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Gracias al “asunto Dieudonné”,
Ya no se confundirá más antisemitismo y antisionismo
23/01/2014 | Julien Salingue

“Tras el antisionismo, se oculta el antisemitismo”. ¿Quién no ha oído esta frase, repetida con pasmosa regularidad durante los últimos años con el objetivo de desacreditar toda crítica de la política israelí? En efecto, cualquiera que se atreviera a poner en cuestión la ocupación civil y militar de Palestina, la violencia del ejército israelí o, colmo de la abyección, la legitimidad del establecimiento y el mantenimiento, en el corazón del mundo árabe, de un “Estado de los judíos” fundado en una concepción racial de la historia y de las relaciones sociales, era sospechoso de antisemitismo.

Pero gracias al reciente “asunto Dieudonné”, semejantes acusaciones ya no tienen cabida. En efecto las cosas ya están claras, y quizá ese es el único elemento positivo del balance de la trágica secuencia política que acabamos de vivir. En adelante va a ser difícil confundir el antisionismo, entendido como una crítica política de los fundamentos, las estructuras y la política del Estado de Israel y el antisemitismo, entendido como el odio a los judíos. A partir de ahora va a ser difícil sobrentender que la oposición al sionismo, posición política discutible pero legítima, disimula en realidad un rechazo, puramente racista, a los judíos como judíos.

“El antisionismo, una ideología legítima”

¿De dónde viene esta certeza? Del contenido del debate que ha acompañado “el asunto Dieudonné”, y de las clarificaciones que ha permitido realizar; de las motivaciones avanzadas por quienes han querido prohibir el espectáculo “Le Mur” (El Muro); de las tomas de posición de ciertas figuras reivindicadas de la lucha contra el antisemitismo. Como ejemplo, las siguientes palabras de Alain Finkielkraut, que reproducimos a continuación: “El antisionismo, incluso el más militante, incluso el más radical, me parece una ideología legítima. Se tiene el derecho no solo de criticar la política del estado de Israel, sino incluso a preguntarse sobre la legitimidad de ese Estado/1.

Sorprendente, ¿no? Quienes conocen a Finkielkraut, y en particular quienes recuerdan que había acusado al realizador israelí Eyal Sivan de “antisemitismo judío” tras la salida de la película Carretera 181, no habrán dejado de sorprenderse. Pero solo los imbéciles no cambian de opinión ¿no es cierto? Así que alegrémonos de que “el asunto Dieudonné” haya abierto los ojos a Alain Finkielkraut y a numerosos colegas suyos: “El antisionismo de Dieudonné no tiene nada que ver. No es geográfico, puesto que dota a quienes llama sionistas de los dos atributos de la omnipresencia y la omnipotencia. Esto no es una opinión, es una ideología criminal/2.

Ahí se encuentra el núcleo de la argumentación de quienes han exigido la prohibición del espectáculo de Dieudonné: el problema no es que criticara a Israel (o incluso que pusiera en cuestión su legitimidad) sino que contiene declaraciones y desarrolla tesis antisemitas. Basta para convencerse de ello con mirar la requisitoria sintomática de Alain Jakubowicz de la LICRA en la emisión de Frederic Tgaddei, Ce Soir (Ou Jamais!), difundida el 10 de enero/3, para convencerse de ello: las declaraciones incriminatorias de Dieudonné son injurias contra los judíos (o personalidades judías), se subraya la minimización o banalización que realiza del genocidio nazi y se insiste en sus relaciones con personajes como Soral o Faurisson.

Pero en ningún momento se mencionan eventuales declaraciones de Dieudonné sobre Israel o los palestinos. Dicho de otra forma, del sionismo entendido como el proyecto de establecimiento en Palestina de un “Estado de los judíos”, su creación, sus estructuras, su desarrollo y su política. Un reconocimiento implícito del hecho de que una evocación crítica, incluso radical, del sionismo, no es asimilable al antisemitismo, no es un delito y no puede ser por tanto penalmente condenable. Un reconocimiento implícito del hecho de que existe por tanto una diferencia cualitativa entre el antisionismo y el antisemitismo, que es contrario al rigor intelectual querer confundir los dos, y que se debe poner fin a numerosos procesos judiciales perversos.

Evidentemente, algunos , como el CRIF (Consejo Representativo de las Instituciones Judías en Francia), desde Pascal Bruckner o el inenarrable Arno Klarsfeld, han intentado amalgamar de nuevo antisionismo y antisemitismo. Nada sorprendente por parte de esa institución y esos individuos que, en realidad, no son mas que la imagen más sionistas de entre los sionistas, el reflejo inverso de Dieudonné y consortes, puesto que como ellos pretenden esencializar a los judíos asociándoles sistemáticamente, y a su pesar, a un Estado de Israel que, recordemos, se define además a sí mismo como “el Estado DE LOS judíos”. Pero los editorialistas y dirigentes políticos que han transformado “el asunto Dieudonné” en asunto de Estado han reconocido, en voz alta o a media voz, que no era el antisionismo (real o supuesto) de Dieudonné el que estaba en cuestión. Y algunos de ellos han llegado incluso más lejos afirmando que el “sionismo” denunciado por Dieudonné era una construcción imaginada, lejos del sionismo real, y destinada a disimular una estigmatización de los judíos en general. Una opinión compartida, por motivos muy diferentes, por el autor de estas líneas.

