanto las firmantes como los grupos armados (...)”.

Así que por ahora no se ha resuelto nada. Ni la cuestión del desarme de los grupos armados, ni el riesgo de una balcanización del país. Francia podrá jactarse de haber podido imponer la fecha de las elecciones y trabaja en los dos frentes: la cooperación con las autoridades de Malí y con las del MNLA. En la práctica, las cosas se han desarrollado de forma más bien complicada: el gobernador (representante del gobierno central) entró en Kidal a primeros de julio, antes de huir el 11 de julio... y de volver el 15 de julio. Después queda el statu quo: el MNLA guardó sus armas; el ejército maliense se encuentra allí pero acantonado en sus cuarteles (cuando teóricamente eran los ex-rebeldes los que tenían que estar acantonados); el ejército francés separa las dos partes.

El voto

La dinámica del voto no era un bluf. El entusiasmo popular para participar en la votación era real cuando el pueblo maliense fue llamado a elegir un nuevo presidente, el 28 de julio en primera vuelta y el 11 de agosto último. En Bamako y sus alrededores, se podían ver electores y electoras salir masivamente provistos de su tarjeta electrónica “NINA” que supuestamente convierte en incontestable la identificación de los votantes. El escrutinio se desarrolló con tranquilidad al menos según lo que nosotros pudimos observar en la capital Bamako.

Esto refleja antes que nada la madurez política del pueblo maliense, la mayoría del cual ha deseado, sobre todo, “pasar página” a los años de gestión desastrosa del país por parte del ex-presidente ATT (Amadou Toumani Touré, 2002 a 2012). Este había facilitado ampliamente la implosión del Estado y la ocupación del norte del país por una coalición de rebeldes, donde se mezclaban separatistas adeptos a un Azawad de base étnica y yihadistas, que había quitado las ganas de participar en la vida oficial del país a una mayoría de malienses. El último escrutinio presidencial bajo ATT, el de 2007, solo alcanzó una tasa de participación oficial del 26%, acompañado de críticas sobre la compra de votos y otras manipulaciones.

Esta situación es ya pasado para el pueblo maliense. En la primera vuelta, el 28 de julio de 2013, se indicó en un principio que la participación había sido del 53,5%, después se corrigió y el resultado oficial fue del 49% (probablemente después de contabilizar 400.000 papeletas como votos “nulos”). En la segunda vuelta, la participación bajó ligeramente al 45,7%, lo que probablemente fue debido a las condiciones meteorológicas –una lluvia tropical cayó el 11 de agosto sobre una parte de la capital–, pero también a que un cierto número de malienses pensaban que “la suerte estaba echada” después de la primera vuelta. Hay que añadir que la primera vuelta se celebró durante el Ramadán, mientras que el ayuno había terminado para la segunda vuelta y un cierto número de personas (sobre todo mujeres) estaban ocupadas preparando la comida familiar en mitad de la jornada. El número de papeletas “nulas” en el segunda vuelta fue inferior al de la primera, cayendo a 50.000.

Este resultado general no era fácil de antemano. Especialmente Francia había ejercido una fuerte presión para que las elecciones se celebraran antes de finales de julio. Suponía un riesgo importante: ¿una votación en plena época de lluvias –cuando los campesinos trabajan la tierra–y en pleno Ramadán iba a poder movilizar al pueblo maliense?

Proliferación de candidatos

Numerosas voces consideraban que la votación llegaba “demasiado pronto”, que la mayoría de las fuerzas políticas –sobre todo las que no habían salido de la oligarquía del antiguo sistema– no estaban suficientemente preparadas, que no se reunían las condiciones materiales para un desarrollo correcto de la votación para “el día J”. Incluso se calculaba que, con una participación débil, los partidarios de cualquier representante de la antigua oligarquía podían ganar sin mucho escándalo. Pero finalmente, se perfiló otro escenario. Ante todo, debido a la madurez del pueblo maliense, más “espabilado” políticamente después de la catástrofe que conoció en 2012 y sin duda, no “gracias a Francia”... sino más bien a pesar de la actitud francesa.

Un observador podría confirmar a simple vista, en la Bamako del mes de agosto de 2013, que el resultado final de las elecciones se correspondía realmente con lo que parecía desear una amplia mayoría del pueblo maliense. Durante la segunda vuelta que oponía el ex Primer Ministro IBK (Ibrahim Boubacar Keïta, 39% de los votos en la primera vuelta y 77,62% en la segunda) a su oponente Soumaïlia Cissé (19,7 % en la primera vuelta y 22,38 en la segunda), la imagen de IBK estaba muy presente: pegatinas en los taxis, en carteles pegados en las entradas de algunas casas, en las tiendas y en los mercados... No había nada de esto para Soumaïlia Cissé. El resultado, días antes de la segunda vuelta casi no dejaba lugar a dudas.