¿Dieudonné antisionista?

Hay que recordar, por ejemplo, esta aclaradora declaración de Dieudonné en una entrevista concedida a la televisión iraní Sahar TV en 2011: “El sionismo ha matado a Cristo. Es el sionismo el que pretende que Jesús era el hijo de una puta/4. El sionismo, para Dieudonné y sus comparsas (pensamos aquí en Alain Soral y Yahia Gouasmi), es en primer lugar el judaísmo. El sionismo, para Dieudonné y sus comparsas, es después una entidad transnacional, de contornos mal definidos, que dictaría su política a los bancos, a los gobiernos de los países occidentales y a los medios. El sionismo, para Dieudonné y sus comparsas, sería la fuente de la crisis económica, política y social que afecta a las poblaciones de todos los rincones del mundo. Estamos muy lejos de Israel y de los palestinos. Por lo tanto, ¿es una casualidad si en los carteles de la “lista antisionista”, presentada en las elecciones europeas de 2009, no se encuentran ni la palabra “Israel” ni la palabra “Palestina”?/5. ¿Es casualidad si en los 15 puntos del programa del “Partido antisionista”, aliado de Dieudonné y Soral en las mencionadas elecciones, no se encuentra ni la palabra “Israel” ni la palabra “Palestina”? /6.

Evidentemente, no.

Como han recordado diversas organizaciones de solidaridad con Palestina, Dieudonné y su camarilla no sirven a la lucha de los palestinos. En realidad, Dieudonné y su camarilla se sirven de la lucha de los palestinos, que en definitiva les importa un pimiento, para ocupar un espacio político dejado vacante por las deserciones y traiciones de la izquierda. Lo ocupan instrumentalizando problemáticas políticas y sociales bien reales, reduciéndolas a una lucha contra un “sionismo” imaginario, a la vez que abandonan el terreno del combate contra el sionismo realmente existente, no evocando la cuestión palestina más que cuando ésta está de actualidad. El Estado de Israel, por otra parte, es consciente de ello, mucho más inquieto por el desarrollo de la campaña internacional BDS (Boicot-Desinversiones-Sanciones) que por las “quenelles” de Dieudonné y los monólogos de Alain Soral.

Evidentemente, algunos van a intentar (y lo intentan ya) utilizar “el asunto Dieudonné” para desacreditar al conjunto de las organizaciones e individuos que afirman su solidaridad con el pueblo palestino. Pero, paradójicamente, la secuencia que acabamos de vivir permite realizar clarificaciones y, consiguientemente, combatir ese tipo de razonamiento engañoso. En efecto, la clase política, la gran mayoría de los intelectuales y la casi totalidad de los editorialistas llegan (involuntariamente) a recordar esta verdad esencial: el antisionismo, entendido como una crítica política de los fundamentos, estructuras y la política del Estado de Israel, no debería confundirse con el “antisionismo” de fachada de Dieudonné y sus comparsas, y no debería ser confundido con el antisemitismo.

Los detractores más radicales de Dieudonné han hecho, a su pesar, una trabajo de salud pública: han dado su carta de nobleza a la crítica política del Estado de Israel y al antisionismo auténtico, distinguiéndolos cuidadosamente del antisemitismo. ¿Proseguirán por ese camino? No está nada claro. Probablemente, no pedirán la derogación de la circular Alliot-Marie, que criminaliza el llamamiento al boicot a Israel; un planteamiento político que no tiene nada que ver con el antisemitismo. Probablemente, no exigirán que el antisionismo, posición política legítima, tenga en adelante su voz en los debates en los medios de comunicación sobre Israel y los palestinos.

En efecto, es más que probable que, absorbidos como estaban por su cruzada contra Dieudonné, no se hayan dado cuenta del servicio que acaban de dar potencialmente a quienes están sinceramente convencidos de que el mejor servicio que se puede dar a la lucha contra el antisemitismo es combatir una confusión que no sirve, en último análisis, más que a todo tipo de gente que se dedica a mezclarlo todo.

Pero se ha abierto la brecha.

14/01/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article30833

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Debate entre Alain Finkielkraut y Plantu en iTélé, 10 enero 2014. Se puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=YODd....

2/ Idem.

3/ http://www.dailymotion.com/video/x1...

4/ Entrevista a Dieudonné en Sahar TV. Ver en http://www.youtube.com/watch?v=FLrj....

5/ Ver los Anexos.

6/ Ver los Anexos.

Anexo I

Ver la imagen del cartel de la “Lista antisionista” en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article30833

Anexo II

Programa político del Partido Antisionista

1. Hacer desaparecer la injerencia sionista en los asuntos públicos de la nación.

2. Denunciar a todos los políticos que hacen apología del sionismo.

3. Erradicar todas las formas de sionismo en la nación.

4. Impedir a las empresas y las instituciones contribuir a los esfuerzos de guerra de una nación extranjera que no respeta el derecho internacional.







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