Si este “despertar democrático” del pueblo maliense ha beneficiado en las urnas ampliamente al vencedor IBK, ha sido porque fue considerado por mucha gente como el “menos malo” de los candidatos. Hay que entender esto como “menos ladrón que los otros”. Durante su periodo de primer ministro, de 1994 a 2000, dio pruebas de una gestión más rigurosa de las finanzas públicas que otros anteriores y, sobre todo, posteriores a él. Como compromiso principal el candidato Keïta prometía una regeneración púbica mediante el anuncio de la fundación de la “cuarta República” en Malí; la primera República era el periodo socializante de Modibo Keïta desde la independencia hasta 1968, la segunda corresponde al régimen militar de Moussa Traoré derrocado en 1991, la tercera abarcaba el último periodo. Esta promesa, aunque su contenido exacto sea todavía borroso, encontraba un eco seguro entre quienes querían acabar con las prácticas de la antigua oligarquía. Ésta, en revancha, estaba asociada a la imagen de Soumalïa Cissé – el antiguo financiero del país al principio y luego presidente de la Unión Económica y Monetaria del Oeste de África (UEMOA)– y a quienes lo apoyaban en la segunda vuelta. Como el ex Primer ministro Modibo Sidibé, a quien el ex presidente ATT de siniestra memoria, había querido hacer su sucesor.

Pero IBK tiene mucho trabajo por delante. Su candidatura estaba sostenida por fuerzas con aspiraciones contradictorias y ligada a esperanzas y expectativas que no van todas en la misma dirección. La izquierda maliense también participaba: la Agrupación para la Justicia Social (RJS) creada antes de las elecciones y en la que se encuentran líderes de asociaciones, se había sumado a la candidatura IBK ya antes de la primera vuelta. El partido SADI (Solidaridad Africana para la Democracia y la Independencia) había presentado su candidato Oumar Mariko en la primera vuelta –obtuvo el 2,57%– pero apoyó a IBK en la segunda vuelta como mal menor. Del lado progresista en un sentido amplio, encontramos también a los jóvenes oficiales que habían acabado con el régimen de ATT mediante el golpe de estado del 22 de marzo de 2012. IBK también tenía su apoyo y pudo hacer campaña en su feudo, el campamento Kati en el noroeste de Bamako, tres días antes de la primera vuelta.

Sin embargo, la candidatura IBK estaba también apoyada por las fuerzas político-religiosas, al fin y al cabo reaccionarias, entre ellas el del Alto Consejo Islámico (HCI) que se habían movilizado contra la reforma del Código de familia en 2011 y la federación Sabati influida por las ideas wahabitas. Por razones que se relacionan con referencias religiosas pero también con amistades personales, estas fuerzas han querido ejercer su influencia apostando al “caballo ganador”. Tampoco olvidarán presionar a favor de sus propios objetivos.

Últimos acontecimientos

El nuevo presidente inauguró su mandato en una ceremonia celebrada el 15 de septiembre en presencia de François Hollande que proclamó: “¡Hemos ganado esta guerra!” Los retos que le esperan serán inmensos, como la negociación con el MNLA –siempre al acecho– sobre la cuestión de saber si hay que dar o no un estatus específico bajo forma de autonomía al Norte. El presidente Keïta no podrá contar con la pasividad y la resignación del pueblo maliense que estará ahí para observar sus actos.

En el norte las cosas se han deteriorado rápidamente. Se suponía que empezarían negociaciones sobre el estatuto de las regiones del norte, sabiendo que IBK había precisado en la campaña que una mayor descentralización (pero con reglas idénticas para todo el país) le parecía aceptable, pero no un estatuto jurídico especial para el norte. Justamente lo que reivindica el MNLA. La última semana de septiembre, por primera vez, el MNLA ha roto las negociaciones para volver a la mesa de negociación el 5 de octubre. Mientras tanto se han producido enfrentamientos armados en Kidal, donde los medias malienses (como Malíjet) indican la presencia de nuevo de grupos yihadistas compuestos de tunecinos, paquistaníes y otros combatientes internacionales.

También se ha reanudado la violencia de los yihadistas, puntualmente por el momento. El 25 de septiembre, un atentado en Tombuctú mató a seis personas (entre ellas los propios yihadistas), y combates mantenidos con las fuerzas francesas desembocaron, el 1 de octubre, en la muerte de una docena de yihadistas cerca de Tombuctú.

La dimensión económica y social estuvo ausente de la campaña, como lo deploró con razón Aminata Traoré en una entrevista concedida a L’Humanité. Esta cuestión había estado tapada por los temas relativos a la unidad del país y por el (los) estatuto(s) del Norte. Ahora bien, a la larga, será la cuestión decisiva con la que el pueblo maliense juzgará el nuevo poder. A este respecto, la designación de un banquero –que ha trabajado en el Banco Mundial–, Oumar Tatam Ly, para Primer ministro es una mala señal inicial. No tiene pasado político conocido, pero ha sido considerado como tecnócrata financiero “apolítico”. Las próximas elecciones legislativas deberán determinar el peso de las diversas fuerzas políticas.

20/10/2013

http://www.gauche-anticapitaliste.org/content/Malí-chronique-dune-reconstruction-teleguidee

Traducción: VIENTO SUR







Agenda
Actos
Bilbao. 17 de octubre de 2018, 18:00h
Centro Cívico la Bolsa C/Pelota 20
foro viento sur
Madrid. 17 de octubre de 2018, 19:00h
Traficantes de sueños C/Duque de Alba 13
Actos
Madrid. 17 de octubre de 2018, 00:00h
Día 17-Facultad de Derecbo de la UNED Día 18- Facultad de Económicas de la UNED
Actos
Madrid. 18 de octubre de 2018, 00:00h
Día 17-Facultad de Derecbo de la UNED Día 18- Facultad de Económicas de la UNED









Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons